CAPITULO XIX
EL CAPELLAN
ASI QUE comieron, que fué demasiado tarde por las muchas
ocupaciones de la mañana, Santiago ya mui bien vestido empezó a
urjir a D. Juan para que lo acompañase a dar un paseo por la
ciudad, pues no Babia que perder momento, siendo indudable, como lo
era, que de alli a veinte i cuatro horas ya se habrían ido; i
tenían ademas necesidad de emplear gran parte del tiempo en otros
muchos negocios. D. Juan se vió precisado a condescender, i
saliendo por último juntos, anduvieron algunas calles escusadas, a
fin de ver si por casualidad encontraban indicios que los
ilustraran sobre el paradero de la Cisne, no obstante la presuncion
de que esta era vana dilijencia.
En la esquina de una de aquellas calles encontraron a D. Félix i
a D. Sandalio, apoyados en sus respectivos bastones con actitud
neglijente i desdeñosa, departiendo en perezosa plática,
vostezando, suspirando i esperando.
-¿ Ya tiene U. preparado su caballo? dijo D. Juan a D. Félix
luego que se saludaron. Ya sabe que mañana a las doce del día
debemos partir todos juntos.
-Si, Sr; así es que por esa misma razon no he querido montar
esta tarde, a fin de que el caballo no esté fatigado mañana.
-Yo soi de opinion, repuso D. Sandalio, que hace ya mucho tiempo
que U. no monta.
-¿ Por qué?
-Porque yo lo he visto a pié.
-Ciertamente, dijo D. Félix sonriéndose: poco me gusta ya andar
a caballo, i ahora ménos, desde que estói enamorado de Beatriz.
-¿Quién es Beatriz? preguntó Santiago.
-Una Señorita, contestó D. Félix, que vive aquí en esa casita de
ventanas coloradas. -Por manera, dijo D. Sandalio, que esa Señorita
tiene un pésimo gusto.
- ¡ Muchas gracias por la franqueza de U. i dijo D. Félix en
tono de ironía.
-Quiero decir, añadió D. Sandalio, que tiene mui mal gusto
cuando no le agrada ver a U. sobre ese castaño que da miedo.
-No es por eso, D. Sandalio, que he dejado de montar, sino
porque Beatriz no tiene hora fija para dejarse ver; i entónces, ya
consideraran UU. que seria imprudencia venir a verla a caballo.
Imajínense qué papel seria el mio parado aquí todas las tardes,
solo i a caballo durante tina o dos horas.
-Me parece que U. se contradice, dijo D. Sandalio. -¿En qué? -Es
cosa clara: si U. estaba a caballo, mal podia estar solo; ántes
bien así tendria en la esquina un compañero seguro. -No obstante,
dijo D. Juan, me parece mas cómodo galantear a pié; i si el caballo
es mui brioso, segun la opinion de D. Sandalio, tanto mas; porque
se evitan así los peligros que con frecuencia acarrea el coqueteo
ecuestre.
-¿ Coqueteo dice U? replicó D. Félix, pues se equivoca: ni
ecuestre ni pedestre le gusta a Beatriz; así es que ni aun a mí
siquiera me dirijo una mirada, des pues de que llevo ya dos meses
mortales de significarle mi amor. I en verdad les aseguro que
semejante cosa no me habia sucedido con ninguna mujer, i hallo en
mí no sé qué ajeno de mi caràcter en esta bimestre constancia;
porque siempre he sido de aquellos que creen poco en la sinceridad
del amor, i solo pueden persuadirse de ella cuando en dos corazones
nace i crece simultàneamente, como por un raro secreto de la
naturaleza. Solo entónces puedo concebir que exista una inclinacion
cierta; porque a la verdad ¿como creeria cualquiera de UU. a una
mujer que solo le correspondiera, porque le Babia jurado mil i mil
vezes una ciega pasion? ¿por que creerían UU. en ese amor que solo
es agradecimiento; pero un agradecimiento frio, pues tal debe ser
el que produce una lisonja amorosa, en un ser siempre demasiado
vano para no haber creido merecerla antes que sele haya dicho?
Quien es amado a fuerza de rendimiento e importunaciones, no lo
será realmente, ni podrá contar con un afecto que es preciso se
borre el dia que pierdan su fuego los humildes ruegos que lo
hicieron nacer.
-¡ Corriente! esclamó Santiago mui satisfecho, acordándose de
Baciliza : U. entiende bien la materia i la ha estudiado como
corresponde.
-Pero observe U., repuso D. Juan dirijiéndose a D. Félix, que
mientras piense así, será el juguete de las coquetas, que parece
aman tan luego como se fija en ellas la atencion.
-Puede sostenerse, dijo D. Sandalio, que eso depende seguramente
de otro raro secreto de la naturaleza.
