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CAPITULO XVI
LA AMENAZA
AL VER D. Juan que Monterilla Venia para la cárcel con la boleta
en la mano; quiso separarse del corrillo donde estaba e irse
adelante, con el fin de evitar lo viesen en compañía de semejante
hombre; si esperándolo tenia que seguir junto con él, en momentos
en que a causa de la procesión, estaba reuniéndose por aquel punto
un concurso en el que habia algunas personas de importancia: mas
resolvió detenerse, por que no sabiendo de un modo seguro que
Monterilla en efecto hubiera estado con el juez en la ocupacion
precisa, de defender a Santiago, no quiso correr, el riesgo de
llevar a este una noticia que mui bien podía ser equivocada, i
darle con eso un chasco que su discrecion, aborrecia en estremo, no
ignorando cuánta molestia i antipatía producen siempre los engaños
i de esta, clase que tan a menudo causa voluntariamente el
nécio.
Resolvió, pues, como se dijo, esperarlo i seguir juntos para la
cárcel, deseando ser el primero, que daba a su amigo la agradable
noticia de su libertad, i esperando ennoblecer la accion de ir
asociado de tal defensor con el convencimiento de que, ella era un
sacrificio a la amistad que la legitimaba suficientemente.
Mientras iban para la cárcel, Monterilla comunicó a D. Juan que
aquel papel era en efecto la órden de libertad para su cliente
refiriendole ademas el sistema de defensa que habia adoptado i en
cuya virtud lo logro, suponiéndose amigo de D. Aleja a quien ni
siquiera conocia, pues solo habia oído hablar de él a un
estudiante, cuando se trataba en el altozano, del arresto del hijo,
Monterilla reía mucho de este ardid que D. Juan oía con justo
desabrimiento, considerándolo como una burla hecha a dos hombres de
bien, i como un ultraje irrogado a la inocencia.
Ambos se presentaron a Santiago: Monterilla mui ufano i D. Juan
mui displicente a pesar del gusto de ver que su amigo en libertad,
i no tenian necesidad de mezclarse mas en esta clase de asuntos que
tanto tiempo útil les habian quitado.
-Puede U. salir de su prision dijo Monterilla a Santiago dándole
la boleta: ya está defendido a toda su satisfacción la causa ha
concluido enteramente respecto de U. He cumplido , pues, mi
palabra, en los mismos términos que la empeñé, i espero que U. será
agradecido, me considerará como amigo i en toda vez que seme
ofrezca podré contar con sus servicios, asi como U. puede contar
con los mios, i vivir seguro de que siempre que me ocupe estaré a
su disposicion.
-¡Gracias! repuso Santiago.
-El servicio que acabo de prestarle, siguió Monterilla, vale
mucho mas de lo que por él he recibido; pues UU. no deben dudar un
momento de que el asunto iba poniéndose mui delicado, i si yo no me
hubiera hecho cargo de él, seguro es que nadie habria podido darle
una evasion tan pronta i feliz. I debe agradecerse mi eficacia
tanto mas, cuanto que actuál mente estói mui ocupado, i solo por
ser al Sr. D. Santiago a quien iba a favorecer, he podido
distraerme de otros asuntos
mui graves.
-Mucho agradecería yo, le dijo Santiago, el servicio que me
pondera, si me lo hubiera prestado con la exactitud que me ofreció
i que yo esperaba. Pero léjos de eso, U. me ha hecho pasar en la
cárcel veinte i cuatro horas de mas, pudiendo haberme evitado esa
incomodidad i el grave perjuicio que por ello han sufrido mis
intereses; pues le aseguro con toda verdad que estos han sido
cabalmente para mi los dias de mi vida en que mas que en nigun otro
tiempo me habría convenido la libertad. Así que por tanto, soi de
parecer que U. ha perdido completamente el derecho a la gratitud
que reclama.
-No me sorprende eso, Sr. D. Santiago, dijo Monterilla con
desden; porque siempre tenemos los prácticos la desgracia de
protejer ingratos.
-Por lo ménos en cuanto a mí, Sr. Monterilla, eso es demasiado
cierto; porque so¡ mui ingrato respecto de los servicios que paga
mi dinero, i mi gratitud es tan noble, que cuando ella está en mi
bolsillo, no queda nada en mi corazon.
-Es verdad que U. ha pagado el servicio que le he hecho; pero ya
dije que vale mucho mas de lo que he recibido; i yo creía que ese
déficit seria compensado con la gratitud de parte suya.
-En el servicio de U. ha habido tambien un déficit de tiempo,
por lo ménos de veinte i cuatro horas; i ese déficit con nada puede
compensarse.
-Pero ha sido involuntario.
