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Se llama la Casa del Marqués de San Jorge, sólo que -pequeños
detalles- el Marqués nunca vivió en la casa y, lo que es peor, el Marqués, legalmente,
nunca fue Marqués. La historia la cuenta Jairo Gutiérrez Ramos en un ensayo biográfico
-entretenido, documentado, breve- que abre este catálogo. Don Jorge Miguel Lozano de
Peralta (1931-1793) representa el cenit de "una intrincada red de alianzas
matrimoniales, cuyo objetivo primordial era la concentración de la riqueza y el poder en
manos de la élite." Hijo de un Oidor y una mujer muy rica, Lozano heredó la
posición social y desde los diecinueve años se dedicó a los negocios, actuó en
política, fue miembro de "exclusivísimas" cofradías, pleiteó casi con manía
y llegó a tener veinte mil hectáreas en la Sabana de Bogotá. Y diez mil vacas. Sin
contar propiedades en España y haciendas en tierra caliente y ciento cincuenta y ocho
esclavos. Y más.
Desde 1767, Lozano
mandó imprimir en Madrid una "Relación de Méritos y Circunstancias" remitida
al Consejo de Indias en procura de un título nobiliario. Y nada. Hasta 1771 que la Corona
comisionó al Virrey para otorgar título a quienes llenaran los "requisitos de
nobleza, rango y fortuna." Y pagara unos impuestos. Messía de la Cerda le dió el
título a Lozano, Lozano no pagó los impuestos pero detentaba el título de Marqués; lo
multaron por eso; Lozano pleiteó, insultó y terminó saliendo de Santa Fe y muriendo en
una celda de un convento en Cartagena, sin que le reconocieran el marquesado.
En cuanto a la casa,
una nota de Juan de J. Guerrero revela que la casa ya existía desde antes de que naciera
el Marqués. El fue uno de los propietarios, pero nunca su habitante.
En 1972 el Banco
Popular adquirió y restauró la Casa del Marqués de San Jorge para su Fondo de
Promoción de la Cultura. Además de la historia del no-marqués y de la nota sobre la
casa, la mayor parte de este volumen se dedica al catálogo de las colecciones de pintura
colonial -Vásquez, Figueroa, anónimos-, tallas españolas y quiteñas, muebles y
cerámicas de los siglos XVII y XVIII, ornamentos y objetos de culto religioso. No
obstante que la mayor parte de la Casa está destinada a la exhibición de la cerámica
precolombina del Banco, ahora se ha destinado una sala a estas obras aquí catalogadas con
fichas -y, en algunos casos, descripciones-, que abundan en información útil sobre esta
estupenda colección, que viene a complementar a sus vecinas, de la Catedral y del Museo
Colonial.
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