La obra
novelística de Mejía Vallejo abarca todas las épocas y circunstancias de la historia
antioqueña, desde los tiempos míticos, las colonizaciones, la vida rural, la pueblerina,
la del barrio marginal, la novela urbana.
Mejía
Vallejo, ganador del Premio Nadal y del Rómulo Gallegos, para no citar sino los dos
principales en una lista infinita. Mejía Vallejo maestro en la Universidad Nacional y
doctor honoris causa de la misma. Mejía Vallejo maestro en su taller de escritores de la
Biblioteca Pública Piloto. Mejía Vallejo, además de escritor, voz, tradición oral en
sus charlas, entrevistas, en el trato cotidiano con su grupo de amigos cercanos -asunto
que ya es materia de crónicas-. Mejía Vallejo anfitrión obligado de cuanto visitante
escritor llegue a Medellín, símbolo viviente de la literatura antioqueña.
El
presidente Betancur condecoró a Mejía Vallejo hace diez años, para celebrar su
cumpleaños número 60 y ahora -para conmemorar sus setenta- la Biblioteca Pública Piloto
publica catálogos y testimonios acerca de su obra y la Universidad de Antioquia edita
tres volúmenes, entre los que viene Prácticas para el olvido.
No es
extraño que un narrador de tono tan lírico como Mejía Vallejo, tenga la facilidad de la
medida y de la rima; ni es casual que un escritor tan caracterizadamente antioqueño como
que es símbolo de esa literatura, adopte la copla como medio poético.
Y, si bien
no pretende originalidad alguna con el lenguaje, sus coplas, reiterativas en el tema del
olvido, parecen construidas de memoria con el lenguaje de la cotidianidad:
Cuando yo te digo
adiós
quiero decir que me
largo,
así sepa que es amargo
largarme
sin mí y sin vos.