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Entre los efectos más saludables que producen los libros de
historia, cuando son buenos, figura la virtud de desmentir ideas hechas, supuestos que
nadie ha examinado y de los que todo el mundo parte. Y también está la manera como las
investigaciones que parten de un examen inductivo de los datos coronan con el
esclarecimiento de fenómenos que antes pertenecían al terreno de lo inextricable, cuando
no a una fatalidad que suele servir de disculpa en malos tiempos.
Adolfo Meisel (1954) y
Eduardo Posada Carbó (1956) forman con Gustavo Bell -aquí, en este libro, editor- la
trilogía de nuevos historiadores barranquilleros más brillantes, los tres con sobrados
títulos académicos -Yale, Oxford- y con una obra publicada que, ya a estas alturas,
leída como totalidad, significa una relectura bastante completa de los dos últimos
siglos de la historia de la costa.
Inventando un orden, el
excelente ensayo de Posada sobre los recursos naturales de la costa en el siglo XIX,
basado en los viajeros y excelentemente escrito, sería el punto de partida para observar
diferentes aspectos del devenir costeño: los bancos de Cartagena, examinados por Meisel,
los de Barranquilla, recontados por ambos; una nueva visión de Meisel del latifundio
costeño -no expansivo, sino gradualmente desmembrado- a través de la hacienda
Berástegui. Y dos ensayos, agudamente críticos, de Meisel Roca, uno -"Regiones
pobres y ricas ¿quién ha ganado y quién ha perdido?"- donde concluye, con dureza,
que "el análisis de la evolución de los desequilibrios económicos regionales a
partir de 1950 muestra un mejoramiento de la distribución regional del ingreso. Sin
embargo, en el caso específico de la Costa Caribe hay un claro proceso de pauperización
relativa."
El otro ensayo que abre
y le da título al libro -"¿por qué se disipó el dinamismo industrial de
Barranquilla?"- también concluye que "la política económica nacional tuvo un
impacto negativo sobre el crecimiento de la economía agraria de la región caribe porque
frenó el crecimiento del sector algodonero... Por tanto, los débiles eslabonamientos
tanto en el consumo como en la producción, entre las zonas urbanas y las rurales
generados por la ganadería son, en última instancia, las causantes del estancamiento
industrial barranquillero en la posguerra... El auge industrial de Barranquilla en la
década de los veinte y treinta fue el resultado de su auge comercial como primer puerto
marítimo y fluvial de Colombia. Las características de enclave de este auge implicaron
que el proceso de industrialización nunca tuvo raíces firmes en la economía regional
costeña.
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