ARANGO, GONZALO (Andes, Antioquia, 1931; Gachancipá,
Cundinamarca, 1976). Fundador y «profeta» del Nadaísmo —su
escandaloso manifiesto se lanzó en 1958—, había sido
estudiante de derecho y profesor en la Universidad de Antioquia,
donde trabajó también en su biblioteca, su emisora y su revista. Su
obra en prosa es, indudablemente, la que lo salva para la
posteridad —larga o corta— por su actitud desenfadada,
reveladora y rebeladora, por su violenta ternura y por su sintonía
con otros iconoclastas, el más visible y cercano, Fernando
González. En una nueva mirada al nadaísmo, que se niega a morir 35
años después de su escandaloso zafarrancho, dice Edgar O’Hara,
crítico peruano: «¿Con que ha vuelto Gonzaloarango? Mejor que
mejor. Su prosa arde y en algunos casos quema con razón; su poesía
en verso ...es olvidable, redundante y de ocasión, en el peor
sentido de la palabra». Pero Darío Jaramillo lo contradice: «Ante
todo fue un poeta. Puede que sus versos le parezcan malos al
reseñista pero, ante todo Gonzalo —y cita a Jotamario—
puso la poesía en estado de alerta, la regó por todo el país y la
insufló de manera indeleble en el alma de la juventud». El mismo
Jotamario dice que Gonzalo integró a la narrativa, y aún al
periodismo, su aliento poético y «dejó un caudal de literatura
asombrosa expresada en todos los géneros: el poema, el cuento, la
novela, el teatro, el ensayo, el planfleto, la carta (escribió las
más bellas de la tierra)» así como guiones para televisión y, desde
luego, sus columnas, crónicas y reportajes, muchos de los cuales
son verdaderamente antológicos y como tales fueron publicados, en
una selección de dos tomos, por la Universidad de Antioquia, en
1993.
Con el tiempo, Gonzalo Arango perdió sus ímpetus de panfletario
(que lo llevaron al escarnio y a la cárcel mientras otros —los
jóvenes— lo «adoraban») y se retiró a Providencia, tal vez,
como Sansón, peluqueado por una mujer. Allá buscó una paz
angelical, panteísta y religiosa, nostalgia de sus primeras letras
y sus primeras oraciones, conversión (¿o regresión?) de papa negro
a monaguillo sonrosado. Cuando pisé de nuevo tierra firme murió
atropellado por una máquina en uno de sus viajes... en sano
juicio.
Todas sus actividades y reflexiones se concretaron en estos
libros:
|HK-11 y
|Nada bajo el cielo raso (1960);
|Sexo y saxofón (1963);
|La consagración de la nada y Los
ratones van al infierno (1964);
|Prosas para leer en la silla
eléctrica (1966);
|El oso y el
|colibrí—semblanza de Evtushenko— (1968);
|Providencia (1972);
|Obra negra —selección hecha
por Jotamario para una editorial argentina— (1974);
|Fuego
en el altar (1974);
|Memorias de un presidiario nadaísta
(1991);
|Todo es mío en el sentido en que nada me pertenece
(1991);
|Reportajes (1993);
|y Adangelios.
Fue premiado en varios concursos, entre ellos el de cuento de El
Tiempo en 1959 y el nacional de teatro en 1963 con
|Susana
Santa.
También hizo dos antologías de los poetas de su movimiento: la
mencionada
|Trece poetas nadaístas (1963) y
|De la nada al
nadaísmo (1996).
Andrés Holguín en
|su Antología crítica de la poesía
colombiana (1985) escribió: «Es cierto que Gonzalo Arango tuvo
siempre algo de monje, de ermitaño, de místico frustrado, de
anacoreta perdido
|—y
|
predicante— en medio
de una sociedad absurda. Hoy, en actitud de flor de loto
|y
mirando hacia el cielo con arrobo, se diría que ha llegado a una
culminación. Sin embargo, para nosotros sigue siendo difícil
imaginarlo en una actitud distinta de su rebeldía y de su
demoledora y
|
eficaz crítica, movida por su humor y su
sarcasmo».
ARANGO, JOSÉ MANUEL (El Carmen de Viboral, Antioquia, 1937).
Licenciado en filosofía y
|
educación por la Universidad
Pedagógica de Tunja. Magister en filosofía y literatura de la
Universidad de West Virginia, U.S.A. Profesor de lógica simbólica,
hasta su jubilación en 1989, en la Universidad de Antioquia
(también lo había sido en las del Cauca y Pedagógica de Tunja).
Cofundador, coeditor y redactor de las revistas Acuarimántima
|y Poesía, en Medellín. En 1998 funda y dirige la revista de
poesía
|Deshora con Elkin Restrepo, Juan José Hoyos, Mariluz
Vallejo y Guillermo Baena.
Su obra poética, fundamental en la antología de nuestros días
—y noches—, fue galardonada con el premio Por
Reconocimiento de la Universidad de Antioquia en 1988. Son sus
libros:
|Este lugar de la noche (1973);
|Signos (1978);
|Cantiga (1987);
|Poemas escogidos (1988);
|Poemas (1990);
|Montañas (1995) y
|Poemas
reunidos (1997).
Contra lo que es un vicio nacional, empezó a publicar muy tarde,
lo que muestra su plenitud y madurez. Cuando escribió sus primeros
poemas era la época de la estridencia nadaísta, tenía la misma edad
de los fundadores de ese movimiento, pero él afirma: «Estaba en
otra cosa»... Es que «me gustan los poetas que hablan en voz
baja».
