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Después de mayo 68, los letreros colocados anónimamente en las
paredes adquirieron prestigio debido a la singular calidad poética de algunos que se
fijaron en aquella primavera parisina. En Bogotá se volvieron moda en cierto momento en
que el ingenio reemplazó las consignas de la izquiera en las paredes.
Gonzalo Aristizabal
tiene una colección de 20.000 letreros callejeros, de los que reune 5.400 en este
volumen; no dice en ninguna parte ni dónde ni cuando aparecieron en los muros, aunque
cabe suponer, apenas suponer, que proceden de Bogotá (żo de Colombia?) y datan de los
últimos siete años, hipótesis que se basa en la ausencia de Belisario Betancur y la
presencia de Barco y de Gaviria en los graffiti políticos. El libro no trae ninguna
información de tiempo y lugar, ninguna explicación del autor -lo cual es un defecto-, si
bien tiene la virtud de prescindir de toda interpretación de politólogos, sociólogos u
-horror- de otros ólogos, que se han semiologado especialmente en temas como éste.
A los graffiti cabe
aplicarles las cualidades del epigrama o de la greguería: brevedad, , originalidad, en
fin, cualidades que son difíciles de hallar y que, por cierto, en los graffiti no se dan
en uno de cada cuatro, como lo supone una compilación de 5.400 sobre 20.000. Son mucho
más escasos, de suerte que la lectura se vuelve la pesca de agujas entre un pajar.
El libro está dividido
en siete capítulos por temas, pero esos criterios se mezclan, de tal manera que la
división termina sirviendo para nada, y el lector está sometido al azar. Menos mal
"es necesario explorar sistemáticamente el azar", como decía un graffito de
París- 68 que Aristizábal copió en el capítulo poético.
Abundan los juegos de
palabras: "No les clero." "Un soldado cobarde es un fusilánime." Esta
joya de un frecuentísimo humor negro: "La U. Libre es líder en educación
no-formol." O estos del apagón: "apagonia", "racionamienten",
"nos creen muy guaviones" y "en esta oscuridad, leemos a Vargas Vela."
También son frecuentes las parodias de frases conocidas" "hijo de papi, sale
elegido." "El amor ciego salta a la vista", "El seis lo hicieron en un
2 x 3", "El ruin justifica los medios", y esta maravilla de la ironía:
"pueblo cansado de realizaciones, exige más promesas."
En las transcripciones
hay un tic casi constante que estorba la lectura y que es un error gramatical que poco se
ve en las paredes: la manía de colocar una coma superflua entre el sujeto y el verbo
-"El buen humor, contamina el miedo ambiente"- o entre el verbo y el predicado,
como en esta fusilada a Carson MacCullers: "El corazón es, un cazador
solitario."
Una manera piadosa de
anotar otras dificultades del libro consiste en decir que el editor es partidario de la
participación activa del lector en el texto, puesto que transcribe algunos graffiti con
letras manuscritas bastante difíciles y porque los otros graffiti, levantados en
tipografía, exigen casi descuadernar el libro para poder leerlos, pues no hay márgenes
en la parte de adentro. Esto, además del tema mismo, contribuye a que sea un libro para
leer a saltos, aunque "yo todo lo que hago, lo ter...
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