CASTAÑEDA ARAGÓN, GREGORIO (Santa Marta, 1884; Barranquilla,
1960). Desde primaria estudió en Ciénaga y en Barranquilla. Fue
educador—fundó el Instituto San Juan de Córdoba en Ciénaga en
1933—; funcionario público y, principalmente, diplomático en
Ecuador, Brasil, Panamá, Guatemala y Costa Rica. Periodista,
escribió varios libros de crónicas, memorias, cuentos y novelas.
Traducía del inglés, francés, italiano y portugués, especialmente a
poetas clásicos. Perteneció al grupo de la Revista Voces, de
Barranquilla. Sus libros de versos:
|Máscaras de bronce
(1916);
|Campanas de gloria (1919);
|Rincones de mar
(1925);
|Orquesta negra (1931);
|Faro (1931);
|Canciones del litoral (1939);
|Mástiles al sol (1940);
|Islas flotantes (1959). En 1994 el Instituto de Cultura del
Magdalena publicó
|Gregorio Castañeda Aragón, poeta del mar
preparado por Rafael Darío Jiménez.
Rómulo Bustos dice sobre la poesía de Castañeda Aragón: «A él
podemos atribuir la carta de ingreso del Mar Caribe a nuestro
imaginario poético». Y Meira Delmar: «Castañeda Aragón fue
nutriendo sus ojos y su sangre de todas las distancias, hasta que
una mañana se dio a navegar mares lejanos para rescatar su voz
perdida en el viento y en el oleaje bronco». León de Greiff fue su
admirador y amigo, como se ve en uno de los poemas que el vate
antioqueño le dedicó al costeño. Jaime Barrera Parra dijo sobre la
obra de Castañeda Aragón que «es un panorama viviente de los
puertos y las ensenadas, los veleros sonámbulos y las palmeras que
danzan a cada hora con distinto viento, se convierten en auténticos
cartones impresionistas que halagan los sentidos».
Y el poeta ecuatoriano Jorge Carrera Andrade: «El cosmopolitismo
de Castañeda Aragón es muy de nuestro tiempo y en el área de la
poesía colombiana de hoy expresa el anhelo de superar el ruralismo
que tuvo su representante máximo en Luis C. López, el irónico
glosador de la vida monótona de la provincia americana».
CASTAÑEDA MORALES, JOSÉ ANTONIO (Bogotá, 1905). Estudios
secundarios en Tunja y universitarios en la Nacional y en el
Rosario. Abogado, catedrático, magistrado del Tribunal Superior de
Bogotá y del Contencioso-administrativo de Cundinamarca, consejero
de Estado.
Político tradicionalista, fue diputado. Educador, co-fundador de
la Universidad La Gran Colombia, profesor por 25 años. En 1929
recibió un premio por su
|Himno al niño agricultor, que hace
parte de su primer libro
|Clamores, editado en España en
1952. Otros libros de versos:
|A través de los siglos (1968)
y
|Pentagrama. Católico tradicionalista, entre sus muchos
viajes fue cuatro veces a Tierra Santa. Es presidente vitalicio del
Círculo Literario de Bogotá.
«Son las epopeyas del fuego, del agua y del viento, temas en los
cuales el poeta encuentra secretos inviolados, resonancias de
misterio y nuevas melodías que su lira multicorde recoge con
fidelidad en elegante ademán estético», dice el académico José
Antonio León Rey.
CASTAÑO, JAIME LEÓN (La Ceja, Antioquia, 1946). Bachiller del
Liceo Antioqueño, médico cirujano de la Universidad de Antioquia,
máster en fisiología. Director de la Clínica del Instituto del
Seguro Social en Bello, colaborador literario de periódicos y
revistas, miembro fundador de la revista Cantera, de Medellín
(1980) y Gato Encerrado, de Bogotá (1982). Sus libros literarios:
|Dinámica del fuego (1972);
|Piel al sol (1976):
|La
sed del guerrero (1977);
|Ese ímpetu demoledor de las
esquinas (1985);
|Lluvia de vientos (1986) y la novela
|Nicho sagrado (1991). Ganó el premio de poesía Universidad
de Antioquia en 1967.
