INDICE




ROBLEDO, ANA MARÍA (Manizales, 1953). Estudió análisis transaccional en la Universidad de Buenos Aires, artes gráficas y sistematización de la palabra en la IBM de Colombia, donde fue representante educacional. Auxiliar de vuelo en aerolíneas norteamericanas por trece años. Traducida al húngaro y galardonada en Miami. Coautora de libros de temas culturales.
Libro: |Poemas a 35.000 pies de altura (1986).

 

ROBLEDO, JORGE SAMUEL (Salamina, Caldas 1886; Medellín, 1960). Estudió filosofía y letras en la Universidad de Antioquia, fue educador, administrador público, diplomático y periodista político y literario. A pesar de haber sido premiado en distintos certámenes |(Los funerales del sol ganó los primeros juegos florales de Manizales en 1904 y |La bandera colombiana fue el mejor soneto en el primer centenario de la Independencia): «es un poeta caldense, de la generación del centenario, injustamente olvidado en la literatura nacional», dice Silvio Villegas.
Y Rafael Lema Echeverri: «Pocos poetas ha tenido Caldas de tan torrencial vocación como este Jorge S. Robledo a quien los caldenses parecen haber olvidado. En él, como en Pombo, se dan todos los registros de la poesía: el lírico, el épico, el elegíaco, etc. Es un poeta completo, de una inspiración alta, clamorosa y abierta». Y también traductor: «Es a él a quien debemos la traducción en un castellano impecable de |Las enjambres incendiados de Edmund Rostand, esa obra maestra de la literatura francesa. Esta traducción es casi desconocida en Colombia».
Nunca quiso publicar en libro sus poemas. Dejó inédito uno denominado |Huerto. Pero con el seudónimo de Fisgón, editó un folleto de versos satíricos: |Metepatológias.

 

ROBLEDO, JUAN FELIPE (Medellín, 1968). Pasó la infancia en Montelíbano, Córdoba. Bachillerato en Bogotá, donde así mismo estudió literatura en la Universidad Javeriana, en la cual es profesor de la cátedra de Literatura española del siglo de oro. Ha publicado cuentos en un libro colectivo de la misma universidad y la Fundación Fumio Ito: |Textos 1 (1987). Su poesía aparece en un libro conjunto con tres amigos y titulado |La isla era el tesoro (1998).
Enrrique Serrano dice: «Este es un poeta bonachón, pacífico, hedonista. Cree que el mundo es para gozarlo y no se equivoca, somos los demás los equivocados. Mira el mundo con incierta complacencia, y así lo deja saber en sus poemas. Ama los juguetes. Quisiera hablar sin término, y con pausas; hablar con los amigos, con los libros y tambien a solas...Lleva años intentando demostrar, con estoicismo, que el siglo de oro era de oro. En medio de estos esfuerzos es cuando, casi en exclusiva, se le pierde la sonrisa. Que el mundo no sea místico, ni alegre, ni generoso, sin duda no es culpa suya. Todo en él es vida en extremo; en su epitafio deberá escribirse: aquí no yace Juan Felipe».

 

ROBLEDO CORREA, EMILIO (Salamina, 1875; Medellín, 1962). Fue uno de los más prominentes hombres públicos de Antioquia, donde estudió y se graduó como médico. Sus trabajos científicos le dieron fama internacional. Miembro de las academias nacionales de Medicina, de la Lengua, de Ciencias Exactas Físico-Químicas, Naturales y de Historia, correspondiente de la Sociedad de Patología Exótica de París. Constituyente en 1810, gobernador de Caldas, fue llamado a ministerios nacionales que no aceptó. Fue sí gobernador y congresista y rector de la Universidad de Antioquia. Su obra bibliográfica es inmensa y magistral, y según el libro |Salamina: ciudad poesía (1956), «como poeta es un lírico de noble inspiración, su poesía es fácil, diáfana y de un corte de decantado clasicismo, saturada en veces de un colorido perfume místico». Tradujo |La colonización en el occidente de Antioquia de James J. Parsons.

 

ROBLEDO CORREA, EUSEBIO (Salamina, 1872; Bogotá, 1926). Abogado de la Universidad de Antioquia, desempeñó importantes cargos públicos en Antioquia, entre ellos la dirección general de Instrucción Pública. Congresista, académico de jurisprudencia y de historia, fue laureado varias veces y figura entre los grandes de la elocuencia en Colombia. Entre sus libros se destacan |Nociones generales de estética e |Historia de la literatura española. Cantó las emociones cotidianas de la vida provinciana, sus gentes sencillas y sus hogares patriarcales y uno de sus trabajos cumbres es el canto |A los ancianos del terruño.

 

