FABULAS Y VERDADES
     
 

EL LOCALISMO

Sinónimo de bruto hizo al Beocio
El vano hijo de Atenas, su consocio;
Mas luégo Epaminondas y Pelópidas
Vencen a los renuevos de Termópilas,
Arrancan de atenienses y espartanos
La férula, hasta entonces en sus manos;
Ensordecen de aplausos tierra y cielo
Con Píndaro y Corina, alzando un vuelo
Lírico sin rival; vierten su fama
Sobre el mismo que imbéciles los llama,
Y al fin, al despedirse de la historia,
Crean una escuela, un tribunal de gloria
Sobre toda la tierra, y de Aristarco
Sientan entre sus grandes a Plutarco.

La Grecia entera al Macedón desprecia;
Mas Filipo, aquel pólipo de Grecia
Que ella formó en la escuela del Beocio
Ríe a su vez (bajo el disfraz del ocio)
De esa unión federal -soberanías
Sin nación, -anarquía de anarquías,
Donde todo lo grande empequeñece;
Préndesele al costado, y chupa, y crece,
Ayúdase ayudando, cede, amaga,
Soborna, aterra al vil, al digno halaga
Y dejando a Demóstenes que arguya,
Hácese griego, y a la Grecia, suya.

Herédela Alejandro; y con la Iliada
De equipaje, y por brújula la espada,
Salva -Colón guerrero- el mar profundo
Y va a explorar y a conquistar el mundo.
Traza del Indo al Nilo con su acero
Una Ilíada mayor que cien de Homero,
Funde y revuelve a Ocaso y Mediodía
A fin de transformar en su agonía
El pútrido universo; borra el nombre
De "bárbaros" que escucha entre hombre y hombre;
Llama al mundo nación, y a cada humano
Igual, bajo su imperio, y ciudadano;
Conquista, al par que súbditos, verdades,
Enviándolas de yermos y ciudades
Al "Cosmos" de Aristóteles; venera
A un mismo Dios doquiera y comoquiera
Lo ve adorado en su triunfal camino;
Y al fin... demente, idólatra, asesino,
Pero Alejandro aún, expira un día
Y con él esa Grecia que solía
Llamarlo imbécil párvulo. -El gigante
Cargó contigo, lámpara expirante,
Hasta el centro del Asia, tus centellas
Sembrando por doquier con hondas huellas
Que salvaron tu gloria. -Y pues tu suerte
Era apagarte ya, qué mejor muerte
Pudiérante soñar Platón y Homero
Que alumbrando de un golpe el mundo entero!

Pacífico Alejandro, héroe cristiano,
Colón ve un mundo allende el Oceano;
Y en la extraña balanza de fortuna
Do oscila entre la Cruz y Media Luna
El vasto porvenir, dárselo a Cristo
Ansía, con ese mundo que ha entrevisto.
Mas Génova está sorda a su reclamo;
Ella no busca un mundo, busca un amo
Que fulmine en Venecia su venganza.
El Lusitano, en su mayor pujanza,
Desóyelo y decláralo demente
Porque no es portugués. -Toca ferviente
A la vecina puerta el gran mendigo;
Y al fin, en otro pobre, halla un amigo,
Un fraile humilde que a Isabel lo envía
Como el Cielo envió al angel a María;
Ella cree al angel; ármalo su mano
Caballero y apóstol de Oceano,
Y una vez más, so el lábaro fecundo,
La fe de una mujer transforma el mundo.

Y ¿por qué, ¡oh Italia! ¡oh madre,
Sacerdotisa y maestra!
Un descubridor y un nombre
Fue cuanto diste a la América?
Por qué a par de sus hermanas
Española y portuguesa
N o resuena en nuestros bosques
La música de tu lengua?
¿En dónde estabas, qué hacían
Tus tres escuadras, aquellas
Que para hallar vencedor
Se vencían ellas mesmas?
¿Do estaba tu insigne Pesa,
Tu Génova, tu Venecia
Cuando impasible dejaban
Volver preso entre cadenas
Al milagroso Moisés
De la Canaán moderna,
Después de guiar las naciones
A holgarse y hartarse en ella?

 
   
Escrito por Rafael Pombo; Ilustraciones originales de Lorenzo Jaramillo

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