EL
MORIBUNDO
¡Ah!
sí
Yo no era eterno
La hora no esperada
Aunque única infalible, resuena para mí.
¡Se va la vida!
El mundo, que todo fue, ya es
nada,
Sombra, delirio, fábula que estúpido creí.
La eternidad mi espíritu, mi polvo los gusanos,
Cada acreedor su presa pide impaciente ya;
Y tántos vanos días de pensamientos vanos
Le traen su cuenta irónica al que muriendo está.
¿En dónde estabas, ¡oh alma! que hoy al morir
despiertas?
¡El
ángel se hizo bestia, el águila reptil!
Sus sendas Dios mostrábale perennemente abiertas,
Mas tú las despreciaste por las del cieno vil.
¡Amor, huésped eterno de mi errabundo techo,
De todas mis entrañas, de mi alma, mi razón;
Tirano de mi estudio, tirano de mi lecho,
Ladrón de mi fortuna y de mi paz ladrón!
Amor, grandeza, gloria, patrones familiares
Tan fuertes, tan intrépidos en busca de mi bien,
¿En dónde estáis ahora? ¿por qué
dejáis mis lares
Primera vez que imploro estímulo y sostén?
Vosotros sois los viles, cobardes parásitos
Que lisonjeando el cuerpo y espíritu a la par
Chupáis su tiempo, su oro, sus móviles benditos,
Y huís cuando a dar cuenta de su indigencia van.
¡EI tiempo! ¡Qué ancho espacio a mi aptitud da
el Cielo!
¡Cuántas
acciones buenas pude plantar en él!
Hoy miro atrás, y ¿qué hallo? -Desierto sin
consuelo
¡En donde ni una palma dice a los ojos vén!
Y hoy, por la vez primera, la vista a Dios levanto,
Y la verdad me alumbra por la primera vez.
¡Ay! ella me envolvía cual luminoso manto
Y osaba desdeñarla mi torpe insensatez.
Ya es bajo lo que vi alto, ya es grande lo pequeño,
Ya es elección del Cielo lo que infortunio fue.
Despierto deslumbrado de mi rebelde sueño
Y cuerpo y alma entrego en brazos de la Fe.