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Para muchos creadores no es relevante la tradicional distinción
entre los géneros literarios. En concreto la mezcla del ensayo con la narración no es ni
siquiera una novedad desde Huxley. Cabría decir, con pertinencia particular en este caso,
que desde Sterne, homenajeado por Abad con un significativo capítulo, titulado muy a la
manera de este libro: "donde se hace un elogio del silencio y se declara lo que no se
dice al pasar por alto algunos años de vida".
Montada en una
arquetípica estructura novelística mejor, narrativa como es la (auto)biografía
imaginaria de Gaspar Medina, esta novela, titulada con realismo y acierto, es una
sucesión de asuntos, de ensayos breves, donde confiesa y, a veces, exhibe "cierta
inclinación a las divagaciones irreverentes."
No es novedad en la
literatura antioqueña un autor joven Abad nació en Medellín en 1958, va por sus treinta
y seis escribiendo ficción/ensayo en la primera persona de un hombre mayor. El hidalgo
disoluto de Abad tiene más de setenta, edad aproximada de los Pensamientos de un viejo
obra de juventud de Fernando González. La ventaja de Abad es que tiene destreza para
escribir y se le nota oficio con las palabras. Esto último es particularmente notable en
las escenas eróticas. La descripción de los senos de Cunegunda es tan perfecta como los
atributos descritos; y la historia de amor con Angela Pietragrúa es memorable.
Gaspar Medina, más que
un hombre con cualidades, según él mismo, es un individuo sin defectos. La novela es un
dictado del pasado y presente de Gaspar con frecuentes interludios ensayísticos sobre el
amor ("tal vez en la vida pueda faltar el amor, pero en un libro no. El amor es la
sal de los libros, así como el adulterio es la sal del matrimonio, el matrimonio la sal
del adulterio y la sal es la sal de la sopa"), las mujeres, la riqueza, los pobres,
el servicio doméstico, la familia, en fin, la política: "no era difícil imaginar
cómo alcanzar el poder en una tierra de borrachos. ¿Cómo votos? Bah, en este país el
poder se compra con litros de aguardiente en los pueblos montañeros, con garrafas de ron
en la costa y con botellas de whisky en los clubes de la gente de mi clase."
Con los Asuntos de
un hidalgo disoluto, Héctor Abad entra en un selecto grupo de escritores paisas De
Greiff, Gonzalo Arango, Fernando Vallejo que con más agudeza, sentido crítico e ironía,
se han referido en sus escritos a su tierra nativa.
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