ECHAVARRIA, ROGELIO (Santa Rosa de Osos, Antioquia, 1926).
Bachillerato en su pueblo, en un seminario de Bogotá y en el Liceo
de la Universidad de Antioquia. A los 15 años inició en la radio y
en un diario de Medellín su carrera de periodista profesional de
toda su vida, que culminó con 40 años en «la gran prensa» de Bogotá
(10 en El Espectador y 30 en El Tiempo como subjefe de redacción,
subeditor, columnista y comentarista cultural). Fundador y editor
del semanario Sucesos, de Bogotá (1956-1962).
Obra poética:
|Edad sin tiempo (1948) y
|El transeúnte
(1964 y seis ediciones más, siempre con nuevos poemas).
Otros libros de carácter antológico compilados por Echavarría:
|Versos memorables (1989);
|Lira de amor (1990);
|Los
mejores versos a la madre (1992);
|Crónicas de otras muertes
y otras vidas (1993);
|Mil y una notas (1995);
|Poemas
al padre (1997); El II tomo de la
|Antología de la poesía
colombiana publicada por la Presidencia de la República en
|1996;Antología de la poesía colombiana (1997) y
|Quién es
quién en la poesía colombiana (1998). Estos dos últimos
publicados por el Ministerio de Cultura.
Aurelio Arturo escribió sobre la obra que él fue el primero en
editar como director de Extensión Cultural del Ministerio de
Educación en 1964: «En este parvo libro en que Rogelio Echavarría
ha reunido sus poemas bajo el título de
|El transeúnte,
encuentra expresión una de las formas de poesía más originales y
audaces de nuestro tiempo».
El escritor argentino Ernesto Sábato le escribió: «¿Con qué puedo
retribuir a Rogelio Echavarría su admirable
|Transeúnte de
gran poeta...?
Gracias, querido Rogelio, por su sensible, recatada, hermosa y
conmovedora poesía. Perdurará, sin dudas».
El español Antonio Espina definió así la obra de Echavarría:
«Intimismo caracterizado y exteriorizado por la exactitud de la
imagen, una imagen que brota espontáneamente, como única posible,
de la invención del poeta».
Darío Jaramillo Agudelo: «Echavarría fue el primero que abrió los
ojos a la poesía de lo cotidiano y de la ciudad: y lo hizo sin
abandonar el misterio esencial de la poesía».
Ya lo había dicho el poeta español Jaime Ferrán en 1965: «La
actitud poética vigilante de Rogelio avizoraba hace ya 20 años algo
que se impuso más tarde, incluso en la poesía española: una
valoración de lo cotidiano, el canto de las cosas de todos los días
santificado por la oración del poeta».
El argentino César Tiempo cuando conoció
|El transeúnte: «Su
libro lo instalará entre los altos poetas del continente. No
necesitará más para presentarse a dirimir supremacías a los
mejores».
Fernando Charry Lara: «En
|El transeúnte se reconoce una de
las manifestaciones mejor logradas de la poesía contemporánea
colombiana por dibujar, con rara intensidad, una imagen de nuestra
vida y de nuestro tiempo, a cuyo trasluz adivinamos esa ardiente
experiencia de lo real que sólo nos llega a ofrecer, soñando y al
mismo tiempo no soñando, la creación poética».
Pedro Gómez Valderrama: «Esta nueva edición de
|El
transeúnte tiene, sin excluir un solo poema, el acento, la
dignidad, la nobleza de la voz de un gran poeta».
Y Armando Romero: «Echavarría es un poeta de la estirpe amorosa de
Robert Desnos y Paul Eluard, esa encrucijada donde el surrealismo
encuentra, más allá de la vigilia y la razón, la conciencia de un
nuevo orden de los sentidos y una realidad de lo sublime que
proviene de la visión interior... Cuando creemos que ya hemos
tocado fondo de poesía en él, un nuevo paisaje aparece, esta vez
cargado de todos los signos del misterio... Es esa cotidianidad de
lo maravilloso, ese perenne dolor y asombro frente a los avatares
de la existencia, lo que Echavarría expresa con una voz nunca oída
en la poesía colombiana».
ECHEVERRI, OLGA LUCÍA DE (Envigado, Antioquia, 1948). Licenciada
en educación por la Universidad de Antioquia, profesora de
filosofía e investigadora en la misma y en otras
universidades.
Libros:
|El cuerpo o la fantasía y
|Caminos de la palabra
y del silencio.
ECHEVERRI CÁRDENAS, JORGE MARIO (Pereira, 1963). Cursó filosofía
en la Universidad Nacional y diplomacia en la Academia del
Ministerio de Relaciones Exteriores. Miembro fundador del grupo de
la revista Ulrika, coordina talleres de la Casa Silva.
