MIS DOS HIJAS.
VEDLAS, vedlas, cuán alegres,
¡oh Ventura! y cuán hermosas.
En el fresco claroscuro
de la tarde encantadora
que lentamente se extiende
por valles, montes y lomas,
la mayor parece un cisne,
la chiquilla una paloma.
A la entrada del jardín
se han sentado las dos solas,
y para verlas se inclina,
temblando amante en la sombra,
fresco ramo de claveles
que en blanca jarra marmórea
sobre delicados tallos
da á la brisa níveas hojas;
como si vida tuviera,
mira las cabezas blondas,
y sobre el vaso parece
bandada de mariposas
que ante las cándidas niñas
se detuvieran absortas.
FIDEL CANO.