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MARTÍNEZ NIEVES, OTONIEL (Santa Marta). Profesor de español y literatura en colegios samarios, fundador de la Asociación Cultural del Magdalena «Gabriel García Márquez». Director del semanario Conquista, directivo de las seccionales departamentales de Fenalco y el Dane. Libro: |Vigilia de la soledad (1983).
Helcías Martán Góngora dijo que en este libro se transparenta «la sencillez primordial y su ayuntamiento, casi panteísta, con la naturaleza».

 

MATEUS, JORGE (Chiquinquirá, 1880: Bogotá, 1935). Escribió también ensayo y novela, biografía y crítica.
Libros de poesía: |Por la vida abajo, Padre trópico, Flauta, Tono menor.

 

MATTEI, OLGA ELENA (Arecibo, Puerto Rico, 1933). Hija de madre colombiana (paisa inequívoca: Echavarría), vivió desde niña en Caracas y en Medellín y allí demostró su hiperactividad, su sensibilidad y su vocación artística. Fue alumna de filosofía y letras, arte y decoración en la Universidad Bolivariana, que no la dejó graduar por haber participado en un reinado de belleza. Y muchas otras cosas que nos cuenta quien mejor la conoce, el poeta Alfredo Ocampo Zamorano: «Olga Elena no vive sólo para la poesía. Le interesa la ciencia (lee más ciencia que poesía), le interesa la música... Como bailarina que fue, ama el ballet y la danza... Es ratoncita de museos. Los conoce de memoria casi todos... Y últimamente, en su estudio constante, se ha dedicado a la naturaleza.., en los cientos de libros y documentales especializados en temas como biología o antropología, o arqueología u otras ciencias. Pero eso no es todo: desde su primer gran poema largo, |Pentafonía (1964), se ha dedicado a estudiar el cosmos y su física. Su temática cósmica culmina en su más reciente gran poemacantata, |Cosmoagonía (1993), que ha trabajado y presentado en multimedia, con música de un compositor mexicano, en varias capitales. La radio y la TV francesa había estrenado en París en 1976 su cantata |Cosmofonía, con música del compositor Marc Carles.
Desde su primer libro, |Sílabas de arena (1962) se manifiestan dos de las facetas de su poesía: la lírica amorosa y la social-comprometida. Antes de que conociera la obra del chileno Nicanor Parra, ella es la primera mujer que escribe anti-poesía...». También ha sido promotora de arte, modelo, presentadora, publicista, diseñadora, etc. Residió más de 20 años en el exterior. En New Jersey, tenía un balcón sobre el Hudson. En Medellín cumple múltiples labores culturales, periodísticas y editoriales.
Después de los libros ya mencionados, Olga Elena ha publicado |La gente (1974) y |Regiones del más acá (1994). En su presentación de éste, que incluye el resumen «retrospectivo» de su obra no publicada, dice que tiene 23 libros inéditos...
Para Rafael Maya, Olga Elena es «la primera poetisa colombiana». Y Álvaro Mutis le dijo: «En Colombia una voz de esa tensión y lucidez es más necesaria que nunca. Yo creo en la salvación por la poesía y tú serás la sibila que cumpla con esa tarea tan hermosa como urgente...».

 

MATTOS OMAR, JOAQUÍN (Santa Marta, 1960). Publicó sus primeros versos en Diario del Caribe de Barranquilla y con su primer libro ganó un premio en el concurso de poesía costeña de El Túnel y la Universidad de Córdoba, Montería, 1981. Dirigió con Álvaro Suescún y Miguel Iriarte el programa radial de poesía «Canción de la Vida Profunda» y El Comején, periódico literario, en Barranquilla. Trabaja en el Instituto de Cultura de la capital del Atlántico.
Libros: |Noticia de un hombre (1988); |Páginas de un desconocido (1989); |La caída de Ciudad Quilla (1993).

 

MAYA, CRISTINA (Bogotá, 1951) Licenciada en filosofía y letras, catedrática universitaria en literatura colombiana e hispanoamericana, en cultura griega y latina. Su obra literaria: |Historia y mito en la novela en Antioquia (1980); |Obra crítica de Rafael Maya —su padre— (1982); |Vida y obra de Jorge Rojas; Lo poesía de Rafael Maya: análisis e interpretación; La filosofía en la narrativa de América Latina y |Agueda Pizarro —entrevista— (1996).
Libro de poesía: |De pie sobre la vida (1991), a propósito del cual escribió Jorge Rojas: «Como los signos de puntuación son un enfático soporte de la expresión, tal la admiración que exalta el clima lírico en la poesía de Juan Ramón Jiménez, en Cristina Maya es la interrogación el signo predominante. Es como un retorcerse las manos en la espera de una respuesta. El signo de su lucha entre el sí y el no, entre la realidad y la fantasía, entre lo vivido que no podemos borrar y el ansia pura de seguir viviendo».