Libro:
|Azul al filo de los cuerpos (1986), sobre el cual
dice Guillermo Martínez González: «El poeta como desenmascarador de
relaciones ocultas, como hondero de lo inabarcable, sólo despierta
a la edad de la malicia, a la complejidad de los símbolos, cuando
descubre el dolor. Allí instala ferozmente la vida; allí el poema,
el amor, son lo mismo, adquieren el poder paradójico de crear el
ensueño que sostiene y agota. Jorge Mario Echeverri parece tener la
intuición de ese secreto y se nos revela en un tono inquietante,
con una voz que se queda en el espíritu como la noche de mar en el
caracol».
ECHEVERRI JARAMILLO, DANIEL (Salamina, 1908). Doctor en derecho
de la Universidad Nacional en Bogotá, ha ocupado altos cargos en la
administración pública, en la carrera judicial y en la docencia.
Pero su trabajo cultural, discreto y fértil, lo destaca en varios
campos: el cuento (por
|Tierra negra fue premiado en los
juegos florales de su patria chica en 1947); el teatro:
|Muñeca
mágica; el ensayo:
|El alma en el carriel. Y, desde
luego, en la poesía, aunque sólo ha publicado una obra:
|Poemas (1985). También es un excelente orador y
conferencista. «La alta música me apasiona —dice— y de
hecho la incluyo en cuanto escribo. No hay metáfora sin
música».
ECHEVERRI MEJÍA, ÓSCAR (Ibagué, 1918). A la semana de nacido sus
padres volvieron a instalarse en Pereira. Allí habían residido
desde su llegada de Antioquia. Bachiller del Instituto Claret,
desde su infancia empezó a escribir —y a publicar— sus
versos y en un almacén de la hoy capital de Risaralda inició su
principal actividad extra-literaria, que ha sido el comercio.
Prolífico autor, no sólo de poesía sino de ensayos y notas
periodísticas de divulgación, fue secretario de la Academia
Colombiana de la Lengua, de la cual es socio de número. Editó un
|Diccionario abreviado de la Lengua Española y con Alfonso
Bonilla Naar preparó la antología
|21 años de poesía
colombiana, de 1942 a 1963, publicada en 1964. Finalmente se
retiró a una vida tranquila de lecturas y añoranzas en su hacienda
de Buga, en el Valle del Cauca.
Echeverri Mejía ocupó cargos de representación diplomática en
España, México y Venezuela. En 1980 recibió el premio «Bernardo
Arias Trujillo» otorgado por la Gobernación de Risaralda y en 1995
Pereira lo condecoré con ¡a Orden «Luis Carlos González». También
había recibido la «Orden del Arriero» y en Caracas la Federación
Latinoamericana de Escritores le otorgó la medalla «Mérito
Literario Latinoamericano».
Su principal obra poética:
|Destino de la voz (1942);
|Canciones sin palabras (1947);
|La rosa sobre el muro
(1952);
|Cielo de poesía (1952);
|Toledo (1958);
|Viaje a la niebla (1958);
|La llama y el espejo
(1959);
|Mar de fondo (1963);
|España vertebrada
(1968);
|Humo del tiempo (1970);
|La patria ilímite
(1971);
|Duelos y quebrantos (1974);
|Arte poética
—antología— (1978);
|Escrito en el agua (1976);
|Las cuatro estaciones (1980);
|Señales de vida (1982);
|Altamar (1996).
En 1995 publicó Severino Cardeñoso Álvarez. en Vigo, España, el
libro
|Óscar Echeverri Mejía, completo y voluminoso homenaje
al autor risaraldense.
Alberto Baeza Flórez elogia con otros en el prólogo de
|Cielo de
poesía de Echeverri Mejía la «sobriedad y el equilibrio» de sus
poemas; la ternura y pureza, esa constelación ensoñadora de sus
versos; su claro dominio de la forma y de la imagen y un feliz
comentarista ha llamado a su trabajo poético: «parábola de la
sensibilidad progresiva»; Germán Pardo García ha señalado la «honda
y tierna impresión «que deja en el lector
|Canciones sin
palabras... y Hernando Téllez: «se advierte la presencia de
varias características en la poesía de Echeverri Mejía como son,
además de la gracia y la pureza, la simplicidad formal, la sutileza
en los matices, la acomodación del sentimiento y la imagen, la
exquisita levedad del tono, la esbeltez de las metáforas. Su
cristalina superficie permite mirar hasta el fondo y aprehender la
totalidad de su clave».
David Mejía Velilla dice: «Echeverri Mejía es uno de los poetas
mayores de nuestro tiempo, y en la sencillez de su alma y de su
trasiego él lo ignora, y lo ignoraban muchos lectores actuales de
poesía... Poeta sencillo entre los sencillos, su quehacer de poeta
ha transcurrido en lo hondo, en lo inefable; y a la vez en lo
profundo, en lo inescrutable; y a la vez en la muy hermosa y
sensible piel y superficie de las cosas. Pero en la poesía de este
mago, algo que parece de piel y de superficie, a menudo resulta ser
muy del fondo y de lo hondo...».
