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Juan Manuel Roca (Medellín 1946) ha ganado todos los premios de
poesía que se otorgan en Colombia, aún el principal sin medallas y billetes, que es el
reconocimiento y la complicidad de sus fieles lectores. Dice Roca: "Hay voces en la
sombra. Presencias que nos habitan sin poderlas ubicar en plena realidad, como los
diálogos que podemos sostener en el libro con gentes conocidas ningún día, familiares
duendes que acompañan nuestro viaje". Y así como su poesía ha sido duende y
compañía, él mismo nos presenta en este libro su primero de prosas su propia galería
de fantasmas hechos a veces de carne y palabras.
Un santoral que nos
excluye los demonios de la alegría y las confesiones de haber formado parte con varios
autores de esa indisoluble pareja criminal que se forma entre el autor y el lector. Una
barra de amigos nunca vistos que ayudan a vivir al hombre y le dan aliento a su voz de
poeta; que conversan con él y se dejan abrazar, quevedianamente, como fugitivas sombras.
Tal es el Museo de encuentros reales e imaginarios que reúne Juan Manuel Roca para
sus lectores compartan con él la compañía de aquéllos "que nos ayudan a cruzar
por los países del miedo".
Textos sobre Machado,
Barba Jacob, Fayad Jamis, Vallejo, Luis Tejada, Dylan Thomas, García Lorca, entre otros.
Entrevistas, por ejemplo con Carlos Fuentes, Juan Gelman. Leroi Jones, y Juan Manuel
Serrat. Un delicioso homenaje al bolero y un "prontuario de metáforas congeladas en
el habla" que bien merece el resto de esta nota: "El brazo del río jamás
esgrime espada, los dientes de ajo no comen duraznos, el ojo de agua desconoce el
monóculo, el cuello de botella no porta collares, la oreja del pocillo no escucha a
Beethoven, las manecillas del reloj no usan guantes en invierno, los durmientes de
ferrocarril no se despiertan a su paso, las palmas de las manos no dan dátiles, la luna
de miel no atrae a las moscas, las cabezas de fósforos no tienen aureola aunque alumbren
como santos, el lomo del libro no recibe latigazos, la garganta del desfiladero no teme al
mordisco del vampíro, la silla de brazos no es pródiga en abrazos, el ojo de la
cerradura no duerme de noche, el ojo de la aguja ni siquiera pestañea, la luna del espejo
no altera sus fases".
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