CAPITULO XXIII
LA JUNTA
MONTERILLA llegó donde la Daifa a tiempo precisamente que ella i
su compañera rendidas de cansancio llegaban de Moncerrate Ya era
por la tarde; mas eso no bastaba para que Daifa se hubiese calmado
: ántes bien, llena de cólera i sentada en el patio de la casa, se
quitaba el sombrero i le daba contra el suelo, inspirando con estos
movimientos al pobre de Juan Cancio un miedo horrible, i exitando
en Monterilla el furor que por su parte lo dominaba. Este sentado
en una silla que estaba a la entrada de un corredorcito, preguntaba
i repreguntaba a la Daifa la causa del mal éxito de aquella
importante escursion. Ella no contestaba sitio llorando de ira i
maldiciendo al que tuviera la culpa de semejante contratiempo. Si
hubiera sabido entonces que Juan Cancio era el orijen de todo el
mal, no es fácil adivinar lo que hubiera preferido; si matarlo en
el acto, o martirizarlo lentamente, como juraba hacerlo con la
Cisne cuando, segun esperaba, volviese a caer en sus manos.
Sinembargo, Juan Cancio adivinando el motivo de tanto encono,
disimulaba con mucha facilidad andando de aqui para allí, pero
volviendo siempre la espalda a Moncerrate hácia donde por nada de
este mundo habria dirijido una mirada durante aquella escena. La
Daifa i Monterilla se reconvenian recíprocamente.
-¿ Cómo es posible, decia ella volviendo a golpear el sombrero,
que vayan de esta suerte marchando todas nuestras cosas? ¿qué léjos
de bogar con fortuna estemos peor de día en día? Esa Cisne que se
ha burlado hasta donde ha querido de mí que nunca me he dejado de
nadie cu este mundo; esa Cisne que ademas ha causado de intento,
pues no lo dudo, tantos perjuicios al Mordedor i a todos nosotros;
en vez de sufrir el castigo que merece, está ahora en grande,
riéndose de mí, en este mismo instante en dice la furia me
desespera. Esto es imposible; i no sé como puede soportarlo una
mujer como yo, rodeada de tantos Hombres que se precian de tales,
pero que al fin no hacen sino ofertas que ni aun piensan en
cumplir: no lo digo por U. Sr. Monterilla pero pese a Dios, que yo
sola seria capaz hasta de asesinar a ese Doctor Tèmis que los tiene
metidos entre un zapato, yo no sé por qué razon.
-No se impaciente U. Señora Daifa, decía Monterilla, que todo
requiere calma i tiempo.
-¿ Cómo no me impacientaré, al ver a todos esos mojigatos
riéndose hasta donde quieren de nosotros? D. Juan i Santiago en
fiestas nada ménos, mui divertidos : la Cisne a las mil maravillas
en una casa grande: el Doctor Témis paseándose lleno de orgullo, i
Emilio al lado de su dama en gran tranquilidad.... ¡Jesus! Si no
parece sino que ociar tal que sigan persiguiéndonos llegarán todos
a príncipes. Entre tanto el Mordedor pasa el día en la cárcel, tal
vez para salir al cabo a un establecimiento de trabajos forzados, i
yo tengo aquí visita de la policía todas las noches, para cojer a
ese pobre de D. Adolfo que ya no tiene quien lo proteja, i que si
por sus propias manos no hubiera matado anoche a ese viejo
mequetrefe sabe Dios donde estaría hoy.
-Eso no, repuso Monterilla, i le aseguro de nuevo que dentro de
bien poco las cosas no iran así.
-¿Pero cuáles son esas providencias, replicó la Daifa, que se
están tomando para mejorarlas? ¿ está acaso la gracia solo ten
anunciar que haremos i tornaremos no obstante que ya lo estén
ahorcando a uno i que nadie haga el menor caso de amenazas que nada
significan, i de las que se rien altamente?
-No tanto así, dijo Monterilla, que yo sé mui bien que el
caballero Emilio está tan confundido, que dà lástima; siendo ademas
mui cierto que la Señorita Adelaida ha derramado ya sus buenas
làgrimas previendo los trabajos que amenazan a su amante.
-Gran cosa es esa por cierto, repuso la Daifa; en tanto que la
otra que importa mas, se halla mui en grande.
-Eso puede ser solo por un momento, Señora.
-I los otros, continuó ella, tambien por un momento, andan
bailando i cantando sin hacer caso de nada, apesar de que U. mismo
ha dicho que son peligrosos, o pueden serlo despues.