ECHEVERRÍA. EDUARDO (Bogotá, 1873-1948). Médico de profesión.
Escribió teatro, novela y zarzuela y fue un «inspiradísimo poeta
(que) pasa casi inadvertido por no ser pródigo en el verso», según
Otero Muñoz. Epigramista de la Gruta Simbólica.
Obras:
|Barcarolas, Flores de invierno, Poesías y
|Rosas
de otoño.
ECHEVERRYA, VIDAL. Pintor y poeta vanguardista que residió en
Bogotá antes de 1948, viajó a su nativa Costa Atlántica y
desapareció como si se lo hubiera tragado... el mar. Fernando
Arbeláez publicó sus versos, en el
|Panorama de la poesía
colombiana (1964), pero Echeverrya ya había editado otros dos
libros,
|Guitarras que suenan al revés y
|Poemas para luna
y muchachas (1939). También era ¿o es? pintor de vanguardia,
según el mismo Arbeláez, que admiraba sus «locuras»...
ENRIQUEZ RUIZ, GUIDO (Popayán). Profesor de literatura de la
Universidad del Cauca. Sus obras:
|El expresionismo y los
símbolos en la literatura y en el arte occidental; Poemas al aire
libre: de Belén al Cacho; Poetas caucanos; La magia del agua y el
rito del silencio en la poesía de Helcías Martán Góngora.
ERASO, ENRIQUE (Sandoná, Nariño, 1932). Educador, condecorado
con la medalla «Camilo Torres» de la Presidencia de la
República.
Libros:
|Prometeo (1960);
|Tras el vidrio (1980).
ERASO B., MARIO ENRIQUE (Pasto, 1967). Licenciado en literatura
y lengua española en la Universidad del Cauca. Obtuvo el primer
puesto en la Convocatoria Departamental de Poesía «Luis Felipe de
la Rosa» en Pasto en 1993. Sus poemas aparecen en el libro
|Extravío (1993) y en la publicación del Cuarto Concurso
Universitario de Poesía ICFES.
ESCOBAR, ARCESIO (Medellín, 1832; alta mar, 1867).
Jurisconsulto, periodista, fue miembro del Congreso Granadino.
Diplomático en Ecuador, Perú y Chile, falleció a bordo del barco
Ocean Queen en el Atlántico cuando viajaba de Guayaquil a Nueva
York y su cadáver fue arrojado al mar. Escribió poesía narrativa,
religiosa y patriótica, pero su obra quedó dispersa. Autor, entre
otros ensayos, de
|La poesía y la historia en América
Latina.
ESCOBAR, CAMILO ARTURO (Rionegro, 1874; Medellín, 1906). Estudió
en Santa Rosa, vivió en Amalfi, Yarumal y Medellín, bohemio
confeso, viajó a Bogotá a conocer a Julio Flóres.
Libros:
|Gota de hiel, Lágrimas y risas y
|Juan
Amores. Su poesía festiva y seria fue muy popular en su tiempo.
También publicó
|El Nazareno (1891).
ESCOBAR, EDUARDO (Envigado, 1943). Estudió con los padres
escolapios, los hermanos maristas y finalmente en el Seminario de
Misiones de Yarumal, de donde salió como discípulo amado, y el
menor en edad, de los fundadores del Nadaísmo, pero «más monoteísta
que Akenatón, más papista que el antipapa, y además, miope. Pero no
bisexual ni masón». En el seminario escribió su «primera novela, y
hace diez escribe la segunda, que ya anuncia como inminentemente
publicable: se llamará
|Ejemplo de anamorfosis. Ofreciendo
recitales recorrió muchos pueblos y disfrutando del ocio
nadaístamente creador disfruté de las playas en Mitú, Puerto
Escondido y Taganga, pero también de largas carreteras y de puertos
sin mares entre Barranquilla e Ipiales, Mocoa y Valledupar,
Manizales a Buenaventura, ejerciendo «públicamente una
desvergonzada vida de poeta que junto con algunas perversiones
privadas confirma ya un largo servicio a la causa del arte» como
ensayista, crítico de arte y pintor «sibarita y asceta».
En el libro
|Nadaísmo crónico y demás epidemias (1991),
Escobar recoge algunas de las columnas suyas publicadas en El
Tiempo y en otras revistas y encabeza con «Un merecido
autorretrato» del cual tomamos lo siguiente, pues no encontramos
mejor biógrafo que él mismo, Eduardo Escobar, «testigo de excepción
de los años proféticos de los lisérgicos 60s».
Sobre su aspecto: «Como buen poeta nervios—bueno o malo, pero
nervioso— de la escuela anarquista con tormentos católicos de
culpa, pertenezco a la categoría del peso cuartilla en blanco,
vestido, con los apellidos incorporados y fumando. La fragilidad
aparente encubre, sin embargo, un alma difícil de crucificar, como
me decía Gonzalo Arango, el mismo con quien nos empecinamos con
ardiente pofía, fría paciencia y cruel cálculo, contra los molinos
de viento...». Y sobre su vida y obra: «... No sólo de poesía vive
el hombre y menos en Colombia traficando con libros narcóticos.
