RELIGIO.
LA tarde ya caía:
serena é imponente
la noche sus crespones extendía.
Germán iba conmigo, y entre tanto
así me requería:
-« ¿Cuál es tu fe? ¿cuál es tu libro santo?
¿ó será que te bastas á ti mismo?
Si es algo más el ruido de tus versos
que el de la frágil ola que espumea
y en las playas espira:
si á algún fin destinada,
no es tan sólo tu lira
negro tizón que humea
en medio á las cenizas de la nada:
si no eres algún alma del abismo
¿cuál es tu cáliz? ¿cuál tu eucaristía?
¿cuál la fuente en que bebes? »-
Y como yo callaba, él proseguía:
-« Poeta pensador que al mundo ilustras
y que al par con tu ejemplo
al mundo enseñar debes,
¿dónde su culto á Dios tu ánima presta?
¿por qué no vas á orar al santo templo? »-
Ibamos al través de la floresta.
-« Yo oro, »-respondile.
Y él me dijo :- « ¿En qué iglesia?
¿ante qué sacerdote y en qué altares
contrito de rodillas,
el santo sacrificio contemplando?
¿Ante qué confesor el alma humillas? »-
Por mi respuesta ansiaba,
y díjele : -« La iglesia es el espacio:
en cuanto al sacerdote...»-
En ese instante el cielo se argentaba.
Hostia enorme, la luna
alzarse en el oriente se veía.
Vago estremecimiento
llenaba el cielo, el viento,
y al pino, al cedro, al olmo
y al águila y al lobo se extendía.
Hícele alzar los ojos
hacia el astro de oro que subía,
la oscurecida tierra iluminando,
y díjele : -« ¡Prostérnate de hinojos,
que oficia el mismo Dios, y están alzando…! »-
JOSÉ ANTONIO CALCAÑO.