Dice Santiago Mutis: «Su obra es breve y rigurosa, tan concentrada
y estricta que no tenemos en Colombia un ejemplo similar. En la
brevedad, como forma del rigor, está también Aurelio Arturo, y en
esa despiadada disciplina con la palabra y consigo mismo que suele
llamarse la creación artística, está solo, pues ninguna obra
poética de este siglo colombiano ha tenido la fortuna de mostrar su
plenitud y su austeridad con tal vigilancia, y sin una sola palabra
de más para halagar al público o al poeta».
En el homenaje que le ofreció la Universidad de Antioquia, David
Jiménez dijo que el premio nacional que ésta le otorgó «no sólo es
un justo galardón a la más pura de las voces en la poesía
colombiana de hoy sino un esfuerzo por poner su obra al alcance de
un público cada vez más numeroso». Y mirando hacia atrás: «Desde el
primer libro, desde el primer poema de ese libro, la poesía de José
Manuel Arango parecía estrenar un mundo e inaugurar un tono que
serían, en adelante, inconfundibles... Y también, desde el primer
poema, lo melodioso de la versificación, asordinada, como si fuese
un efecto natural de las palabras, los acentos casi disueltos en el
fluir del verso, las aliteraciones sabiamente dispuestas y
atenuadas para evitar toda estridencia... Desde el primer poema,
unas constantes: temas, metros, acentos, imágenes. Cambia, sí.
Crece, asimilando, incorporando nuevas sustancias, conserva el
timbre, la calidez de una voz que conocemos y reconocemos, aun en
los momentos en que ciertas urgencias de lo inmediato lo obligan a
hablar de sangre, de torturas, de la muerte en la calle. Aun
entonces, la poesía de Arango no se toma protesta, si por tal se
entiende una opinión expresada en verso acerca de la situación
desastrosa del país. Fiel a su poética, esos poemas son imágenes o
relatos: aterradores, sin embellecimientos que disimulen la
crueldad, sin sublimaciones. La poesía surge, entonces, de lo
preciso de la visión, de lo tenso del lenguaje. Y la protesta queda
en los labios del lector, no en el texto del poema».
Víctor Gaviria concluye sobre los versos de Arango: «Dentro de
unos años estoy seguro que los jóvenes se los leerán unos a otros,
se los copiarán y largamente reflexionarán sobre ellos».
ARANGO ARANGO, RAMÓN (Copacabana, Antioquia, 1886; Ayapel,
1928). Estudió en Bello y en Medellín e inició el magisterio en
Envigado. Entre sus obras en verso:
|La parábola del milagro,
Nostalgia de los bovinos y
|Alma del cantor.
ARANGO FRANCO, RICARDO (Manizales, 1896-1965). Uno de los
críticos que mejor lo conocen, Hernando Salazar Patiño, lo
considera el cantor por antonomasia de la ciudad, y así
precisamente se llama un estudio en el cual trabaja. Prestante
ciudadano, fue concejal, secretario de la Asamblea de Caldas y
magistrado del Tribunal de Cuentas. También fue cuentista, pero no
publicó sino un libro con sus poesías:
|Canción crepuscular
(1943). Fueron muy comentados, en el país y en el exterior, sus
|Sonetos cervantinos, aunque sólo los publicó en alguna
revista...
Rafael Lema Echeverri, antólogo caldense, escribió: «Es el poeta
de la égloga, el poeta de la ternura; canta todas esas cosas bellas
e ingenuas que hacen, una por una, toda la poesía del mundo. En sus
sonetos hay una fuerza y una capacidad de ternura y de limpidez,
muy difícil de conseguir en otros poetas de Caldas y de su
generación».
ARANGO MUNOZ, GERMÁN (El Líbano, Tolima, 1946). Se destaca su
labor cultural en medios radiales y en la prensa. Estudios
secundarios en el Instituto Nacional Isidro Parra y en el Colegio
Claret, donde dirigió sus centros culturales. Ha obtenido premios
locales en concursos de poesía.
Libro: Pr
|eparación para el olvido (1986).
ARANGO VÉLEZ, DIONISIO (Cartagena, 1895; Bogotá, 1943). Abogado.
ensayista, dramaturgo, autor de las novelas picarescas (recalcamos
que fueron escritas a principios del siglo, no en estos finales...)
llamadas
|El inocente y
|Un tal Pastrana.
Sus libros de versos: Sonetos del día y de la noche y Psicología
lírica.
ARB, JAN —Jesús Antonio Arbeláez— (Cali, 1948). De la
mano de su hermano Jotamario ingresó al Nadaísmo y publicó sus
versos en revistas de México y de Inglaterra, y después de un
silencio de 20 años, en que se entregó a escribir una obra de
aliento místico y sicológico, la publica en 1997 la Universidad del
Valle con el nombre de
|El robo en el amor. Otra:
|Poemas
en el bus 94. Jota Mario dice que «en estos tiempos de
revelaciones y de relevo de milenios, la obra de Jan Arb nos
presenta a un poeta filosofal atrapado en la pura luz de la
adoración» religiosa.
ARBELÁEZ, FERNANDO (Manizales, 1924; Bogotá, 1995). Estudió en
el seminario y en el Colegio de Cristo en Manizales, comenzó
derecho en la Universidad Nacional y asistió a cursos de filosofía
en Buenos Aires y de lenguas romances en Upsala, Suecia. Fue
empleado y desempleado público, diplomático (secretado de la
embajada en Suecia) y funcionario internacional (director de la
biblioteca del Banco Interamericano de Desarrollo en Washington),
profesor universitario en Colombia y en Estados Unidos. Cuando la
revista Semana llamó «cuadernícolas» en 1949 a los poetas
posteriores a Piedra y Cielo, a Arbeláez lo presentó como prototipo
de la nueva sensibilidad «por preconizar la estética del caos»
asumiendo cierto liderazgo generacional (entabló polémicas con los
maestros León de Greiff y Eduardo Carranza) y por su manifiesta
bohemia en los cafés Asturias y Automático...