Para sacudir la inopia, como tantos otros antiguos y modernos
poetas o simples mortales, recurrí a mil oficios ramplones y
actividades prosaicas: fui auxiliar de contabilidad en una
pesadilla, patinador de banco todo un junio, mensajero sin
bicicleta en una oficina de bienes raíces mientras leí
|Teoría
del desarraigo, fabriqué bolsas de polietileno, joyeros de
cartón y terciopelo, fui almacenista, leí a Joyce en una bodega, me
desempeñé también como anticuario ambulante, como vendedor de
muñecas de navidad fuera de temporada, de diarios y semanarios y
mensuarios a la entrada de una clínica de lujo. Artesano de
baratijas de cobre. Armador de faroles para barco. Promotor de
rifas clandestinas sin premio, por el apremio. Ayudante de cocina
por el arroz con chipichipi. Pastor de aves de corral. Maestro
sablista del sutil abordaje. Cantinero. Escritor de nimiedades para
revistas intrascendentes. Crítico de arte mercenario. Hasta
campanero fui de una pandilla de marihuanos. Así aprendí a odiar el
trabajo sudando petróleo...».
Pero ni las penurias, cárceles, ostracismo de los transgresores ni
desocupaciones remuneradas «fueron obstáculo, tal vez ayudaron para
que escribiera mientras tanto en las estaciones entre dos trenes,
debajo de los puentes si llovía, dormido y despierto, ebrio y
lúcido, todos esos libros que me proporcionan hasta hoy un
anonimato placentero apenas teñido de malafama que no alcanza a ser
desprestigio:
|Invención de la uva, Monólogo de Noé, Del embrión
a la embriaguez, Segunda persona, Cuac, Buenos días noche,
Confesión mínima, Cantar sin motivo, Escribano del agua,
etcétera. Además editó una revista de literatura de vanguardia, La
Viga en el Ojo, en Pereira...». En ese etcétera:
|Canciones de
golpe de suerte, Antología de poesía nadaísta (1992);
|Gonzalo Arango: correspondencia violada; Gonzalo Arango por
Eduardo Escobar y
|Antología poética 1959-1977 (en
1978).
Prolífico y siempre activo —aunque no lo parezca—,
Escobar ha sido traducido también a varios idiomas.
ESCOBAR ÁNGEL, ALBERTO (Medellín, 1940). Fundador, con Gonzalo
Arango, del famoso grupo, sus primeros versos aparecieron en
|Trece poetas nadaístas (1963). Su compañero de aventura
Eduardo Escobar dice que «Alberto siempre se distinguida por su
actitud excéntrica y sus
|Sinónimos de la angustia
(publicados en parte en aquella antología) fueron recibidos con
alborozo por sus compañeros entonces y mantenidos en la memoria
como textos guías del grupo, hasta hoy cuando treinta años largos
después, son recobrados» completos en la
|Antología de la poesía
nadaísta que el mismo Eduardo Escobar publicó en 1992. Cuando
los cuadernos Otras Palabra, de Medellín, dieron a conocer
|La
canción del cantante y odaísta Andreas Andriakos (1990) los
editores dijeron que «el discurso poético instaurado por Escobar,
en vez de haber perdido su vigor inicial, se ha fortalecido». En
1992 publica El
|archicanto de la lábil labia &
|Las horas del lecho.
Y finaliza Eduardo: «Alberto Escobar cultiva una forma de
vanguardismo exótico, revestido de tonos neoclásicos, lo cual
acrecienta la perversión y logra hacer más increíble el inventario
de las penurias, el aire arcaico de sus deleites escogidos. El
trabajo de Escobar de algún modo es paradigmático de las
intenciones primordiales del movimiento nadaísta». Alberto es
ortopedista, pero no tiene nada que ver con versos cojos ni de pie
quebrado.
ESCOBAR ALZATE, RAMÓN (Salamina, 1898). Bachiller del Instituto
Universitario de Manizales, donde fue profesor. Cargos comerciales
y oficiales. Dirigió El Lábaro.
Libros:
|Esther de Roncesvalles —novela— y
|El
camino de Eros. Su
|Canto a Salamina fue premiado en su
patria chica en 1927.
ESCOBAR CAMBAS, CARLOS ANTONIO (Rionegro, Antioquia, 1866).
Educador, se radicó en Amalfi, donde fue profesor de la Escuela
Urbana de Varones. Una escuela rural lleva su nombre. Sus versos,
delicados y pulcros, como los de su hermano Camilo Arturo, se
conocen principalmente en un poema sobre la Biblia y «el tema
romántico de la novela
|La María lo desarrolló magistralmente
en estrofas» dice el
|Panorama de la poesía amalfitana
(1988), de Roberto Escobar Sanín y Alberto Ibarbo Sepúlveda.