-Déjelos U., contestó Monterilla, que por lo que respecta a D.
Juan, ya caerá ; no hai para que hacer caso de él, pues cuento ya
como si lo hubiésemos despachado; siendo bien seguro por tanto, que
no volverá a Bogotá. Mañana debe irse D. Enrique, i ya se ha
dispuesto el modo de lograr que D. Juan se venga por la noche,
probablemente solo; pues Santiago que está mui enamorado, no tiene
tampoco a que volver aqui; así es que solamente con nuestro
amigo.... aquel que U. sabe, pues por ahora no podemos disponer de
mas gente, tenemos lo bastante para que emboscado en el camino, lo
despache con la mayor facilidad del mundo.
-¿I a ese niño Enrique, repuso la Daifa, por qué no procuran
emplearlo, cuando muestra tan buen carácter ?
-El no es sino un auxiliar para mí solo, contestó Monterilla ; i
eso gracias a su rivalidad con Emilio, que es la que lo hace se
preste a intervenir en algunas cosas mui menudas; pues para lo mas
grande no sirve absolutamente.
-Es que podian encargarle con provecho a ese Sr. Santiago.
-Santiago poco importa, con tal que no se aparezca a ayudar a
alguno de los otros, pues yo no tendré trabajo en perdonarle por
ahora el desprecio con que me trató.
-Mas .... silencio, dijo la Daifa interrumpiéndose al oir el
ruido de uno que se acercaba.
-Si: es bueno no conversar mucho estas cosas, añadió Monterilla
en voz baja.
-Sinembargo yo creo que eso nada tendria de malo, replicó la
Daifa, porque al fin no hablamos mas que de esperanzas vanas e
ilusorias.
-De esperanzas que habrán de cumplirse, dijo Monterilla a tiempo
que se presentó en el patio el Capellan.
Monterilla al verlo se paró con precipitacion, se quitó el
sombrero haciendo demostraciones de gran reverencia i acercándosele
para saludarlo. La Daifa se paró tambien siguiendo el ejemplo de su
interlocutor, en tanto que Juan Cancio con el sombrero en la mano
se arrimaba al Capellan para besarle el vestido. Aquella creyendo
no cumplir debidamente con los deberes de la buena crianza, si no
invitaba a este sacerdote a que entrase.i tomase asiento, lo hizo
así; mas él, como debe suponerse, no aceptó esas atenciones,
limitándose a llenar allí, no mas, el objeto de su visita.
-Vengo únicamente, dijo dirijiéndose a la Daifa, con el fin de
dar a U. aviso de que una muchacha que pertenece a esta casa, se
halla en Moncerrate: yo querria que U. fuese por ella i la tuviese
aqui, hasta que cierta familia decida con mi anuencia lo
conveniente.
-Sr. Dr. dijo Monterilla : ya la Señora fué por esa mucha- cha
hasta Moncerrate, donde dos pisaverdes han tenido el atrevimiento
de arrebatársela i cargar con ella.
.-¿ No lo dije yo ? repuso el Capellan : ¿ Cónque no es uno solo
sino que son dos ... ? ¡ Quien lo creyera!
-Pero lo mas gracioso es, añadió Monterilla con semblante de
admiracion, que esos dos pisaverdes han colocado mui bien a la
muchacha en casa de Doña Gonzaga.
-¡Cómo! esclamó el Capellan. Eso no puede ser.
-No podrá ser; pero así es en efecto, dijo la Daifa; i espero
por tanto, que el Sr. Dr. como buen sacerdote, ayude a una pobre
mujer en la empresa de recuperar esa muchacha a quien he creado, i
sobre la cual tengo todos los derechos de madre.
-A lo ménos, dijo el Capellan, aquí es su casa, aquí debe por lo
mismo vivir i de ningun modo en casa de Beatriz. No Sr: eso no
puede ser; porque no quiero tampoco que Beatriz tenga a su lado
ninguna compañera, pues tal cosa no serviría sino para distraer a
esa niña. Cuando yo no pienso sino en que olvidándose enteramente
del mundo se incline a las monjas, es claro que no le conviene en
manera alguna semejante compañía. No: todo mi trabajo se perderia
sin remedio.
-I esto es que no se tiene en cuenta, dijo Monterilla, que la
Cisne es de un carácter diabólico que solo la Señora Daifa sabe
tener a raya; esto lo está viendo el Sr. Dr; pues una muchacha que
se fuga de la casa en que vive, donde nada le falta i aun se le
trata como a Señora, no puede ménos de ser de malísimas
inclinaciones.