El poeta brasileño Geraldino Brasil le escribió: «Su gran poesía
es urbana. Entonces para que sea tan fuerte, para que lo que usted
vio lo hubiera impresionado tanto, creo que habrá nacido en una
pequeña ciudad del interior o en una hacienda o en cualquier lugar
en los alrededores de una pequeña ciudad. Porque sólo un niño
nacido en los campos, alcanza a hacer una poesía urbana tan densa,
captando tan bien y con tanta solidaridad humana, el enorme dolor
de las calles y de las casas».
Y Luis Iván Bedoya escribió: «Su poesía es una creación en la que
la magia de las palabras se concentra en un dar cuenta de lo que
fue ayer y todavía es hoy y ya no nos asombra. De ahí el tono de
depurada sabiduría experiencial de vida de barrio, que resuena en
los textos de un libro
|(Ese ímpetu demoledor de las
esquinas) que no debería hundirse en el olvido o perderse en la
maraña de voces desafinadas todavía en la búsqueda de la expresión
poética del barrio en la literatura colombiana».
CASTAÑO GÜIZA, YIRAMA (Socorro, Santander, 1964). Periodista.
Estudios diplomáticos e internacionales, magister en ciencia
política de la Universidad de los Andes, postgrado en dramaturgia y
guiones para medios audiovisuales de la Universidad Externado de
Colombia. Participó en la creación de la revista Común
Presencia.
Libros:
|Naufragio de luna (1990);
|Jardín de sombras
(1994) y
|El sueño de la otra (1998).
Dice Fernando Garavito:
|«Jardín de sombras es un libro
hecho para el placer de la creación. En él vive el silencio, donde
se refugia la poesía. Frente al muro de las palabras, Yirama
Castaño construye el silencio y lo eleva como la expresión de lo
que sólo ella le puede comunicar a su lector, quiero decir, su
cómplice... La densa profundidad de estos poemas, el desgarramiento
de estos poemas, su soledad, su espera, la implacable destrucción
de ídolos y de fetiches, la tristeza nueva que aquí vivimos, y la
alegría, también nueva, de sabernos partícipes de una fisura en el
paisaje, nos permite escribir, con ella, en ella: «Cuando al final
se callan las palabras... / el poema ha hurgado las entrañas / con
su mano».
CASTELBLANCO DE CASTRO, BEATRIZ (Tunja, 1933). Bachiller del
Colegio del Rosario de Tunja. Doctora en ciencias políticas y
económicas de la Universidad Javeriana, especializada en
procedimiento civil y en las ramas laboral, policiva e
internacional del derecho, en periodismo y publicidad y en derecho
de familia. Ha publicado un
|Estudio y análisis del derecho
subjetivo y ha desempeñado los cargos de juez, inspectora y
jefe de asistencia legal del Instituto de Bienestar Familiar en
Boyacá. Pertenece a la Academia Hispanoamericana de Letras, al
Centro Poético Colombiano, a los colegios de abogados y de
periodistas de su departamento así como a asociaciones de artistas
y compositores. Fue galardonada por su poema
|Elogio al pan
en 1987, y en 1995 se colocó una placa con versos suyos en la casa
de sus padres en Jenezano.
Libros:
|Ensueño lírico (1954), Poemas de amor en llamaradas
(1978);
|Los niños buscan una lámpara (1979);
|Siempre el
amor (1990);
|Cuando los versos son alondras (1995).
También es autora de una
|Antología de Navidad (1965).
CASTELLANOS, DORA —Dora Echeverría de Castellanos—
(Bogotá, 1924). Secretaria privada de trece ministros de Economía,
relacionista de Telecom, diplomática en Caracas y gran promotora de
la vida cultural. Fue la primera mujer llamada a la Academia
Colombiana de la Lengua. Ha ejercido el periodismo y sigue
publicando sus numerosos libros inéditos, después de ostentar una
amplia bibliografía que la ha colocado entre las escritoras
colombianas más conocidas nacional e internacionalmente.
