¡VEN A TU PATRIA!
"La Cámara de Representantes declara que el señor
Francisco de P. Matéus no tiene la confianza de los Representantes
del pueblo colombiano, y en consecuencia desea que el Poder
Ejecutivo retire al señor Matéus las credenciales que lo habilitan
como Ministro de la República en Francia, y por cablegrama las
instrucciones que tenga para la gestión de los negocios
fiscales.
"Comuníquese al honorable Senado de Plenipotenciarios, al
Poder Ejecutivo y publíquese en hoja volante.
(Proposición aprobada por la Cámara de Representantes el 19 de
Marzo).
Los que vimos con rabia al señor Francisco de P. Matéus influir en
el Senado de 1882 porque se acusara a los miembros de la
Administración Zaldúa-Samper y Borrero-por malversación de los
caudales de la República, experimentamos hoy cierta curiosidad
cuando es el señor Matéus el acusado de delito infamante de robo.
Los jueces, pues, del doctor Zaldúa, no son tan puros como se les
hacía aparecer en el Congreso que se llamó
|admirable, tal
vez en atención a que admiraba por su injusticia y su parcialidad.
El señor Matéus contribuyó, como el que más, para que el doctor
Zaldúa no pudiera salir a reponer su salud quebrantada, en mejor
clima-esto lo hacía en nombre de la moralidad política y por honra
de la República; es hoy a él a quien, en vindicación de la
República y de la moral del país, se le hace abandonar el bello
clima de la zona templada, donde no tenía que sanar de ningún mal,
sino satisfacer las necesidades del viajero con el dinero de los
colombianos. Zaldúa murió, porque el Congreso hizo lo posible para
ello; los actuales miembros de las Cámaras no lograrán,
seguramente, con la remoción del señor Matéus, ni que él se mate,
ni que él se muera.
Si para remover al señor Matéus faltaran razones de decoro,
cobrarían las de interés público. Se le podría remover,
verbigracia, porque es inhábil para la alta categoría de Ministro.
El, como muchos personajes de los que aquí hacen ruido, son gentes
ignorantes que tienen solamente la astucia de las zorras y el
brillo efímero de las hojas en combustión. Pueden poner tormento en
las parroquias, como los alcaldes a la antigua y los clérigos
huraños; pueden zurcir una intriga, de uno a otro de los bancos de
las Legislaturas, y sorprender con una celada de bolas negras a una
idea o a un personaje; pueden dar y quitar destinos, pero jamás
lograrán realzar las relaciones exteriores de la República; y fuera
del circuito en que ellos, los enanos, son gigantes de barro, se
encontrarán minados por su base, la cabeza les zumbará con el
vértigo de una grande altura, y en presencia de una alta dignidad
de Europa, boza les, porque no saben ni francés, ni inglés, ni
alemán, ni aun siquiera castellano;-en el Elíseo, por ejemplo,
bajarán los ojos y moverán el sombrero entre las manos con el
encogimiento de los visitadores de pueblo. El señor Matéus delante
de M. Grévy no será la orgullosa figura que tánto miedo ha puesto a
los políticos en muchas ocasiones, sino un gañán asustadizo que por
primera vez requiebra a una moza de calidad en el villorrio.
El señor Matéus se fue con un Robertson francés en la cubierta del
vapor, y al presente apenas sabrá decir a las muchachas de los
boulevares:
-
|J'ai l'honneur de vous saluer, madame.
A duras penas podrá volver a su casa cuando se halle lejos, porqué
le costará trabajo llamar la atención de los cocheros.
Pero la Cámara, como se ha visto, declara "que el señor
Francisco de P. Matéus no tiene la confianza de los
colombianos," que es más que no saber francés ni
castellano; y desea que "el Poder Ejecutivo retire al
señor Matéus las credenciales," que ya es más que
retirarle la confianza, y que, "por cablegrama,"
se le retiren "las instrucciones que tenga, para la
gestión de los negocios fiscales," que es, sencillamente,
declararlo sospechoso; decimos poco, peligroso; aún nos falta:
delincuente. En la discusión de la Cámara se aplicaron todos los
adjetivos propios a la conducta del señor Matéus, y un
Representante-el
|General Briceño-que sus razones tendrá,
dijo con la mayor frescura:
-"Al señor Matéus es bien fácil que no sólo haya que
removerlo sino que se le dé orden de venir inmediatamente a ponerse
a la disposición de los Jueces de Colombia. No sólo creo, agregó,
que hay estafa, sino robo."
Este Representante hace parte, es Presidente, de la Comisión de
Infracción de Constitución y leyes.
A Europa llevarán nuestros periódicos la nueva tan brusca de que un
Ministro americano está sindicado de delitos comunes, y que su
país, para cumplir con los deberes de amistad internacional, lo
denuncia a la Policía de París mientras puede hacerlo coger de la
Policía de Colombia. Hace poco tiempo que el Parlamento italiano
despidió de su seno y puso a disposición de los Tribunales a un
Diputado que tenía la costumbre de tomar para su uso los pañuelos y
los relojes de sus colegas;-los parisienses, que son tan amigos del
escándalo y de las emociones judiciales, es bien posible que
confundan maliciosamente la conducta de nuestro Ministro con la del
miembro del Parlamento de Italia. Puede llegar el descaro de los
escritores del Vaudeville hasta exhibir en el último acto de alguna
de sus piezas picantes a un individuo con credenciales de Ministro
a quien la Policía sorprende con una orden de prisión.
-Soy inmune (dirá él en mal francés); soy Ministro de
Colombia.
-Usted lo ha dicho y eso nos basta; es al Ministro de Colombia a
quien buscamos.
La resolución de la Cámara de Representantes va a contribuir,
seguramente, a la intranquilidad de nuestros compatriotas en
Francia. Es muy justo que las autoridades de esa República crean
sospechosos a nuestros simples conciudadanos, cuan do desde aquí
mostramos tan sospechosos a nuestros Ministros. Pero en desquite
servirá esa resolución para empujar, por la puerta que se ha
abierto y que conduce al Panóptico, al grupo altanero de políticos
que por su identidad con Matéus podrían usar su casaca y sus
pantalones. Si la justicia se hace completa, los viajeros podrán
conocer a las dos terceras partes de los políticos recientes en los
corredores de la penitenciaría.
|Post-Scriptum-El Senado resolvió confirmar el auto de
prisión decretado por la Cámara-que no es otra cosa-y el señor
Matéus, en consecuencia, si prefiere nuestras cárceles a Mazas,
debe dejar la hermosa ciudad de París.
(
|La Actualidad, 1884).