-¡Pobre de esa Señorita Beatriz,! dijo la Daifa: estói segura de
que aun cuando sea un ánjel, al lado de la Cisne será otra tal en
ocho días.
-¡ Jesus mío! esclamó el Capellan levantando los ojos: esto no
puede ser.
-I sobre todo, continuó la Daifa; yo reclamo a esa muchacha, i
nadie en conciencia debe oponerse a que la tenga a mi lado i le dé
una buena educacion por el contrario, hago responsables a los que
la protejen, de todos los pecados que puede causar el encubrirle
sus estravíos, i el sustraerla sin derecho de la casa en que puede
correjírsele.
-Tiene U. razon, repuso el Capellan: así es que puede contar con
que de aquí a tres dias ir a arreglar estas cosas. -Mejor sería que
fuera hoi mismo, replicó Monterilla.
-Hoi no conviene interrumpir la oracion de la familia por el
alma bendita de D. Mateo; pero de aquí a tres días pueden estar
seguros de recobrara la Cisne, pues no ignoro que sería ajeno del
celo de mi ministerio autorizar tal compañía, cuando basta solo
para que se pierda todo mi trabajo, que ella carezca del espiritu
de devocion que yo, con la ayuda de Dios, he llegado a inspirar en
Beatriz. No Señor: esto no puede ser; i ahí haremos lo mas
provechoso a la salud espiritual de todos i a la tranquilidad de mi
conciencia.
Con esto el Capellan se retiró rezando por toda la calle para
que Beatriz pudiera resistir, siquiera durante tres días, el
contajin temible que debia comunicarle la Cisne.
Monterilla, volviendo a su asiento, continuó la conversacion con
la Daifa.
-Ya ve U., decía riéndose, que la Cisne no está tan en grande
como se creía, i que las esperanzas de que hablabamos son mas que
fundadas.
-Es cierto, dijo la Daifa algo ménos irritada; pero gracias solo
al Capellan que nos ha venido ahora tan apropósito que ya no
desconfío del buen resultado en esta parte. Por lo mismo, Sr.
Monterilla, ahora que las cosas empiezan a mejorarse, conviene que
UU. trabajen con mayor empeño, pues en cuanto a mí, si Dios vuelve
a poner en mis manos a la Cisne, aseguro que me las ha de pagar a
toda mi satisfaccion.
-Bien hecho será eso, que tanta insubordinacion i tantas burlas
merecen un castigo mui severo.
-Eso enséñemelo a mí, dijo la Daifa levantándose i dejando solo
a Monterilla, quien se puso luego a pasear por el patio echándose
al hombro el canto de la capa, i en actitud de meditabundo.
La noche se acercaba, i él desapareció tomando una de las
senditas ocultas, por la cual se dirijió a su casa.
Esta era una especie de sótano situado en una calle tenebrosa, i
confundido entre las casas siniestras que se ven por aquel
lado.
Allí llegó i se quedó encerrado sin que se viese entrar a nadie
mas, hasta mui tarde de la noche, cuando la luna se había ya
ocultado, hora en que fueron llegando poco a poco algunos
personajes misteriosos que entraban sin hacer el menor ruido, pues
que las puertas apènas estaban entornadas. Aquellos sitios, que son
mui solitarios i oscuros aun durante el día, lo estaban en estremo
esa noche, no viéndose absolutamente ni ente ni animales de ninguna
clase. -Ya que llegaron todos, a escepcion del asesino de D. Mateo,
que lleno de alarma no se atrevió a salir esa noche todavía, se
reunieron en un aposento bajo, de figura de caverna, donde
alumbrados por un candil lúgubre, se sentaron con gravedad.
Monterilla ocupando como Presidente el asiento mas distinguido
entre ellos, les dirijió la palabra en estos términos.
-Señores: la Daifa acaba de quejarse ante mí con aparente razon,
porque ve la insuficiencia de nuestros pasos para escapar de la
justicia i arruinar a nuestros perseguidores, quienes por donde
quiera, llenos de orgullo i desvergüenza, se burlan de nosotros
basta el estremo de estar los unos bailando en las fiestas, i los
otro gozando aqui de una tranquilidad que nuestra compañía no
alcanza a turbar. La Daifa solo ha creído laudable la accion que la
otra noche ejecutó con admirable valor nuestro nuevo socio el
distinguido D. Adolfo, a quien le cupo la gloria de libertarnos de
uno de nuestros enemigos, por desgracia el mas pequeño. El órden de
las cosas, pues, ha señalado ya con este primer hecho el camino que
debemos seguir, pasando gradualmente de lo mas pequeño a lo mas
grande. Esa es precisamente mi opinion, i me cabe la honra de
someterla a vuestra consideracion.
