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Ochenta y tres libros de poesía se publicaron en 1994 en
Colombia. Seguramente más, pero ochenta y tres contó la Casa Silva, que siempre los
cuenta en su anuario. Un poco menos que en los años anteriores, pero en todo caso,
significa que aparecieron tres libros nuevos cada quincena. Mucho de este verserío no
contribuye a la historia de la literatura y, de seguro, tiene un valor estético
inexistente, pero eso no importa. Lo que importa es la manera cómo la poesía, la
verbalización de sus emociones, le ha ayudado a vivir a sus autores, cómo escribir esos
versos (malos) le han ahorrado horas de sicoanalista y fármacos, como lo que antes era
agresividad o confusión, ahora son (malos) versos. No importa. La poesía lo-cura.
El anuario de la Casa
Silva es mucho más que ese recuento bibliográfico tan significativo. Se convierte en una
memoria de los poetas que visitaron a Bogotá en el 94. Y resulta que por los dos
congresos de poetas que hacen Prometeo en Medellín y Ulrika en Bogotá, el turismo
poético se disparó "sobre el cielo gris de esta puta ciudad", como dice (no
refiriéndose a las reuniones de poetas sino a "un amor demente") el poeta
argentino Rodolfo Alonso, uno de los más notables visitantes junto con el venezolano Juan
Calzadilla, el chileno Raúl Zurita, el español Javier Munárriz, el venezolano Luis
Alberto Crespo y el italiano Valerio Magrelli ("el agua es igual, pero la gota cambia
cada vez"). Además de poetas a congresos, de gira pasó por Bogotá Ernesto
Cardenal.
Durante 1994 la Casa
Silva hizo lanzamientos de libros de poetas colombianos, entre los que se destacan tres de
la Colección Simón y Lola Guberek, uno de ellos debido a Piedad Bonnet, ganadora del
premio de poesía de Colcultura.
La parte de ensayos
dedida un capítulo a "los oficios de la poesía", con ponencias presentadas en
el encuentro realizado en Bogotá. Poetas-editores, poetas-traductores, las revistas
literarias. Hay, además, un texto sobre "Tango y poesía" debido al argentino
Horacio Salas, otro sobre "poesía cubana de hoy", por Arturo Arango.
Sin embargo, el plato
fuerte de prosa que trae este anuario consiste en dos ensayos de Hernando Valencia
Goelkel, uno sobre Cote Lamus y otro en la presentación de "Los cuadernos de N"
de Nicolás Suescún. Valencia Goelkel es, de lejos, el más lúcido y brillante ensayista
colombiano. Tres libros inconseguibles Crónicas de cine, Crónicas de libros y El
Arte viejo de hacer novelas reúnen una parte mínima de sus espléndidos textos,
dispersos en revistas, y que reclaman con urgencia una recopilación para placer máximo
de los lectores colombianos.
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