 

MAYA, JUAN ANTONIO (Popayán, 1879-1903). Militó a órdenes de Julio Arboleda en el 62 y se destacó en el combate de La Herradura. Como poeta, «fue uno de los primeros en romper el almibarado concepto de la poesía conceptista y pseudo-romántica que había imperado en esta ciudad durante los cuatro o cinco lustros anteriores», dice la |Historia de la Poesía en Popayán... «Si la muerte no lo arrebata a la temprana edad de 24 años, hubiera llegado a figurar en primera línea entre los aedas de nuestro Parnaso».

 

MAYA, LUIS ARTURO (Túquerres, Nariño, 1958). Abogado, actor y director de teatro.
Libro: |Vientos del sur (1992).

 

MAYA, RAFAEL (Popayán, 1897; Bogotá, 1980). Aunque «como prosista vale más que como poeta» (según dijo Sanín Cano, quien indudablemente sabía más de prosa que de poesía) y realmente Maya se destacara como uno de los más eminentes críticos, orador y, sobre todo, maestro de generaciones, su poesía, enmarcada cronológica y formalmente en la generación o grupo de Los Nuevos, es romántica, clásica y modernista «por el esfuerzo hacia la perfección, nobleza y claridad del idioma, y reflexiva concordancia entre el mundo de las sensaciones y el de las imágenes», según dice Fernando Charry Lara. La vida del ilustre payanés —que recibió «como un premio» el ser miembro del Congreso Nacional— fue, como lo dijo Carlos García Prada, consagrada «a la defensa de los grandes valores éticos y artísticos, y a la exaltación de las tierras y de los héroes nacionales... y siempre fiel a los dogmas y principios».
Maya inició estudios clásicos en el Seminario de Popayán. Siguió derecho en la Universidad del Cauca, quiso culminarlos en Bogotá pero la Universidad Nacional le frustró la carrera al desconocer sus calificaciones académicas regionales. Entonces abrazó como profesión el estudio y la enseñanza de las humanidades, que ejerció hasta sus postreros días, en la cátedra de los Andes. Fue director de publicaciones del Ministerio de Educación, de la crónica literaria de El País de Bogotá, de la revista Popayán, decano de Bellas Artes, director de la Radio Nacional, delegado de Colombia en la Unesco. Fundador de la Revista Bolívar y, desde luego, numerario de la Academia Colombiana.
Libros: |La vida en la sombra (1925); |Coros del medio día (1930); |Después del silencio (1935); |Tiempo de luz (1945); |Navegación nocturna (1955); |La tierra poseída (1965); |El retablo del sacrificio y de la gloria (1966); Obra poética (1972); |El tiempo recobrado (1975); Poesía (1979). Obra en prosa: |El rincón de las imágenes (1927); |Alabanzas del hombre y de la tierra (1941); |Consideraciones críticas sobre la literatura colombiana (1944); |Los tres mundos de don Quijote y otros ensayos (1952); |La musa romántica en Colombia (1954); |Estampas de ayer y retratos de hoy (1958); |Los orígenes del Modernismo en Colombia (1961); |Escritos literarios (1968); |Letras y letrados (1975).
E. Anderson Imbert en la |Historia de la literatura hispanoamericana dice: «Mesurado, inteligente, extendió los dominios de su poesía pero sin cambiar de índole. Sus sensaciones e imágenes se hicieron vertiginosas; sus ritmos se desbandaron y hubo más libertad y espacio en sus versos. Pero todo esto sin exhibicionismos. La misma contemplación de la naturaleza, armoniosa, enternecida, sencilla, se ahondó con los años sin que tuviera necesidades de romper estruendosamente con las maneras de la literatura de anteguerra. Es de temperamento clásico, que reflexiona sobre sus emociones y las obliga a un equilibrio entre lo nuevo y lo tradicional...».
A.Torres-Rioseco opinó: «Es un poeta delicadísimo y un excelente ejemplo de colombianismo poético, por esa cualidad de que ya he hablado de unir a un fondo de puro sentimiento una forma elegante y cultivada».
Jaime Duarte French, en el prólogo a la obra completa de Rafael Maya, que él publicó cuando era director de la Biblioteca Luis Angel Arango, dice: «El universo poético que Maya creó es un trasunto prodigioso del que toda criatura humana lleva en su espíritu, y que se nutre de las grandes y pequeñas cosas de cada hora, de esas que, según el decir de Ganivet, constituyen la trama del diario vivir Maya es en esto excepcional. Ningún poeta colombiano se le parece en el tratamiento que él les da a las cosas elementales que afectan el sentimiento, con la única excepción tal vez de José Asunción Silva, si bien Maya supera al bogotano en la amplitud, variedad y pureza de los acordes y registros que arranca su lira».
Y Cristina Maya: «Por la intensidad de su vitalismo cristalizado en cierto panteísmo naturalista, su adhesión a la tierra y al paisaje colombianos, su humanismo trascendental unido a la búsqueda de lo cotidiano y primigenio en los seres, y al tono sereno y claro de su lenguaje, la poesía de Rafael Maya rompe en gran parte con los esquemas del modernismo anterior y preludia una visión nueva de la poesía colombiana».

