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No existe un "Quién es quién" en el país. Todavía
los bibliotecarios tienen que recurrir a los volúmenes del Diccionario biográfico y
bibliográfico de Colombia editado en los treinta por don Joaquín Ospina, y que
sobrevive, casi siempre mutilado en nuestros repositorios bibliográficos. El de Ospina
fue el último intento totalizador. Después han venido proyectos parciales, varios con
los presidentes, varios con las mujeres ilustres, con los ilustres eclesiásticos, con los
empresarios ilustres, los antioqueños ilustres. Existen, hablando de artistas, un muy
mediocre diccionario de escritores colombianos y otro, bastante bueno, de artistas de
Colombia. Pero todos estos libros atienden, cada uno, a un segmento de la geografía, la
religión, el arte, la época, la mayoría están fuera del mercado y, en defintiva,
significan que desde hace sesenta o más años no se abordaba la idea de hacer un
diccionario biográfico con las notabilidades de la historia, el gobierno, la iglesia, el
arte, la literatura, la ciencia, el espectáculo, el deporte y la economía.
El hecho de que no
existiera el diccionario significa que no se había desarrollado en el país una
metodología para la escritura de este tipo de materiales. De manera que el mérito de
Camilo Calderón Schader editor de la Gran Enciclopedia de Colombia, Beatriz Carvajal y
Daniel García-Peña, asesores en los dos tomos de biografías y del Círculo de Lectores,
patrocinadora y comercializadora del proyecto es inmenso, pues logra satisfacer la
necesidad masiva de consultar este tipo de fuentes informativas: papi, necesito una
biografía de...
Los dos volumenes
contienen más de seiscientas biografías escritas por ochenta y ocho autores, que firman
los respectivas textos: más que un relato escueto, cada biografía contiene comentarios
valorativos e intenta situar al personaje dentro de su contexto. Además, como es uso
universal, añade datos bibliográficos para quien desee ampliar la información.
El gran acierto de
estos tomos, que arrancan desde cero el acopio actual de información biográfica, es que
logra reunir el núcleo de los personajes de nuestra historia política, artística,
eclesiástica, etc. Naturalmente, incluir personas vivas constituye una apuesta y, si bien
es cierto que la crítica más obvia que se le puede hacer a un diccionario como éste es
listar las opciones que omitió entre personas vivas, la próxima edición Äque, supongo,
será muy prontoÄ sugiero que incluya a nuestro mejor prosista vivo, Hernando Valencia
Goelkel, a Juan Manuel Roca, a los novelistas nacidos en los cuarenta como Espinosa,
Moreno Durán, periodistas como Daniel Samper Pizano y empresarios actuales con nombre de
grupo o de organización. Apenas sugerencias en un impecable universo donde está lo
principal del talento y la historia colombianas. Como quien dice, la salvación para las
tareas escolares.
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