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PARTE SEGUNDA
CAPITULO I
EL HIJO
ES NECESÁRIO advertir. que la discreta Adelaida no leyó en alta
voz la carta que acababa de recibir del Mordedor el desgraciado
Emilio: la leyó solo para si, i no porque creyera tener algun
derecho para imponerse a su arbitrio, en las cartas que recibiera
su amante, sino porque en aquel momento de Sorpresa, su talento, i
mas aun su corazon, le indicaron que era la única Sobre quien
pesaba el deber de examinar las causas que en tan alto grado i tan
súbitamente alteraban la felicidad de un ser cuya dicha le era tan
interésante. Así fué que doblando la carta despues que la leyó, la
guardó en Su seno, i corriendo hácia Emilio, a quien el Sr. Osman
Colocaba en el Sofá, le sacó del bolsillo las pistolas sin que él
lo sintiera, para evitar que al volver en si, fuese víctima de sus
ideas de honor i dignidad.
El Sr. Osman al ver la accion de Adelaida i que había leído la
carta, le preguntó con interes cuál era la causa de semejante
accidente i qué contenía tal papel.
-No puedo responder, dijo Adelaida temblando.
-¿Luego no has leído la carta? ¿ no es su contenido lo que
produjo en Emilio este accidente?
-No lo sé...... solo puedo manifestar que esta carta no me
pertenece i que la casualidad únicamente es la que me hace
depositaria de ella.
-¡Hija mia! esclamò el Sr. Osman echandole los brazos: tu
franqueza i tu sinceridad califican esto como un Secreto; es
preciso, pues, no tratar de adivinarlo, ¡yo me congratulo de tu
discrecion.
Gracias padre mío.... Pero procuremos que Emilio se recobre, yo
sufro al verlo así, i temo...
-No hai cuidado: esto le pasa bien pronto: es efecto de alguna
pena grave con que lo han sorprendido. Tú, querida Adela única que
posee el secreto de su mal. Bien ...quedas, pues, autorizada por tu
padre para consolar a ese inféliz.
Los cuidados de la familia volvieron a Emilio de su postracion,
i levantándose este para salir inmediatamente de la pieza, no
atendió a las instancias con que lo detenían, manifestando que
necesitaba estar solo, i que por lo mismo le permitiesen retirarse
a su cuarto, al que el Sr. Osman lo acompañó, i donde tuvo que
dejarlo, pues no sabia qué decirle, ignorando completamente la
causa del mal, i considerando que en efecto en semejante caso era
mejor estuviese solo. que ofrecerle una compañía estéril e
importuna. Entre tanto, Adelaida sola en set cuarto leía i releía
la carta, i notaba con dolor (loe en ella reconocía precisamente la
letra del padre de Emilio i la firma que habia visto tantas veces
en las cartas que este recibía de él en otro tiempo.
Al quedarse Emilio solo, cerró la puerta, i llevando la mano al
bolsillo para sacar sus pistolas, notó que lo habian desarmando,
aunque no acertaba a adivinar quién era el que, lo condenaba a
vivir.
-Se engañan, decía entre si: esto no será mas que por una noche.
Mañana sabré librarme de mi horrible destino, o mas bien sabré
consumarlo. i Cuántas veces paseándome en e este cuarto, pensaba i
presentía que mi destino final habría de ser el suicidio! I
entónces estaba yo en la época mas bella de mi vida. Si en alguno
de esos momentos de desesperacion que me asaltaban, i que acaso la
providencia me envió como nuncios del porvenir que ahora empieza,
para intimarme piadosa me libertase de él; si desde entónces,
hubiera puesto fin a mi existencia i qué de, amarguras no se
habrian ahorrado para mi corazon i La pena de esta noche fatal se
habria evitado. Pero...¡ Adelaida ! Fué tu imájen la que me desarmó
muchas veces; fué la esperanza el tirano que me obligó a vivir. Mas
ni aquella imájen ni está esperanza me desarmarán mañana.....
