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CAPITULO XXI
CONCLUCION
EL Dr. TÈMIS envió ocultamente dos ajentes de la policía para
que se situasen en la esquina de la casa de Monterilla, i mientras
llegaba la hora de la entrevista, observasen con disimulo, lo que
sucediera digno de notarse.
Esa tarde D. Adolfo instigado por el hambre i deseoso de no
morir sin ver ántes a su hijo, procuro hacer saber a Monterilla,
que ya estaba resuelto a calumniarse cuanto quisiesen, i no solo
empeñó su palabra en garantía de la promesa, sino que con docilidad
firmó un documento, para que en todo caso obrase como prueba
irrefragable de que él era el autor de los crímenes con cuya
responsabilidad querian gravarlo. Monterilla no ignoraba cuanto
valía esta prenda, i por tanto deseando evitar ese homicidio que le
parecía mui peligroso, resolvió dar un jiro mas seguro a las cosas
i una apariencia mas eficaz para librarse siquiera del cargo de
calumniador: dispuso, pues, diesen de correr a D. Adolfo, lo soltó
de la cadena i lo llevó al cuarto donde con Soliman, la Daita i
demas personas convocadas oportunamente, se instaló la junta en
forma de visita para aguardar al Dr. Témis.
Antes que este llegase se presentó inui afanada la mujer que se
ha dicho habitaba frente a la casa de Doña Gonzaga, i les refirió
que el Dr. Témis habla entrado allí esa tarde con la policía, i
salido despues de un largo rato, dejando en la puerta un centinela,
siendo en consecuencia indudable que ya estaba Adolfo el falso
aprisionado. Entónces cayeron en cuenta de la inadvertencia con que
hablan obrado i fueron invadidos de una inquietud estraordinaria
que no les permitia meditar con la celeridad i acierto que el caso
demandaba, el arbitrio que pudiera salvarlos. Viendo Monterilla,
por una parte, que el unico recurso que les quedaba era el de
encerrar nuevamente a D. Adolfo, para sostener quc no podía
concurrir por haber sido aprehendido en la casa de Doña Gotizaga; i
por otra, que este proceder era delicado, exijia datos seguros i
preparaba consecuencias graves, llamó a Soliman pa- ra consultarle
a solas esta medida i ejecutar sin tardanza lo que sé acordase.
-Estamos perdidos, le decía Monterilla en voz baja i en el
aposento de los ataudes: el Dr. Témis ha aprehendido ya,
seguramente, a Adolfo el falso, i por consiguiente la calumnia
proyectada i la inocencia del padre de Emilio quedan
descubiertas.
-Eso no, replico Soliman, pues él se ha declarado ya delincuente
de un modo bien auténtico, i a lo sumo el Dr. Témis en vez de un
solo criminal se encontrará con dos.
-Con todo, repuso Monterilla, mejor seria ocultar a D. Adolfo
nuevamente, para evitar todo riesgo.
-No, Sr, sostuvo Soliman; porque no sabemos de un modo positivo
que Adolfo el falso haya sido aprehendido ; ántes bien, no habicedo
vuelto a salir de la casa la policía, es sin duda porque se ocupa
de un rejistro minucioso pero vano. Ocultar ahora al padre de
Emilio, serla obrar sobre un dato dudoso i esponernos a perder por
temores infundados, la utilidad segura de la entrevista.
-Pero si efectivamente se ha hecho la aprehension...? replico
Monterilla.
-No importa, dijo Soliman, pues ignoramos tambien si el Dr.
Témis conoce personalmente al padre de Emilio, i en ese caso lo mas
discreto es obrar suponiendo que si, para que apoyados en la
verdad, no nos vecinos en la precision ele comprometernos vacilando
en momentos que exijen tuna grande entereza. Esté, o no,
descubierto nuestro compañero, que conozca o no el Dr. Tèmis al
verdadero Adolfo, siempre sera cierto que éste va a resultar
culpable i nosotros nos salsaremos.
-Pero puede suceder que nos engañe i quiera sostener su
inocencia, añadió Monterilla.
-D. Adolfo, dijo Soliman, no puede desmentir el
documento...Ademas, sea de eso lo que fuere, ya está resuel- to que
el Dr. Témis saldrá de aquí a defender al Mordedor, o le tocará
espiar la muerte de Oropimente, muriendo a nues- tras manos, que es
lo que mas deseo, si vemos en él un nuevo testigo de nuestros
secretos.