Libros:
|Clamor (1948);
|Verdad de amor (1952);
|Escrito está (1962);
|Eterna huella (1968);
|Hiroshima, amor mío (1971) —premio del concurso
nacional de Educación Pública Departamental de Bolívar en
1962—;
|Luz sedienta (1972):
|Año dosmil contigo
(1977);
|Zodíaco del hombre (1980);
|Amaranto (1982)
—recopilación de sus cinco primeros libros—;
|La
Bolivaríada (1984);
|Efímeros mortales (1990);
|El
mundo es redondo (1991);
|Perversillos (1995)
—poesía festiva—;
|Ánfora viva (1997).
Dora también fue premiada por su poema
|Redondillas a Sor Juana
Inés de la Cruz y por su epopeya
|La Bolivaríada fue
destacada por la Sociedad Bolivariana de Venezuela en el
bicentenario del nacimiento del Libertador. Ha recibido —entre
otras— las condecoraciones «Gerardo Arellano» y «Simón
Bolívar» del Ministerio de Educación Nacional de manos del
presidente Betancur.
Entre sus poemas traducidos —al inglés, francés, italiano y
vascuence— se destaca
|Moscú en cúpulas de oro que leyó
en la capital soviética durante el Congreso Universal del Año
Internacional de la Mujer y allá fue divulgado en varios
idiomas.
Carlos Lleras Restrepo escribió en su semanario Nueva Frontera que
Dora Castellanos «llegó a la poesía con una gran humildad, de la
misma manera sencilla con que los sabios se aproximan a la ciencia,
sin exigir nada de inmediato, interesada en resultados finales,
entrevistos con sagacidad en el futuro remoto... Lo que se advierte
(hoy) en el conjunto de su obra es un lento pero seguro caminar
hacia la sabiduría, que es un proceso de despojo. Para Dora
Castellanos la forma de la poesía (medida, ritmo, rima) es apenas
balanceo de ola, vaivén de cuna».
Germán Arciniegas se refiere a
|Zodíaco del hombre como a
«uno de los más bellos poemas que mujer alguna haya escrito en
nuestro tiempo sobre un tema nada común. Un poema que devuelve la
cortesía de varios siglos de versos escritos por el hombre en loa y
amor de la mujer».
CASTELLANOS, JUAN DE (Alanís, Sevilla, 1522; Tunja, 1607).
Aunque el «abuelo de los poetas de Colombia» vio la luz en España,
nació a la poesía y realizó su «monstruosa obra» en América.
Adolescente vino con los conquistadores a las islas antillanas y a
las costas del Caribe. Cansado de la vida de galante aventurero y
negociante, el don Juan arrepentido abrazó el sacerdocio en
Cartagena en 1554 y posteriormente fue cura allí, en Riohacha y en
Tamalameque y beneficiado de la iglesia de Santiago de Tunja, donde
falleció después de haber formado «el primer cenáculo literario del
Nuevo Reino.., del cual sale la primera y única obra literaria en
sentido estricto del siglo XVI neogranadino». Su monumental
trabajo, las
|Elegías de varones ilustres de Indias, el más
largo poema que existe en lengua castellana y en muchas otras,
cuenta —y canta— pequeños y grandes hechos del
Descubrimiento, y de la Conquista de Venezuela y la Nueva Granada.
En vida del autor sólo se alcanzó a publicar la primera parte, en
Madrid (1589). Pero en 1847 y en 1886 aparecieron las otras tres
partes. Por último, el
|Discurso del capitán Francisco Drake
—que Castellanos había incluido en la tercera parte, sólo vino
a publicarse en 1921.
La gran crónica había sido iniciada en prosa, pero a los nueve
años resolvió volverla a hacer en verso, en octavas reales, y
adoptando precursoramente entre nosotros el endecasílabo italiano.
También escribió Castellanos, en verso,
|Vida, muerte y milagros
de San Diego de Alcalá, cuyos originales desaparecieron. La
primera edición completa de las
|Elegías apareció en Caracas,
dirigida por Caracciolo Parra Pérez, en 1930. En Colombia, después
de ediciones separadas de la
|Historia de la gobernación de
Antioquia y del Chocó en 1942 y de las
|Elegías
prologadas por Miguel Antonio Caro en 1930. sólo en 1955
|
la
Presidencia de la República publicó la obra íntegra.
