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¿HOMBRE O HEMBRA?


En |La Voz Nacional del señor Sergio Arboleda, el esclavista, publicó el señor Rafael Pombo un artículo titulado |Liquidación Política, que nos ha hecho pensar que este individuo más nació para mujer que para varón. Acabamos de leer, después de mil lecturas anteriores, su poesía titulada |Mi Amor y que firmó |Edda, tan ponderada en todas partes y con tánta justicia, y esto planteó en nuestro entendimiento el problema de que tal vez hay hombres que deberían ser mujeres y mujeres que convendría fuesen hombres, para mayor gloria entre sus semejantes. Al leer el artículo de |La Voz Nacional se nos representó Pombo como él es físicamente, el mismo que describe Quevedo al pintar un maridillo en |Los Sueños: "En esto salió un maridillo que parecía cabo de hombre como de hacha, muy cercenado de carnes, con unas barbas de orozuz mascado, la habla entre ladrido y maúllo, que parecía que había comido gozques...." Y al leer los versos de |Edda se nos figuró
"Una hermosa,
Alta, rubia, delgada y muy graciosa
Digna de ser morena y sevillana,"
como dice el admirable Campoamor. ¿Por qué el señor Pombo, nos preguntamos, no conservó su sexo literario?
Los versos de |Edda son llenos de pasión, de arrebato, de libertad: un ímpetu de sentimiento que por su extensión bien puede llamarse en el arte ímpetu revolucionario:
"Era mi vida el lóbrego vacío,
Era mi corazón la estéril nada;
Pero me viste tú, dulce amor mío,
Y creóme un universo tu mirada."
El artículo de |La Voz Nacional es frío, áspero, recogido, pesimista, maldiciente. La prosa va allí con suma dificultad, como sucede siempre que el estilo tiene que tropezar con la mentira, que no sigue fluido, cadencioso, llano, persuasivo. En |Edda va el verso de arriba para arriba; en |La Voz Nacional la prosa de abajo para abajo. Figuraos una mujer que ama, que siente en su pecho el fuego sagrado, que concreta en un ser querido toda su pasión y la publica en estrofas ardientes y entusiastas, tiernas y rendidas, -y tendréis a Rafael Pombo hembra. Y figuraos un hombre, que con la frente entre sus manos delgadas, pasa las horas de la noche, pidiendo inspiración al odio, y cuando viene el día arroja sobre las cuartillas de papel, poco a poco, como quien no puede más, un confuso cuadro de vergüenzas ficticias para la patria, e concupiscencias imaginarias de la libertad, de locuras fantásticas de la democracia, de liviandades apócrifas del derecho, en renglones cansados, sin brío, sin arrojo, por entre los cuales no filtra un rayo de sol de genio,-y tendréis a Rafael Pombo varón.
|Edda dice, -o dice Rafael Pombo cuando estaba debajo de su verdadera piel, -con delirante arrobamiento:
"Siempre encanté con tu visión mis sueños:
Ah! son tan dulces! siempre estás allí
Astro de sabrosísimos ensueños,
En que forjo mis cielos para ti!
Y allí te vi feliz, allí no pisas
El mundo indigno en que sufriendo estás;
Y son dulces, no amargas, tus sonsas,
Y nada enturbia el brillo de tu faz.
Oh! si el amor de una mujer valiera
Por el santo dolor de un serafín!
Por verte alegre, hasta tu amor yo diera,
Mi porvenir, mi amor, mi ser en fin!"
Esto es hermoso, y si Pombo hubiera conservado su sexo, nosotros le habríamos regalado, después de esta nueva lectura, un traje de cachemira con bordados y un |quitrín de última moda. Pero la poetisa prefirió los pantalones y el sombrero de pelo, y bajó cojeando desde la montaña para tener el triste entretenimiento de pasearse con las manos entre los bolsillos, por los arenales, y de coger piedras de la playa para tirarle al Partido liberal. La ardiente enamorada, que pudiera compararse a la judía que pinta Larmig:
"...de fuego son sus ojos,
Y es su boca la flor de la granada;
La túnica azulada
Con áureo cinturón va recogida;
Con sandalia oprimida
Sujeta su pie breve,
Lascivo prisionero,
Nítido como el ampo de la nieve;
Blanco velo ligero
Más señala que encumbre los hechizos
De su turgente pecho levantado,
Y ondula por la espalda el destrenzado
Cabello en luengos vaporosos rizos."