ROBLEDO ORTIZ, JORGE (Santafé de Antioquia, 1917; Medellín, 1990). Consagrado por sus paisanos como «poeta de la raza» por su sencilla versificación en la línea de los cantores populares de Antioquia (sucesor, pues, de Gutiérrez González y de Epifanio Mejía) y coronado por la jerarquía eclesiástica de la Catedral Metropolitana de Medellín como poeta mariano, ganó numerosos y folclóricos trofeos (dos mazorcas, un hacha, un arriador, violetas y orquídeas de oro...). A pesar de todo, fue siempre un hombre modesto, tímido y honorable, o sea, también, patriarcal... Estudió con los jesuitas, siguió ingeniería y se capacito en periodismo en España, profesión que ejerció en Cali, Medellín y Bogotá. Trabajó asimismo en diversos institutos oficiales, con la empresa privada y en los ministerios de Educación y Relaciones Exteriores (fue embajador en Nicaragua). Como poeta —o compositor— ¿quién no ha oído sus cuitas en una fonda caminera o en un hogar pueblerino, especialmente |Siquiera se murieron los abuelos..., llevado a la radio y al disco en su propia voz o en la de un popular locutor paisa?
Sus libros de versos: |Dinastía (1952); |Barro de arriería —antología— (1964); |Poemas (1961); |Poesías completas (1971); |Con agua del tinajero (1975); |Poemas (1984); |Cuento de mar y otros poemas (1980); |La niña María (1984); |Mi antología (1984) y |Poemas (1990).
Con motivo de haber sido excluido de una antología, la familia del poeta envió a la presidencia de la república una carta de protesta en la cual da la lista de los galardones otorgados a | Robledo Ortiz: «Premio Esmeralda, máxima distinción colombiana en el exterior (Miami, 1987); La Estrella de Antioquia; El Hacha Simbólica; dos violetas de oro; dos mazorcas de oro; una hoja de laurel de oro; dos orquídeas de oro; una rosa de oro; el arriador de oro; un trofeo de Venezuela; la Orden del Arriero; nueve tarjetas de plata; diploma de miembro de número de las Academias de Historia de Santafé de Antioquia y del departamento de Antioquia; once pergaminos de distintas asociaciones; condecoración de la Universidad de Antioquia; condecoración del cuerpo diplomático de Nicaragua; condecoración al mérito de la Presidencia de la república; condecoración Porfirio Barba Jacob: Cateto de Oro del departamento del Quindío; condecoración de los periodistas de México; condecoración como poeta de la raza; condecoración «Servitio Eclesiae» impuesta por el cardenal López Trujillo; 38 reinas coronadas y 27 himnos elaborados para distintos departamentos e instituciones, entre otras distinciones».
Su paisano Fernando Gómez Martínez escribió sobre la obra de Robledo Ortiz: «Poesía franciscana por la sencillez y diríase que infantil por la delicadeza, y sin embargo de un gran aliento cuando toca el tema patriótico o cuando es la expresión de un alma que se indigna contra la tiranía o la crueldad...».

 

ROBLEDO URIBE, JAIME (Manizales, 1903-1942). Su obra poética quedó dispersa en varias publicaciones, especialmente en La Patria. Silvio Villegas habló de él después de su trágica muerte: «Jaime Robledo Uribe era un juglar escapado de un libro de caballería. Estudiante ejemplar, fue un alumno de las Gracias y un discípulo de las Musas. Escribía dignamente en prosa y en verso, y soñaba con quiméricos paraísos bajo cielos imposibles».Y Gonzalo Ríos Ocampo: «Sus versos fueron de musicalidad tan eximia que al compás de ellos podría danzarse; manejaba el romance como una flor de mil pétalos y ninguna armonía le fue desconocida. Estaba hecho de la misma materia que la poesía...».

 

ROCA, JUAN MANUEL (Medellín, 1946). Juan Manuel Roca es, indudablemente, una de las personalidades decisivas de la vida cultural colombiana. Poeta, periodista y artista por herencia y por soberana conformación propia, con su obra y con su actividad incansable, de amplitud internacional, se ha colocado en un lugar representativo. Por ello, entre otras cosas, dice Eduardo García Aguilar que «Roca nos lleva de la mano por diversos estados de ánimo en un país que decidió habitar desde siempre y para siempre. Tal vez sea ésta la razón por la que muchos jóvenes lo sientan tan cerca y por la que su obra se haya convertido en el alimento necesario y recurrente de una generación». Su infancia fue viajera -cuando su padre ejerció cargos diplomáticos en Europa— pero la madurez también lo lleva dondequiera que hay sucesos importantes que tengan qué ver con la libertad de la palabra. Por eso ha hecho una carrera de crítico que ya deja huella, orientando páginas tan exigentes como las del Magazín Dominical de El Espectador, y talleres de la importancia generadora de los que patrocina la Casa Silva. Pero su obra literaria también es impresionante, y sólo reseñarla es ya tomar partido por su lucidez nocturna y visionaria. Germán Espinosa dice, primero, que Juan Manuel Roca es, hasta el momento, el poeta más plenamente logrado de cuantos nacieron después de 1940. Aquí están sus libros para comprobarlo: |Memoria del agua (1973); |Luna de ciegos (1975); premio nacional de poesía «Eduardo Cote Lamus»; |Los ladrones nocturnos (1977); |Señal de cuervos (1979) |, premio nacional de poesía Universidad de Antioquia; Fabulario real (1980) |; Antología poética (1983) |; País secreto (1987); |Ciudadano de la noche (1989); Luna de ciegos —antología— (1990); |Pavana con el diablo (1990); |Prosa reunida (1993) |y La farmacia del ángel (1995). |La editorial mexicana Joaquín Mortiz publicó en 1994 su antología de 20 años con el título de su más obsesiva metáfora: Luna de ciegos. Ese mismo año apareció |Monólogos y en 1995 La farmacia del ángel.
Ha realizado trabajos en compañía de destacados artistas —poemas con grabados— entre ellos Mester de caballería con Augusto Rendón, El pianista del país de las aguas con Patricia Durán, Cartas desde el sueño con Darío Villegas. Tríptico de Comala con Antonio Samudio, Del lunario circense y Cuaderno de mapas con Fabián Rendón, ganador de Beca Colcultura y de la XI Bienal de Grabado Latinoamericano y del Caribe en San Juan de Puerto Rico en 1995 |.
Ha preparado las siguientes antologías: Disidencia del limbo —nuevos poetas colombianos— (1992), Los más bellos poemas de amor y desamor (1991); Cerrar la puerta —de poetas suicidas— (1993); Vengo a golpear a tu puerta —antología de poesía amorosa— (1997). Su único libro de ensayos: Museo de encuentros (1995). En 1998 aparece Memoria impresa, una selección en tres tomos de colaboraciones de diversos autores en el Magazín Dominical de El Espectador entre 1983 y 1993, libros editados por Roca con Marisol Cano y Claudia Arcila. |
Ha recibido también los premios de Mejor Comentarista de Libros, de la Cámara de la Industria Editorial, en 1992; el Simón Bolívar de Periodismo 1993 por la mejor entrevista en prensa, realizada con Marisol Cano, titulada |Carlos Fuentes, sus vasos comunicantes. Su obra poética ha sido traducida parcialmente al francés, inglés, ruso, alemán y rumano.
Héctor Rojas Herazo, en el prólogo de la edición para la colección Autores Antioqueños, afirma: «La poesía de Juan Manuel Roca viene de las puras cabeceras del hombre. De aquellas zonas manchadas por la primaria salpicadura de los instintos. Su palabra camina a tientas. No en vano ha encontrado en la invidencia uno de los símbolos de su peregrinaje. De los ciegos ama la tensa afinación de los sentidos, su destreza olfativa, su acechante disciplina para quedar en suspenso, oyendo y oyéndose, buscando rumbos entre los señuelos y susurros de su personal oscuridad. Es por ello que su palabra queda siempre enfrentada a los hijos de la noche... Hemos querido simplemente recordar de dónde viene, qué nos enseña y hacia dónde se encamina la palabra de este gran poeta colombiano».