-Sea lo que fuere, yo no quiero agradecer nada, pues primero
convendría en pagar algo mas a U. que cargar con una deuda
semejante.-¡ Bien ! Yo no llevaría eso mui á mal......-Pero yo sí,
Sr. Monterilla; i tanto mas, cuanto que U. como he dicho, me ha
tenido un día entero en la cárcel estando inocente; i ese día
penoso que puedo evitarme si hubiera querido, es mas bien un mal
del que tengo derecho para quejarme contra U.,que un servicio por
el que debiera pagarle algo mas.
-Pero ya he pedido a U. me disimule esta falta en atencion a que
ayer ha sido para mi un día mui ocupado.
-Queda U. disimulado, i con esto parece que estamos en paz.
D. Juan recordó por las últimas palabras de Monterilla, el
suceso de las cartas; i como deseaba saber que efecto le habia
causado la del Doctor Témis i en que estado se encontraban esas
cosas, aunque temeroso de incurrir en una indiscrecion vituperable,
le fué imposible prescindir de su curiosidad, esperando le fuese
útil en aquel caso, i juzgándola lejitima por esa razon. Así fué
que siguiendo la conversacion con Monterilla, le dijo:
-Yo supuse que efectivamente U. habría estado mui ocupado,
porque sé que está hecho cargo de la defensa del Mordedor, segun lo
decia cierta carta que U. dirijió a Emilio.
-Exactamente, dije mui serio Monterilla; i aunque yo podia
estrañar que U. supiera algo acerca de ese asunto, no me admiro de
ello, porque hai algunas personas de quienes no debe uno fiarse, i
cosas que si el interesado no puede hacer por sí mismo, nunca
logrará que salgan bien.
-Sobre esto no hai, sinembargo, nada de particular, repuso D.
Juan con tono que indicaba desear ya quedase la conversacion en ese
estado. Todo está reducido a que yo me hallaba casualmente en casa
del Sr. Osman cuando llegaron con la carta.
-En eso consistió el mal, siguió Monterilla : en haberse ido a
dar una carta secreta, en presencia de otras personas. Así lo he
inferido desde que recibí la contestacion ; mas ya esa portadora
atolondrada sufrirá el merecido castigo, si es que no lo ha
recibido todavia. Ella no sabe lo que es la persona a quien ha
perjudicado, pues a decir verdad, nos ha causado un perjuicio
enorme con su indiscrecion.
-Eso he creido yo desde el principio, dijo Dn. Juan
sonriendo.
-Sinembargo, no quiero decir, añadió Monterilla reprimiendo la
cólera, que las cosas no tengan remedio: eso no, pues basta haber
descubierto ya todo lo ocurrido, para que me burle de esas loas de
un abogado presuntuoso, i de esas palabrotas que en si no valen
gran cosa.
-Con todo, dijo D. Juan: parece que efectivamente está decidido
Emilio a no prestar a U. por ningun motivo la ayuda que se quiere
de él en la defensa del Mordedor.
-¿ Dice U. que no la prestará? replicó Monterilla empesando a
develar su rabia. Allá veremos, añadió con una sonrisa afectada, i
en tanto que Santiago se asomaba al balcon, porque ya empezaba a
oirse a lo léjos el eco del canto i la música de la procesion Ya
verá U. a Emilio, continuó Monterilla; ya lo verá abatido i
cobarde, buscándome solícito i lleno de humildad, para tener el
gusto de hablar con migo, poseido de profundo respeto, porqué yo
así lo querré. Me buscará, repetia orgulloso dándose en el pecho,
con la mano abierta dos ó tres golpes Si Sr. me buscará i yo lo
escusaré : me hallará al fin, me agradecerá el que le sea
accesible, i entónces lo despreciaré tratándolo como a un doméstico
indigno de mi atencion.
Me rogará todavía i si tiene querida hermosa, la interpondrá
para conmigo que entonces por bondad me prestaré a escucharlo, para
ponerlo por último bajo mis plantas. Despues que lo haya pisado le
mandaré levantarse para que obedeciendo mi direccion, haga la
defensa del Mordedor, como su mas digno agente, como su personero,
no como su abogado: como un procurador a quien gobernaré ¡daré lo
que yo escriba para que lo firme, pues no dejaré figurar mi nombre
en una defensa a que sabré hacer mas odiosa todavía de lo que el
cándido Emilio finje creer hasta ahora. I advierta U., continuó
viendo que D. Juan se reía, que digo todo esto, no porque me olvidé
de que es un parcial dé Emilio quien me está oyendo, sino porque
tengo tanta seguridad en mis planes, que léjos de temer me sean
deseo concertados, anhelo porque mi objeto llegue a su noticia: tal
confianza tengo de poder burlarme de ese Emilio que tanto se atreve
a despreciarme, i de llegar a humillarle su altivez haciéndolo
respecto de ese Monterilla a quien llamándolo tinterillo mira tan
en poco, nada ménos que una especie de practicante; un aprendiz del
oficio. Haré tambien de él acerca de esa sociedad lucida de que
vive tan ufano, nada ménos que un infame, por no leguleyo... no, D.