Adelaida misma con su desden me obligará mas a morir; i el
desengasto con su amargura me ayudará a obedecer. Dichoso yo si en
aquel, tiempo, en vez de arrojar el arma por el recuerdo de una
mirada, de una palabra sola, hubiese muerto siquiera en brazos de
la ilusion: dichoso entónces, i no ahora en que a pesar de esos
recuerdos tendré que morir burlado en los brazos de la infamia. Si:
hoi por última vez, mas que en ningun otra tiempo, la esperanza me
hacia feliz.... Sinembargo i Adelaida! ya ni tus miradas tiernas,
ni tus dulces palabras volverán para mí.... para el hijo infame de
un padre criminal. Esta noche eterna ha compendiado primero mis
ilusiones i despues mi grande desventura, para reducirlas a un
punto a fin de que la muerte las comprenda todas, i bajo el mismo
golpe caigan a un tiempo falaces esperanzas i mal verdadero. Allí
está tu cinta, Adelaida: no temas, no, que se afrente: yo te la
devolveré: me la diste diciéndome que yo era hijo de un hombre de
honor i esa condicion te bastaba.... No, Adelaida, no es mi padre
lo que ocias, i el hijo debe restituir la prenda que dió el error.
Sí... se acabó para mi toda esperanza: todo me lo roba mi padre en
esta noche aciaga... ¡ Padres é hijos! ! ! ¡ Oh vinculo terrible! ¡
naturaleza feroz ! ¡Orden funesto! I la sociedad que estrecha esos
nudos...... ¡bárbara e inhumana! ¡cadena horrorosa que amarra un
hombre a otro hombre i liga la inocencia i la virtud al crimen i a
la infamia ! i O humanidad maldecida, que por ser susceplible de
vicio i merecimiento, se ve perseguida por ese verdugo eterno de
las jeneraciones, que borra sobre la ¡rente del que nace i crece
los timbres del honor para gravar en su lugar la afrenta! ! !
Mas...¿ qué digo ? ¿Blasono de mi virtud i de mi honor, i estói
deshonrando a mi padre? No, padre mío...! La sociedad me desconoce
i persigue: bien i me acojeré entónces a la naturaleza. Sí..... yo
no debo, pues, morir: debo conservarme para salvar a m¡ padre. La
sociedad va a burlarse de mi honor; yo me burlaré de su justicia.
Ella va a arrojar la infamia sobre un hijo inocente; yo sustraeré
un culpable a sus torcidos fallos. ¿ Qué derecho tiene el hombre
para juzgar al hombre? ¿ Puede ser justo un ser tan preocupado e
insensato? ¿Por qué se usurpa un atributo de Dios cuando no es
Dios, ni capaz de ejercerlo corno él, sino ántes bien de venderlo i
prostituirlo con descaro ? No.... Yo me conservaré para salvar a
ese padre desventurado i culpable, a quien yo juzgo, porque soi el
único digno de juzgarlo, i a quien perdono, i cuyo perdon nadie
debe revocar, porque lo haré valer apenar del mundo entero. Por
fortuna este es un secreto que nadie conoce: es, pues, bien fácil
mi minion, ¡Monterilla ! ya todo está aclarado. Te comprendo ahora
perfectamente : pretendes que salve al Mordedor, para ganar, asi tu
silencio i evitar que delates a mi padre: bien; el Mordedor se
salvará: mi padre con mis súplicas i mi proteccion habrá de corre
correjirse al fin: la sociedad. lo ignorará todo, i de i yo
quedaremos honrados, no seremos víctimas de la injusticia, i
Adelaida ignorando mi desgracia, no me despreciará. Renunciaré a
ella, porque en verdad soi indigno de su mano; Pero al ménos me
quedarà un nombre puro que merezco de justicia. Ocultándole mi
desventura la engaño, es cierto, pero no la engaño sino en sus dias
que pasaron, para no echar un borros inmundo sobre sus recuerdos i
evitarle la vergüenza de al algun sueño que voló... . Mas... ¡
nécio de mi! ¿Dónde está esa carta fatal? La he percudo; voi a
buscarla. Sin duda ya la leyeron!. . ¡ maldicion estupenda ... ! i
no puedo atreverme a subir a esas habitaciones honradas que ya soi
indigno de pisar. ¡ Dios mío! ese secreto horrible se ha
descubierto en esta casa, mañana lo sabrá el público... No: eso es
imposible; yo debo salir a buscar esa horrible carta i a pedir de
rodillas se guarde para siempre el secreto que contiene. El Sr.
