ESPERANZA EN DIOS.
ESPERA, hija, á mañana;
luégo, espera á mañana todavía!
y después, á mañana eternamente!
Inclinemos la frente
con fe en el porvenir; y cuando el día
brote en pausada calma
del monte en la eminencia
á dorar con su luz estas orillas,
hállenos siempre orando de rodillas
con dolor en el alma,
mas con fe resignada en la conciencia.
Son nuestras culpas, sí, pobre ángel mío,
que han venido á engendrar nuestros dolores.
Quedémonos de hinojos,
que acaso al vernos Dios tan penitentes,
después de bendecir los inocentes
y á los que desarmaron sus enojos,
pondrá en nosotros sus divinos ojos.
EDUARDO CALCAÑO.