Otros trabajos que han sido definitivos para el —tardío—
conocimiento y reconocimiento de Castellanos en nuestro siglo han
sido los del historiador tunjano Ulises Rojas, del español Manuel
Alvar, del venezolano Isaac J. Pardo, del italiano Giovanni Meo
Zilio y de los colombianos Mario Germán Romero, j.M. Rivas Sacconi,
Fernando Arbeláez, Héctor Orjuela y Henry Luque Muñoz.
Don Marcelino Menéndez y Pelayo escribió sobre las
|Elegías:
«Considerada como testimonio histórico, su valor es evidente. Su
obra, más monstruosa que ninguna en cuanto al plan, no es realmente
un poema, ni siquiera una crónica, sino un bosque de crónicas
rimadas, en que pueden distinguirse tantos poemas como
personajes... Hay que distinguir también entre las diversas parte
de la obra: la primera es poéticamente muy superior a las
demás...».
William Ospina, en su ensayo reivindicatorio en la
|Historia de
la poesía
|colombiana: «Su poema, tal vez con
|La
Araucana de Alonso de Ercilla y
|Os Lusiadas de Luis de
Camoens, es el punto más alto de la poesía heroica del siglo XVI y
configura... un verdadero descubrimiento de América». Algunas de
sus razones: «Salvó la memoria de nuestro origen, alzó un
imborrable monumento a los heroismos y a las locuras, a los
esfuerzos y las desventuras de nuestros antepasados invadidos y de
nuestros antepasados invasores. Su labor fue múltiple: inventó la
poesía heroica de América, reseñó innumerables y altos episodios de
nuestra historia, introdujo la lengua hablada entonces en el orbe
de la poesía y recogió para la lengua castellana numerosas palabras
de las lenguas nativas del Caribe, de las costas y de los Andes:
supo juzgar con severidad las impiedades y salvajismo de los
conquistadores y poner en labios de los indios palabras a menudo
llenas de nobleza y sabiduría, que evidencian un respeto por lo
distinto, totalmente insólito en semejante siglo y semejantes
circunstancias».
CASTELLANOS, RENIER (Medellín, 1967). Editor de la revista Hoja
Suelta y profesor de sociales y filosofía en el Seminario Menor de
la capital antioqueña.
Libro:
|Inventario (1989).
CASTILLO, EDUARDO (Bogotá, 1889-1938). Fue «lo que podemos
llamar el letrado tipo de la generación del Centenario», dice
Eduardo Carranza. Secretario durante catorce años del maestro
Guillermo Valencia, su «contra-parte» poética, por así decir, pero
al mismo tiempo su «afecto sumo y suma admiración». Para refutar a
quienes consideraron «escasa» su obra, nada mejor que reproducir la
respuesta que el mismo Castillo le dio a José Eustasio Rivera
cuando éste le reprochó no haber publicado un libro: «Durante 15
años, días tras día, he escrito en todos los periódicos y revistas
del país. He publicado cerca de cien poesías (originales y
traducidas) y más de cuatrocientas producciones en prosa, entre las
cuales hay cuentos, artículos críticos y crónicas ligeras. He
tenido varias polémicas periodísticas y he traducido siete u ocho
libros de historia. Si escribir todo eso no es realizar una obra,
mala o buena, ignoro lo que deba entenderse por semejante frase».