ESCOBAR CAMPUZANO, JESÚS (Amalfi, 1852; Medellín, 1924).
Primaria en Manizales, secundaria y derecho en la Universidad de
Antioquia. Fiscal del circuito, alcalde de Medellín, prefecto de la
Provincia del Centro.
Dice el
|Panorama de la poesía amalfitana (1988): «Poeta de
hondo sentimiento. Sus poemas son escritos en buen lenguaje castizo
y pletóricos de interés espiritual. Escribió poesía festiva con
éxito. Su figuración en la lírica antioqueña, es símbolo de
facilidad, sencillez y claridad».
Con motivo de su centenario, sus hijos editaron sus
|Poesías
(1952).
ESCOBAR GÓMEZ, EDGARDO (Anserma, Caldas, 1974). Abogado de la
universidad de Caldas, cofundador del movimiento La Reja en el
Aire, de Anserma, colaborador del periódico La Patria de
Manizales.
Libros:
|Poemas para leer en el parque (1973) —en
colaboración con Néstor Gustavo Díaz—;
|Uno y todo
(1981);
|Salmos del despertar (1993) y
|Esta belleza
inexplicable (1995).
Roberto Vélez Correa dice: «Esta voz vaticina la fragilidad de un
mundo que sufre de nuevo la glaciación y corre el riesgo de
diluirse en la intolerancia que asfixia la hermandad, hasta dejar
al hombre «sin orilla en el tiempo». Al fin y al cabo, son pocos
los seres que sobreviven a la tragedia del dolor, la ambición, la
envidia, el deseo egoísta y, en síntesis, la insolidaridad... Para
aquellos que renuncian y edifican sus cuerpos en perfecta armonía
con sus almas, canta el poeta».
ESCOBAR GUTIÉRREZ, HÉCTOR (Pereira). Con
|Antología
inicial se lanza la colección de escritores pereiranos
auspiciada por la Corporación Biblioteca Pública, en 1983. Después
el autor publica sus otros libros:
|Testimonios malditos
(1985):
|Cosmogonías (1985);
|Estetas y heresiarcas
(1987). En éste último, el poeta recrea una galería de sesenta
personajes históricos con quienes muestra especial atracción o
afinidad, revelando sus propios terrores culturales y sus vicios.
«Tan inusual es la construcción poética de Escobar como su vida
misma. Por eso en la
|Historia de Pereira Hugo Ángel
Jaramillo... le dedica a Héctor Escobar un largo capítulo para
verificar en él no al poeta de manera fundamental sino al rito
diabólico al que ha ligado su vida y por el que es ampliamente
conocido, anatematizado y señalado tanto en su ciudad de origen
como en otras latitudes», dice Cecilia Caicedo de Cajigas en
|Literatura risaraldense (1988). Por las características
tipográficas especiales o «matemática literaria» de la obra de
Escobar, dice Miguel Álvarez de los Ríos: «Es un intento suyo por
fijar ciertas estructuras con base en la noción del espacio visual.
Mucha parte de su originalidad resulta de que no se conocen
testimonios perdurables de semejante ensayo».
ESCOBAR HOLGUÍN, RODRIGO (Florida, Valle, 1945). Desde los dos
años vivió en Palmira, donde su padre era maestro. En bachillerato
entró en contacto con la literatura universal y empezó a
familiarizarse con las letras orientales: China, Japón, la India,
Persia. Ya traducía a Poe. Estudió arquitectura y lenguas. Al final
de su carrera ganó el primer concurso literario organizado en los
20 años de la Universidad del Valle. Después de tres años de
diseñar escuelas y colegios, estudió planeamiento regional y urbano
en Edimburgo. Allá conoció —además de Burns, Scott y
Stevenson— el Tao Te Ching y la escritura budista fundamental.
Estuvo en Polonia. Actualmente trabaja en Cali con la C.V.C., que
en 1983 publicó su primer libro:
|El obrador de versos. En
ese año ganó el primer premio en el concurso anual del Servicio
Civil y en 1988 el premio único de poesía del concurso nacional de
la Casa de la Cultura de Montería.
Octavio Gamboa dice en
|Poesía del Valle del Cauca (1986):
«En la docena de poemas de Rodrigo Escobar que he escogido para
hacer parte de esta antología, culmina la escritura de los poetas
que en el Valle del Cauca están vivos en 1986, cuando Cali cumple
450 años. Sin duda alguna Escobar Holguín es el mayor de todos
ellos. Para quien escribe estas líneas, es un honor presentarlo y
dar testimonio de tan afortunado descubrimiento. Él llega a la
poesía con la seguridad de un maestro, como si hubiera trabajado
con ella durante una larga vida... Antes de escribir la primera
línea de un poema, todo lo sobrante ha sido previamente eliminado:
la hermosa fronda, el tallo elegante, la flor embaidora, la pulpa
deliciosa. Porque se trata de entregar tan sólo la semilla, aquella
parte de la vida que tiene asegurada la perduración. Ese es el
milagro que sale de las manos de Rodrigo Escobar Holguín».