 

RODRÍGUEZ, FRANCISCO ANTONIO (Popayán, 1750-1817). Maestro y abogado. El primero—cronológicamente—de los poetas festivos destacados en la |Historia de la Poesía en Popayán. Fiel realista—o sea, al rey de España—según el presidente de la Real Audiencia de Quito, sufrió prisiones, perjuicios y destierros «durante el tiempo que aquel país (Colombia) ha permanecido en rebelión» (la guerra de la emancipación). Pero al mal tiempo, buena cara...literaria. Lo muestra su obra. Aunque tampoco le fue muy bien con la crítica. De las dos mejores composiciones que de él se conservan dijo Vergara y Vergara: «De la primera, su mérito consiste en que no hay una sola palabra que se entienda...De la segunda: tiene rasgos felices» y lamenta que no se conservaran otras.

 

RODRÍGUEZ, MANUEL DEL SOCORRO (Bayamo, Cuba, 1758; Santafé de Bogotá, 1819). Desde cuando, en 1789 fue traído |a la Nueva Granada por el virrey Espeleta, se unió entrañablemente a la vida santafereña. Padre del periodismo colombiano, director de la incipiente Biblioteca Nacional, director fundador de la Tertulia Eutropélica, fue gran impulsor de la cultura y descubridor de algunos de nuestros más conocidos poetas. De su obra poética, en 5 volúmenes, desaparecieron tres en España. Los dos tomos que se salvaron fueron conocidos en Colombia con el nombre de |Antología o colección de epigramas sobre todo género de asuntos así literarios como políticos, etc. y se conservan en la Biblioteca Nacional, en Bogotá. Los más eminentes críticos colombianos estuvieron de acuerdo en que era un poeta neoclásico de pesado y abrumador estilo.
Vergara y Vergara dijo: «Conocemos unas 600 poesías suyas, impresas y manuscritas: en ninguna de ellas se ve un galicismo, ni en su estilo un gongorismo; pero son tan maravillosamente frías y prosaicas, que su fecundidad, ya que no es hija de la inspiración, hay que atribuirla a su laboriosidad sin ejemplo, a su paciencia sin rival y a su estudio, que no tuvo más límite que el de su muerte».
Las obras del poeta fueron publicadas en 1957 en la Biblioteca de la Presidencia de Colombia.

 

RODRÍGUEZ BALLESTEROS, ARMANDO (Bogotá, 1956). Realizó estudios de literatura y lingüística y de diplomacia. Cofundador y coordinador del Encuentro de Poetas Hispanoamericanos «Presencia viva de la poesía» y autor de los volúmenes antológicos sobre este evento anual, así como del colectivo |Postal de fin de siglo (1995).
Libros: |Presagios y migraciones (1986); |Lubros (1988); |Ojos de ritual (1997).
Sobre sus primeros libros dice Germán Espinosa: «Poeta esencialmente de la ciudad, no se limita a explorar, afirmándola, la forma de vida que es propia de la gran urbe, sino que se esfuerza constantemente por elevarla a la dignidad del mito»... Espinosa saluda «la irrupción de una nueva forma de visión en las letras colombianas. En su obra se inicia un estallido de símbolos, no meramente imaginarios, sino extraídos de la palpitante realidad, que mañana podría señalar el surgimiento de una nueva mitología literaria: la de las barriadas, la de los rascacielos, la de los individuos que fundan la multitud...».
Sobre el último libro dice, a su vez, el venezolano Juan Calzadilla: «En medio de ese espacio vigilado los rituales de Armando Rodríguez Ballesteros fluyen entre el desenfado, el deslumbramiento interno, la apología del desorden, la comicidad y la memoria autobiografiada y antologizada ...Se escribe con entusiasmo o no se escribe. Y | ésta es la razón que yo encuentro en Armando, quien hace con este poemario algo más que un ajuste de cuentas con la realidad que le resulta urgente e impostergable. Con él, también, a mi modo de ver, se abre una puerta».