Director de Extensión Cultural Nacional en 1963, inició la
publicación de una colección de poesía contemporánea con obras
inéditas de quienes, con Álvaro Mutis y Héctor Rojas Herazo,
constituyen el núcleo central del grupo que, tomado de los
«cuadernícolas», vino a llamarse Mito. Los libros fueron: Morada al
sur de Aurelio Arturo, los adioses de Fernando Charry Lara y
|Estoraques de Eduardo Cote Lamus. Arturo, quien sucedió a
Fernando, en 1964 publicó dos títulos más:
|Canto llano, del
mismo Arbeláez, y
|El transeúnte, de Rogelio Echavarría.
Simultáneamente apareció el
|Panorama de la nueva poesía
colombiana que Arbeláez había dejado listo para imprimir. Fue
muy discutido pero finalmente se considera «una de las selecciones
más valiosas entre las antologías de época... que representa un
rompimiento... y trae una valoración nueva y distinta de nuestros
principales poetas», opina Darío Jaramillo Agudelo en la
|Historia de la poesía colombiana (1991).
Arbeláez obtuvo el Premio del Centenario de su ciudad natal por el
|Canto a Manizales y en 1964 el premio nacional «Guillermo
Valencia» que otorgaba la Academia Colombiana. Esta misma lo eligió
miembro en 1995, pero no llegó a posesionarse.
Libros:
|El humo y la pregunta (1950);
|La estación del
olvido (1956);
|Canto llano (1964);
|Secuencia para los
brujos de oro (1965); Analectas y signos (1979);
|Serie
china —en español e inglés— (1979);
|Serie china y
otros poemas (1980);El
|viejo de la ciudad (1985) y
|Textos de exilio (1986). Antologías y ensayos críticos,
fuera del
|Panorama ya mencionado:
|Testigos de nuestro
tiempo (1956);
|Obras de Hernando Domínguez Camargo
(1956);
|Poesía colombiana (Buenos Aires, 1965). Últimamente
estaba editando libros sobre temas esotéricos y estudios
astrológicos, así como traducciones.
Aurelio Arturo escribió: «Poeta, esa palabra mágica que sugiere
una especie distinta y más elevada de humanidad, es la que califica
a Fernando Arbeláez, cuando pensamos en su vida y viajes
maravillosos, y en sus versos, que no cantan sino que narran, como
en sordina, la realidad huidiza de las cosas y la eternidad del
hombre».
Sobre su poema
|El diadoco le dijo Álvaro Mutis: «Es lo más
serio que he leído desde que apareció
|La estación violenta
de Octavio Paz. Está a mil leguas de todo lo que se hace y se hizo
en Colombia».
Y
|
el escritor argentino H. A. Murena: «Lo que me sorprendió
en la poesía de Arbeláez es la intensidad con que nos trae noticias
del otro país.
Cualesquiera que sean sus temas y el modo en que los entona, lo
que siempre entreabre para nosotros es ese otro mundo que casi
nunca percibimos pero que es aquel gracias al cual se sostiene esta
dimensión que llamamos realidad o vida».
ARBELAEZ, JOTAMARIO (Cali, 1940). Estudios secundarios en Santa
Librada College (como lo llamé en uno de sus poemas primarios),
plantel caleño que sólo en 1997 le otorgó (¿«horroris causa»?) el
cartón de bachiller. Ingresó al Nadaísmo en 1959 (veáse enseguida
la cita pertinente (¿o impertinente?). Se radicó en Bogotá, donde
se desempeñó como publicista, en el sentido antiguo —de
publicador— y en el moderno de ejecutivo de publicidad,
palabra que reemplazó a la de propagandista. Director de cultura
del departamento de Cundinamarca.
Publicó en 1966
|El profeta en su casa y en 1980 ganó el
premio nacional de poesía de la editorial Oveja Negra y la revista
Golpe de Dados con su libro
|Mi reino por este mundo
(1980).
En 1995 obtuvo el premio nacional de poesía Colcultura con el
libro
|La casa de memoria. En 1996 recibió la Orden del
Congreso de Colombia y el V Encuentro de Escritores
Hispanoamericanos le ofreció su homenaje.
Gonzalo Arango hizo su más amistoso retrato: «Les presento a
Jotamario, no un poeta cualquiera, sino el más joven gigoló de la
poesía colombiana: 20 años, hijo legítimo de don Jesús Arbeláez,
sastre de Cali con un pequeño taller que funciona en la sala de
recibo de su residencia en un barrio obrero, donde se dedica a la
pequeña industria para sostener a su innumerable familia, de la
cual Jotamario es el hijo mayor, y la mayor deshonra por su rara
manera de existir, y por dedicarse a actividades tan sospechosas e
improductivas como ésta de la poesía... Yo lo conocí hace dos años
en un bar de Cali, muy mesiánico él, leyendo
|El capital de
Carlos Marx, y redimiendo a las meseras con poemas de castidad. Por
entonces, era el poeta de cabecera de lo que es hoy el movimiento
Pelusa, y su misión consistía en elevar memoriales líricos a las
autoridades solicitando un alcantarillado para el barrio de Siloé.