Osman es bueno i jeneroso, me ordenará salir de su casa, pero no me
venderá, i su familia tendrá lástima de mí .... Al llegar aquí sin
sintió que llamaban a la puerta de su cuarto. Era Adelaida. Emilio
léjos de esperimentar el gozo que tan distinguido favor debía
causarle, solo sintió ó el de la probabilidad que esa accion le
daba do que Adelaida ignoraba su secreto todavía, i la pena de que
creyéndolo aun digno de su amistad, iba a preguntarle, movida de
una curiosidad irresistible, el motivo de su accidente. Adelaida se
presentó en el cuarto de Emilio como en la morada de un caballero;
pero con los ojos llenos de lágrimas.
-¡ Emilio ! esclamó deteniéndose en la puerta.
-¡Adelaida ! ¡ Adelaida! repuso este cruzando las manos. Si U.
supiera.... no habría venido, no ... Compadézcase U. de mí, corno
de un preso infame a quien se digna venir a visitar a un calabozo,
ignorando la humillacion a que se halla reducido.
-Todo lo sé, Emilio... Vengo a darle cuenta de este papel
funesto, asegurándole que solo yo lo he visto, i que nadie mas lo
verá. Quiero que U. me permita quemarlo, i espero me perdone el
haberlo leido, si no queria hacerme saber su contenido.
-¡Todo lo sabe ...! i aun pronuncia mi nombre! ¡Jenerosa
Adelaida! olvide U. para siempre a Emilio i su padre...
-No: léjos de eso me acordaré de los dos i pronunciaré siempre;
el nombre del uno con estimacion i el del otro con interes.
-¡Adelaida! por Dios! ¿Me compadece U. con nobleza i
jenerosidad... U. puede estimarme todavía... ?
-Si... sufro con U. i solo se calmará mi pena viéndolo sereno, i
a su padre salvo i seguro.
I acercándose a la luz, quemó la carta que trata en la mano.
-U. la leyó, dijo Emilio; i con esto ha descarado a mi corazon
del peso teas Horrible. Me mataba el creer que indigno de su
amistad, U. me compadeciese ignorando la naturaleza i magnitud de
mi desgracia, i suponiendo una condicion que ya no diste. Ahora,
pues, si U. me compadece con interes, seré mènos desgraciado; i si
guarda este secreto i aprueba mi pensamiento, salvaré sin remedio a
ese padre desventurado.
-Eso quiero yo tambien, contestó Adelaida. Nadie sabe esta
desgracia, ni puede saberla sino por los cómplice; de sus enemigos,
cuyo silencio es fácil de lograr salvando, si se puede, por medio
del Doctor Témis, al Mordedor.
-Si, Adelaida; ya lo he comprendido todo; i si ese proyecto
merece su aprobacion, yo quedare tranquilo en la creencia de que
obraré bien.
-¡Qué otro recurso: dijo Adelaida con pena ; esto es preciso i
yo me intereso con U. en favor de su padre. Perdonémoslo, Emilio:
tratemos de salvarlo i correjirlo. El no puede haber caído en esos
estravios, sino a cansa de su pobreza: él no puede ser malo; no he
visto mil i mil veces esa carta, i al reconocer en ella la letra de
su padre, que no Hace mucho tiempo escribía a U. tantas palabras de
afecto i tan tristes quejas contra la pobreza, no he podido ménos
de convencerme de que la desesperacion lo ha pervertido; i por
tanto, la esperanza i el consuelo deben volverlo a la virtud. Esa
esperanza i ese consuelo, Emilio, seràn U. mismo; i le ruego que se
resuelva a todos los sacrificios filiales que las circunstancias le
imponen hoi. Busque a Monterilla, cuya carta ha venido ahora a
quedar tan aclarada, i en la que está consignado de un modo
evidente, el programa que U. tiene que seguir en este asunto: Dable
con ese hombre, i salve al Mordedor por medio del Doctor Témis, al
que es inevitable Hacer partícipe en este secreto...