-Ademas, continuó D. Juan; podia U. alguna vez dejar de
pretender a una mujer que quizá lo amase, solo porque su recato no
le permitiera alucinarlo con ese amor simultáneo, pues la modestia
a vetes se parece al desden.
-Exactamente, dijo D. Fèlix, esto creo sucede con Beatriz; i por
tanto llevo dos meses meditando i analizando los caractères de la
modestia i el desden. ¿Qué le parece a U. D. Juan? Beatriz nunca me
dirijo una mirada ¿será porque no me quiere, o porque tiene de
costumbre fijar los ojos en el suelo cuando está en presencia de
algun hombre? A nadie le consiente siquiera un saludo cortes i
respetuoso.
-Eso deja colejir, dijo D. Sandalio, que Beatriz no da
esperanzas.
-Por lo ménos, añadió D. Juan, no las da para el mundo
corrompido.
La conversacion se interrumpir porque en ese momento salió
Beatriz con una criada a la puerta de la calle, que era el sitio en
que mas bien usaba mostrarse, desdeñando la ventana, porque se la
habia prohibido el Capellan. Al verla resolvió D. Juan acercàrsele
con sus compañeros, para informarse sobre si se habia recibido
alguna noticia acerca de la Cisne, puesto que toda la familia de D.
Mateo debia tener sumo interes por una persona a quien este buscaba
con tanta eficacia.
En efecto se acercaron; pero D. Juan tuvo que dirijir sus
preguntas a la criada, porque D. Félix, aprovechando la ocasion,
que era la primera que se le ofrecia, se dirijió desde luego a
Beatriz
-¿ Cómo le fué a U. en la procesion, decia este mientras D. Juan
interrogaba a la criada; pues estòi seguro de haberla visto en
ella?
-Bien.
-¿ Mucho se divirtió U ?
-Mucho.
-¿Tal vez impediria su diversion la enfermedad de la Señora, que
segun dicen, se ha agravado bastante?
-Bastante.
Mas al llegar aquí, Beatriz que habia levantado los ojos i
mirado para la esquina, se sonrió i encendió un poco; i pasándose
la mano por la frente, aliñó su cabello. No fué D. Félix quien
causó este movimiento; i desde entónces por el contrario, Beatriz
no volvió a hacerle caso. Era que se acercaba el Capellan, cuyos
saludos i agasajos derrotaron en el acto a los cuatro seculares,
sin que ninguno de ellos hubiese adelantado gran cosa en su objeto
respectivo, pues la criada solo dijo a D. Juan. que las sospechas
de haber muerto la Cisne iban debilitàndose, de modo que D. Mateo
estaba seguro de que con la ayuda del Capellan, a quien al efecto
habia mandado llamar, daria bien pronto con ella.
Entre tanto el Capellan que le habia tomado la mano a Beatriz,
no solo no quería soltársela, sino que poniéndole la otra encima,
le daba palmaditas i le sobaba la muñeca con un cariño tan
edificante i místico, que era para alabar a Dios ver en los
venturosos umbrales la santa escena. Beatriz que a nadie miraba,
devoraba con los ojos al Capellan, i hallaba en él cierta poesìa
que le recordaba las procesiones en que, entre el sonido de flautas
i violines, lo habia visto tantas vezes desfilar en medio de ese
coro de elegantes con sus blancas sobrepellizes i negros
bonetes.
D. Juan i Santiago se despidieron de D. Sandalio i del amante de
Beatriz, i se fueron conversando. -Beatriz, decía Santiago, se
turbó mucho con la presencia del Capellan ¿ què podria ser eso?
-Es que entre los dos existen misterios mui secretos de
conciencia i de consejo, respondió D. Juan.
-Lo cierto es, dijo Santiago, que la Señorita me parece mui
dispuesta a dejarse poseer por hábitos de penitencia.
-Por eso la ama D. Félix, aunque no es mui seguro un buen
resultado, lo que yo sentiré mucho, pues desearia esa conveniencia
para D. Mateo; a lo ménos si no se encuentra por último a la
Cisne.
-Pueden hallarla, repuso Santiago, si el Capellan les ayuda;
porque me parece hombre eficaz para encontrar mujeres, i
seguramente bastante interesado por esa pobre familia.
-Yo creo lo mismo, Santiago; pero no hablemos de esto, porque
empiezo a sentirme con poca voluntad de que nos vayamos mañana,
como lo hemos resuelto.
-Precisamente, D. Juan: a las doce del día estarémos en camino,
a cuyo efecto es preciso madrugar para ir a comprar lo que debemos
llevar, i sobre todo los guantes
|de posada i el velillo
|de camino para Baciliza.
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