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CAPITULO VII
MONTERILLA
NO OBSTANTE que acabamos de ver a Monterilla en la prision de
Santiago, es preciso darlo a conocer de un modo mas detallado, para
lo cual se hace indispensable que preceda por lo ménos una
digresion, aunque breve.
Dicese que hai en todas las poblaciones de la Nueva Granada
cierta clase de hombres que busca siempre los Santuarios de la
justicia, no porque la ame, sino para perseguirla; así como la
lechuza busca los Templos, no porque le importe el culto, sino para
chupar el aceite de, las làmparas. De este sìmil seguramente
dependió el que en España se diese a algunos de esos Curiales el
apodo de
|lechuzos, mas propio, espresivo i castizo que el
de
|tinterillos conque se designa vulgarmente entre
nosotros a aquellos hombres siempre emboscados entre los archivos
de las oficinas judiciales, i apostados en las puertas de las
cárceles, entretenidos de continuo en ocupaciones misteriosas; i en
muchos lugares, objetos mudos de la queja jeneral.
Aunque hai tantos i de tan diversas especies, no seria imposible
dar una clasificacion exacta de ellos, apesar de ser difícil que un
observador atento e intelijente se detenga por mucho tiempo a
considerarlos de cerca, porque suele ser nocivo respirar a menudo
el aire que los rodea. A esta maligna influencia se debe el que
sean a veces desconocidos, no obstante la divisa principal que los
distingue, i que consiste en un lenguaje recalcado solamente sobre
las palabras,
|sellos,
|derechos, despachos, procesos,
provisiones, mandamientos i otras semejantes.
Ademas de este, tienen los tinterillos otro distintivo, que es
la
|terribleza : esta calidad es su norte; forma el
pináculo de su carrera i la base de su gloria. De la mayor o menor.
terribleza a que hayan ascendido, es que dependen su rango i
celebridad; de modo que cualquiera que sea la fama que alguno de
ellos adquiere, sino se exajera su terribilismo, es una fama
indigna. i despreciable. I en efecto, los tinterillos en lo jeneral
son terribles; i no solamente lo son ellos en su intriga, sino que
son terribles tambien sus palabras, sus pensamientos, sus manos, i
hasta sus caras son terribles.
Otro signo los caracteriza ademas; i es que todos son comunmente
hombres diminutos física o moralmente; al que no le falta un ojo o
una oreja, le falta la conciencia; el que no carece de algun dedo,
carece de relijion i de moral; pero todos han de tener lengua
indispensablemente; i lo mas admirable es que el oficio les impone
el deber de manifestar algun injénio i actividad. Por lo demas
pueden ser clasificados en el mismo órden en que está clasificada
la, sociedad; porque cada clase social tiene bajo el titulo de
tinterillo, uno o mas diputados ante los tribunales, bien que la
clase. letrada sea la que mas les envia; pues las otras apénas los
constituyen porque teniendo que rechazar algunos de sus miembros
respectivos, en fuerza de varias razones, estos van por lo comun a
formar en el foro una colonia abundante i laboriosa. I como en la
sociedad se ven desde luego militares i paisanos, en el foro
tambien suele haber estas dos clases de tinterillos, que con mas o
ménos propiedad distinguen los juristas , con los nombres de
tinterillos
|castrenses i cuasi castrenses. Hai en la
sociedad clérigos i legos, de donde resultan los tinterillos
|eclesiàsticos i los
|laicales: hai tambien hombres
letrados i sin letradura, i de aquí los tinterillos Doctores, que
se pueden decir tinterillos
|escritos i los tinterillos
|en blanco hai en la sociedad hombres i mujeres, i por eso
dicen haber tambien simplemente tinterillos
|machos i
tinterillos
|hembras, especie que sostienen los curiales
ser la mas enfadosa. Por último, haciendo justicia, hai tinterillos
buenos i tinterillos malos: los primeros no son objeto de esta
digresion ni ménos debe considerarse que van a suministrar el tipo
de Monterilla.