Esa ardiente mujer se ha vuelto un hombre de mal genio, que camina con encogimiento, lleva anteojos y sorbe rapé; es un hombre que escribe en |La Voz Nacional!.... La joven soñadora se ha tornado en misántropo y la que tánto amaba no tiene en su pecho sino rencor. Antes, a Pombo, hembra no te importaba nada la sociedad con sus preocupaciones:
"Te amo, qué gloria! y que al oírme el mundo
Me execre y burle díscolo y perverso:
Te amara, aunque me odiaras iracundo;
Fuéra de ti, qué importad Universo?"
Ahora, Pombo, varón, se ha convertido en apóstol de las costumbres y de la sociedad; os mandaría a la cárcel si miráis por descuido el encaje blanco de una enagua o la pantorrilla redonda que cubre una media de seda transparente. |Edda apasionada, que al contacto de su amor todo lo sentía renacer, como al ósculo de una Primavera:
"Cuando me ves, mi ser se diviniza 1
Cuando te oigo, soy todo inspiración
Y oh! si te dignas darme una sonrisa
La dicha me sofoca el corazón."
nada le conmueve ahora que se ha tornado varón en |La Voz Nacional -del verdugo de los presos de Cali- ni la patria, que la encuentra disociada, desmoralizada, ociosa, inerte; ni el liberalismo, que es un sofisma, una mentira, una usurpación; ni la gran República Americana, que está perdida si el catolicismo no viene en su ayuda, ni....¡ ni nada Ah! es desesperante que Pombo cuando era hembra y quería sin límites a un mancebo arrogante:
"Gracias! gracia mancebo poderoso,
De iluminada frente y pecho audaz;
De todo bello,-en todo generoso;
De ningún mal, de todo bien capaz,-"
se haya enamorado, ahora que ya es varón, en La Voz Nacional del señor Arboleda, de los carboneros que tienen fe y "llevan la ofrenda a los pies de la imagen de un santo o santa muerta mil años há." El cambio es gravísimo y prueba, a no dejar duda, que el señor Pombo tenía mejores gustos estéticos, y de todo orden, cuando usaba crinolina y castaña -era en el año de 1855- que en estos momentos en que atraviesa el apoyado en su paraguas y metido en su sobretodo. Cuando los versos de |Edda aparecieron, se produjo una especie de golpe eléctrico, porque la pasión, que es universal, tiene el admirable poder de encenderse en todos los pechos al contacto de una sola llama. Cuenta el señor Cané, en un bello libro de viajes, que hubo una hermosa suramericana que quiso, en Nueva York, darle un beso al Pombo hembra, que ella no conocía. Del artículo del Pombo hombre, nadie se ocupa, y es seguro que por más católico que sea, no alcanza a comprometer a una beata re a que se deje dar un beso en el carrillo izquierdo.
¿Y será posible que la catástrofe no tenga re medio? ¿Ha de seguir Rafael Pombo hombre, corno todos nosotros, y |Edda, la enamorada, se perderá para siempre? Es verdad que si ahora se hiciera un vestido de mujer, los callos molestarían mucho a sus botas apretadas de satín, el talle encorvado se resistirá bastante al corsé de barillas elásticas, los cabellos rubios no serían suficientemente largos para caer sobre el cuello en rizos flotantes o envolverse en la trenza airosa que sujeta el peluquero con ganchos de carey, ni podrían asomarse sobre la frente en forma de capul por el feo contraste con los anteojos; es cierto que con traje de seda se vería sumamente delgada y con traje grueso no podría dar un paso; que tendría tal vez un marido, y quizá nunca un amante; pero, en fin, podría apasionarse nuevamente, encontrar otra vez el misterioso galán tan apuesto, que por ahí andará bien entrado en años, y decirle con la pasión de otro tiempo:
Si te debo mis lágrimas mañana,
Hoy por ti soy feliz, -amante soy!
Piedad para tu pobre bogotana!
No sé lo que te dije: loca estoy!
Lector: ¿cómo quieres a Pombo: Hombre, o hembra?
( |La Actualidad, 1884).

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