Juan: mi poder sobre ese jóven va a ser mas grande, i puedo
convertirlo si quiero, hasta en un famoso ladron. Ese jòven: ese
Doctor Témis redactor de la carta, no saben con quién se han
metido. Monterilla les ha jurado i declarado la guerra; i
Monterilla tiene armas, sabe lidiar i no declara el combate sino
guando tiene evidencia de vencer. Ya ve U. que no ando con
misterios obro a cara descubierta i francamente; revéleles U. todo
esto; que se defiendan como puedan i no me acusen de alevosía ni de
traicion... ¡ El Doctor Témis! ¡ Bah! yo me rio de esos hombronazos
que nada son sino por su orgullo i sú arrogancia ¿ Qué puede hacer
conmigo el Doctor Témis? Que revele sus planes como revelo yo los
mios. ¿ I Emilio ? ¿ qué es ese jóven sin la proteccion del Doctor
Témis ? Abandónelo este un momento, i se le verá descender a
besarme el pié, si solo mando como tengo de mandárselo...Mas ¡qué
digo si el Doctor Témis lo abandona! Aunque no lo abandone.... mas
todavía: el mismo Doctor Témis besará humilde el pié de Monterillá
¡ Ah ! ¡ no sabré yo lo que hago ¡ Si él Doctor Témis i Emilió
Castelvi no se humillan ante Monterilla i besan el polvo en su
respetó, autorizo a cualquiera para que haga en mí impunemente el
ultraje que a bien tenga. No dio esto con furor, prosiguio, viendo
que D. Juan parecia molestarse: no Sr.; estói tranquilo, i con toda
tranquilidad i madurez le anúncio a U. que el Dóctor Témis
abandonará a Emilio téngalo U. presente, i recuérdelo siémpre por
el eco solemne de esa música que se acerca. Digo mas: Emilio será
perseguido por él porque querré que lo persiga; mas bien que yo i
es este un cargo qué le voi a imponer a ése abogado i que él tendrá
que obedecer. I cuando Emilio sumiso i respetuoso me haya buscado;
cuando ya esté despreciado por mí, abandonado del Doctor Témis, é
infamado por la sociedad: o sino, cuando haya defendido al Mordedor
bajo mi dependencia, i a virtud de sus esfuerzos, ese reo se pasee
victorioso por las calles, entonces yo lo perdonaré; i si llegare a
rehusarse... ¡ Ah! Que desafie para entónces la muerte i la
desgracia, en horabuena: nosotros tenemos ademas algo que echarles
a la cara i que los rendirá cono perros al amo que los castiga: que
lo desafien todo, que no se burlarán por eso ni de mi astucia; ni
de mis intereses, ni de mi venganza. I cuando esten espirantes i
bomitando la vida; entonces pedirán perdón ; Monterilla se reirá;
ellos lo maldecirán, pero él continuará mofándose de la maldicion
pisando con desprecio sus cabezas humilladas.
Mui disgustado oyó D. Juan estas terribles palabras de
Monterilla, i hasta llegó a creer que era una vileza haber atendido
tal conjunto de amenazas criminales dirijidas contra dos de sus
amigos más acreedores al respeto i a la veneracion, proferidas por
la boca de un hombre qué revelaba tan a las claras estar
íntimamente familiarizado con toda clase de delitos, i cuya
diabólica faz, al articular ésos formidables juramentos de tan
abundante sentido, dejaba ver sin disfraz toda la perversidad de un
malvado, en cuyo jesto se mostró tantas veces, durante aquellas
blasfemias; la actitud que en la imajinacion de D. Juan tomarian
los músculos de la cara de un asesino cuando siente resbalar el
puñal entre el corazon de su victima. Así, poniendo término a esa
odiosa conversacion, se acercó a Santiago invitándolo, a que
saliesen:
Entonces se despidió Monterilla recordando a su defendido que le
debia la libertad i que podía salir cuando lo tuviese a bien.
" Santiago, sinembargo, se quedó todavía algunos
instantes en el balcon : mientras tanto D. Juan se paseaba.-¡
Cuántos riesgos, decía entré si, se preparan a mis dos amigos!
