EL TRIUNFO.
ENTRE los juncos húmedos sentada,
suelta al viento la blonda cabellera,
los pies desnudos en el agua fría,
la vi al pasar, y un ángel ó una fada,
al verla tan hermosa, pensé que era.
Y me acerqué y le dije :-"Vida mía,
¿por qué no vienes á la selva umbría?"-
Y á mí volvió los ojos seductores,
miróme con la angélica mirada
que á la beldad vencida siempre queda;
y yo le dije:- "¡Vén! no temas nada;
este mes es el mes de los amores:
vén conmigo á la lóbrega arboleda.
En la hierba enjugó sus pies de nieve,
y me miró otra vez : á la alegría
en sus ojos siguió nube sombría
y pensó rato breve,
como quien no se atreve.
¡Oh! ¡qué dulce era entonces la armonía
de las canoras aves!
¡Del arroyo que límpido corría,
los besos á las flores cuán suaves!
los campos ¡oh, cuán bellos!
Y amante, alegre, altiva y vergonzosa,
vi venir hacia mí la niña hermosa,
ocultando su faz con sus cabellos,
y riendo feliz á través de ellos.
TEODORO LLORENTE.