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Entre los libros de gran formato, cada vez más existen
publicaciones que se aprovechan del tamaño, la fotografía y el color para volver
tangible y multiplicar algún área del saber. Libros útiles, que agregan al
conocimiento, como los libros dedicados al arte, los catálogos de exposiciones, los
manuales de gastronomía, los testimonios de la naturaleza. Esos, a pesar de la apariencia
y el colorido, no son los coffee table books.
El coffee table book es
otra cosa. Si lleva texto, éste es absolutamente prescindible para el lector, así el
editor lo considere necesario por siaca. En el coffee table book, lo esencial es la parte
gráfica que, además, no debe exigir ningún esfuerzo del "lector", más que el
indolente ejercicio de pasar las páginas casi distraído, presa fácil, sujeto pasivo.
Siempre dispuesto a dejarse asombrar por la maestría de una foto, por la novedad de una
imagen.
Un país, Colombia por
ejemplo, un país sin más precisiones, suelen ser el tema de los coffee table books:
usted, sin necesidad de amarrarse el cinturón, sin cambios de líneas, sin mosquitos, sin
ruidos y sin olores, parqueado en una sala de espera o en una biblioteca, hace el tour
completo, de aquí a la cumbre, de la cumbre al llano, siempre en ágil y continuo
movimiento.
Víctor Engelbert y
Patrick Rouillard -vaya la criollez de los apellidos- han sido dos fotógrafos que han
intentado el coffee table book sobre el país. Pero el mejor de todos es el resultado que
consiguió Jeremy Horner, fotógrafo inglés, de quien Benjamín Villegas acaba de
publicar La vida en Colombia, fruto de un recorrido de cuatro meses por todo el
país.
En un primer lugar
está la calidad del trabajo editorial, llevado a cabo en el Japón bajo el patrocinio de
Corredores Asociados. Pero lo principal es que hay materia prima, quizás porque Horner no
se propuso esa visión idílica, propia de revista de aerolínea, ni tampoco lo contrario:
con un ojo de alto stándard estético, con un sentido de los ángulos que permitan
observar cosas conocidas como si fuera la primera vez, con un enorme respeto por el
trabajo y los juegos del colombiano común, Horner logra coronar el coffee table book
perfecto, aquél que permite el placer de estar recorriendo un país requeteconocido como
si fuera la primera vez.
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