La escritora y crítica húngara Vera Székács, traductora a su
idioma de la obra de García Márquez y de una selección de poesía
colombiana, dijo de la poesía de Escobar Holguín: «Lo que me
impresionó más fue y sigue siendo su dominio de la mesura, el rigor
estructural: estructuras bellas, perfectas y diáfanas, trazadas con
líneas nítidas y dinámicas, diríamos: con la mano segura de un
arquitecto. Y detrás de la elegancia y la parsimonia de la
expresión, de esta superficie limpia y sobria, se adivinan grandes
bloques oscuros de su mundo interior, de sus impulsos, emociones y
deseos: bloques tectónicos que se deslizan y se chocan. Rigor,
elegancia, mesura y fuerza».
ESCOBAR ROA, RAFAEL (Chía, 1879; Bogotá, 1954). Doctor en
filosofía y letras del Rosario. Educador, cuentista, novelista y
crítico, colaborador de periódicos bogotanos y director de El
Horizonte. Académico de historia. Juzgado «tierno y conecto» en sus
versos y especialmente en sus sonetos. Fue también buen traductor
del inglés y del francés, versado en literatura griega y latina. En
1905 dio a conocer sus primeros poemas, entre ellos Al
|Nevado
del Tolima. Otros:
|Elegía a monseñor Carrasquilla, Elegía
rústica (a la muerte de Daniel Bayona Posada);
|Canto a
Funza y
|¡O fair! ¡O purest ! (traducción de Thomas
Moore). En 1941 publicó la novela
|Lo que contó el
patojo.
ESCOBAR ROJO, SEVERO (Amalfi, Antioquia, 1882; Bogotá, 1928).
Humanidades en el Colegio de San Ignacio y en el Seminario
Conciliar de Medellín. Se dio a conocer como poeta al declamar en
la Catedral Metropolitana su
|Poema del ocaso en el sepelio
del doctor Manuel Uribe Ángel. Director de la revista América
Española. Proclamó la «idolatría de la forma, sacrificándola al
sentimiento. Gotas de alma en impecables ánforas de moderno y
delgado cristal». Fue alcalde de Jericó, periodista y orador.
Libro:
|Sinfonías espirituales.
ESGUERRA, ARSENIO (Ibagué, 1836; Bogotá, 1875). Presidente de la
Sociedad Hispanoamericana Literaria de Nueva York, dio a conocer
sus trabajos en periódicos y revistas colombianos a finales del
siglo XIX. José Martí escribió en La Patria de Nueva York en 1892
este concepto: «Era Arsenio Esguerra un poeta directo y sano
corazón que murió demasiado joven pero encontró en la sencillez y
orden del mundo la poesía verdadera y la puso en estrofas sonoras y
naturales».
Su hermano Medardo Rivas publicó una colección de sus versos y
artículos en prosa.
ESPINOSA, GERMÁN (Cartagena, 1938). Adicto a las letras desde
niño, publicó a los 16 años su primer libro de versos, cuya
temática erótica escandalizó a los directores del Colegio Mayor del
Rosario, por lo cual lo expulsaron. Ingresó antes de la mayoría de
edad al servicio obligatorio... del periodismo y empezó a publicar
sus cuentos cuando se matriculó en la mesa del Café Automático que
presidía con desdén el maestro León de Greiff, una de sus máximas
admiraciones, y por tanto, influencia poética entre las muchas que
contribuyeron a hacer de Espinosa uno de los más cultos escritores
colombianos. Algunas páginas políticas —y por tanto
polémicas— le trajeron, naturalmente, contrariedades y
contratiempos (fue fugaz redactor de El Tiempo), pero en
compensación lo llevaron durante el gobierno de López Michelsen a
dar una mirada al mundo real, como cónsul general de Colombia en
Kenya y consejero de la embajada en Yugoeslavia. Hoy se dedica de
tiempo completo a su obra, que va por los 25 libros, de diversos
géneros. Como novelista y cuentista («soy un poeta que narra» dice
él) ha conquistado un envidiable lugar especialmente reconocido
internacionalmente con sus novelas
|La tejedora de coronas
(1982), finalista para el premio «Rómulo Gallegos», y
|Los
cortejos del diablo (1970), que han sido traducidas al francés,
inglés, alemán, italiano, así como otros de sus libros al chino y
al coreano.
