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El mejor regalo siempre es un libro. Y la manera de acertar es
con aquellos que, de entrada, antes de leer el texto, seducen el ojo: libros ilustrados.
Un buen síntoma del avance de la industria colombiana (véase "Coctel de libros para
bibliófilos", Cambio 16 #23) es la gran calidad que se ha alcanzado en este tipo de
ediciones. Benjamín Villegas es nuestro especialista en coffee-table-books: libros de
diseño sobrio impresos en el Japón en papeles gruesos y gratos al tacto. Cultura
gráfica, objetos bellos, regalos perfectos, libros impecables.
Casa Campesina,
patrocinado por Cuéllar Serrano Gómez con motivo de sus sesenta años dedicados a la
construcción, trae fotos -la mayoría de Antonio Castañeda- y textos de Germán Téllez,
quien suma sus calidades de arquitecto e historiador con un estilo literario de altos
kilates. Leer a Téllez, a Germán, es asistir a un delicioso espectáculo de lucidez.
"Las imágenes que conforman este libro están aquí, fundamentalmente por ser
bellas, para proponer y difundir ideas de orden y belleza poco conocidas y
apreciadas", escribe Téllez, para quien la arquitectura vernácula va a lo esencial,
es efímera, no dependen del entorno para los materiales y presenta constantes
tecnológicas de región a región aún variando el clima. Las 287 fotografías, que
recorren toda la geografía del país, son una magnífica documentación, escogida con
riguroso criterio estético.
El otro volumen editado
por Villegas, reúne una selección de los Retratos de Hernán Díaz. Hernán Díaz
es la figura central de la historia de la fotografía en Colombia. Nuestro clásico. El
reúne destreza, minuciosidad y profesionalismo, conoce a fondo los intríngulis del
oficio, posee una formidable cultura y, lo que es más, esta dotado de una finísima
sensibilidad de artista.
Fotógrafo de Time, de
Life, autor de siete libros, invitado a la Bienal de Venecia, acreedor de numerosos
premios, lo que más acentúa su carácter de clásico es que es el autor de imágenes
arquetípicas de Colombia; la Cartagena de Hernán Díaz es la visión más clásica del
Corralito. En el texto introductorio, Eduardo Serrano se ocupa de recorrer los temas de
nuestro fotógrafo. Al final, unas breves y entrañables páginas de Hernán Díaz,
completan las claves de su vocación. Allí revela que se hizo fotógrafo profesional por
los retratos, que tomó "por el solo placer mío"; y como retratista, dice
Serrano, es "como Hernán Díaz alcanzaría su definida personalidad como fotógrafo
y sus más penetrantes y espléndidas imágenes." La muestra es este hermosísimo
libro, que reúne por primera vez "en conjunto lo más significativo de mi obra de
retratos."
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