 

RODRÍGUEZ DÍAZ, MARCEL (San Jerónimo, Antioquia, 1857; San Cristóbal, 1885). En Medellín fue diputado y fiscal del circuito. En Bogotá estudió derecho en el Rosario, ofició como fiscal y representante a la Cámara. Llegó también a coronel de la Guardia Colombiana. Discípulo de Rojas Garrido y amigo de Antonio José Restrepo y de otros líderes liberales. Murió tuberculoso y se perdió la mayor parte de su obra, pero muchos recuerdan y conservan aún poemas como |¿De dónde? ¿A dónde? que dedicó a Ñito, así como su |Himno al Sol.

 

RODRÍGUEZ MOYA, FRANCISCO (Santa Rosa de Osos, Antioquia, 1884; Bogotá, 1958). Estudió bachillerato en la Universidad de Antioquia y se graduó como ingeniero civil en la Escuela Nacional de Minas de Medellín, donde después fue profesor. Ocupó altos cargos públicos, como secretario de Hacienda de Antioquia, director general de Caminos, gerente del Banco de la República, senador y ministro de Agricultura y Comercio y de Obras Públicas en la administración López Pumarejo. Tuvo a su cargo el estudio y dirección de la construcción del Puente de Bolombolo y del Tranvía de Oriente. Consagrado y eminente catedrático, miembro de la Academia Colombiana de la Lengua. Tradujo mucha poesía y especialmente el |Hamlet de Shakespeare y |Fedra de Racine.
Libros: |Ratos de ocio (1901); |El nazareno —novela— (1903); |Prosas líricas (1907) y |Trovas románticas (1927).

 

RODRÍGUEZ ROSALES, JAIRO (Yascual, Nariño, 1960). Tiene licenciatura y maestría en literatura de la Universidad de Nariño.
Libro: |Fragmentos de un poema inconcluso (1994).

 

RODRÍGUEZ ROSALES, JAVIER (Yascual, Nariño, 1956). Profesor. Libro: |Ajetreos sigilares (1994).

 

RODRÍGUEZ TORRES, ÁLVARO (Zipaquirá, 1950). Estudió en Zipaquirá y es funcionario de la Biblioteca Nacional. Se destaca como traductor. Ha publicado los libros de poesía |Recordándole a Carroll (1982), |El viento en el puente (1990) y |En alabanza del tiempo (1993), editados por Colcultura, la Universidad Nacional y la Universidad del Valle, respectivamente.
Con el segundo de sus libros ganó el premio hispanoamericano de poesía «Octavio Paz» de Proartes de Cali.
Santiago Mutis Durán dice: «Todas las cosas que esta poesía nombra aparecen como distantes llamas, como leves sombras en donde arde todavía la imagen, vistas todas |más allá, al otro lado de una luz —que es tal vez el tiempo—. No se trata de señalar esencias, de arrancar la voz oculta de las cosas, tan sólo de no herirlas con el nombre que les ha sido dado... Allí donde comienzan a desleírse las imágenes de la razón, en el umbral—sólo en el umbral— de la religión de las cosas, está la zona que sobrevuela esta poética».
Y Edgar O’Hara: «Para Álvaro Rodríguez la poesía es ejercicio de reconocimiento y reticencia. |En alabanza del tiempo consigue que la mirada dispense la tarea de tocar el mundo —o la realidad, para tales efectos— y que «el lugar de lo más próximo» sea transfigurado en pequeñas relaciones» en el oscuro relámpago de lo visible»... Esta poética, cultivada desde ciertos maestros anglosajones (citas de Francis Bacon, T. S. Eliot, Auden; un poema de Blake apuntalaría la |visión, ya que no el lenguaje poético) y escondida en epígrafes de autores señalados nada más que por siglas, induce a pensar en una constante traducción de la realidad a lo invisible (o viceversa), de la cita al poema (y viceversa), de un director de cine (Tarkovsky) a unas imágenes desconocidas... Es un libro de poesía para poetas, en el buenísimo sentido de la palabra. Sin embargo, nunca cae en el regodeo intelectualista y por ello reclama, con justicia, su lugar en la escena. El que le corresponde».

 