El Nadaísmo, que llegó a Cali precedido de la peor reputación y una
aureola satánica... tuvo el poder de conquistar para su causa a
esta alma platónica y edificante, siendo la primera víctima de la
perniciosa doctrina. Jotamario, fiel a esta causa perdida, cometió
el acto más inteligente al perder el sexto de bachillerato, y se
convirtió por ese solo hecho en el líder indiscutible del
incipiente nadaísmo vallecaucano... Jotamario, hijo de un sastre
caleño, resulta ser uno de nuestros mejores poetas actuales».
El hijo de-sastre, pues, es hoy un bien vestido ejecutivo, que
ensancha (y no sólo por lo «Sancho») su prestigio público,
columnista de El Tiempo (sin que por ello haya renunciado a su
incisivo y descarado manejo del humor negro, irónicamente una
especie de trasnochado Caballo de Troya que se da el lujo de
defender desde dentro lo que mas combatió ese diario: el
rojaspinillismo...) Y en la poesía también ha adquirido
respetabilidad. Andrés Holguín dijo en la
|Antología Crítica de
la Poesía Colombiana (1974): «Jotamario se expresa en formas
poéticas muy libres y amplias. Su actitud es la de un hombre solo y
desolado. Su verso parece despojado voluntariamente de todo adorno,
para llegar de manera directa, incisiva, al lector. Fuerte,
sarcástico, hace nadaísmo lírico y filosófico a través de versos
que resultan punzantes, quemantes. Su desasosiego, su rebeldía, su
inadaptación, todo rezuma rencor o agresividad».
ARBELÁEZ, JUAN CLÍMACO (San Vicente, Antioquia, 1844; Bogotá,
1948). Estudios elementales en Marinilla y en Academia Mutis de
Bogotá, que dirigió Caicedo Rojas. Poemas en
|Antología de Poetas
de Antioquia (Imprenta Departamental). Publicó sus
|Poesías en 1875.
ARBELÁEZ, JUAN JOSÉ (Ibagué, 1931), Médico, colaborador de
periódicos literarios. La dirección de Extensión Cultural del
Tolima publicó su libro
|Poemas y se ha destacado en
concursos nacionales, entre ellos el de la Universidad Externado de
Colombia.
ARBOLEDA, JULIO (Timbiquí, Cauca, 1817; Berruecos, Nariño,
1862). Figura byroniana, por su cultura y por su trayectoria
política fulgurante, apasionante y combativa, como José Eusebio
Caro (nacidos con el mismo signo, en la misma fecha, copartidiarios
y perseguidos), Arboleda fue otra leyenda romántica. Recibió
esmerada educación en Inglaterra y en Italia y decisivas
influencias literarias españolas. Su obra quedó interrumpida e
inconclusa cuando fue asesinado por sus enemigos políticos.
Principalmente, el largo poema
|Gonzalo de Oyón, cuyos
fragmentos fueron ordenados y publicados póstumamente en París con
un estudio de don Miguel Antonio Caro. Abogado y gran orador,
militar, periodista, político, diplomático, parlamentario,
académico y dramaturgo. Hizo campañas ideológicas en el periódico
El Misóforo, y fundó El Patriota, El Independiente, El Payanés en
la capital de Cauca, El Siglo, El Constitucional, El Día, La Época
y El Porvenir en Bogotá, y El Intérprete del Pueblo, La Revista y
El Comercio en Lima. En 1851 la Universidad del Cauca publicó sus
obras
|El Congreso Granadino y
|Estoy en la cárcel.
Don Marcelino Menéndez y Pelayo, quien se ocupó extensamente
de su agitada y turbulenta existencia, concluye así su historia del
poeta-soldado por antonomasia: «Cuando regresó de Inglaterra a su
tierra natal competían en él las dotes del scholar con las del
gentleman; pero nunca pudo ser el cultivo de las letras su
ocupación principal, salvo en el período relativamente pacífico de
1842 a 1850, en que vivió en sus haciendas de Popayán. Así es que
de su obra literaria apenas tenemos más que reliquias. Sus poesías
sueltas son casi todas de amor o de política, impregnadas las unas
de una suavísima ternura, de una como devoción petrarquesca y
espiritualista; rebosando las otras férvidas indignaciones,
entusiasmo bélico, odio y execración a toda tiranía. Pero la gran
reputación de Arboleda no descansa tanto en sus versos líricos
cuanto en los fragmentos de su poema Gonzalo de Oyón que,
incompleto y todo, es el más notable ensayo de la poesía americana
en la narración épica».
El mismo editor del Gonzalo de Oyón, Miguel Antonio Caro, lo
reafirma: «El lector de estos fragmentos deplorará que el autor no
hubiera tenido tiempo y holgura para coronar su obra. Por tal verso
débil, tal frase prosaica, tal pasaje incorrecto, que descubren la
falta de la última mano, hallará cien rayos de felicísimo ingenio e
imaginación brillante, aprobará a cada instante lo dócil y puro de
la dicción, y más de una vez encomendará a la memoria melodiosos
versos y frases sentenciosas y expresivas».
ARBOLEDA, MATOÑO —Manuel Antonio— (Popayán, 1905;
Fúquene, Cundinamarca, 1936). «Nada queda de su lira, hecha para
los cantares de gesta, para la epopeya feudal y el romancero
galante», dice el historiador de la poesía payanesa, José Ignacio
Bustamante, quien destaca como inolvidables sus chispeantes y
efímeros versos festivos, travesuras de estudiante, especialmente
aquellos escritos con los pies (o sea, de pie forzado) que
intercambió con Alberto Mosquera. Matoño pereció ahogado en la
laguna de Fúquene y no en una quijotesca reyerta caballeril, como
hubiera sido lo lógico.
