EL POETA POR LOS CAMPOS.
EL poeta por los campos
contempla, piensa, ama, admira:
como misteriosa lira
oye en sí su alma vibrar.
Desde que asoma, su cáliz
rico de aroma y colores
agitan todas las flores
para incensarle al pasar.
Las que de rubí se bañan,
las que en primoroso viso
del ave del paraíso
eclipsan el esplendor:
las que se visten de oro,
las que de azul se atavían,
las que al múrice darían
envidia con su color;
Toman para recibirle
la actitud de más donaire,
ya de altas damas el aire,
ya melindroso vaivén;
y en familiares maneras,
como á las bellas conviene,
-"Es nuestro amante el que viene,"-
se dicen cuando le ven.
Y de luz y sombra llenos
y de confusos rumores
del bosque los pobladores,
aquí el tilo, el arce allí,
robles y viejas encinas,
olmos y sauces rugosos,
como Ulemas respetuosos
en presencia del Muftí,
Le hacen grandes reverencias,
y á tierra pausadamente
inclinan la hojosa frente
y sus barbas sin color;
miran la celeste lumbre
con que sus ojos fulguran,
y en voz muy queda murmuran:
-"¡Es él! ¡es el pensador!"-
JOSÉ ANTONIO CALCAÑO.