ROJAS, JORGE (Santa Rosa de Viterbo, Boyacá, 1911; Bogotá, 1995). Creador, promotor y editor de los Cuadernos de Piedra y Cielo, que dieron nombre (el mismo de un libro de Juan Ramón Jiménez) al grupo del cual hicieron parte —y pasaron a la historia junto con él— Eduardo Carranza, Arturo Camacho Ramírez, Carlos Martín, Gerardo Valencia, Tomás Vargas Osorio y Darío Samper. Empleó su formación de abogado en favor y cuidado de su hacienda particular y de algún cargo público de excepción, como director-fundador del Instituto Colombiano de Cultura (Colcultura), donde cumplió una labor generosa de organizador y de editor y divulgador, especialmente en una colección de libros populares. Amigo de eminentes figuras internacionales del arte y la cultura, su mansión y su biblioteca eran un aristocrático y rico museo, donde hacía gala de su talante lúcido, alegre, chispeante de ingenio. Fue miembro de la Academia Colombiana de la Lengua y sobre su obra se han escrito varios libros, entre ellos los de Cecilia Hernández de Mendoza y Cristina Maya. «Poeta por antonomasia» para Álvaro Castaño Castillo, «fue uno de los mejores poetas de este siglo» (al decir de uno de sus sucesores en Colcultura, Juan Luis Mejía) y un «eminente sonetista . . .(eran tan perfectos que hubieran podido aparecer en el Siglo de Oro», según Álvaro Mutis). Prefería el terceto «como el más difícil» metro para un artífice del verso y asumió últimamente la creación de las tredécimas, de las cuales hizo un libro completo. Aunque el nombre de su ópera prima y el del grupo que fundó son homenajes a Juan Ramón Jiménez y a la generación española del 27, él dijo alguna vez: «Soy muy consciente de que la mía es una poesía anecdótica, absolutamente contraria a lo que predicaba Juan Ramón Jiménez. Lo nuestro está hecho con bases muy concretas (y ahí los incluyo a todos): mujeres, sonrisas, rosas, cosas materiales que se ven, que podemos apretar con las manos o llevar a los labios». Entre los numerosos homenajes que recibió en vida, destacamos el último, en 1993, cuando se le entregó el premio Aplauso en el Teatro Colón de Bogotá, en una solemne ceremonia que vino a ser la sustitución de las antiguas coronaciones a los poetas de aceptación general.
En su isla «Piedra y Cielo» en el lago de Tota, se instaló un faro como homenaje a su propietario, quien fue también el creador e impulsor del Festival Internacional de la Cultura de Tunja, a la que cantó en |La ciudad sumergida.
Sus libros de poesía: |La forma de su huída (1934); |La ciudad sumergida (1939); |Rosa de agua (1941); |Cinco poemas (1942); |Parábola del Nuevo Mundo (1945); |Poemas (1946); |La invasión de la noche (1946); |Soledades I (1948); |Soledades1 II (1965), con el cual ganó el Premio Nacional de Poesía «Guillermo Valencia» otorgado por la Academia de la Lengua; |Cárcel de amor (1976); |Nocturno de Adán (1976); |Suma poética (1977); |Obras completas (1978); |Y fue mi corazón (1979); |Soledades III (1985); |Obra poética (1986) |;El libro de las tredécimas (1991) |; Huella (1993) y el que resultó póstumo cuando apareció en 1995: |Facetas.
También concibió una obra de teatro: |La doncella de agua (1948), «donde me encuentro —dijo él— en mi cabal expresión» dramática y poética. Jorge Gaitán Durán dijo de ella: «Poéticamente es una culminación, es una de las más bellas y graves obras que se han escrito en el idioma español». En traducciones, se destaca su versión de |El cementario marino de Paul Valery.

 

ROJAS BUITRAGO, ALFONSO (Fusagasugá, 1910). Cursó filosofía y letras en Popayán. Periodista. Cantor de la provincia con afortunada sencillez.
Libros: |Ventanales (1977) y |De la nube y el limo.

 

ROJAS HERAZO, HÉCTOR (Tolú, Sucre, 1921). Cursó estudios de bachillerato en Cartagena y en Barranquilla. Su personalidad avasalladora, su rica y profunda experiencia vital, intelectual y artística, se han expresado con la misma fuerza y eficaz elocuencia en su narrativa, en su pintura, en el ensayo crítico y, lo esencial, en su poesía. Y aunque no se refiere a la multiplicidad de los géneros sino a la caudalosa corriente, al amplio despliegue de su escritura, podríamos aplicarle a esa totalidad lo que dice Fernando Charry Lara sobre la obra poética de Rojas Herazo: «Lo que pudiera a primera vista tomarse como dispersión es, por el contrario, fijeza y exactitud... Fuerza y vehemencia animan la poesía de Rojas Herazo con rasgos que son de su personalidad y de su acento cotidiano: el narrador, el pintor, el poeta. Leyéndole está a nuestro lado, de cuerpo presente, un universo de alegría y de duelo. Se combinan también una exuberancia y un rigor». Su gran aporte a la novelística de este fin de siglo aparece en |Respirando el verano (1962), |En noviembre llega el arzobispo (1967) y |Celia se pudre (1985). | Con las dos primeras obtuvo el premio Esso. La segunda fue traducida al alemán.
Rojas Herazo ha ejercido el periodismo de opinión en Cartagena, en Bogotá y en Madrid (durante diez años residió en España).
Su obra poética inicial fue publicada posteriormente a la de los primeros libros de los fundadores de Mito, pero por eso no se puede considerar «desdibujada» con respecto a la de aquellos —como lo dice la |Historia de la Poesía Colombiana— sino poderosamente viva, precursora y actual. Perdura en sus libros Rostro en la soledad (1952); |Tránsito de Caín (1953) |; Desde la luz preguntan por nosotros (1956); |Agresión de las formas contra el ángel (1961) | y |Las úlceras de Adán (1995). |Señales y garabatos del habitante, que reúne prosa y verso, fue publicado por Colcultura en 1976. Como pintor, ha realizado más de cuarenta exposiciones.
Gabriel García Márquez escribió: «Lo que han experimentado los lectores de |Rostro en la soledad, lo habíamos advertido en él mismo, los amigos de Rojas Herazo, cada vez que lo veíamos enfrentarse con una casi instintiva vehemencia a sus propios conflictos. El suyo era el espectáculo de un implacable animal de pelea. Así es su libro y así el sabor que queda después de él: la sensación de haber masticado escombros, de haber visto derrotar ante nuestros ojos las fuerzas que se hicieron adversas al hombre con el pecado original. En muy pocas veces se tiene el privilegio, el regocijo o la desdicha de estar tan cerca de tanta beligerancia. Es preciso decir a quienes deseen pesar y medir estos poemas, que Héctor Rojas Herazo ha vivido realmente esta batalla. Él, como hombre y como poeta —que llevado a sus últimas consecuencias es lo mismo— se ha enfrentado así a los seres y las cosas: los ha abatido y descuartizado. Rojas Herazo volvió a descubrir al hombre. No habría tregua en este libro. No habría reposo si en medio de esta barahúnda del hombre defendiendo su sitio central en la naturaleza, no surgiera de pronto, como algo extraño, pero también como el remanso que era preciso presentir, uno de los poemas más gloriosos que se han escrito entre nosotros: |La casa entre los robles».
Luis Rosales, premio Cervantes de Literatura 1982, dijo: «Ante todo es preciso degustar sus palabras y, por así decirlo, conocerlas por el olor. Parece que nos dejan un regusto en la lengua y forman un lenguaje muy prieto. Son palabras que huelen, palabras con raíces y se mueven apenas las miramos, un poco nada más, lo suficiente para que se desprenda tierra de ellas. Me atrevería a decir que en el olor comienza su comunicación con los lectores, y que hay que entenderlas sensorialmente. Vienen de lejos, sudorosas, desnudas, corporales y parturientas, como si no estuvieran escritas todavía».
Y Juan Manuel Roca: «... ¿Cómo hablar de un clásico vivo sin hablar del hombre? El hombre Rojas nunca ha cedido al carácter mimético de las modas. Como es un solitario, alguien que no guarda servidumbres intelectuales o políticas, como es un buscador de esencias —suyos son algunos de los retratos más hondamente trazados sobre poetas y pintores— siempre ha sido visto con respetuosa distancia, respetuosa sí pero al fin distancia, por el reino de los cortesanos, de aquellos que celebran los exhibicionismos de quienes se proclaman monarquistas u otras sandeces. Al fondo de la obra de Héctor Rojas Herazo reposa una visión de Colombia y del mundo, descarnada pero fecunda, crítica pero amorosa. Pálpitos y epifanías, fulgores y aromas centrados en el hombre, en el «pobre hombre» vallejiano. Por eso, el tema de su obra es el tiempo, el tiempo de ese pedazo de barro sublevado que es el hombre. Y en el fondo de ese tiempo el paraíso de la infancia resguardada por un patio...».