Pero hoy es válida la pregunta de J. Eduardo Jaramillo, a la que la
posteridad dará positiva respuesta: «¿Por qué razón una poesía tan
honda como la de
|El árbol que canta ocupa una posición
marginal en el canon de nuestra literatura?». Autodidacta, llegó a
poseer una vasta cultura, fue un informadísimo crítico y uno de los
más grandes traductores de Colombia —sus versiones eran
verdaderas recreaciones— de Samain, Baudelaire, Francis
Jammes, Kipling, D’Annunzio, Wilde, Coppée y Eugenio de
Castro. En prosa y en verso, Castillo es, para Carranza, «un
clásico en la acepción histórica (lo que dura siempre), en el
sentido estético (equilibrio entre la razón y la pasión), en el
sentido estilístico (de contención y economía verbal: decir lo más
con las menos palabras) y en el sentido más profundo y humano de
clasicismo: humanidad y belleza». Su libro juvenil,
|El árbol que
canta, «hoy clásico en todas las dimensiones de la palabra»,
fue publicado en 1927. Después,
|Duelo lírico con Angel María
Céspedes (1928). En 1965 el Ministerio de Educación editó,
preparada por Roberto Liévano, Carlos López Narváez y su hermano
Hernando Castillo, su
|Obra poética de adolescencia. Y
finalmente, en su madurez, cuando «el alma del poeta se orienta
hacia el misterio», nos deja
|Los siete carrizos. En prosa,
«una auténtica, fascinadora obra maestra» fue recogida en 1973
entre sus evocaciones y recuerdos, por Hernando Castillo y Alfonso
Castillo Gómez:
|En aquella bella época. En 1965 se
recogieron artículos suyos dispersos en periódicos y revistas en el
libro titulado
|Tinta perdida. En 1918 publicó
|Duelo
lírico con Ángel María Céspedes.
Volviendo a su poesía, Rafael Maya lo reduce: «Sus versos revelan
un propósito de arte conseguido casi siempre con ejemplar
exactitud. Carecen, eso sí, de vibración personal, de íntimo
arranque emotivo, y quedarían mejor definidos como comentario
artístico a lecturas hechas devotamente, o a sensaciones vividas a
través de los libros. No fue responsable de esto. En plena juventud
franqueó las puertas del paraíso artificial; y de los jardines
letales no lo sacó más que la mano de la muerte. Nada supo, pues,
de la áspera vida, del suave amor, de la embriagante victoria.
Vivió sumergido en el mundo de los libros y en el estrecho reducto
de su sensibilidad torturada».
Pero Sanín Cano lo exalta: «La gracia da el tono a su concepto de
la poesía. Con suavidad, que no tiene rival entre sus
contemporáneos, vertió en estrofas cinceladas, donde la gracia
borra las huellas del cincel, su concepto del mundo... Su cualidad
característica llena toda su obra. La gracia lo inspira en la
descripción de los aspectos lisonjeros de la vida con la misma
verdad y distinción que en las apariencias ingratas o
nefastas...».
CASTILLO, OMAR (Medellín, 1958), Dirige la revista Otras
Palabras, en la capital antioqueña.
Libros:
|Garra de gorrión (1980);
|Limaduras del sol
(1983);
|Fundación y rupturas (1985);
|Relatos del mundo o
La mariposa incendiada (1985);
|Informe (1987);
|Relatos de Axofalas (1991);
|Leyendo a don Luis de
Góngora (1995). Seleccionó y prologó las antologías
|De
Panidas y poetas —antioqueños— (1994),
|Homenaje a
José Asunción Silva (1996).
CASTILLO MUÑOZ, JUAN (Moniquirá, Boyacá, 1929). Periodista,
historiador (académico), autor de la
|Primera antología de la
poesía boyacense —con Vicente Landínez Castro y Gabriel
Salamanca—, publicada en Tunja en 1960. En 1979 preparó
|Boyacá en la poesía del Siglo XX.
Libros con su propia poesía
|: Peregrino inútil (1954);
Palabras del hombre sin estirpe (1958); Cinco elegías y un lamento;
El extraño —relatos—; Motivos de Eros (1974); El sueño de
la montaña (1976).
El poeta antioqueño Jorge Montoya Toro escribió: «Canción
desde la tierra, título de uno de los poemas de Juan Castillo, nos
da la tónica del ámbito poético de toda su obra, signada por la
inquietud existencial y cercana a los más palpitantes problemas
humanos».