-Adelaida, interrumpió Emilio: yo no quisiera comunicarle a
nadie este suceso: es para mi mui cruel hacer que alguno lo
sepa.
-¿ Pero cómo salvar entónces al Mordedor ? Eso solo es posible
valiéndonos de la influencia del Doctor Témis. I es preciso que U.
esté persuadido de que la defensa de aquel, es la que salva tambien
a D. Adolfo.
-Es cierto, dijo Emilio; mas ¿ si fuera posible Hallar otros
medios .... eso no seria lo mejor ?
-U. verá; pero a mi no me ocurre por ahora otro camino. Mas sea
lo que fuere, creo que debe hacer el sacrificio de Hablar con
Monterilla, i sobreponerse a un acontecimiento tan desgraciado.
Adelaida se fué, i al cabo de algunos momentos empezó a reinar
en toda la casa un silencio que iba haciéndose tan jeneral, como la
pena de Emilio iba tomando estacion, pareciéndole que el
pensamiento de su desgracia crecia lentamente i se dilataba en la
misma proporcion que de distancia en distancia moria el sonido i la
quietud lo invadía todo, partiendo desde él mismo, que sentado en
el canapé, ni se movia siquiera. Pesaba sobre su alma la noche como
una mole de desventura que letal i silenciosa se ensanchaba en el
espacio, apagaba toda luz i le alejaba los vivientes. La visita de
Adelaida comenzaba a figurársele como el recuerdo de un sueño
encantado, pero antiguo, en que bajo formas seductoras se le habia
aparecido la sociedad noble i honrada, a decirle un a Dios eterno
para no volver a hablarle, dejándole con desprecio en su lugar, al
vicio i a los criminales para que le hiciera i en adelante la corte
de la infamia. Mas al ver sobre el candelero esa tela rugosa de
ceniza negra, a que Labia reducido Adelaida aquella carta funesta,
sintió algo que casi fué para él una feiizidad en el estado de
dolor en que se hallaba. La visita que le habia hecho, la accion de
quemar la carta i hasta las cenizas que habia dejado, valían para
Emilio mas tal vez que aquella cinta que de ella habia recibido
pocos dias ántes; porque este obsequio lo habia hecho el error, i
aquellas cenizas las hacia la verdad. Así fué que envolviéndolas en
un papel, las guardó como un monumento funerario de la escena mas
penosa i vehemente de su vida.