 

ROMÁN VÉLEZ, RICARDO (Cartagena, 1873-1915). Prosista polémico, poeta romántico y sencillo, cultivó también el verso festivo y satírico. Su poema |El cóndor fue laureado en Cartagena en 1911.
Libros: |Proemio, Abejas y |Selección de versos (1946).

 

ROMERO, ARMANDO (Cali, 1944). Licenciado en español y literatura de la Universidad del Valle, perteneció al grupo inicial del Nadaísmo en Cali. Máster y doctor en literatura latinoamericana de la Universidad de Pittsburgh, Estados Unidos, obtuvo el grado con una tesis sobre los poetas que él por primera vez agrupa con el nombre de Mito por haber colaborado en la revista del mismo nombre, ensayo que en 1985 fue publicado en libro por Procultura en Colombia con el nombre de |Las palabras están en situación. Viajó y residió en varios países de América y Europa, entre ellos Venezuela, donde fue promotor cultural, fundó revistas culturales, editó libros, hizo cine. En Grecia escribió un libro inédito hasta cuando aparece este |Quién es quién. Traductor e investigador, es actualmente profesor de literatura latinoamericana de la Universidad de Cincinnati, en Estados Unidos. «De poeta nadaísta a poeta totalista» lo define Eduardo Espina.
Libros de poesía: |Los móviles del sueño (1976); |El poeta de vidrio (Caracas, 1976); |Del aire a la mano (1983); |Las combinaciones debidas (Buenos Aires, 1989) y |A rienda suelta (Buenos Aires, 1991).
Sus libros de ensayos, fuera del mencionado al principio: |El Nadaísmo o la búsqueda de una vanguardia (1988); |Gente de pluma (1989).
Los de cuentos: |El demonio y su mano (1975); |La casa de los vespertilios (1982); |La esquina del movimiento (1992); |Una mariposa en la escalera —selección de los libros publicados— (1993) y la novela |Un día entre las cruces (1993).
Álvaro Mutis escribió: «Esta poesía de Armando Romero no tiene antecedente en ninguna escuela o grupo conocidos. Yo no le encuentro esas raíces, esos rastros que denuncian presencias ajenas, visiones retomadas, condición por cierto nada peyorativa siempre que esas presencias y esas visiones sean grandes y valederas. Yo encuentro en la poesía de Romero un acercarse, un palpar y narrar, luego, un mundo que le es esencial y sólo compartible a través de la delgada rendija de sus poemas. Qué envidiable y qué terrible condición es ésta. No creo que esta poesía goce —o padezca, según se mire— lo que suele llamarse una gran difusión, una cierta popularidad. Son poemas escritos sólo para poetas, son como agua que una noria febril devolviera a su cauce primitivo».
Y para su último libro escribió el poeta chileno Gonzalo Rojas: «Libros que se leen una vez y ya al cerrarlos los damos por leídos, y libros que se están leyendo siempre. Es lo que me ha ocurrido con este |A rienda suelta, al que le sale luz por todas partes, del poeta Armando Romero. No bien llegó a mis ojos el manuscrito, ya no pude soltarlo. Rehallazgo animal, si es dable decir, de esa América fresca que discurre en cada una de estas páginas. No es que otras piezas líricas suyas como El |poeta de vidrio y la versión conjunta |Del aire a la mano no resplandezcan con luz propia ni que desoiga aquí el portento de su narrativa ni —menos aún— su sistema crítico que llega al alumbramiento, pero esta construcción aérea y diamantina me toca de modo singular. Zumbido imaginario y zumbido real cortan y abren el juego con tal dominio en el oficio mayor que uno llega al encantamiento con participación mágica y todo hasta registrar con seso propio lo huidizo y permanente conforme a la mención de Sánchez Peláez. Si alguien anda todavía pidiendo imaginación para descifrar el mundo, aquí fluye a raudales desde un tratamiento del vértigo temporal que va más allá de los trabajos y los días».

