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Todos los 31 de diciembre, año por año, por rutina de esa
nostalgia prefechada, la radio bombardea y repite sin cansancio los mismos sonidos. La voz
eternamente joven de Guillermo Buitrago canta "La víspera de año nuevo, estando la
noche serena...", a cada rato "faltan cinco pa'las doce" y los locutores se
entonan, bajan una octava y continúan con la recitación que lleva ya varias estrofas:
"una voz varonil dijo de pronto !las doce, compañeros!." Y a lo largo de todo
el día se oirá, todos los años viejos, el agridulce y cursi y melodramático y
conocidísimo "Brindis del Bohemio."
Para otras fechas
también hay poemas impresos en tarjetas y que se oyen en las emisoras. Para el día de la
madre la receta dice: "Mujer: en un silencio que te sabrá a ternura, durante nueve
meses crecerá tu cintura." El viernes santo se pueden venir con "Los tres
ladrones" o con el "Soneto a Cristo crucificado", -"no me mueve mi
Dios para quererte, el cielo que me tienes prometido."- Y, ni se diga el día de los
enamorados, día del "desmayarse, atreverse, estar furioso" de Lope de Vega, del
"¿quiere que hablemos?. Esta bien. Empieza" de Arciniegas, sin que falte el
"puedo escribir los versos más tristes esta noche" de Neruda en un arsenal
amatorio de todos los calibres. En este libro no figura, pero algún oyente radial trató
de repetir de memoria a León de Greiff y dijo: "esta rosa fue testigo de otro que,
sin amor no fue, ningún otro el oso haría", en vez "ningún otro lo
sería." La desmemoria colectiva.
El gusto popular, la
poesía que recitan los borrachitos, no tiene límites de calidad. Puede encumbrarse a las
"Coplas" de Jorge Manrique, al "Nocturno" de Silva o las
"Rimas" de Bécquer, igualándose con el gusto letrado, puede equivocarse con
los peores momentos de buenos poetas -"La casada infiel" de García Lorca-;
puede convalidar poemas que el gusto académico considera deplorables. Esta selección,
entre un acerbo inmenso de poemas requeteconocidos que varían según los países y las
épocas, incluye más de 60, con una gama que va desde autores clásicos españoles y
colombianos hasta poetas sólo reconocidos por el gusto popular. La antología trae la
novedad de incluír poetas vivos, como Jotamario y Jaime Jaramillo Escobar, de quien está
el espléndido "Alheña y azúmbar." La memoria colectiva se renueva. Y esta
selección refresca la memoria; la colectiva y la de cualquier individuo -Dios proteja a
sus contertulios- que quiera recitar en las reuniones.
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