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Desde 1848 se han publicado en Colombia 33 antologías generales
de poesía; e infinidad de volúmenes con selecciones parciales -por regiones, por temas,
por generaciones-, entre las que hay algunas de excepcional importancia. Lo curioso, que
ha sido una constante, una especie de ley de esta historia, es que cada antología deroga
la anterior, lo que es más que los gustos de los antologistas y pasa a ser una muestra de
cómo la idea de que es buena poesía va cambiando con el tiempo.
En 1886, aparte de una
constitución que nos duró ciento y pico años de soledad, aparte de la invención de la
coca-cola, aparecieron dos antologías, ambas prologadas por don José María Rivas Groot,
una, el Parnaso Colombiano de Julio Añez -con ciento catorce nombres la primera
selección que incluye poetas de Colonia- y, otra, La Lira Nueva con treinta y
cinco poetas de la época, la mayoría muy jóvenes.
Ahora, el Instituto
Caro y Cuervo acaba de reeditar, fotografiada de la original, La Lira Nueva esta
vez antecedida de un excelente ensayo de Don Fernando Charry Lara, donde examina las
principales corrientes literarias y autores que se perciben detrás del
"programa" poético de Rivas Groot: este texto de Charry, por su agudeza
crítica, por el conocimiento minucioso de la información, justifica la reedición de La
Lira Nueva.
Durante su corta vida,
José Asunción Silva sólo vió una vez sus versos publicados en un libro. Cuando tenía
veintiún años y Rivas lo incluyó en La Lira Nueva con sus poemas, sin sospechar
que, en 1994 se valorara su presencia como lo más relevante de esta antología. Además
de Silva, aquí también hicieron su debut bibliográfico Ismael Enrique Arciniegas y
Julio Flórez quienes, fuera de Silva, son los más conocidos hoy en día. Charry Lara
destaca algunos otros nombres, familiares a los especialistas, como Candelario Obeso o
Belisario Peña, y otros que no han sido editados más y que son ahora materia de la
arqueología, cuando nó del olvido. En cuanto a los versos, ni los temas, ni la
sensibilidad que expresan son los de nuestro tiempo. De tal manera que la lectura, de la
mano del prólogo de Charry, es fructífera como visión de un proceso: aunque los poetas
de La Lira Nueva no son propiamente una escuela, ellos sí revelan una transición
del romanticismo al modernismo.
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