-Es buena; dijo uno a quien llamaban Soliman.
-Muy buena, dijo otro que se distinguía con el nombre de
Oropimente.
-En consecuencia, pues, continuó Monterilla, debe seguir en la
jerarquía para pagarnos el tributo lejítimo, D. Juan de Oliva,
enemigo pequeño tambien, pero que puede llegar a ser mui grande. El
Sr. Oropimente e es el encargado de esta proeza, dejándosele
integro todo el botin en recompensa de su adhesion al comunismo que
la época predica, i del talento admirable con que sabe sotenerlo.
Mañana marchará D. Enrique mi cooperador, para las fiestas; i segun
lo acordado anoche, ya se ha visto será indudable que
inmediatamente que llegue, habrá de ,salir D. Juan solo para
Bogotá. Oropimente se colocará en aquel sitio que con tanta
elocuencia le cupo la satisfaccion de describirnos en la última
junta. Allí nos librará de ese débil enemigo.
-Mui bien, dijo Oropimente. ¿Quien sigue en la jerarquía?
-Sigue, dijo Monterilla, la Cisne.
-Respecto de ella, repuso aquel, debe hacerse lo que se acordó
desde anoche i que fué lo aprobado por todos unánimemente.
-No, replicó Monterilla, porque las cosas han variado mucho
acerca de este artículo, el que por tanto, viene a ser esta noche
el objeto quizá mas grave de que tiene que ocuparse la junta. La
Cisne nos ha sido hoi arrebatada por dos de sus protectores,
enemigos nuestros, cuando la Daifa fué por ella a Moncerrate. Mas
ya se sabe que esa jóven está en casa de D. Mateo, i la Daifa
espera que el Capellan le ayude a recuperarla.
-Nada de Capellan, replicó Oropimente,
-Corriente, exclamó Soliman. I yo propongo que se empleen otros
medios para apoderarnos de la Cisne, haciendo que vuelva al poder
de la Daifa.
-¿Cuáles pueden ser esos medios ? preguntó Monterilla .
-Indicaré los que me parecen por ahora mas fáciles i seguros.
Dos de entre nosotros deberíamos presentarnos una de estas noches
en casa de Doña Gonzaga, i apoderarnos de la Cisne, bien fuese por
medio de algun artificio, bien por la fuerza si la maña no
bastare.
-Mui bien pensado, dijo Oropimente; ¡tanto mas, cuanto que no
habiendo en esa casa sino mujeres solas, i aun mui pocas, apenas
pueden oponernos resistencia.
-Eso es exacto, añadió Soliman.
-¡Brillante idea i exclamó Monterilla; i por mi parte pido que
se apruebe.
Entónces este, que se reservaba acerca de la Cisne otros
proyectos secretos, abrió el libro de acuerdos de la junta,
escribió en él durante un rato de silencio, pasado el cual preguntò
a la junta si firmaba; i no habiendo replicado nadie, sancinó el
acuerdo con su Firma.
-Sigue en la jerarquía, continuó cerrando el libro, el caballero
Emilio.
-Yo quiero gritó Soliman, que Emilio muera; i me encargo desde
ahora de la ejecucion de este acuerdo.
-No, Sr., dijo Monterilla. Emilio no morirá hasta que haya sido
miembro de esta junta. Si bien se considera se verá que él no es
vuestro enemigo, i que en nada os ha ofendido solo yo tengo razon
para quejarme de él i para vengarme cuando lo tenga por
conveniente. Así es que me opongo abiertamente, a todo cuanto
tienda a ofenderlo, i estraño que olvide¡-, tan fácilmente el
interes que en su conservacion tiene D. Adolfo. Ademas ya está
acordado anticipadamente que el objeto principal de la compañía
respecto de ese jóven, es el de hacer que venga tambien a figurar
con el tiempo como miembro de esta junta.
-Mas yo voi observando, dijo Soliman, que eso es mui
difícil,
-No lo es tanto, repuso Monterilla; i puedo aseguraros que
vendrá tan luego corno esté infamado, perseguido de todos,
despreciado de Adelaida i lleno de desesperación : en una palabra,
cuando sepa aquello que habeis acordado anoche se le revele en la
primera ocasion oportuna, la que hasta ahora habeis juzgado pueda
presentarse la noche del concierto en la Sociedad Filarmónica.