CASTRO, GABRIEL ARTURO (Bogotá, 1962). Antropólogo de la
Universidad Nacional. Tallerista de la Casa Silva en 1988. Primer
premio en el II Concurso de poesía «Aurelio Arturo» con
|Conjuros (1990) y tercer premio en el I Concurso de Poesía
«Ciudad de Bogotá» con el
|Libro de alquimia y soledad
(1992), sobre el cual dice Jorge H. Cadavid que «invita a darnos un
banquete con el lenguaje, un festín con la imaginación. Este libro
transmite una vitalidad recia, en la que palabras y fantasía se
juntan en el lugar de la más alta creación. Es el encuentro con
luminosas imágenes desprovistas de lastre verbal. Imágenes con un
poeta detrás, no imágenes con un poeta delante. Poeta de la estirpe
de Juan Manuel Roca, con resonancias a la mejor manera del mexicano
Antonio Montes de Oca, con esa imaginación metafónica
desbordante.., Este poemario bien podría compartir el primer puesto
junto al hermoso libro
|La casa de Víctor López Rache».
CASTRO, MAURO (Medellín, 1936). Mientras desempeñaba los más
diversos oficios y colaboraba en periódicos, preparaba su primer
libro:
|Alejandra o la estación violenta (1965). Residió un
tiempo en Bogotá y desapareció. Vivió en Europa. Y en 1982 se
presentó de nuevo en Colombia con un nuevo libro:
|La
palabra, que él llama «20 estructuras y un solo poema» y lo
presenta diciendo que «tiene el orgullo de hacer llegar estos
trabajos, como muestra de un esfuerzo personal sin claudicaciones».
Y se volvió a ir, furioso con « grupos, antologistas, revisteros
falsos de poesía, especialistas en golpes de dados, gacetilleros,
detentadores del poder literario...».
CASTRO SAAVEDRA, CARLOS (Medellín 1924-1989). La aparición de
Castro Saavedra en la poesía colombiana fue una explosión (o lo que
llaman ahora un «boom»). Por eso las palabras consagratorias de
Pablo Neruda, que aparecieron como prólogo en su primer libro:
«Pienso que la poesía colombiana despierta de un letargo adorable
pero mortal, este despertar es como un escalofrío y se llama Carlos
Castro Saavedra. Su poesía recorre de arriba a abajo su patria, es
poesía de aire y de espesura, es poesía con lo que les faltaba a
los colombianos, porque allí existió siempre el riguroso mármol y
el pétalo celeste, pero no estaba entre los materiales el pueblo,
sus banderas, su sangre. Gran ejemplo es el de este joven poeta que
de pronto asume toda la voz de un pueblo y se dispone a erigir de
nuevo la dignidad sin más armas que su poesía... Su poesía
restañará los dolores y encenderá su fulgor en la paz de su
patria».
Y Carlos se tomó esa responsabilidad con plena seriedad, dejando
una de las más vastas obras poéticas, rara por ello entre poetas de
las generaciones recientes. Su poema
|Plegaria desde América
fue laureado en el Congreso Pro Paz de Berlín en 1951. Pero sus
versos no sólo eran combativos y rebeldes sino tiernos y sencillos
en los temas del amor, del amor patrio, del amor familiar, del amor
a la mujer y a los amigos. Pasaba del tumulto a la intimidad, y de
pronto resolvió quedarse en ésta, enmudecer, suspender sus columnas
periodísticas, sus recitales multitudinarios, y se puso a pintar y
a escribir, eso sí, para los niños, los suyos, los de sus hijos y
los del mundo... Cuando casi había desaparecido de la vida pública,
nos sorprendió con una novela,
|Adán Ceniza (1982), que ganó
el Premio Vivencias en Cali. Invitado por el Congreso Nacional a
participar en un ciclo de poetas representativos en el Capitolio,
no aceptó. La Academia lo invitó a su seno, pero no se posesionó. Y
así, de pronto también, para honda sorpresa dolorosa, desapareció
del todo. Pero dejó una obra cuyos solos títulos llenan el espacio
reservado —en este trabajo— a la más vasta bibliografía.