«La vida de un hombre no debe ser sino la suma de sus instantes
felices» ha escrito Espinosa. Creemos que la suma de esos instantes
—prescindiendo del aspecto privado— es para Germán la de
la publicación de sus libros. De manera que transcribir sus títulos
es, pues, lo más feliz de su biografía. Son ellos, fuera de los
mencionados:
|Letanías del crepúsculo, poesía (1954);
|La
noche de la trapa, cuentos (1965);
|El Basíleus, teatro
|(1966); Anatomía de un traidor, libelo (1973);
|Reinvención del amor, poesía (1974);
|Los doce
infiernos, cuentos (1976);
|El magnicidio, novela (1979);
|Tres siglos y medio de poesía colombiana, antología (1980);
|El signo del pez, novela
|(1987);Noticias de un convento
frente al mar, cuentos (1988);
|Guillermo Valencia,
ensayo (1989);
|Luis Carlos López, ensayo (1989);
|Sinfonía
desde el Nuevo Mundo, novela (1990); La
|liebre en la
luna, ensayos (1990);
|Libro de conjuros, poesía (1991);
|La tragedia de Belinda Elsner, novela (1991);
|La aventura
del lenguaje, ensayo (1992);
|Los ojos del basilisco,
novela (1992);
|La lluvia en el rastrojo, novela (1994);
|El naipe negro, cuentos (1995).
Sus versos, en cambio, publicados muy escasa y tímidamente, fueron
lanzados completos, en un solo volumen sencillamente titulado
|Obra poética (1995). Los libros que incluye y el año en que
fueron escritos:
|Letanías del crepúsculo (1950-1954);Canciones
interludiales (1954-1960);
|Claridad subterránea
(1955-1979);
|Coplas, retintines y regodeos de Juan el
mediocre (1974);
|Reinvención del amor (1965-1984);
|Diario de circunnavegante (1971-1979) y
|Libro de los
conjuros (1974-1990).
ESPINOSA DE PÉREZ, MATILDE (Tierradentro, Cauca, 1917).
«Interpretar en poesía la tragedia popular» dice ella que ha sido
su mayor aspiración en la vida, aunque en su más reciente obra esa
compasión hacia los humildes y esa protesta por la injusticia
social y defensa de los oprimidos deja paso a un lirismo pleno de
madurez y a una profunda conciencia de la fragilidad humana.
Discreta y concentrada en sus tareas hogareñas —y en ellas se
incluye su fervoroso trabajo intelectual— se ha dado a conocer
personalmente y en su obra en América Latina; vivió en París y en
Madrid y visitó los países socialistas de Europa.
El encuentro de mujeres poetas del Museo Rayo de Roldanillo le
ofreció homenaje en 1996.
Libros:
|Los ríos han crecido (1955);
|Por todos los
silencios (1958);
|Afuera las estrellas (1961);
|Pase
el viento (1970);
|El mundo es una calle larga (1976);
|La poesía de Matilde Espinosa —selección y prólogo de
su nieto Guillermo Martínez González— (1980);
|Memoria del
viento (1987);
|Estación desconocida (1990);
|Los
héroes perdidos (1994);
|Señales en la sombra
(1996).
Rafael Maya le escribió: «Si hay escritora
|auténtica, eres
tú. Y a la autenticidad sólo tienen derecho las personas como tú,
ajenas a la farsa literaria, ajenas a la vanidad, ajenas al vano
ruido de la lisonja. Tú no engañas. Eres fiel a ti misma como el
cielo es fiel al azul incomparable de su altura».
Maruja Vieira considera que «Matilde Espinosa es una de las voces
más altas, sonoras y cristalinas que haya producido en este siglo
la literatura en idioma castellano... Pero no es en sus diez libros
que radica totalmente el valor de su obra. Es en el permanente
influjo que ella ejerce, sobre quienes se le acercan en busca de
orientación y de consejo. Su voz, hecha de música y ternura, sólo
sabe de palabras de aliento, de frases de elogio para el trabajo de
las otras mujeres, de amistad y de amor... Se le han hecho
homenajes, que ella presencia desde su hondísimo dolor por la
pérdida de sus dos hijos, mientras, llena de ánimo, asume la misión
de iluminar las horas arduas del bienamado compañero de su vida
(Luis Carlos Pérez). Su voz, como una campana de oro, tañe y repica
desde el amanecer hasta el ocaso, el ángelus de la poesía... Bella
y sonora, su poesía está llamada a perdurar en el siglo que muere y
el milenio que avanza, porque está hecha con los más puros
elementos de la inteligencia, la bondad y la valentía».
Enrique Uribe White la coloca en el Olimpo, máxima categoría de su
arbitrario libro
|Poetas colombianos (1979), y dice: «Matilde
es comunista (como esposa que es del doctor Luis Carlos Pérez,
primer rector marxista de la Universidad Nacional): su poesía es de
la llamada comprometida. Pero hay en sus libros muchos cantos de
una tal universalidad de sentimientos y de una tal delicadeza, que
se los quisieran los llamados burgueses para un día de fiesta. Y su
amor por los niños, por los desheredados de la fortuna, por los
perseguidos, demuestran una sensibilidad de buena ley».
