EL DERVÍS.
CABALGA Alí orgulloso
por entre turbas que hizo el miedo cautas,
y al tropel rumoroso
de sus fieros arnautas
los turbantes más nobles y esplendentes
se inclinan reverentes.
Destrucción en su gesto
lleva, y en sus miradas exterminio,
que como rayo, presto,
por su vasto dominio
huellas de sangre y de ceniza deja;
¡y guay del que se queja!
Un dervís agobiado
por la edad que le arruga la ancha frente,
rompe el grupo humillado,
y del potro valiente
que monta Alí, cortando la carrera,
le habla de esta manera:
« Alí, luz de las luces,
Jefe invencible de escuadrón sangriento,
que en el diván reluces
desde encumbrado asiento,
y á quien dobla la faz pueblo infinito,
¡eres un can maldito!
« Eres un can perverso,
que en cadáveres lívidos te gozas,
y cuanto el universo
reverencia, destrozas,
como si la virtud, doquier que exista,
te ofendiese la vista.
« Luz sepulcral te guía;
cual vaso lleno tu ira se derrama;
eres cual hoz impía
que corta verde rama;
son de tu gloria míseros cimientos
sanguinosos fragmentos.
« Mas ya suena tu hora;
tu huesa se abre en la infeliz Yanina;
la mano destructora
del Señor te destina
tormento agudo y retemblar eterno
en el séptimo infierno.
« No para ti reserva
Mahoma en las regiones escogidas,
deliciosa caterva
de doncellas floridas
cuyas caricias premian los afanes
de fieles musulmanes.
« No; que al pasar el puente
más agudo que el filo de la espada,
te hundirás de repente,
y á la anchura inflamada
de pez hirviendo, con feroz rugido,
bajarás aturdido.
« Allí un demonio horrendo
los nombres de tus víctimas escritos
siempre estará leyendo;
y verás infinitos
albaneses, escuálidos despojos
de tus fieros enojos.
« Ni tu encumbrado fuerte,
ni tu escuadra, que cubre mar y ríos,
bastan á defenderte
de sus brazos impíos.
Si el nombre cambias, como vil hebreo,
no frustras su deseo.»
Lleva Alí so el vestido
ancho trabuco que á su voz estalla,
y alfange retorcido.
Empero escucha, y calla;
saluda al viejo audaz sin ojeriza,
y le da su pelliza.
J. J. DE MORA.