-¿I si viene acompañado .... ?
-Entonces todos nos ocultaremos, a no ser que el número de los
que puedan defenderlo, no nos parezca temible.
-Bien, dijo Monterilla; pero una vez que la incertidumbre de los
datos es la que nos impide resolver, aconseja la prudencia esconder
a D. Adolfo, aunque sea en este aposento, mientras del mismo Dr.
Témis tomamos siquiera una presuncion mejor fundada. Jorje
custodiará aquí a D. Adolfo, encargándose de matarlo si este
intenta hablar, o al oír una señal que yo daré en el momento de
persuadirme que todo ha sido descubierto, en cuyo acto U. tambien
matará al Dr. Témis, pues en semejante caso será inevitable
hacerlo.
-Tanto mejor, dijo Soliman gozoso: ese plan es el que quiero que
se verifique, porque tengo sed de venganza, i seria para mí mui
glorioso saciarme en un enemigo tan funesto.
En consecuencia saliendo ambos al aposento, Soliman ocupo el
lugar mas conveniente para evitar que el Dr. Témis pudiera
defenderse i ni siquiera el ataque. Estaba de veras impaciente por
llevar a cabo su su atentado, se ajitaba en el asiento ansiando la
hora de ejecutarlo i temía no poder esperar la señal convenida sin
lanzarse sobre esa víctima que debia venir por si misma al
sacrificio para satisfacer los manes de Oropimente.
Entre tanto Monterilla como presidente, se dirijió a D. Adolfo,
diciéndole
-Se teme con fundamento que el Dr. Témis ha descubierto ya a
Adolfo el falso, en cuyo caso es preciso variar el curso de las
cosas.
-No: mas bien yo sostendré que soi criminal como he ofrecido,
dijo D. Adolfo helado de pavor al oír semejante in- dicacion i
persuadido de que iban a asesinarlo allí mismo i no volvería a ver
a su hijo.
-Si; pero es preciso, añadió Monterilla, que U. se oculte de
nuevo, i si fuere conveniente, saldrá a sostener ante el Dr. Témis,
que U. ha delinquido, sea o no inocente el otro.
D. Adolfo condescendió inmediatamente i empeñó su palabra para
seguridad de que obraria de acuerdo con lo que exijian.
En ese momento Jorje que estaba con otro criado espiando en la
puerta de la calle, vio venir dos embozados, que juzgó como seguro
fuesen el Dr. Témis i D. Juan; i entrando a carrera los anunció a
la junta, la que vió ya con esto decidido i logrado el triunfo de
sus planes, pues o se descubrid la inocencia de D. Adolfo, i
entónces este, el Dr. Témis i D. Juan, moririan a tríanos de un
número de asesinos mas que suficiente; o D. Adolfo quedaba
calumniado i la defensa del Mordedor asegurada.
Monterilla mandó, pues, a Jorje que se ocultase en el aposento
con D. Adolfo, i le dió la órden de que lo matase al oir cierta
señal, o ántes, si este intentaba hablar. Soliman sentia latir el
corazon con tal violencia, que moviéndose en el asiento, apretaba
el mango del puñal i deseaba, para consumar mas pronto su atentado,
salir al encuentro de los dos que llegaban. D. Adolfo por el
contrario, temblaba de temor, i sus ojos se humedecieron al
contemplar que ya llegaba el instante terrible, . no de beber un
veneno fatal, sino una infamia espantosa. Monterilla lleno de
confianza, tomó un aire mui grave i pareció impasible e
indiferente, mientras la Daifa, su compañera, la vecina de Doña
Gonzaga i varios otros cómplices a ayudar a Soliman.
Los embozados llegaron a la puerta de la calle i preguntando al
otro criado si aquella era la casa de Monterilla, fueron
introducidos hasta la pieza en que estaba reunida aquella jente ,
quedándose el criado con su respectiva arma hácia la puerta, segun
las instrucciones de su amo.
-¿Quién es el Sr. Adolfo Castelvi, preguntó con voz firme el Dr.
Témis desde el fondo de la pieza, mirando a lodos los circunstantes
con seño amenazador.
-Aun no ha venido, dijo Monterilla poniéndose de pie; pero aquí
está este documento que U. puede leer para convencerse de los
delitos de ese hombre.