ARBOLEDA, VICENTE J. (Popayán, 1872). Historiador, catedrático
de latín, francés y literatura, se destacó también como funcionario
regional, nacional e internacional. Sobre su poesía dijo Arcesio
Aragón, historiador y crítico paisano suyo: «No pueden ser más
altos y luminosos los temas que ha enfocado su numen: en ellos está
contenido todo nuestro mundo geórgico y—encima de él— el
magno e inquietante problema del más allá... En todas sus
composiciones poéticas brillan la aquilatada pulcritud de la forma
y la delicadeza de sentimiento, condición que pone una
aristocrática nota personal a todas las manifestaciones de su alma,
y que le dan cierta semejanza, dentro del desempeño artístico, con
José María Gabriel y Galán...».
ARBOLEDA AYERBE, LEOPOLDO (Popayán, 1899). Destacado funcionario
en Popayán y en Barcelona, sus «entretenimientos literarios»
—como llama sus versos José Ignacio Bustamante— «recogen
para el lector desprevenido un mundo lejano de muertas sensaciones
y de romanticismos medioevales sin vigencia que, por otra parte,
tienen el interés permanente de las cosas que nos llegan a través
de la añoranza, con un desvanecido perfume de remotas
leyendas».
ARBOLEDA QUIJANO, MANUEL ANTONIO (Popayán, 1879-1904). A pesar
de su corta existencia, se destacó por su cultura e inteligencia.
Sobre sus versos dice la Historia de Popayán: «Admirador rabioso
del poeta de los
|Nocturnos, sus poesías están firmemente
inspiradas por la musa de Silva».
ARCÁNGEL, ARTURO (Bogotá, 1945). Estudió estadística en la
Universidad de los Andes y periodismo educativo en Cinpec-OEA.
Miembro de numerosas entidades culturales, nacionales y
extranjeras, dedica actualmente tiempo completo a su quehacer
literario, en bastantes publicaciones, especialmente en plegables
propios y colectivos, entre ellos los llamados El Sumo Zumo, El
Plegable, Opúsculo y Trébol, El Poema y Poster Poema. Ha obtenido
premios y el diploma de la International Poetry Society de la
Universidad de Colorado, por su libro
|Iris-viento (1980), y
otras distinciones nacionales e internacionales.
Otros libros:
|Invitación a la verdad, El expreso del hastío,
11+11=25, Templo epicentro, Poemas a quemarropa (1977), Mientras se
oxida Dios (1981), Graduado en desventura (editado en España),
|Soñando sin dormir, Un espectro en las venas, Palabras
respiradas, Señales claroscuras, Centinela del amor
ARCE FIGUEROA, MANUEL (Palmira, Valle, 1903). Periodista a quien
se deben magníficos perfiles biográficos de sus más importantes
paisanos. Servidor de la patria como soldado y como funcionario. En
el homenaje que le ofreció su patria chica se refirió Héctor Fabio
Varela a «su genial capacidad para representarse el mundo a través
de imprevistas imágenes y deslumbradoras metáforas. Todo ese
tumulto de sensibilidad parece derrumbarse sobre el papel en una
especie de terremoto primigenio, en que no cuentan el rigor y la
medida, pero en donde siempre sale a salvo un poema inolvidable,
como aquel ramo de oliva que trajo la paloma al arca desde la
tierra erosionada. ¿Quién, entre nosotros, no ha sentido la ternura
de su maleta de viaje, el melancólico encanto de aquella canción
del marinero en el bar porteño azotado por las olas, la gracia
inefable y mística de su invocación a Nuestra Señora del Consuelo,
su rebelde protesta contra las injusticias que padecen los niños
abandonados y las madres proletarias, su exaltación de la milenaria
patria de los cedros o el canto a la celtíbera madre de encinas y
olivos, la filial alabanza de sus naturales lares, como si al cabo
de los años regresara a reconstruir el mundo de su infancia,
poblado de ilusiones y ensueños? Allí quedan sus libros
|La
palabra en el surco, Preámbulos de la aurora y
|Un grito sin
escolta, entre otros, como vivo y ardiente testimonio de que
lanzó su voz en el tiempo».
Otro libro suyo:
|La filosofía del impromtu o la vocación de
hacer poemas (1986) y el folleto
|Canto al Líbano
(1976).
ARCILA, ANÍBAL (Pereira, 1889; Manizales, 1915). En el ensayo
denominado «Los poetas malditos», publicado en la revista
Manizales, aparece el capítulo «Los silencios de Aníbal Arcila»,
poeta que después de sus primeros éxitos (ganó con su poema
|La
ermita los juegos florales de Manizales en 1910 y en la misma
ciudad fue laureado por
|Canciones de mis montañas en 1913),
se dejó quizás llevar por el desencanto, tan natural en su
personalidad melancólica, y no publicó nunca los dos libros en que
reunió sus versos:
|En la penumbra y
|Ritmos del
silencio». Gilberto Agudelo concluye: «No hizo estudios de
ninguna clase. Fue un iluminado». Y Rafael Lema Echeverri, en su
libro antológico
|Caldas en la poesía (1970) lo llama «poeta
total» y agrega: «Aníbal Arcila es un poeta de calidades eximias.
Su poema
|La ermita, que le dio renombre lírico en nuestro
medio, habla de esta extraordinaria vocación poética de quien pudo
haber logrado una posición cimera dentro de la poesía colombiana.
