LLANTOS EN LA NOCHE.
LA Tierra dice, al entreabrir el seno
de vaga sombra lleno
donde el cadáver pálido reposa:
- ¿Por qué me lo dejáis? ¿por qué, inhumanos,
lo dais á los gusanos
que conmueven el polvo de la fosa?
- ¡Oh Tierra! en tanto que se eleva el alma
á la insondable calma
que al justo y sabio en lo infinito espera,
de ese cuerpo agostado en los dolores
fórma las tiernas flores
que besa con amor la Primavera.
¡Oh Tierra! de esa boca helada y mustia,
que en la vida de angustia
al gemido se abrió, nunca á la risa,
haz la rosa odorífera y bermeja
que sus perfumes deja
en las abiertas alas de la brisa.
Estámpa sobre el ala temblorosa
de alguna mariposa
la imagen de esos ojos apagados;
y de la tumba en las musgosas grietas
bróta las violetas
que nacen de esos pechos azulados.
Bébe la sangre de esas rojas venas,
y que, de savia llenas,
tienda sus ramas el boscaje umbrío,
do vengan á pacer los corpulentos
bueyes, á pasos lentos,
tus sazonadas hierbas en estío.
Que todos estos pavorosos muertos,
en sus sepulcros yertos
con la tristeza y el olvido á solas,
cuando tiemblen al sol flores y nidos,
se sientan conmovidos
temblar de amor en todas las corolas.
Haz vibraciones de ese polvo inerte;
haz vida de esa muerte,
y rico mármol de los blancos huesos;
¡y haz conmover la sepultura fría
en una eterna orgía
de amor y nidos, céspedes y besos!
JOSÉ RIVAS GROOT.