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La noticia es que la admirable Biblioteca Pública Piloto de
Medellín acaba de adquirir a sus herederos el archivo del fotógrafo antioqueño Melitón
Rodríguez (1875-1942). Más de 200.000 registros que abarcan "momentos, espacios y
personajes" de Medellín entre 1892 y 1922. Con la compra de este repositorio de
negativos, Medellín se convierte en la ciudad colombiana con mejores colecciones
públicas de fotografía sumando a la Biblioteca Pública Piloto dueña de Benjamín de la
Calle y ahora de Melitón, los archivos de FAES, donde están Francisco Mejía y otros
fotógrafos.
La historia colombiana
está construida (y encubierta) con palabras. La verbosidad española contamina de excesos
rituales y de repetidos circunloquios el patrimonio documental. Pero tenemos una pobre y,
hasta hace poco, ignorada herencia visual. Con la exposición pionera "Cien años de
fotografía en Antioquia" (1981), se despertó en todo el país la curiosidad por
escarbar los archivos fotográficos y ahora existen colecciones públicas en varias
ciudades, aún no suficientemente utilizadas como fuente histórica.
En medio de un panorama
más bien desértico, el rescate de un archivo como este tiene un valor trascendental.
Melitón Rodríguez es el gran clásico de la fotografía colombiana. Por cronología, por
significado y por actitud, su aporte a la fotografía puede compararse a lo que hizo
Tomás Carrasquilla, su casi contemporáneo, su conocido: mientras este demuestra que la
rutinaria y aislada vida de la Antioquia de entonces podía convertirse en novela,
Melitón Rodríguez aplica las convenciones fotográficas con sabiduría estética y
dominio de la técnica; un fotógrafo de estudio, pionero en su lar pero idéntico a miles
que hay en el mundo, que posee la agudeza para convertir su oficio en arte. Mucho ayudaron
a estos las clases de pintura que recibió Melitón del Maestro Francisco A. Cano tiempo
antes de convertirse en fotógrafo.
La gracia de Melitón,
uno de los primeros colombianos que elevó la fotografía al rango de arte consiste en
hacer visible, y por lo tanto todavía más verosímil el universo estético y los
personajes carrasquillescos, los comercios por dentro y por fuera adquieren un realismo
que consagra todavía más a quien lo volvió palabras y que eleva al fotógrafo a la
categoría de inventor de una visión, de un ángulo que universaliza sus fotos por la
sola razón de que conservan un localismo hondo y han sido captadas por una lente
penetrante y sutil.
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