ESPINOSA DE RENDÓN, SILVERIA (Sopó, 1815; Bogotá, 1886). Hija
del célebre impresor Bruno Espinosa de los Monteros. En su
meritoria vida cultivó la novela, el teatro, la poesía y en su
lecho de muerte concluyó un tratado, en prosa y verso, sobre la
educación de las jóvenes. «Escritora sentimental y mística, poetisa
dulce y melodiosa», dice Isidoro Laverde Amaya. Sus primeras
poesías fueron publicadas en
|El Parnaso Granadino. Obras
suyas:
|El día de reyes, Devocionario, Lágrimas y recuerdos, El
Divino Modelo de las almas cristianas y
|Pesares y
consuelos —en el destierro del prelado Manuel J.
Mosquera— (1852).
ESTRADA, PEDRO ARTURO (Girardota, Antioquia, 1956). Pasó su
infancia de pueblo en pueblo en el nordeste antioqueño: Santo
Domingo, San Roque, después en Bello y Castilla, en Medellín.
Mensajero, soldado, vigilante, estudiante de bachillerato... Y
siempre, lector compulsivo, autodidacta bien orientado. Cofundador
de la revista Maya. Su primer libro:
|Poemas en blanco y
negro (1994) sobre el cual opinó José Manuel Arango: «...En sus
versos hay una voz madura, una voz hecha. Sus poemas son los de
alguien que ha vivido una experiencia, de la que uno siente que
vuelve con algún desencanto; alguien que ha dejado atrás, para
decirlo con un hermoso verso suyo, «el sueño mal soñado de la
juventud», y ahora busca saber «qué de verdad nos pertenece, qué de
verdad hemos perdido».
ESTRADA ROLDÁN, LEONEL (Aguadas, Caldas, 1928). Odontólogo de la
Universidad de Antioquia, postgrado en Columbia University de Nueva
York. Estudió arte en la Escuela de Bellas Artes de Manizales, Casa
de la Cultura de Medellín y Sculpture Center de N.Y.C. y arte
contemporáneo con los profesores A. Meneguetti y Pere Salabert. Ha
ejercido la docencia y ha sido decano de odontología en la
Universidad de Antioquia, fundador y director de las Bienales de
Arte de Medellín, presidente de las sociedades de Artistas y
Escritores, de Odontología de Antioquia y Colombiana de Ortodoncia,
así como de la junta del Museo de Zea de Medellín. Cofundador y
miembro del consejo de programación del canal regional
Teleantioquia. Ha representado al país en encuentros
internacionales de arte. Condecorado por el Instituto de
Integración Cultural (1976), el Departamento de Antioquia (1978 y
1995) y la alcaldía de Medellín (1995), la Asociación Argentina de
Críticos de Arte (1993), el Museo El Castillo de Medellín (1995) y
la Sociedad Colombiana de Ortodoncia (1995).
Como poeta, ha sido finalista en el Tercer Concurso de Poesía
Mística en España en 1983 y en el III Concurso Nacional «Aurelio
Arturo». En 1975 publicó el libro
|El camino sigue abierto
con prólogo de su profesor Ernesto Cardenal. Otros libros:
|Diccionario del arte actual, términos y tendencias (1985);
|Logografismos (1979) y
|Una vida programada (1993).
Autor del guión y las imágenes para el video
|España en el
corazón del verano. Sus últimas obras plásticas, trabajadas en
piroxilina al fuego, fueron expuestas en la Galería El Castillo de
Medellín en 1995.
ESTRADA ROLDÁN, NOEL (Aguadas, Caldas, 1927). Cuando tenía siete
años, su familia se trasladó a Calarcá, Quindío, donde cursó
primaria y bachillerato en el Colegio Robledo. Empezó a escribir y
le publicaron sus colaboraciones La Patria de Manizales y otros
periódicos nacionales. En Bogotá vivió varios años, antes de viajar
a España, donde en el Archivo de Indias realizó para el Instituto
de Estudios Históricos investigaciones sobre Jiménez de Quesada y
Pedro de Ursúa. Estudió filosofía y letras en la Universidad
Complutense de Madrid y colaboró en revistas literarias
hispanoamericanas. Allí escribió el libro de sonetos
|Clamor de
España, publicado en 1959 por el Instituto de Cultura
Hispánica. Viajó por Italia, Francia y otros puntos del exigente
itinerario de la cultura europea. Al regresar a su patria, fijó su
residencia en Circasia, Quindío.
Otros libros suyos:
|Sonetos de Anteo (1968);
|Romanzas de
mocedad (1993);
|Sonetos y acuarelas (1996), en
colaboración con el artista Hernando Jiménez.
Mario Sirony lo considera insuperable sonetista: «La precisión y
belleza arquitectónicas de sus sonetos recuerdan los frisos
parnasianos de Heredia y Leconte de L’ Isle, pero sin el
hieratismo arqueológico de aquellos autores».