Todo en él habla de poesía, y hasta su misma muerte trágica parece
ser un destello maldito de estas condiciones excelsas. Hubiera
vivido (más de sus 26 años), y Aníbal Arcila sería hoy uno de los
grandes de la poesía colombiana».
ARCILA ROBLEDO, GREGORIO (Chinchiná, 1890; Manizales, 1948).
Estudió en Santa Rosa de Cabal y recibió la ordenación sacerdotal
en Cali. Escribió la
|Historia de la Orden Franciscana en
Colombia (a la cual él pertenecía). Su obra lírica es muy
extensa y sólo la publicó poco antes de su muerte. Tradujo a los
clásicos latinos y griegos.
ARCINIEGAS, AURORA (Bogotá, 1936). Estudios en Estados Unidos y
Europa. Especializada en los idiomas francés, inglés, italiano y
alemán, traductora oficial de los Ministerios de Hacienda y
Educación. A ella se deben versiones de
|La parade de L
‘imperceptible, del poeta iraní Djahanguir Mazhary (del
francés);
|The Place of Lions, novela de Eric Campbell (del
inglés);
|Ransom for a river dolphin, novela de Sarita
Kendall (del inglés). Y tradujo al inglés
|Poemas burlescos
del escritor antioqueño Óscar Uribe. Es secretaria del comité de
escritoras del PEN Club Internacional, capítulo de Colombia.
Cultiva también la música.
Su poesía está incluida en el libro
|Cinco puntos cardinales
(1994)—antología de cinco poetisas colombianas—. En 1996
publicó
|Sinfonía en claroscuro. En su prólogo dice Matilde
Espinosa: «Aurora Arciniegas entrega una obra sencillamente
desprevenida, como quien abre una ventana para mirar el mundo y
como todo poeta, descubre que es poseedora única del reino de los
sueños; la única dueña de unos dominios que maneja y disfruta a su
antojo, en tierra firme o navegando, asomada al abismo o al
tiempo... Transcurre la poesía de Aurora con una transparencia tal
que se podría hablar de
|inocencia. Y en ese juego que
descubre y oculta, y asombra, se cuela como siempre el dolor o, lo
que es lo mismo, la realidad, el tráfago incesante de la ciudad y
el sobrevivir...».
ARCINIEGAS, ISMAEL ENRIQUE (Curití, Santander, 1865; Bogotá,
1938). Se educó en la capital de la república, donde desarrolló una
prestigiosa carrera como militar, congresista, periodista (fundó en
Bucaramanga El Impulso y en Bogotá El Nuevo Tiempo) y diplomático
(ministro plenipotenciario en Francia, Ecuador y Panamá).
Literariamente, fue uno de los principales bardos de La Lira Nueva,
no sólo por su variada y elegante obra propia sino por sus
traducciones, entre las cuales las más famosas son
|Tú y yo
de Paul Geraldy,
|Los trofeos de Heredia y las
|Odas de
Horacio. (El humanista nariñense Ignacio Rodríguez Guerrero dice
que «Arciniegas es el más afortunado intérprete del gran latino en
el idioma de Cervantes). Sus propios libros:
|Poesías
(Caracas, 1897),
|Cien poesías (1911) y
|Antología
poética (Quito, 1932). Su poema
|Inmortalidad fue
premiado en 1904. Falleció en Bogotá tres días antes de que se
celebrara su coronación.
Don Antonio Gómez Restrepo lo llama maestro de la forma poética,
que aplicaba «con igual felicidad, a muy variados asuntos... Es un
verdadero poeta, cuya cualidad dominante es la elegancia y
distinción de su musa».
J. Osorio Morales dice en
|Poetas de ayer y hoy (selecciones
de Simón Latino): «Arciniegas fue el último de los poetas de su
tiempo que desapareció de la vida terrena. La escuela a la que
perteneció se hallaba ya pasada de moda, pero él mantuvo siempre
resonando la lira que tañó desde su juventud. Poesía ligera,
sentimental y sencilla, llegó al corazón de las mujeres en los días
en que se siente la gana de vivir y de querer... Pero aunque su
época hubiera pasado, y ya no se recite
|A solas con la misma
emoción de antes, es indudable que Arciniegas todavía es leído por
todos los que añoran los tiempos idos y aun por aquellas almas que
hoy no renuncian al romanticismo ni entienden la poesía nueva».
ARENAS MANTILLA, VICENTE (Piedecuesta, 1912; Bucaramanga, 1992).
Periodista muy leído, especialmente por sus magníficas crónicas,
publicadas en El Deber de Bucaramanga.
Sus libros:
|Estampas de mi tierra (1941); Crónicas y
romances (1960).
ARENAS SAAVEDRA, JULIO ROBERTO (Valle, 1943-1973). Sus libros
|Canto de hoy y—Viñetas fueron publicados en un solo
volumen con la obra de Tomás Quintero por la Universidad del Valle
en 1993. El editor, Carlos Vásquez Zawadzki, compañero de
generación, dice que «el trabajo ético-creativo de Julio Roberto,
en el contexto de los años 60 y comienzos del 70, pasa por una
práctica política de izquierda: práctica teórica, investigación de
realidades concretas del país y su transformación. Trabajo
discursivo. Trabajo translingüístico. Trabajo intertextual:
lenguajes literarios leen y reescriben su lenguaje político y
viceversa»... Y en otra parte: «Dicho de otra manera, este arte de
vivir ético y estético es contracultural. De allí la vigencia de la
vida y obra —un paradigma vital, 20 años después de su
desaparición— de Julio Roberto Arenas Saavedra: contracultural
y positivo de cara a la crisis de sociedad y civilización de la
Colombia de fin de siglo».