Son los de poesía:
|Fusiles y luceros (1946);
|Mi llanto y
Manolete (1947);
|33 poemas (1949);
|Camino de la
patria (1951);
|Música en la calle (1952);
|Hojas de la
patria (1952);
|Despierta joven América (1953);
|Escrito en el infierno (1953);
|Selección poética
(1954);
|Donde canta la rana (1955);
|El buque de los
enamorados (1957); Humo sobre la fiesta (1958);
|Los mejores
versos (1958);
|Sonetos del amor y de la muerte (1959);
|Los ríos navegados (1961);
|Obra selecta (1962);
|Toda la vida es lunes (1963);
|Aquí nacen caminos
(1964);
|El libro de los niños (1965);
|Breve antología
(1969);
|Poemas escogidos (1974);
|El sol trabaja los
domingos (1972);
|Las jaulas abiertas (1982);
|Jugando
con el gato (1986);
|Oda a Colombia (1987);
|Agua
viva (1988); y
|Poesía rescatada—selección—
(1988);
|La voz del viento (1990). Y en 1996 la Fundación
Castro Saavedra y Círculo de Lectores publicó una antología
preparada y prologada por Belisario Betancur.
En prosa, fuera de sus muy leídas columnas periodísticas,
impregnadas de intenciones líricas, que publicaban frecuentemente
El Colombiano en Medellín y El Tiempo en Bogotá, escribió
|Cuadros de historia (1958),
|Cuentos infantiles (1958)
y otros muchos textos, entre ellos
|Historia de un jaulero
(1960),
|El trapecista vestido de rojo (1987) —ambos de
tea
|tro—Elogio de los oficios (1961);
|Cosas
elementales (1965) y
|Caminos y montañas (1966).
Manuel Mejía Vellejo dijo: «Castro Saavedra es un caso especial en
la literatura colombiana, a los 18 años había publicado los mejores
sonetos de amor que se han escrito en el país. A los 19 compuso el
más logrado poema épico lírico en la historia colombiana. Y tiene
en su haber la más aquilatada poesía social». Y, a su vez,
Belisario Betancur afirma que la de Castro Saavedra «es la voz más
alta y completa de aquella generación» y se refiere al libro que
hizo en su homenaje como «un testimonio de admiración y de afecto a
quien honró la poesía americana, dejó cadencias inolvidables en el
aire de su patria y de su tierra y legó a sus compañeros la
impronta de su grandeza».
Y Gabriel García Márquez escribió cuando Castro Saavedra publicó
|Música en la calle: «Quienes hayan leído este libro, tienen
en él un respaldo suficiente para poder decir que Castro Saavedra
es el más grande poeta de Colombia y que puede caber cómodamente
entre los buenos de América».
CELEDÓN, RAFAEL MARÍA (San Juan de Cesar, Magdalena, 1833; Santa
Marta, 1903). Sacerdote y obispo, autor de numerosas obras
didácticas, poeta místico, descriptivo y de estilo culto, traductor
de Dante y de Virgilio. Escribió una
|Gramática, vocabulario y
catecismo de la lengua guajira y una
|Gramática de la lengua
Koggaba, con Ezequiel Uricoechea. Sus versos fueron publicados
en París en un folleto titulado Rosario poético (1873).
CELY HERRÁN, FERNANDO ALBERTO (Bogotá 1957). Estudió lingüística
y literatura, ejerce la locución comercial y deportiva y dirige
talleres de creación poética. Miembro del grupo Esperanza y Arena y
de la Unión Nacional de Escritores.
Libros:
|Gotas de cristal (1985); Lejanías (1993);
|Cantos
del desamor y el desencanto (1995).
CEPEDA VARGAS, GLORIA (Cali, 1931). Periodista. Medalla y
diploma en el XXII Concurso Internacional de Poesía en Bruselas,
Bélgica, en 1993, por
|Sólo
|sonetos
|.
Segundo
premio en el concurso «Carlos Sabat Ercasty» en Montevideo,
Uruguay, por
|Sonetos.
Libros:
|Bajo la estrella (1958);
|Poemas de los hijos
(1963);
|Credo (Caracas,
|1979); Cotidiano apremio
(1982).
|Más allá de la noche (1990);
|Cantos de agua y
viento (1996) —premio «Jorge Isaccs», de Desarrollo
Cultural de la Gobernación del Valle en 1995—
|y Carta a
Manuel (1996).
