FABULAS Y VERDADES
     
 

EL NUEVO METODO DE LECTURA

Este nuevo método para enseñar a leer, y para asentar desde temprano por medio de la lectura las bases de la educación y de la conducta de la vida, es una combinación completamente nueva y original basada en la observación de los rasgos de carácter y aptitudes naturales distintivas de la infancia.

El niño prueba desde que nace un fuerte sentimiento del ritmo o sea de la cadencia y medida de la palabra. Así como el camello parece gozar con el canto de la caravana o de su solo guía, y mientras oye el canto es infatigable, y aun dicen que ajusta su andar al ritmo de ese canto, el niño notoriamente gusta del canto de su nodriza, se duerme con él, y los cambios de su ritmo lo perturban mientras no está en profundo sueño. Esto demuestra la particular eficacia del verso para su enseñanza. Los versos los atraen, les gustan, los repiten con placer, y se les fijan indeleblemente en la memoria. Son tal vez más poderoso medio nemotécnico, observado y aprovechado en la enseñanza desde Pitágoras, Esopo Locmano y Solón hasta Nebrija, y hasta el Padre Isla, los Iriartes y nuestro ortógrafo Marroquín. De aquí que el pueblo siempre busca algo de ritmo y consonancia para sus proverbios, cristalización de su ciencia y experiencia y regla de su vida; de aquí su carácter contagioso, inolvidable, imperecedero. Y de aquí vino al autor de este Nuevo Método la idea de hacer un abecedario y cartilla de lectura en forma de retahila traviesa y caprichosa, en verso, que describiese la forma de las letras e introdujese al niño a reconocerlas prontamente con la vista y a combinarlas en sílabas, inculcando de paso en él sanos y oportunos principios religiosos y morales que, con la fuerza de proverbios aprendidos de los labios maternos, contribuyan a formar su corazón y dirigir su conducta en la vida. De aquí también un curso indirecto de instrucción en verso, sembrada desde la niñez para todas las edades. El niño (condición providencial para su desarrollo) es una bomba aspirante, no de razonamientos que lo fatigan, sino de imágenes; es esencialmente curioso, práctico y material; quiere que se le enseñe objetivamente, lo mismo que a los salvajes y a toda naturaleza primitiva. Como las imágenes son precisamente condición de la poesía, el carácter imaginativo de ésta, aplicado en fábulas, emblemas o simples símiles, dobla la eficacia del ritmo poético para imprimirles cualquiera lección moral, literaria o científica, que nunca olvidan más tarde, pues adquieren para ellos fuerza de axioma, de proverbio, de experiencia anticipada. De aquí que no sólo el curso de lectura, sino también el abecedario mismo, abundan en imágenes, en cosas, que encarnan la enseñanza o moralizan y la acuñan en la memoria y en su corazón.

La atención del niño se fatiga y desvía muy pronto, exige brevedad y variedad; pero sus sentidos descansan alternando el uno con el otro. De aquí que en el Nuevo Método se cambie la imagen leída o contada, en representación gráfica o visible. Sus ojos darán tregua a los oídos, y los oídos a los ojos, y las más de las piezas deben ser cortas. El Abecedario compensa su extensión con su travesura, con su movimiento objetivo;
pero desde luégo, irá aprendiéndolo por partes. La Cartilla Ilustrada responde igualmente a estos requisitos de brevedad y variedad.

El niño desarrolla con el cultivo una memoria extraordinaria; y es grande error el común decir de que sólo le agradan cosas pueriles y sin interés para personas mayores. El citado señor Marroquín (veterano observador e institutor) años atrás advirtió que, al contrario, no se divierten en cuentos tontos y en lenguaje de nodriza, sino en invenciones, relatos, novelas, comedias, etc., de verdadero interés para todos. Complácense
además mucho en que se les trate como a grandes, por la ambición de serlo, y por la vanidad que empieza a apuntar en ellos. Varias pues de las piezas del curso nuevo de lectura serán extensas, y muchas serias. Aunque de niños no entiendan las últimas, ese es el tiempo de aprenderlas de memoria, para cuando puedan entenderlas. Por otra parte, los niños hispanoamericanos he observado que son mucho más precoces que los de otros países, así como en fatal compensación, una vez hombres suelen morir los nuestros mucho más temprano.

Son al mismo tiempo muy retozones, aquí y en todo el mundo: impulso natural y benéfico, para estimular su crecimiento y desarrollo. En todo el Nuevo Método se tiene en vista esta ley natural, empleando la jovialidad, la travesura, a veces la extravagancia para endilgarles a los altos fines del educador.

Son por otra ley natural muy egoístas, muy preferentemente atentos a su conveniencia, lucimiento y ventaja, obedeciendo, como los brutos a la necesidad de su propia conservación, para los innumerables casos e intervalos adonde no puede llegar la asidua atención de sus padres y vigilantes. Y por otra parte en la raza española, generalmente rebelde a la necesidad de la economía y de la acumulación, conviene insinuar desde temprano estos principios. Respondiendo a este doble instinto del retozo y del interés, en el Nuevo Método se aplica un juego de sociedad para interesar por medio de él la atención del niño en la lectura, forzándolo a aprender pronto las combinaciones silábicas más difíciles y complejas y gran número de nociones o datos fundamentales de los varios ramos primeros de instrucción. El autor ensayó esta idea, que es suya, hace quince años en el seno de una familia en los Estados Unidos, y sus buenos resultados le sorprendieron pues excedieron a su previsión.

Los niños, en fin, son generalmente crueles, a veces feroces; tienden a mofarse del desgraciado, y como los gatos, a suprimir la vida de todo lo que se mueva, como para enseñarnos la degeneración que en el hombre produjo el pecado original, y que la piedad no es hija del instinto, sino de la religión, de la moral y de la propia experiencia. En tal virtud, el autor se propuso adelantar en su curso de lectura esa experiencia de la
necesidad de la piedad de los corazones infantiles, tanto respecto a nuestros prójimos como de los dóciles servidores puestos con el nombre de brutos bajo nuestro, imperio para la satisfacción de gran número de las necesidades de la vida: criaturas que sobre todo en cuestión pasiva, reciben el más inicuo tratamiento y sirven a los niños no de escuela práctica de piedad, sino de crueldad e ingratitud
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Escrito por Rafael Pombo; Ilustraciones originales de Lorenzo Jaramillo

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