 

ROMERO, PEDRO BLAS (Cartagena, 1949). Marino y obrero. Cofundador de la revista En Tono Menor.
Libro: |Las cartas del soldado desconocido (1971).

 

ROMERO GUZMÁN, NELSON (Ataco, Tolima, 1962). Estudió filosofía y letras en la Universidad Santo Tomás, en Bogotá. Profesor en la Unión Cooperativa de Colombia, en Ibagué. Primer premio en el concurso nacional de poesía «Fernando Mejía Mejía» de Manizales en 1993 con la segunda obra.
Libros: |Días sonámbulos (1988); |Rumbos (1995). | Ganó beca de creación Colcultura 1995 para su libro |Mundo sumergido.
William Ospina dice: «La vida es poderosa y grave en estos poemas y hay maneras, complejas y personales de nombrar el dolor, la angustia y la capacidad de persistir ante lo limitado o lo adverso. En este poeta no sólo hay ya la certeza de poemas magníficos sino la promesa de una voz llena de aliento y de caminos para los nuevos tiempos de la poesía en nuestra lengua».
Y Juan Manuel Roca: «Lo que más me seduce del libro |(Días sonámbulos) es su destreza para crear un clima denso con escasos recursos lingüísticos, con palabras sencillas, que no elementales. La cotidianidad ennoblecida por un alto rango de dignidad poética es lo que sale a la luz en sus poemas».

 

ROMERO VÁSQUEZ, AMPARO (Cali). Realizó estudios de literatura y periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.
Libros: |Silente evocación (1986); |Los gritos de las columnas (1988); |Sudores cobrizos (1990); |Poemas para danzar entre el fuego (1944).

 

ROVIRA, LUIS MARÍA (Bucaramanga, 1882; Bogotá, 1930). Estudiaba derecho cuando lo sorprendió la Revolución de 1899, en la cual tomó las armas. Viajó por España, Argentina, Chile y Perú. Fue prefecto de la provincia de Soto y miembro del Congreso Nacional.
Su soneto |Ocaso que aparece, entre otros, en |Poesía santandereana, fue seleccionado con los de Federico Martínez Silva y Julio César Arce para el homenaje a Pombo en 1905.

 

RUBIO DE DÍAZ, SUSANA (San Juan de Rioseco, Cundinamarca, 1902). Educadora, socióloga, cuentista. Presidenta del Centro Poético Colombiano. Autora de los siguientes libros de poesía: |Orquídeas (1929); |Almas cautivas (1938); |Clemencia (1955); |La reja de mi jardín (1966) |; Intimo (1971); |Una voz profunda (1974) |; Raíces del alma (1976). |
Lleva al verso emociones de su vida social y familiar |«casi de inmediato, sin elaborarlas demasiado, antes de que se desvanezcan. Su obra sufre a veces las consecuencias de una condescendencia generosa», dice Eddy Torres.

 

RUBIO SANDOVAL, LUIS HELÍ (Cúcuta, 1927). Abogado, catedrático, magistrado del Tribunal Superior.
Libros: |Geografía de la angustia (1952); |La tempestad de las corolas (1962).

 

RUBENS, DIANA —Isabel Pardo Torres de Hurtado— (Málaga, Santander, 1910). Educadora, ha escrito cuentos y ha colaborado en periódicos de Ecuador, Venezuela y Chile. Socia activa del Ateneo Ecuatoriano y de la Sociedad Bolivariana del Ecuador. Fuera de |Mujeres colombianas —biografías— (Quito, 1940), ha escrito los libros de versos |Voz de ausencia (1941); |Cristales festivos (1945); |Alberca de cristal (1953) y |Los caminos iluminados—poemas infantiles— (1953). Su poema |Por la paz fue víctima de la censura en tiempos de regímenes dictatoriales.

 

RUEDA MANTILLA, CARLOS (Piedecusta, 1919; costa del Pacífico, 1955). Aventurero, marinero, empresario de circos y «mil oficios más» —dice el libro |Poesía santandereana—. Combatió en Francia y firmó sus producciones literarias con el seudónimo de Rumantic.

 

RUIZ, JORGE ELIÉCER (San Gil, Santander, 1931). Desde su juvenil ingreso a la facultad de derecho de la Universidad Javeriana y al periodismo de opinión, una vida dedicada a los menesteres de la cultura y de la educación. Crítico de muy excepcionales dotes, promotor de prestigiosas publicaciones ideológicas y artísticas, entre ellas la revista Mito con sus entrañables amigos Jorge Gaitán Durán, Eduardo Cote Lamus, Pedro Gómez Valderrama y Hernando Valencia Goelkel. Rector de la Universidad Distrital y vice-rector de la Nacional y de la Central, secretario general del Ministerio de Educación, director de la Biblioteca Nacional, subdirector de Colcultura, consejero cultural de los presidentes Belisario Betancur y Virgilio Barco, consultor de la Unesco y de las Naciones Unidas. Autor de los libros |Política cultural en Colombia (París, 1976); |Sociedad y cultura (1984); |Baldomero Sanín Cano (1990); |Con los esclavos en la noria y otros ensayos (1992).
De poesía sólo ha publicado un libro: |Memoria de la muerte (1973). Ruiz escribió el prólogo y revisó la edición de |La otra raya del tigre de Pedro Gómez Valderrama para la Colección Ayacucho de Caracas, publicada en 1992, prologó y seleccionó la |Antología de Pedro Gómez Valderrama publicada por el Instituto Caro y Cuervo en 1995.