-Emilio, repitió Soliman, debe por lo ménos ser castigado como
enemigo nuestro, pues lo es en efecto, segun lo manifiesta aquella
carta.
-No, contestó Monterilla: Emilio no escribió esa carta.
Sinembargo bien castigado queda procurando que viva, hasta que
siendo miembro de esta junta, llene las funciones que desde el
principio acordasteis imponerle, cuando sometido ese papel a
vuestra consideracion, resolvisteis se clavase ahí donde está en
esa pared, para que cuando Emilio sea nuestro cólega i portero de
la compañía, apague sobre esa carta este candil todas las noches al
cerrarse la sesion.
-Pero supongamos, dijo Soliman, que no se logre todo eso, ¿qué
se acuerda hacer con Emilio en semejante caso ? .
-No sé, repuso Monterilla; pero si os recordaré que los acuerdos
de la junta no pueden revocarse; i el que dispone se conserve a
Emilio para que sea nuestro còlega, está firmado por mi, como
presidente, i es necesario procurar se lleve a efecto.
-Pido, pues, que ese acuerdo se adicione, dijo Soliman; i la
adicion debe concebirse en estos términos: " Si fuere al
fin imposible atraer a Emilio Castelvi, se tratará de hacerlo morir
para vengar a la compañía de los insultos irrogados a ella en la
carta de este jóven. "
-Considere la junta con la madurez que corresponde, dijo
Monterilla abriendo el libro, esta adicion de Solima. Luego, prévia
la fórmula de estilo, escribió i firmó el acuerdo.
-Mas yo quiero, añadió Soliman, que no se mate siempre como se
mató la otra noche: eso es mui peligroso; i pido se estienda un
articulo prohibiéndolo, a ménos que no sea en caso de necesidad
comprobada o evidente, i que solo sea licito quitar la vida,
haciéndo préviamente que quien debe morir salga de Bogotá, para que
matándolo en un camino solitario, cono debe hacerse mañana con D.
Juan. se pueda echar el cadáver al primer río que se encuentre, i
correr la voz de que el muerto es alguna persona ahogada por
desgracia.
-Yo tambien pido, añadió Oropimente, que se agregue ser licito
aprovechar paca el misma objeto las ausencia; que se hagan
voluntaria o casualmente.
-Eso se entiende implícitamente, decidió Monterilla, quien
tomando el libro, escribió i firmó igualmente este acuerdo.
-Resta por último en la jerarquía el Dr. Témis, continuó luego
cerrando el líbro.
-Eso me toca a mi, dijo el Mordedór, que como se recordará,
salia todas las noches, pero que no Hablaba jamas en la j unta sino
cuando directamente le importaba la discusion. Yo creo que si el
Dr. Témis se encarga de mi defensa, debe ser perdonado. No solo
eso: del primer botin que ganemos en nuestras empresas, debe
separársele una cantidad en oro para remunerarle su trabajo, segun
es de justicia; i para que yo pueda darle las gracias como
corresponde.
-Soi de la misma opinion, dijo Monterilla, porque nada es mas
justo siempre que a ml solo se atribuya la gloria de esa defensa,
como está acordado.
I tornando otra vez el libro, firmó el último acuerdo de aquella
sesion.
-Van a dar mui pronto las dos de la mañana, dijo despues, i por
consiguiente es la hora de que empiece a ejecutarse el acuerdo de
anoche, en el que se dispuso el modo como deben irse preparando las
cosas respecto de Emilio, para que Enrique pueda marchar como lo
desea, a las cinco de la mañana, instruido ya de los sucesos
misteriosos cuya noticia, debe llevar a la jente que está en las
fiestas.
-Mui bien, dijo el mordedor; al efecto traigo ya bien preparados
mi disfraz i mi triple.
-Que se disfrace el Mordedor en nuestra presencia, dijo Soliman,
con el fin de ver si queda en la figura que conviene para aterrar a
Emilio, pues de !o contrario la farza viene a ser ridícula i no
sirve al intento de disponerle bien la imajinacion i hacer mas
eficaz el éxito de la revelacion que ha de hacérsele la noche del
concierto.
El Mordedor entónces sacó un disfraz que tenia por objeto hacer
una figura aterradora i misteriosa. El disfraz quedó aprobado por
la junta, i el Mordedor, ántes de irse a la cárcel, se encaminó con
su tiple para la esquina de la casa de Emilio.
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