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Piedad Bonnett (Amalfi, Antioquia, 1951), profesora
universitaria, traductora, al filo de sus cuarenta años había publicado un libro de
poemas De círculo y ceniza (1989) y el año pasado la Fundación Simón y Lola Guberek
estaba editándole el segundo, Nadie en casa, cuando el tercero se ganaba el Premio
Nacional de Poesía: El hilo de los días que Colcultura y Tercer Mundo acaban de editar.
Los poemas de Piedad
Bonnett no relampaguean de imágenes deslumbrantes ni metáforas originales. Es
convencional en el vocabulario de palabras poéticas aceptadas como poéticas según el
uso del poeta promedio en castellano. Encuentro su valor en un tono conversacional, de
confidencia es decir, de confesión, que le imprimen un sello de autenticidad,
precisamente por su talento para darle verosimilitud a la voz poética, al ser humano que
se expresa con ella.
A la vez, ese ser
humano testimonia pensamientos y emociones propios de una vida corriente, posibles en otro
que no se crea demasiado excepcional. El hilo de los días se divide en tres partes, la
primera con el mismo título del libro, una secuencia de poemas alrededor de la casa de la
infancia. Desde la puerta ("luce de verde como invitando a entrar", pero
"en su ansiedad el visitante olvida que esa puerta... está hecha también para
salir"), pasando por la sala, el cuarto de costura, el comedor, las pesadillas en la
alcoba de la infancia, la cocina, hasta el poema que cierra el ciclo desgarradoramente:
"Tenía techo el mundo entonces... ¿Qué poderoso cataclismo, que oscura y
sistemática tarea nos dejó a la intemperie sufriendo viento y lluvia?".
Las otras dos partes,
que leo como continuación argumental de la primera, se titulan "Los cuchillos del
alba" y "La cicatriz en el espejo", alguien que vive el miedo propio y de
los otros, entierra a sus muertos, descansa los domingos, padece la violencia de la
esquina y su humillación por verse asaltada en su casa. Alguien que, contra todos esos
males, se cura con poesía: "El poema es también tirabuzón, anzuelo que se tira en
viejas aguas. Máquina de hacer pompas de jabón. Es vendaje, es compresa, es sanguijuela
que extrae los venenos de la sangre. Juguete de latón, consolador de viudas. Monstruo de
mil cabezas, matita que sembramos en medio del jardín, conjuro mágico, bisturí, cuerda
floja, cobertizo. Estos apenas son algunos de los muchos, los incontables usos del
poema...".
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