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EL ALEPH

Espacios comerciales.
Villegas Editores. Bogotá, 1994.

Reseña de Dario Jaramillo Agudelo

 

Uno de los mayores logros de Mac Donalds es haber desarrollado en sus laboratorios un tipo especial de papa que, dada una temperatura del aceite, se frita en equis exactos minutos logrando una consistencia típica y standar para todos los Mac Donalds del mundo. El cuento revela bien las intenciones de que el sabor de la comida, la decoración de los establecimientos y hasta el olor obsesivamente a limpio, sea idéntico en los Mac Donalds de París o Miami, de Moscú o Kuala Lumpur.

Lo mismo le sucede al habitante distraído de la geografía de este libro, Espacios comerciales. Con la altísima calidad gráfica y editorial de Villegas, volumen impreso con perfeccionismo japonés, fotos impecables de Antonio Castañeda. La información está ahí, Espacios comerciales de hoy, situados en Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla. Y sin embargo, quien observa estos espacios inevitablemente está abocado a preguntar "żdónde estoy?" cuando lo aplasta pronto la evidencia de que si algún espacio se ha macdonalizado en la mente de los humanos, es precisamente el espacio comercial. Estos centros comerciales pueden estar en Caracas o en Miami, en Tulúa o en Pereira. Con cierta frecuencia, en los congresos y en las ferias, aparece la satisfecha voz de creadores utilitarios como publicistas, decoradores y arquitectos alabando el nivel internacional de sus respectivos artes en Colombia. Aquí, ese internacionalismo aparece patente, logrando un inesperado Aleph por la vía de la macdonalización, con sus extraños dogmas visuales nunca pronunciados: prohibidas las paredes claras y los asientos de restaurante cómodos, pasión por los espacios aparentemente vacíos, aunque estén llenos.

De esta manera, las fotos que ilustran la noticia del pasado la antigua Calle Real, el El Salón Rojo, la curva gentil de la Calle del Comercio barranquillera refluyen a una geografía más individualizada que la actual ubicación del comercio de lujo anticuarios, restaurantes caros, almacenes de ropa con nombre del propietario donde, además del placer de comprar, podemos sentirnos en varias partes al tiempo. O en ninguna.