ÉXTASIS.
A la orilla del mar yo estaba solo;
era una noche espléndida de estrellas;
bajo el límpido cielo ni una nube,
sobre la mar dormida ni una vela.
Mis ojos insaciables traspasaban
de ese horizonte vago las barreras,
y todo el universo, el monte, el valle,
las florestas oscuras, la alta peña,
en confuso murmurio, parecían
interrogar de la celeste esfera,
á la apacible lumbre y á las ondas
que abraza en su confín la mar inmensa.
La innumerable armada desparcida
de temblorosas, nítidas estrellas
- "¡el Señor!"-humildes murmuraban
bajo la viva luz de sus diademas;
y las azules ondas, perturbando
el solemne silencio de la tierra,
en lánguido crescendo respondían,
jugando con la espuma de sus crestas:
-"¡Es Dios... el Señor Dios! ¡En las alturas
gloría al que al mar con su poder sujeta!"-
JOSÉ IGNACIO TRUJILLO.