CREPÚSCULO.
GIME el estanque, y fúnebre sudario
parece que lo envuelva;
mudo se extiende tras la opaca selva
el valle solitario
siniestros y tranquilos
sus ramos alzan lúgubres los tilos.
¿No veis, á través de ellos
de amor brillar la estrella vespertina?
¿No veis arder sus pálidos destellos
en la cumbre de la árida colina?
Vosotros, que ceñidos de guirnaldas
pasáis en las tinieblas suspirando,
¿sois amantes felices ?
Brillan entre las sombras sueltas faldas;
despiértase la hierba, y rumor blando
melancólico zumba:
fresca y lozana hierba, ¿qué le dices
á la dormida tumba?
«Amad, dice la hierba y aun la fosa;
amad, vivid un día;
triste es la sombra y fría
de los que irguió el ciprés fúnebres ramos;
la mejilla de rosa
busca el labio de fuego...
Amad; trajo el crepúsculo el sosiego;
amad, mientras nosotros meditamos.»
Dios encendió de la pasión las llamas;
al mundo celos dé vuestra ventura,
¡oh amantes que pasáis bajo las ramas!
Todo el amor que en nuestro pecho resta,
se convierte en plegaria santa y pura,
cuando la muerte nos arrastra dura
á la tumba funesta.
El seco polvo que el sepulcro encierra
fué ayer beldad, y aun el amor lo abrasa;
las brisas de la tierra
de la hierba los vástagos agitan,
y el soplo de Dios pasa
y fosas y cadáveres palpitan.
De la pajiza choza
el techo agudo la tiniebla emboza;
suena en el valle, que pesado huella
del segador cansado el paso lento;
y, flor de luz, la esplendorosa estrella,
su vívido fulgor pura destella
en el sereno azul del firmamento.
Gozad, gozad; mañana será tarde:
es la estación de amor ; se ocultan rojas
las fresas hoy bajo las verdes hojas;
y el Angel pensativo de la tarde,
á merced de los vientos encontrados,
flota incierto y recoge confundidos
la oración de los labios apagados
y el beso de los labios encendidos.
TEODORO LLORENTE.