ARIAS, ANÍBAL (Barbacoas, Nariño, 1948). Estudios en Pasto.
Bibliotecario de la Universidad Santiago de Cali.
Libros:
|Datos (1977);
|Motivos ajenos a la voluntad
(1979);
|Sucesos aún no registrados (1987);
|Buenos
motivos (1989);
|Peces brujos (1991).
Dicen los editores de su último libro: «La marginalidad y la
irreverencia, la desmitificación y la secularización propios de la
sociedad moderna siguen siendo sintonizados en un lenguaje sencillo
y provocativo, con la agudeza y el humor negro de su poesía, a
través de los cuales desnuda la violencia y desenmascara las
vanidades». Y Fernando Garavito dice: «Arias es innovador, que no
le teme a nada. Y cuando se sobrepasa el temor, cuando el temor que
agobia a toda la poesía colombiana, la de hoy y la de ayer (y la de
mañana) encuentra alguien que no le teme, valga la redundancia, ese
alguien, o esa poesía, puede salvarse».
ARIAS, JUAN DE DIOS (Mogotes, 1896; Bucaramanga, 1973). Educador
y escritor, ocupó los siguientes cargos: director del Instituto
Colombiano de Estudios Históricos, director de Extensión Cultural
de Santander e inspector nacional de Enseñanza Secundaria.
Presidente de la Academia de Historia de Santander y miembro de la
Comisión Nacional de Folclor. Fuera de sus obras biográficas (sobre
Bolívar y Santander principalmente) es autor de una
|Historia de
la literatura colombiana (1950), de
|Letras
santandereanos (1963) y de
|Folklore santandereano (1952
y
|1954). Versos suyos aparecen en
|Poesía
santandereana publicada por la Gobernación.
ARIAS ARGÁEZ, DANIEL (Bogotá, 1869-1951). Abogado,
parlamentario, periodista, académico, diplomático, historiador,
novelista, traductor. Sus libros de versos:
|Un haz de
sonetos (1929);
|El presidente Sande —romance
histórico- (1936) y
|Alas de mariposa. Entre sus obras en
prosa más destacadas:
|Silva íntimo, Cincuentenario de la muerte
de Silva y
|La última noche de Silva. (Arias Argáez fue
quizás la última persona que vio vivo al poeta de los
|Nocturnos, pues fue invitado a la reunión que ofreció éste y
después de la cual puso fin a su existencia).
Antonio Gómez Restrepo escribe sobre Arias Argáez: «Causeur
chispeante y hombre de sociedad, ha escrito lindas poesías en tono
aristocrático, que revelan un espíritu selecto, enamorado de la
naturaleza y el arte, y que tienen como cualidades distintivas la
gracia y la elegancia. Es un tipo representativo de la
intelectualidad bogotana».
ARIAS FARÍAS, FABIO (Barbacoas, Nariño, 1950). Bachillerato en
Santa Librada de Cali. Profesor y periodista.
Obra:
|Bulevar del sueño (1994) que con
|Torre de
murciélagos, agregado a aquel, ganó el primer premio del
Concurso «Mario Carvajal» de Cali en 1982.
Medardo Arias dice: «Ningún poeta anterior a él elevó a la
categoría abstracta, de claro origen surrealista, el mundo del
litoral Pacífico, el que conoció desde niño».
ARIAS NIETO, GLORIA (París, 1954). El que naciera en la capital
francesa y hubiera publicado allá su primer libro de versos a los
siete años de edad se debe a que sus padres residían en París,
donde Roberto Arias Pérez era funcionario de la Unesco, y a que su
madre, Gloria Nieto de Arias, también sea una poetisa de muy cultas
disciplinas y exquisita sensibilidad. Esa temprana y sorprendente
revelación poética fue llamada por Andrés Holguín «un caso único en
la lírica americana». Pablo Neruda y Juana de Ibarbourou también la
saludaron con entusiasmo.
Gloria se graduó en medicina y cirugía en la Universidad del
Rosario en Bogotá y en la Escuela Superior de Medicina de México.
Se especializó en administración de salud y seguridad social en la
Javeriana. Ha ocupado cargos directivos en el Instituto del Seguro
Social, Colsubsidio, Fundación Santa Fe y otras entidades, en
clínicas y laboratorios.
Pero no abandonó la poesía. Sus libros:
|Poemas de los 7
años (1962);
|La noche de los niños (1964); La gruta del
sueño (1966);
|Una leyenda que se llama tristeza
(1970).
Juana de América le escribió: «Te rindo la más completa pleitesía
que he tenido nunca para una colega de mi tiempo. A los siete años
eres un milagro». Y después: «Estoy leyendo tu nuevo libro casi con
temor. Parece imposible que a tu edad no se tropiece, no se cometa
un error, se sea ya una perfección tan plena y misteriosa como lo
eres. ¿De dónde vienes, y a dónde vas, lúcida y profunda, niña e
Isaías, sensitiva y mágica? Aquí estoy, siempre esperando tus
milagros, tus versos. Un beso para mi ángel amanecido en
Colombia».
Marta Traba sobre
|La noche de los niños: «El apocalipsis
estaba hasta ahora al final de la conciencia, después del combate
incesante, perpetuo como el ángel. Pero éste es el más extraño
apocalipsis, previo a la conciencia del pecado y de la
muerte».