Monterilla corno un jénio maléfico vuela sobre ellos cubriéndolos
con otra sombra aciaga i letal. ¿ Que combate puede ser este, en
que de una pacté amenazan el artificio, el fraude, la traicion, la
bajeza i aun el puñal; i de la otra no hai ni puede haber mas que
Honor i virtudes? ¿ La ciencia i el talento qué pueden contra la
maña... contra él asesinato? Con cuánta -lijereza procedió tal vez
el Doctor Témis, cuando a nombre de
un jóven sencillo è inesperto, arriesgó una provocacion formidable
desafió una víbora sutil i maligna de que acaso no pueden
defenderse. El Doctor Témis i Emilio son mui pocos contra una
coligacion de perversos, pues Monterilla cuenta con medios, segun
ha dejado comprender ¿Qué confianza puedó tener el Doctor Tèmis
solo con Emilio entre tantos malvados que para lograr la impunidad
de sus crímenes no necesitan quizá sino cometer otros nuevos? ¿No
es esto lo que acaba de revelarme Monterilla mismo? Sin rebozo, sin
misterio; con el mayor descaro me habló: hai una franqueza
espantosa en cuanto al objeto que acaba de descubrirme, pero hai
tambien un misterio horrible en cuanto a los medios, que bien se
cuido dé ocultarme. El objeto se cree seguro; los medios deben,
pues, ser infalibles. El astuto i audaz Monterilla ha jurado ahora
mismo, delante de mi, humillar i envilecer los dos hombres mas
honrados i mas nobles. ¿-El Doctor Témis i Emilio besarán el pié
del mas despreciable, del mas inmundo de los perversos? Monterilla
ha jurado el esterminio de ambos, i aunque no sea por respeto al
juramento, sino por la venganza que lo dictó, el malvado sabrá
cumplirlo. ¡ Infeliz Emilio! ¿qué va a ser de tí ? Cuando está
meciéndote la ilusion mas encantadora de tu vida, la amenaza de un
malvado te despertara. Cuando tu imajinacion de niño solo se ocupa
en retratar el rostro de una mujer ¿podrás analizar bien los
artificios de que se valdrá ese criminal para perderte ? ¿ Podrás
sufrir, por último, que te mire con desprecio la cara torva de ese
malvado? No: nunca. Antes que tal indignidad suceda, valdría mas
que... murieses. Pero ¿qué puede hacer Monterilla? ¡con qué puede
combatir? ¡ Oh! Eso es imposible. Si: yo debo desengañarme todo no
es mas que la habladuría de un charlatan despreciable a quien río
debe temerse, i yo soi un nécio al ocuparme sériamente de su
infernal discurso....
Entonces resolviendo ir a buscar al Doctor Tèmis i aEmilio para
referirles lo que acababa de oír, llamó a Santiago i lo invitó a
que saliesen al momento.
-Sí, contesto este quitándose del balcon, pues se acercaba ya
mucho el concurso de la procesion que él estaba aguardando se
aproximase lo bastante, para que cuantos lo velan o hablan visto en
la cárcel, notasen que salia como libre: Si Sr.repitió, vamonos,
pues es preciso ahora mismo disponer sea satisfecha la sociedad de
algun modo acerca de mi injusta prision, i borrada toda sospecha
que ella pudiera hacer recaer sobre mi honra.
-I bien, dijo D. Juan saliendo con Santigo ¿Cómo quiere U.
satisfacer a la sociedad en este caso ?
-Del modo mas sencillo i eficaz, contestó Santigo publicando la
sentencia que me ha vuelto la libertad.
D. Juan sonrió con aire de desprecio; i con el notable disgusto
que tenia, refirió a su amigo el jénero de defensa hecho por
Monterilla. Santiago entónces lleno de enojo, esclamó
-¡Bien justo es eso, i yo lo merezco así, pues sabia que tal
ajente no podia ser el digno defensor de un hombre honrado !
El me ha abierto las puertas de la cárcel, es verdad; pero no me ha
defendido, pues no ha salvado mi honor. Si la sociedad se informase
de esto; si preguntara por la causa i la defensa ¿no seria mas
afrentosa tal defensa que la causa misma? Mi libertad tiene que
pasar hoi por un misterio; eso es lo que de mi inocencia ha hecho
aquel leguleyo, i he aquí el servicio que el insolente me
enrostraba i por el cual reclamaba gratitud.
-Sinembargo, dijo D. Juan, no se aflija U, Su prision es
ignorada casi de todos, i los que han llegado a saberla lo conocen
mui bien para no estar convencidos de su pureza i de su
integridad.
-Con todo, dijo Santiago: una reputacion se hace dudosa tan
fácilmente...
-No, interrumpió D. Juan: no tema U. nada. Bien satisfecha
quedará la sociedad con tal que lo vea siempre acompañado con los
hombres de honor.
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