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Desde su fundador, Montaigne, el ensayo literario tiene un ribete
autobiográfico y memorístico que contribuye a vigorizarlo y a darle interés. Miramos a
través de otro que no se oculta. La objetividad de otro, tan libérrimo que resulta
subjetivo, para beneficio de todos.
Como el halcón
peregrino es, explícitamente, un ensayo autobiográfico del novelista tunjano Rafael
Humberto Moreno Durán (1946), que dá cuenta de su concurrencia a eventos que lo
reunieron con otros escritores hispanoamericanos, su recuerdo de ellos, su memoria de
colega.
Los treinta y tres
nombres escogidos revelan relaciones y gustos del autor de
El caballero de la invicta
(ver Cambio 16 #37). El grupo de
colombianos incluye a García Márquez, Alvaro Mutis y Charry Lara, entre otros, y la baraja hispanoamericana
incluye celebridades como Carlos Fuentes, Vargas Llosa y Benedetti, grandes maestros como
Monterroso, Octavio Paz, Juan Carlos Onetti y Bioy Casares; otros premio-Nobel, como Cela,
variada concurrencia de escritores mexicanos como Pitol, argentinos como Sábato,
españoles como Carlos Bernal, venezolanos como Balza.
Al final, una estupenda
y significativa memoria de narradores notables en lengua española. Subjetiva, es decir
personal. Entre todos, extraño mi número uno o dos, mínimo marca medalla de bronce,
Guillermo Cabrera Infante. Y también extraño a Tomás Eloy Martínez. Por otra parte,
desde su ángulo de narrador Moreno Durán privilegia el gremio prosista, sin olvidar del
todo a los poetas Enrique Molina, verbi gratia, también extraño a Eugenio Montejo, a
José Emilio Pacheco. Por supuesto, mis listas no le restan mérito y gusto a las
escogencias y a los encuentros de Moreno Durán.
Aparte de las
revelaciones y, a veces, meras insinuaciones que el lector de hoy deriva de este libro,
también alcanzo a vislumbrar lo significativo que será para el historiador (żo
arqueólogo?) futuro, cuando haga la taxonomía de esos extraños seres, los escritores
del fin del milenio.
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