Este se llamaba Pedro; i tal era su nombre de pila, porque sea
tomó fuere, ello es que consta que los tinterillos de los paises
cristianos han sido bautizados. Aun hai mas: de todos los
tinterillos ninguno fué tan bautizado coma Monterilla que casi
nació en la pila, con cuyo motivo las primeras palabras que
llegaron a sus oídos fueron las de
|secreto i
clandestinidad, que despues en todo el curso de su vida,
formaron su contraseña. Aunque mui feo, no era diminuto
físicamente; i asi resolvieron sus parientes encaminarlo desde niño
a la carrera del altar; pero con el fin seguramente de avanzar
pronto en ella, se fugó a poco tiempo de la casa materna, para ir a
vivir al lado de un
|Reverendo Padre; razon por la cual
llamaba la celda su casa
|paterna. Estuvo poco tiempo en el
colejio, i aun algunos despues lo titulaban el Doctor, sinembargo
de que es cosa averiguada que no era abogado ni figuró jamas en tan
honrosa lista. Despues se aficionó locamente a la hija de una
tabernera por mayor que tenia su despacho cerca de la casa paterna;
i poco a poco se fué aficionando tambien a aquello de despachar,
viviendo mas comunmente en la taberna que en otra parte. Como en el
despacho de este establecimiento no podia faltar de tiempo en
tiempo, ya una factura de los efectos, ya una lista de deudores o
un inventario de hipotecas pignoradas a la seguridad de algunos
créditos menudos, Monterilla tuvo modo de adelantar su education
literaria i brillar en la carrera de pendolista.
Despues de algunos meses, i ganado que hubo a favor de su
literatura, la confianza de la tabernera, fué promovido al honor de
ser quien entablaba las demandas que esta tenia que promover contra
diferentes deudores, i contestar las reclamaciones judiciales que
se suscitaban a veces contra ella; de manera que pasado un año
Monterilla era como si dijeramos, el Sindico de la taberna.
Las ocupaciones de este nuevo encargo, retrayéndolo de W vida
privada, como él decia, lo llamaron a vivir, no ya en .la taberna
¡en la celda, sino en los juzgados parroquiales donde prácticamente
fué compréndiendo la terminolojia jurídica, que allí se ola por lo
regular mui bien esplicada, pues los pedantisimos sujetos que
hacían uso de ella, necesitaban hacérsela entenderla los jueces,
que de ordinario la ignoraban. Con esto Monterilla se perfeccionó
en breve sobre gran parte de la jurisprudencia teórica i sobre casi
toda la práctica.
Poco tiempo despues ya no eran las demandas de veinte reales, el
asunto que ocupaba la habilidad de Monterilla, ni, sus pleitos
tenían el humilde orijen de los que le proporcionaba la tabernera.
Había aprendido demasiado i todo debia elevarse en su profesion;
así es que ya dedignaba todo aquello de falsos testigos, i otras
cosas semejantes; i miraba en poco ante su jénio raro, las
escepciones perentorias; dilatorias, robatorias i
|falsificatorias : su habilidad lo elevaba a lo que él
amaba la parte sublime del oficio, las escepciones
|convinatorias. Entónces fué cuando se le empezó a ver en
Bogotá.
Tal era, pues, el nuevo personaje que acompañó a D. Juan a la
prision de Santiago i que acaba de salir de ella para ir a formar
un escrito de recusacion, a sostener una garantía.
-La figura de Monterilla era siniestra, de estatura pequeña,
vientre desenvuelto, vestido tambien de capa, pues nadie ignora que
el vestido curial es necesariamente talar. De ordinario llevaba
debajo del brazo un gran legajo cuyo destino era el de que sirviese
de enseña de su oficio, i por tanto pocas veces andaba embozado,
ántes bien se mostraba con marcha lenta, pero con aire
desembarazado i brioso.
Monterilla salió de la prision de Santiago riéndose entro, sí
del achaque de la garantía que tanto había seducido a este como la
única esperanza de salvarse en los peligros a que había llegado.
Monterilla sabia que semejante recurso era vano, tardío i hasta
perjudicial: sin embargo, iba a emplearlo, normas que con el fin de
comenzara funcionar en calidad de defensor; eleccion que no
desconfiaba recaería en él tarde o temprano. A medida que veía la
complicacion que por momentos presentaba la causa, sentía, mas
placer, pues así esperaba tambien mejor remuneracion por la
incontrastable defensa que su injénio prodijioso le alumbró desde
que supo por, D. Juan, a fondo i con exactitud, la naturaleza del
negocio: defensa que tenia para él la ventaja de ser tan pronta,
que llenaría de un modo satisfactorio los anhelos de Santiago
volviéndolo a la libertad inmediatamente.
Este entre tanto, se oponía decididamente a que D. Juan le
buscase defensor; porque apesar de estar desesperado por verse
libre, no queria persuadirse de que su prision era grave; así como
un enfermo retarda el llamar al médico, por, hacerse la ilusion de
que su mal es insignificante todavía: D. Juan no pensaba de tal
modo; al contrario, cada momento redoblaba sus ruegos para con
Santiago, a fin de que lo autorizase cuanto àntes, para buscar un
abogado, el que Santiago quisiera de los muchos que le monbraba
entre antiguos i modernos; haciendole presente de varios modos, que
si un letrado empezaba su accion en oportunidad, podrian salvarse
riesgos de mucha consideracion.
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