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Estupenda guía

Iglesia Museo de Santa Clara 1647
Instituto Colombiano de Cultura
Santafé de Bogotá, D.C., 1995.

Reseña de Dario Jaramillo Agudelo

 

En cuestión de conservación del patrimonio cultural, antes de tenerlo y asimilarlo, los colombianos andamos en la etapa depredadora. En lo que corresponde al inventario de bienes con significado cultural aún estamos en un período prenumérico. Ahora bien, si en esos dos supuestos, tenerlo y saber cuál es, andamos tan mal de patrimonio cultural, en estadios más avanzados de su asimilación y divulgación podemos aspirar aún a muy poco. El arte difícil como todas las cosas donde es esencial ser claro de hacer guías de museos, apenas se está inaugurando: la guía pionera de la exhibición arqueológica del Museo Nacional y ahora esta estupenda guía de la Iglesia Museo Santa Clara.

No hablo de los libros sobre algunos museos, que por su organización interna y, principalmente por su tamaño coffee-table, no pueden servir de lazarillo en el recorrido de un museo. Me refiero a ese volumen que puede pasar del bolsillo a la mano, que cuenta brevemente la historia del edificio y después, en estricto orden, pared a pared, hace un recorrido por el interior: foto y cuento sobre cada cuadro y cada objeto, de tal manera que el propietario lleva el museo entre el bolsillo y puede recorrerlo de nuevo ya apoltronado en su casa.

La guía de la Casa Museo Santa Clara cumple todos los requisitos. La Iglesia Museo de Santa Clara fue parte del convento de las clarisas (o Damianitas, o urbanistas o alcantarinas o recoletas) y se terminó de construir en 1647. Colcultura se la compró a la comunidad e instaló allí un museo con su colección. Arte Colonial para la devoción religiosa. Ciento doce pinturas, veinticuatro esculturas, nueve retablos y pintura mural, todos fotografiados y descritos con detalle a lo largo del catálago, que lleva textos de Jaime Gutiérrez y fue diseñado por Camilo Umaña.

Llama la atención que la mayor parte de las obras sean de autor anónimo. La aplicación de técnicas y la investigación en notarías y archivos eclesiásticos donde figuran los contratos con los maestros pintores, la indagación de testamentos y equipajes, tendrán que rendir algún fruto del hallazgo de los nombres de estos desconocidos artistas.