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SIETE VIDAS EN UNA

Codazzi, el señor que dibujaba mapas
Carlos Valencia Editores, Bogotá, 1994.

Reseña de Dario Jaramillo Agudelo

 

Son ya abundantes las colecciones colombianas de libros para niños y jóvenes. Hay ediciones de clásicos y modernos de todas las lenguas Norma, principalmente, algunas reimpresiones nacionales de Alfaguara, pero lo más importante es que ya han surgido autores e ilustradores colombianos cada vez más expertos en producir excelentes materiales para individuos e individuas sin derecho a cédula.

La colección OA Infantil de Carlos Valencia Editores, encaminada a la más tierna infancia es un ejemplo, magnificado por su excelente último volumen, Codazzi, el señor que dibujaba mapas, escrito por Beatriz Caballero, ilustrado por Olga Cuéllar y diseñado por Camilo Umaña.

La carátula imita en el marco y en la pose los retratos del Siglo XIX. Aquí se asoman, transformados por el humor de Olga Cuéllar, los gestos y las poses de los caballeros novocentistas ante el caballete o la cámara. En cambio en el interior sin que se pierda la intención hilarante se trata de dibujos a dos colores, donde siempre un azul de tinta de escuela distingue a un Agustín Codazzi zurdo para portar la espada y para escribir y diestro para tocar el violín y para manejar lentes o teodolitos.

Además Beatriz Caballero es autora de un volumen biográfico sobre Codazzi de doscientas veintiocho páginas que acaban de editar el Instituto Agustín Codazzi y Carlos Valencia Editores: Las siete vidas de Agustín Codazzi. Así que este pequeño volumen dirigido a los niños Codazzi, el señor que dibujaba mapas puede considerarse como la feliz combinación en Beatriz Caballero de una historiadora, biógrafa de Codazzi, y de autora de libros para niños.

Codazzi, el señor que dibujaba mapas es una divertidísima biografía en verso, que un adulto lee y disfruta en diez minutos, pero que de seguro un niño gozará mucho más minuciosamente con estrofas tan divertidas como "cogió una mula y un teodolito, una brújula y un nivelito y hasta un barómetro y acaso dos. Y algún hignómetro y otro termómetro y un buen cronómetro y un aerómetro. Por si las moscas llevó un reloj. Midió distancias, midió altitudes, temperaturas y latitudes y casi nunca se equivocó".