Y a propósito de muerte, Gonzalo Arango le dijo,
premonitoriamente: «Gloria Inés Arias, el adorable ángel de la
poesía a quien espero allá donde empieza su nombre».
ARIAS MEJÍA, EMILIO (Villamaría, Caldas, 1892; Manizales. 1951)
Doctor en derecho del Colegio Mayor del Rosario. También fue autor
de textos jurídicos. Libro:
|Poesías (1968).
ARIAS RAMÍREZ, JAVIER (Aranzazu, Caldas. 1924). Hizo parte de
las tertulias del Café Automático de Bogotá cuando irrumpieron los
cuadernícolas y fue finalista en el premio nacional de poesía
«Guillermo Valencia» en 1964. Después desapareció y supimos que
terminó como Barba-Jacob, es decir, al revés de como empezó el
cantor de la
|Vida Profunda: de maestro en un pueblito de su
departamento.
Libros:
|Grito de arterias (1951);
|Sinfonía
homonésima (1957);
|Soledad inconclusa (1959);
|La
sombra tiene un eco (1961);
|Poemas (1962);
|Razón de
la vigilia (1964);
|La muerte que me puebla (1972);
|En
mi patria de sueños (1979);
|Al vuelo —prosas
líricas— (1980) y
|Cantasueño de aire pajariego
(1981).
Helcías Martán Góngora escribió en el prólogo de su segundo
libro:
«La mejor paradoja de Javier Arias Ramírez la escribe, a cada
instante, con su propia vida. Apenas liberado de su adolescencia,
se dio a existir como cierta generación de orquídeas, del vegetal
subsidio y de la savia dorada de la luz. En ello radica su
recóndita fortaleza, aprendida a pesar de todo, en Francisco de
Asís... Esta obra suya, que cifra lo mejor de su ánima, es un
clamor lanzado al cruel oído de nuestro tiempo. El tema social, a
trueque de sincero, se convierte en humano. El cartel proselitista
cede su blanco espacio a la plegaria, cuando la boca del blasfemo
se purifica con la claridad. Aquí el mal y el bien se disputan la
rosa y vence Dios, en aras de la poesía... Arias Ramírez es tan
sólo un poeta nuestro, superior y rebelde, en diaria lucha con los
ángeles».
ARIAS SATIZÁBAL, MEDARDO (Buenaventura, 1956). Periodista (en El
País, de Cali) obtuvo el premio nacional «Simón Bolívar» a mejor
investigación con su trabajo sobre historia de la música en las
Antillas. Su libro
|Testimonio obtuvo el premio de poesía
vallecaucana «Antonio Llanos» en 1984. En 1987 Arias ganó el premio
nacional de poesía «Universidad de Antioquia» con
|Luces de
navegación. En 1989 publicó
|Las nueces del ruido, premio
nacional de poesía «Luis Carlos López» de Cartagena. Su libro de
cuentos
|Esta risa no es de locos (1992) fue galardonado con
el premio «Ciudad de Bogotá» del Instituto Distrital de Cultura. Su
novela
|.Jazz para difuntos (1993) fue preseleccionada por
Colombia, con las de Germán Espinosa y Luis Zalamea, para el premio
latinoamericano «Pegaso».
ARIAS TRUJILLO, BERNARDO (Manzanares, Caldas, 1903; Manizales,
1938). Autor de la
|novela Risaralda (1935), «la obra más
representativa de la literatura de Caldas en la primera mitad del
siglo XX —si es que no continúa siéndolo todavía—.., dice
Hernando Salazar Patiño en su biografía publicada en 1994. Arias
Trujillo fue también un notable ensayista, cuentista, panfletario
político, polémico periodista y poeta de juventud. Sus más famosos
poemas son
|Roby Nelson, Versos a una muchacha deportista y
|La parábola de la serpiente y su controvertida (por
Guillermo Valencia, entre otros) traducción de la
|Balada de la
Cárcel de Reading de Wilde, publicada en 1936. Asimismo, se le
atribuye una novela que se editó en Buenos Aires, cuando él fue
secretado de la embajada de Colombia, en 1932, titulada
|Por los
caminos de Sodoma. Esta etapa diplomática que su gran
experiencia vital y siempre soñó con volver a residir en Buenos
Aires. Allá conoció y fue amigo de Federico García Lorca.
Otros datos de su biografía: estudió derecho en la Libre y en el
Externado en Bogotá, donde fue también jefe de redacción de
|La
novela semanal, plubicación de Luis Enrique Osorio, donde Arias
publicó sus novelas breves
|Luz, Muchacha sentimental y
|Cuando cantan los cisnes, las tres en 1924. Cuando regresó a
Manizales fundó y dirigió el diario Universal. El editor Arturo
Zapata «se atrevió» a publicar todos sus libros, que incluyen
|En
carne viva (1934) y
|Diccionario de emociones (1937). La
muerte de Arias Trujillo, por voluntad propia y a los 34 años de su
edad, «es la máxima frustración intelectual de la historia de
Caldas» para Salazar Patiño.
ARISMENDY, VÍCTOR J. (Riohacha, Guajira, 1909). Ha ejercido
cargos, políticos y administrativos. Sus versos «son más bien
manifestaciones de su sensibilidad ante todo lo noble y bello; se
ciñen, pues, más al sentimiento que a la forma» dice el libro
|La
Guajira en las letras colombianas (1978).
ARISTIZABAL, SANTIAGO (El Fresno, Tolima. 1946). Abogado de la
Universidad Nacional, secretado de su facultad de derecho.
Libro:
|Cuando cantes habré muerto tres veces (1979).