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Nada menos parecido a la narración convencional que estos
cuentos del escritor bogotano Andrés Hoyos. Completamente desapegado de los
procedimientos habituales del género, con deliberación y enorme control que denuncia un
laborioso taller de escritor Hoyos da curso, en contravía, a su imaginación, y a unos
personajes que nunca fueron inventados para hacerse simpáticos con el lector.
En el caso de Los
viudos, un cuento no es un cuento. Aunque también lo sea. El asunto es que siempre
hay historia(s), e hilo narrativo que la cuente, pero el tal hilo no esta extendido con
facilidad para el lector. Se trata de un estilo zigzagueante, afecto a (falsas)
digresiones, pues, además, estos elementos contribuyen a la creación de la atmósfera y
en todos los casos se conectan explícitamente con hechos posteriores de la historia: los
argumentos de éstos cuentos no son propiamente convencionales, por lo contrario, son
rebuscados con casi sevicia, para ser contados en forma de zigzag, envolventemente, de
manera que asuntos tan telenovelables como el odio de un yerno por su suegra, aquí
adquiere nuevas dimensiones, en plano del humor y en el mismo sarcástico horror del trato
recíproco, como aquella formidable pelea conyugal en la que "cundieron los 'ni más
faltaba', los 'ni mamás faltaba', los 'tú si que no te burlas de mí, bocón, porque te
doy', los 'como tienes boca te equivocas', los 'ahora sírveme otro de tus madrazos
dobles, pero con hielo y limón'".
El procedimiento que se
predica sobre los argumentos puede, por igual, postularse acerca de la construcción misma
de los párrafos que mezclan prosa literaria y coloquialismo, sin temor a que la prosa
pase a ser anacrónica por la derogación del giro del habla, seguro de ensamblar con tino
los niveles efímeros y perdurables del lenguaje en un armazón que le de pervivencia al
conjunto. Y, sobretodo, que logran un efecto envolvente en el lector que, más intrigado
por este modo singular que por el argumento mismo, continúa en su lectura preguntándose
con frecuencia para dónde vá el cuento. En suma, unos cuentos donde es imposible
adivinar los finales y donde, además, los finales no importan.
Con anterioridad a este
volumen, Andrés Hoyos (Bogotá 1953) publicó dos novelas: Por el sendero de los
ángeles caídos y Conviene a los felices permanecer en casa.
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