EL SILFO.
ESTABA la noche muy negra, muy fría;
y, ya moribunda, la luz del hogar
tras góticos vidrios apenas lucía.
Adentro una niña...velaba?...dormía?...
Alguno por fuéra llamaba al cristal.
-«Soy en la límpida esfera
el hijo vago y risueño
del sol y la primavera;
un Silfo…menos que un sueño.
Soy el espíritu errante
que desprende del rocío
la mañana al despertar,
soy del éter habitante,
y en la noche, por el frío,
soy el huésped del hogar.
«Esta tarde, entre las flores,
una pareja dichosa
estaba hablando de amores
en voz baja y cariñosa.
Yo de muy cerca la oía;
cuando de pronto en un beso
que su palabra cortó,
cojieron una ala mía...
y aun estaba yo allí preso
cuando la noche llegó.
« Es ¡ay! demasiado tarde
para que yo entre á mi broche;
estoy solo...soy cobarde...
¡ábreme por esta noche!
Deja que duerma en tu lecho,
y cuando vierta la aurora
su luz primera, me iré.
Tendré lugar muy estrecho,
y te prometo, señora,
que muy poco ruído haré.
« Mis hermanos han hallado
un albergue en el rocío;
solo y fuéra me he quedado...
Tengo miedo y tengo frío.
¿Adónde encontrar mi broche?
No hay una luz en el cielo,
en los campos una flor...
¡Abreme por esta noche!
No tengas ningún recelo...
Si yo soy...todo candor!
« Ábreme! sus densos flancos
pavorosa la tiniebla
de horribles espectros blancos
y negros fantasmas puebla.
Entre el follaje sombrío
como lívidas miradas
los fuegos fatuos se ven;
y sobre el agua del río
claridades azuladas
lívidas flotan también.
« Ábreme, señora mía¡
porque en los campos desiertos,
tras la colina sombría,
están bailando los muertos.
Á sus almas desveladas
da la noche pavorosa
un sudario de vapor.
Si esas fantasmas heladas
por divertirse, á su fosa
me arrebataran... ¡qué horror!
«Si desoyes mi gemido,
¿buscaré los musgos viles
y disputaré su nido
miserable á los reptiles?
¡Abreme por un momento!
Son cariñosos mis ojos
y mi palabra de miel.
Sé remedar el acento
que oye, con dulces sonrojos
la niña, de su doncel.
« Además...soy tan hermoso!
Si vieras temblar lucientes
mis alas al sol radioso
blancas, puras, trasparentes!...
Tengo los bellos colores
del lirio que me escondía
del tenebroso capuz,
y se disputan las flores
mi aliento, todo ambrosía,
y mi cuerpo, todo luz.
« La ligera mariposa
es pesada junto á mí;
y sin perfume la rosa
ni belleza el colibrí,
cuando de gala vestido
con reflejos de topacios
y zafiro brillador,
voy en la luz escondido
visitando mis palacios,
como rey, de flor en flor.
« Mas ¡ay! en vano te imploro!...
Aquí nada tengo mío,
ni mis corolas de oro,
ni mis copas de rocío.
Yo te las diera, señora,
porque abrieras tu ventana
un instante para mí;
y no que vendrá la aurora
y triste verá mañana
que ante tu puerta morí.
« En cambio del hospedaje
que en esta noche me dieres,
de una hada ¿quieres el traje?
¿el velo de un ángel quieres?
Haré de tu noche, día;
y sin que corte el desvelo
tu deleite embriagador,
pasará tu fantasía
de los ensueños del cielo
á los ensueños de amor.
« Pero en vano está mi aliento
empañando tu vidriera.
¿Crees que pérfido mi acento
la voz de un amante fuera?
No soy más que Silfo errante
á quien lejos de su broche
un ósculo aprisionó,
pero no soy un amante...
¡Ábreme por esta noche
porque soy el Silfo yo! »-
El Silfo lloraba. De pronto, sonora,
cual dulce reclamo del alma que llora,
se alzó una voz triste que luégo calló.
¿Qué voz era aquélla?
La niña, sin miedo,
abrió la ventana muy quedo, muy quedo...
mas nadie ha sabido si al Silfo la abrió.
MANUEL M. FLÓREZ.