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En este mes de julio se conmemora el cumpleaños número cien de
León de Greiff. Es bien sabido que a los poetas sólo se les celebra la edad cuando ésta
tiene tres cifras. Con este motivo los opinantes y suplementos, los locutores y
animadores, descubrirán de nuevo que el amor es una deliciosa mentira, Abur, abur, y los
avisos clasificados pasarán a las páginas editoriales: cambio mi vida, vendo mi vida...
la cambio o la vendo por el más infantil espejismo. Se aprobará una proposición en el
congreso y otra en la asamblea departamental de Antioquia.
Sé de un joven poetica
de catorce años que alucinó con la lectura y relectura de las Obras completas de
don León que Alberto Aguirre editó y le regaló. Para aquél adolescente la idea misma
de la poesía venía del refunfuñón de la taheña barba y Don León fue el primer poeta
que imité sin pudor y con entusiasmo gaznápiro. Después descubrí que aquéllas obras,
mi biblia de entonces, no eran exactamente completas. Varias reediciones y libros
posteriores así lo demostraron.
Gracias a la curia de
Hjalmar de Greiff, la Universidad de Antioquia acaba de editar los dos primeros volumenes
de Obra dispersa de Gaspar, Leo, León, Beremundo, Aldecoa y los otros incluyendo
al de Marras, que es él mismo, que contienen poemas cada tomo se inicia con un
"mamotreto", donde predomina la correspondencia en verso, los poemas de amor, y
donde reinan constantes, su ironía y su escepticismo: "Mi Señora la Duda,
muéstrateme desnuda..."
En los dos tomos
predomina la prosa, si bien es insensato trazar una frontera entre el verso y la prosa
greiffiana. Todas son poesía, todas son la gozosa gratuidad de la palabra "prosa no
excipiente de nada sino vehículo de sí misma, función de sí propia", la
autoburla, el son y el sonsonete, nada soso, del sonido. Admito que el tipo es pegajoso y
que su parodia es más que una tentación: un tic que se contagia entre sonrisas, después
de renovar el placer de leerlo y releerlo, y también renovar la devoción, sincera y
delirante, que tuvo aquel poeta joven. Un viejo amor ni se olvida ni se deja.
Como Juanito Caminador,
a él le hubiera gustado la comparación, después de cien años, don León sigue tan
campante.
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