CEPEDA VARGAS, MANUEL (Armenia, 1932; Bogotá, 1994). Estudió
derecho en la Universidad del Cauca. Periodista, pintor, pero
principalmente líder de la izquierda, director del semanario Voz
Proletaria, miembro del comité central del Partido Comunista y de
la Unión Patriótica, representante a la Cámara
|y hasta sus
últimos días senador de la república.
Dijo Jorge Child: «Pocas vocaciones tan acendradamente dedicadas a
denunciar las injusticias sociales, los atropellos
|y los
crímenes políticos que a diario se cometen en Colombia. Fue el más
valeroso defensor de los derechos humanos que hayamos conocido, y
|
el precio de sus denuncias y
|
luchas políticas, fue su
asesinato».
Sus versos también fueron empapados en el sudor
|y en la
sangre de la lucha. El mismo escribió en su libro
|Balada de los
hombres anónimos: «Estos pequeños poemas rememoran fuertes
vivencias. Escritos de prisa y en diversas épocas, recogen, con
altibajos y lenguaje llano, el martilleo de la realidad». Fue
publicado por el Fondo Mixto de Promoción de la Cultura y las Artes
del Cauca en 1994. Otro libro suyo:
|Vencerás, Marquetalia
(1964).
CERÓN CASTILLO, ARMANDO (departamento del Huila). Delimiro
Moreno lo incluye en el grupo de Los Papelípolas de Neiva y
|
en su libro sobre sus integrantes explica: «No fue incluido
por don David Rivera en su
|Índice porque no vivía en Neiva y
su timidez lo había sepultado en un despacho burocrático de Garzón,
pero aún lejano físicamente de los demás papelípolas comparte con
ellos el afán generacional y el ideario poético precursor del
Nadaísmo». Francisco Ortiz dijo sobre su poesía: «Se ajusta de
manera exacta a la concavidad de su silencio. Primero con ardua se
hace el vaso y
|
después viene el agua que lo llena. Por eso
sus versos aparecen como una necesidad, como algo que le faltaba a
la vida».
CÉSPEDES, ÁNGEL MARÍA (Bogotá, 1892-1956). Su primer libro,
|Poesías, publicado a los 16 años, fue prologado por Miguel
Antonio Caro, y
|
en 1908 ganó los juegos florales de Bogotá
con el poema
|La juventud del Sol, imprescindible en todas
las antologías colombianas y que le hizo decir a Gómez Restrepo que
«por la novedad del pensamiento, la audacia de las imágenes
|y la esplendorosa belleza de la forma, recuerda las precoces
obras maestras de Víctor Hugo». Después escribió
|Invitación al
amor (1911). Estudió en Estados Unidos, Alemania y Francia y
también precozmente, antes de los 20 años, inició una carrera
diplomática que se prolongó por toda su vida. En tal calidad estuvo
en Nueva York, Madrid, Berna, Ginebra.., y Bogotá, donde ocupó una
alta posición en la Cancillería. Fue profesor universitario y
publicó, más que sus propias poesías, que fueron cada vez más
escasas, traducciones de Rostand —elogiadas por éste—,
Heredia y D’Annunzio. Gómez Restrepo volvió a decir de
Céspedes: «En sus posteriores piezas líricas y dramáticas, es un
poeta de genio y estilo francés que escribe en magníficos versos
castellanos. Los alejandrinos franceses brotan espontáneamente de
su pluma, y
|
han merecido elogios de Rostand, que es maestro
con quien guarda más analogías por la constante ingeniosidad del
pensamiento y
|
la expresión, el sutil y caprichoso juego de
la fantasía, y la amplitud del arranque poético, muy distinto del
contrahecho amaneramiento de ciertos modernistas».
Sí, Céspedes escribió realmente en francés algunas poesías, entre
las cuales fue muy popular en Europa, durante la primera guerra
mundial,
|Le casque et le képi. También escribió teatro:
|El regimiento pasa (1914)
|y El tesoro, estrenada en
el Colón en 1916 y publicada en la
|Selección Samper Ortega.
Céspedes tuvo una polémica lírico-política con Eduardo Castillo
(por las candidaturas presidenciales de Guillermo Valencia y Marco
Fidel Suárez) que se publicó con el título de
|Duelo lírico
(1918).