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Rafael Humberto
Moreno Durán, R.H. Moreno-Durán para la literatura, Errehache Morenodurán para quien
intente decirlo en voz alta, nació en Tunja en 1946. Con sus dos libros de ensayos -De
la Barbarie a la imaginación y Taberna in jábula- y sus cinco novelas -ésta
es la quinta, volúmenes editados en Colombia, España, Venezuela y México, se ha ganado
un gran prestigio entre los críticos y académicos, principalmente porque su intento como
escritor profesional es acaso el más ambicioso entre la narrativa colombiana: la
construcción de una retórica. Tan coherente y deliberado programa, se basa en el uso de
la ambigüedad, del equívoco, del círcunloquio. A veces, la realidad es reconocible
porque las pistas que entrega la narración son directas. Pero casi siempre el cuento
puede ser o no ser, el personaje de la sátira no es seguro que sea el personaje
satirizado. Literatura en clave, estética de la ambigüedad que quiere desprenderse de la
anécdota, avisada o nó.
Una Bogotá con metro -estaciones en El Lago, Lourdes,
Marly, San Diego...-, un hipódromo en la Perseverancia, el río San Francisco que baja
por la Jiménez, libre, sombreado por "sauces y alcaparros, arbolocos y
cerezos." La ciudad está bombardeada en todas partes. Tanto el escenario, como los
personajes están rodeados de una ambigüedad lograda por el tono deliberadamente pedante,
deliberadamente cómico, deliberadamente procaz y eufemístico en sus recurrentes páginas
relativas al sexo, el asunto principal en la vida de todos los personajes del cuento.
El cuento: Arturo Manrique Avilán, personaje de alta
sociedad bogotana, hermano de un cura tahúr, ha dedicado su vida de investigador de
genética a buscar "una explicación sobre el deterioro y envejecimiento de la
especie a través de sus células." Tuvo una amante "lo único decente que te ha
ocurrido a lo largo de tantos años." Su mujer le pone cuernos. Tiene tres hijas con
vida sexual muy agitada. En el trasfondo una variopinta galería de personajes
esperpéntica de una vida bogotana agonizante, hasta los Barahona, protagonistas de la
novela anterior, Los felinos del Canciller, finalista en varios premios. El final
de El Caballero de La invicta homenaje al Quijote incluido es delirante y redondea
una historia igualmente delirante.
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