|
"Los indígenas que habitaron nuestro territorio se
caracterizaban por que tenían nombres de hotel: Bochica, Bachué, Sindamanoy, Nutibara,
Sugamuxi...". Esta es la primera frase y es la primera en una serie infinita de risas
del lector del relato delirante que Samper hace de nuestra historia. O de parte de ella,
pues el cuento llega apenas hasta las cinco y pico en punto de la tarde, hora bogotana,
del 10 de agosto de 1819, dejando al lector a la espera del tomo dos de estas Lecciones.
La bibliografía de
humor de don Daniel comprende excelentes compilaciones de artículos aparecidos en
publicaciones periódicas. A mi que me esculquen, Dejémonos de Vainas, Esto
no es vida y No es porque sea mi hijo además de ser lo que primero son -un
repertorio de risas, sonrisas y carcajadas-, constituyen el equivalente a Cordovez Moure,
a Salvador Novo en México, como conjunto de crónicas que tienen un valor literario
dentro del género y, a la vez, son instrumento para investigadores de la historia de las
costumbres
Lecciones de
histeria de Colombia es, entonces, el primer libro de humor, escrito por Samper con
propósito de que sea libro y no una compilación de variedades. Una historia de Colombia
en JA sostenido mayor.
Samper utiliza con
destreza determinados procedimientos para producir el efecto humorístico. El principal es
la transposición temporal, llevando al relato histórico situaciones posteriores, como se
ve en la cita que encabeza esta nota. También el lenguaje del fútbol, el non-sense,
los juegos de palabras y las historias apócrifas, le sirven como palanca para la risa.
Daniel Samper Pizano
sería paisa -de Santafé de Antioquia- si el lugar donde nació se llamara Millonarios de
Bogotá, como lo indica su único defecto público, su conocida pasión por el
Independiente Santa Fé. Por otra parte, el mismo Samper es una prueba viviente del
sentido del humor que se necesita para ser hincha del Santa Fé.
|