 

RUIZ, SALVO —Manuel Salvador Ruiz— (Concordia, Antioquia, 1880-1961). En las antologías poéticas de Antioquia figura su respuesta a la pregunta, en trova, de Ñito Restrepo sobre la virginidad de María. Y con razón (aunque Arturo Escobar Uribe le dijo a Sucesos, apoyándose en Ciro Mendía, que esas trovas no son de Ñito ni de Salvo... Hacemos, pues, la salvedad). Pero Manuel Salvador Ruiz no era un poeta letrado sino un trovador, el repentista más popular y querido en su región, que «deambuló de pueblo en pueblo en el suroeste antioqueño, en donde hay fiestas patrias y regocijos públicos; se le vio por veredas, estancias, fondas camineras, campamentos de mineros, caneyes en aliño de tabaco, bodegas... caminante empedernido y parrandero impenitente, con su tiple a la bandolera, listo a correrse sus vidrios y a jugarse en duelos de trovas». Arturo Escobar escribió un libro sobre él, denominado |Salvo Ruiz, el último juglar (1965). Y más tarde aparecieron sus |Coplas y trovas (1978).

 

RUIZ GOMEZ, DARÍO (Anorí, Antioquia, 1935). Si sabemos que Darío Ruiz Gómez, después de una larga temporada de vida y estudio en España, regresó a Medellín y se dedicó a buscar lo auténtico con una percepción más universal y a la tarea docente, que tanto sirve para enseñar como para aprender, comprenderemos mejor estas palabras de la presentación de su más reciente libro de versos |A la sombra del ángel (1990): «Desde |Señales en el techo de la casa (1974) y |Geografía (1979) la búsqueda poética de Ruiz Gómez se ha dirigido hacia lo esencial: fijar los términos del desacuerdo con el mundo, los bordes donde la existencia perpleja reclama los favores de la vida, donde el amor no es trazo dolorido sino visión de lejanía, donde la muerte es el otro rostro del vocablo anhelado. O sea el inicio del exilio pero también la recuperación del espacio natal». Esta «nostalgia del orden sagrado» sería la característica de su obra total, «donde lo lírico brota como la imagen de la confianza rescatada». En 1996 publica |Lugares: La soledad de la madre. Pero su obra entera en prosa respalda esa vocación apasionada. Su narrativa, ejemplo cimero de renovación y de búsqueda de lo verdadero escondido en lo visible, aparece en su novela |Hojas en el patio (1977), en sus libros de cuentos |Para que no se olvide su nombre (1967), |La ternura que tengo para vos (1973), «libro fundamental en la marcha del cuento latinoamericano de las últimas décadas», para el venezolano Salvador Garmendia; |Para decirle adiós a mamá (1986) y su lúcida magistratura en sus ensayos |De la razón a la soledad (1977), |Tarea crítica (de arte), |Proceso de la cultura en Antioquia y en otros textos sobre arquitectura, urbanismo, artesanías y artes visuales. Finalmente Darío publicó |En tierra de paganos, «un viaje al alma de Medellín» que nos ha dado también «parte de su alma» —como dice Ricardo Sánchez en su libro |Lecturas colombianas (1995) |—. Éste agrega: «Estamos ante la madurez de un escritor del género del cuento y del relato. Lo increíble es que aquí todo sea poesía, si se quiere lírica e intimista. Y sin embargo, está narrado en Medellín como especialidad humana, como tejido social, como paisaje de individualidades... Podría decirse que Ruiz es un realista crítico, acompañado de un intimista lírico, que busca en el lenguaje poético su fuente de inspiración. La tensión entre estas dos líneas, ha dado como resultado una obra que deja huella profunda en la literatura, en la vida sentimental y cultural de los colombianos».
Umberto Valverde opina: «Darío Ruiz hace una poesía que se proyecta hacia el mundo, no para dar un recuento ni inventario de la realidad, sino para recuperar la naturaleza en el mundo de la poesía, para nombrar las cosas, para hablar de «la tímida alondra», de «la recatada torcaza», de los pasos del vecino, en fin, «hacer que la palabra vuelva al quicio de la casa», para que de nuevo resplandezca nítida y limpia, vuelva a sonar en el poema como suena una piedra en las aguas transparentes de un río, olvidar pues la metafísica, las abstracciones intelectuales y recuperar las cosas perdidas».
Y Fernando Cruz Kronfly: «Como animal fuerte y tierno que aprende su propia sabiduría dándose contra los objetos y los hombres a contrapelo de nuestra inteligencia, el sistema poético de Ruiz Gómez logra alcanzar en |Geografía un nivel insospechado y una coherencia de maestría. No hay allí en ese libro inmenso, la sensación de fisura y estafa que produce la falsedad de quien habla de todo cuanto no conoce, como es tan usual... La luminosa erudición obra en el libro más como un olvido culto que como un fichero, permitiendo que todo transcurra como en la misma serenidad de los orígenes, en un lenguaje cuya economía sin compasión sólo se debe a la profunda verdad que contiene».
En 1994 cumplió Darío 25 años como profesor en la Universidad Nacional de Medellín. Alto comentarista de la cultura, «a veces con ánimo polémico, informando, remitiendo a debates centrales sobre la civilización urbana y las alienaciones que nos asechan y atrapan. Es un periodismo lúcido e intencionalmente ilustrado y hasta pedante». Jairo Morales dice, justamente, que «su lugar ha sido el de un señalador de horizontes, un abridor de caminos, un precursor de nuevas miradas, una avanzada contra el conformismo, el provincianismo, los complejos de inferioridad y el lugar común».

anterior | índice | siguiente