El Dr. Témis se acercó a la mesa, recibió con desprecio el papel
i al acabar de leerlo lo aplicó a la luz que levantando una llama
lo redujo a ceniza.
Monterilla furioso con esta accion que revelaba estar todo
descubierto, dió la señal convenida, i Soliman, levantándose con el
puñal en la mano, ocultando la boja tras el brazo, dió, con mirada
torva un paso adelante, lo mismo que el resto de sus compañeros;
mas, se detuvieron porque en el instante que Monterilla dió la
seña, sonó tambien en el aposento de los ataudes el ruido de un
cuerpo que caía, i abriéndose la puerta se presentó ante el Dr.
Témis, bambolear i tremulo el padre de Emilio.
-Hé aquí, grito con voz convulsa, al
verda...........................
.............telvi, cuyo nombre se ha escrito por mi mano al pié
de la calumnia esperando lo borre la justicia.
-¡ Ya esta borrado por mí ! esclamó el Dr. Témis desembosándoze
i abriendo los brazos: En nombre de su hijo virtuoso, continuó,
vengo a salvarlo a U. ¡darle el nombre de amigo. Entre tanto Jorje
salia cubierto de polvo del aposento donde no atreviéndose a herir
a D. Adolfo, cayó en la lucha enredado en uno de los ataudes, i
Soliman lleno de rabia, í con la misma prontitud con que el Dr.
Témis i D. Adolfo se habian abrazado, partió de su puesto
acompañado de la Daifa para lanzarse sobre sus víctimas. Al tiempo
que D. Adolfo entre los brazos del Dr. Témis exclamaba que lo
salvase i llevara donde su hijo, Soliman alzando el brazo,
gritó:
-No lo llevará i ambos morirán a nuestras manos!
-¡ Silencio, miserable ! gritó el compañero del Dr. Témis
deserbozándose i corriendo sobre el asesino.
¡ Detente í tiembla del rigor de la justicia ! Todos quedaron
atónitos i confundidos Monterilla se levantó de su asiento i
Soliman í la Daifa alas dejaron caer lasarmas i retrocedieron
llenos de confusion. Fue el presidente del Estado el que se dejóver
allí, i dando una vez mandó entrar a los jendarmes que, segun
órden prévía, ya estaba en la puerta de la calle. Monterilla i sus
cómplices fueron aprehendidos, mientras el Dr. Témis dando su capa
a D. Adolfo, lo llevó a la casa del Sr. Osman, donde lo dejó por
irse inmediatamente donde Doña Gonzaga, para hacer aprisionar
defintivamente al falso Adolfo i participar el triunfo a D. Juan
que era quien se habia quedado custodiando a este en la casa. Al
dia siguiente habiendo ya variado las el Dr. Témis sacó a la Cisne
del convento, la llevó donde el Sr. Osman i con toda la familia, D.
Adolfo i D. Juan partió para donde Emilio. Faste se había mejorado
i Santiago lo acompañaba ruindo se presentò el Dr. Tèmis en la
choza i corrió hàcia Emilio para Medirle perdon de sus aparentes
perfidias i anunciarle a su padre inocente i a su amada constaute.
Emitio al oir la relacion que le hacia D. Adolfo en medio del Dr.
Témis i Adelaida creía soñarlos que debiendo residir en su
hacienda, se gozaba en estremo de ver a la Cisne tan decidida por
la vida apacible de las aldeas. Cuando volvieron a la ciudad supo
el Dr. Témis que Monterilla i Soliman se habian fugado, porque
fácilmente sobornaron a los jendarmes ntes de llegar a la cárcel.
Despues asesinaron a Jorje como culpable por sa cobardía del mal
éxito de los planes; pero el Dr. Témis continuó activo en la
persecucion, hasta que por fin mas tarde, pero tambien mas caro,
pagaron todos juntos sus antiguos i nuevos delitos, apesar de los
esfuerzos que hizo Enrique para salvarlos, exitado por la envidia
que le inspiraba la felicidad de Emilio i Adelaida, Santiago i la
Cisne, de los que procuraba vengarse con la maledicencia : mas
ellos lo compadecian, en tanto que por otra parte colmaban de
bendiciones al Dr. Témis; por la rectitud i enerjía con que
persiguiendo el crímen, salvó la inocencia, e hizo triunfar la
justicia.
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FIN.
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