Cuánto mejor es, decía Emilio, que Adelaida no ignore esto. Es
verdad, repetia, que ya no puedo aspirar hasta ella; que esta
jenerosidad que acaba de manifestarme, no debe considerarse como un
acto de amor; no ha sido mas que un acto de virtud, congo el
socorro que da la caridad al miserable, i del que este no debe
vanagloriarse corno de una predicción del cariño, sino como de la
fortuna de haber sido hallado casualmente por una mano bien
hechora. Es indudable que Adelaida no puede amarme; que debo
despojarme de mis esperanzas e ilusiones de una época féliz; pero
tambien es cierto que al ménos mis proyectos están aprobados por
una jóven inocente ¡discreta; que tengo una amiga encantadora que
me estima i compadece sin error.... ¡Una amiga ! Eso ha sido ella
siempre para mi i yo, nécio presuntuoso; creya que me amaba. Si
ella lo supiera ¿con cuánto desprecio no miraria a un hombre vano,
que no fué capaz de dar a sus acciones i palabras la intelijencia
que suponian en un hombre sensato, i que léjos de eso les atribuia
un motivo que es imposible haya logrado inspirarle jamas: motivo
hermoso que no he podido suponerle, sino porque esa suposicion me
lisonjeaba. Si; por eso es que Adelaida no ha variado; por eso es
que ha venido esta noche a mi cuarto, ella, cuya virtud puede
alcanzar a conservarla como amiga constante de un desgraciado; pero
cuya nobleza no le permite tolerar a un infame por amante. Si me
hubiera alnado, corno yo creia algunas veces en una enajenacion
dichosa, se habría mostrado de otro modo desde que supo quien era
ese amante i que su amor descendia a un objeto indigno i
despreciable. No: su bondad conmigo no era mas que bondad, oral la
que acaba de manifestar por mi padre, a quien ni siquiera conoce, i
apesar de todo juzga desgraciado i aun virtuoso. ¡Ah, infeliz de
mi! Esa, cinta; esas cenizas no son como las vi en un momento de
insensatez, símbolos de amor, sino dones de la caridad. Sinembargo,
no por eso valdran ménos para mí, ni desgraciado alguno ha podido
recibir jamas consuelos mas dulces, limosnas que inspiren tan
gratas iluciones. Si . no solo por interes mio debo defender al
Mordedor i salvar a mi padre; tambien debo hacerlo por obedecer a
Adelaida, ante la que algun día habrá de postrarse ese padre
arrepentido, para agradecer el perdon que ella acaba de concederle
i que le envia conmigo, como el medianero entre el delito i la
misericordia, entre el vicio i la virtud..... He aquí el destino
que el cielo me preparaba: yo no sol nada, sol un escalon; no estói
arriba ni se me cree tampoco abajo: de Adelaida desciende la
clemencia hasta mi mismo, i de mí pasa a mí padre: del Doctor Témis
bajará el favor a Emilio, i de Emilio acabara de descender hasta el
Mordedor. Así me ha considerado. Monterilla desde el principio,
cuando el Doctor Témis me consideraba tan alto como él, pues
escribiò en mi nombre, me consoló i me dijo que era mi frente
superior a la ruin estera en que pueden jirar la infamia i
calumnia. i Pobre Doctor Témis ! i qué equivocado estaba! ¡Ah,
Monterilla! con cuànto mas acierto prorrumpiste en tus horribles
amenazas que ya están cumplidas. Emilio besará tu planta si lo
exijes.. . . la besaré. Emilio te buscará i tu lo despreciaras...
que me desprecie. Sí: todo está hecho. . .todo lo haré por el amor
de mi padre. ¿ Qué me importa el hombre ? Yo no vivo ya sino en la
naturaleza, ni habrá para mi nunca otros vínculos que los que ella
me preparó al nacer. Es forzoso pues que yo descienda ....... no es
esto descender, en la naturaleza no hai escala; es solo vivir i
moverse, es mas bien estar quieto i dejar que la vida pase por el
corazon sus nudos espinosos. Cuando yo vivía en la sociedad pude
pensar que subia i que me iba elevando a una altura en que Adelaida
sola se ostentaba... Sinembargo, ha sido preciso descender para
nunca mas intentar levantarme.
Estas últimas palabras las pronunciaba Emilio recostada en el
sofá i empezando a soñar el hecho mismo que acababa de sucederle.
En ese sueño veía ademas a Adelaida huyendo como una sombra. Esa
sombra era luego la imajen de la virtud que abandona al que
comienza ya la ruta maldecida del delito. En pos de ella se
acercaba severo i enlutado su padre asesino, que en vez de sus dos
manos tenia pegadas al brazo las manos de un muerto, i mostraba a
su hijo asustado, los letreros fatales. El fantasma se agrandaba
delante de él i con una voz ahuecada le decia.
-Yo soi , Emilio, tu amor-tu infamia tu vida; porque soi tambien
tu padre.
Entónces Emilio en una convulsion precipitada se sentó
esclamando:
-¡ Oh padre mio. . ! i Padre mio ! soñar contra, tu inocencia
....
Mas al instante advirtió que no era un sueño : todo era
realidad.
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