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En la habitual división del trabajo del historiador existe, en
primer lugar, la labor del profesional especialista, que indaga fuentes primarias y
descubre hechos desconocidos que contribuyen a modificar las interpretaciones (un oficio
que combina varias disciplinas) y alimenta las síntesis. También trabajo de historiador,
los trabajos de síntesis suponen la consulta de las monografías y publicaciones
especializadas y su condición de calidad adicional aparte del conocimiento de las fuentes
es el talento literario suficiente para conferirle fluidez a la narración. Arquetipo de
esta clase de obras es la historia de Cartagena de don Eduardo Lemaitre. Ahora, en la
misma línea del maestro, combinando información con capacidad narrativa, la Biblioteca
Pública Piloto de Medellín publica La Fundación de Manizales del médico Ernesto
Gutiérrez Arango.
El tratamiento de los
personajes históricos, no como seres extraterrestres o celestiales que siempre están
pensando pensamientos sublimes o de héroes de epopeya, sino seres de carne y hueso muy
parecidos al lector. Este efecto lo consigue don Ernesto Gutiérrez Arango. Talento de
literato, añadido a talento de historiador. En el caso de autor de este volumen sobre la
fundación de Manizales, no se trató de investigaciones de primera mano, ni de manejo de
archivos que sacan a luz nueva información. No es una monografía ilustrada de corte
académico. Tampoco es una nueva interpretación de la colonización del Gran Caldas; ni
si quiera se refiere a las interpretaciones existentes. Es el cuento de la fundación de
la ciudad, donde aparecen los mejores aspectos del comportamiento y de civilidad de unos
individuos muy humanos, abuelos de algunos de los actuales habitantes de la ciudad.
Colonos que habían
pleiteado, perdido, transado pleitos interminables con las concesiones de la Corona
ratificadas por la Corte Suprema de la naciente república, colonos herederos del ímpetu
de Fermín López, primitivo explorador y fundador en la región, además de pleitador con
los dueños de las escrituras, veinte colonos, que fueron 17 o 22, protagonizan el
movimiento inicial para ubicar un pueblo en un punto que fuera cruce de caminos entre
Antioquia, el Cauca, el Tolima hacia el Magdalena y el Chocó. Acertaron con un lugar
quebrado pero tan estratégico que veinte años después tenía veintemil habitantes y era
objetivo de guerra, encrucijada y, a la vez, modelo de un civismo envidiable y ejemplar.
La historia narrada como se cuenta un cuento.
El volumen forma parte
de los Episodios Antioqueños de Gutiérrez Arango, pero puede leerse de pe a pa como un
texto autónomo.
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