 

MAYA BETANCOURT, ARNOBIO (Pácora, Caldas, 1941). Salamineño «de espíritu y sueños» —pues en Salamina hizo sus estudios elementales y secundarios—, se graduó en la Universidad Libre de Bogotá y se especializó en pedagogía y psicología. Ha desempeñado cargos docentes y de administración, especialmente en la Escuela de Administración Pública y en el Servicio Nacional de Aprendizaje. Libros: |Lo protesta es el hombre (1972); Paréntesis para una huella (1982); |Viviendo en la palabra (1987).

 

MAYA BETANCOURT, JAIRO (Salamina, Caldas, 1936). Abogado de la Universidad Libre de Bogotá, adelantó estudios especiales sobre derecho administrativo. Realizó una carrera brillante en los juzgados, personería de Bogotá, Procuraduría General de la Nación, Tribunal Disciplinario y Tribunal Administrativo de Cundinamarca. Ha sido profesor de filosofía, sociología y literatura en algunos colegios, y principalmente de sociología general, humanidades, historia, ideas y ciencias políticas, metodología de investigación, ideas económicas, derecho público, administrativo y constitucional en las universidades del Quindío, Libre, Nacional, Católica, Autónoma y Gran Colombia, por lo cual recibió honores del Senado de la República en 1988. Como escritor, ha publicado ensayos, conferencias y otros textos de su especialidad, entre ellos |César Vallejo, un hombre, un poeta y una angustia; El intelectual y la sociedad y |Salamina, ciudad poesía, compilación poética que realizó con su paisano Rubén Sierra Mejía, y que fue publicada en Manizales en 1956. Y su propia poesía en los libros |Hombre a diario (1975) y |Páginas al viento (1987) con su hermano Arnobio. Entre los premios recibidos figura la Violeta de Oro de los juegos florales estudiantiles de Salamina en |1956.
La obra de Maya Betancourt es un vehemente testimonio de amor, de humanidad y de rebeldía contra la injusticia. Cuando publicó su primer libro, Fernando Soto Aparicio presentó así sus versos: «...En todos ellos se ve el oficio del poeta, no el del relumbrón de los salones sino el verdadero, el creador, el que se comparte a través del mensaje de su poesía. Maya es un poeta de tiempo completo, y lo es desde hace muchos años».

 

MAYA LÓPEZ, ROGELIO (Neira, Caldas, 1922). Graduado en derecho y economía de la Universidad Javeriana, especializaciones en la Escuela Superior de Administración Pública (Esap), en derecho internacional y en hacienda pública. Ejerce como abogado litigante.
Libros: |Alba en la soledad (1944); |Los poemas y los días (1963), con el cual ganó el premio nacional «Agripina Montes del Valle» del municipio de Salamina, Caldas, en 1960; |Entre el poema y el cosmos, segundo premio departamental de poesía de Caldas en su sesquicentenario (1980). Con el poema |Mi ser de autónoma luz, ganó medalla de oro en concurso departamental del Quindío en 1974 y con su poema Lluvia un premio literario nacional de la revista Mensaje en 1969. Posee condecoraciones de Panamá, Francia, Estados Unidos y España. Pertenece a la Academia de Arte de Nueva York, a la Academia de Historia de Boyacá y a otras instituciones nacionales e internacionales.
En su |Juicio en parábolas dice Hernando Salazar Patiño: «Su primer libro fue recibido con alborozo en el país. Todos coincidieron en señalarlo como una auténtica promesa lírica. Su prestigio rayó alto por entonces. Luego, el silencio. ¿Rogelio colgó su lira? ¿Su libro fue fugaz?, pregunta Horacio Gómez Aristizábal. No, respondemos. Lo que pasa es que su producción es lenta, macerada, discreta. Con intervalos de casi veinte años (sus otros libros). Y no ha dejado de sorprendernos su hontanar clásico, la música suave y versátil de sus versos, y su pureza». Y Abel Naranjo Villegas: «Maya López es un poeta que espera, como el tiempo, y esto quiere decir que tiene la desesperación rilkeana esencial a todo poeta. Estas liras de ahora suponen una trayectoria interior desde |Alba en la soledad, que va alcanzando su melodía esencial; el de su alma tan cargada de cosas para decir y hacer en el mundo real de la poesía».

 

MAZA GONZÁLEZ, DOUGLAS DE JESÚS (Barranquilla, 1954). Estudió en el Instituto Politécnico Nacional de México. Es médico del Hospital Manuel González de Ciudad de México, donde se especializó en pediatría. Primer premio en creación literaria del IPN de México D.F. en 1980. Becario del Instituto Nacional de Bellas Artes en 1978.
Libro: |Alrededor de lo mismo (1984).

 

MAZO, CARLOS (Sopetrán, 1895; Medellín, 1939). Estudió en San Ignacio y cumplió siempre su inspirada vocación de educador. Recogió sus versos en un libro llamado |Poesía y publicado en el Chocó en 1926. En concursos regionales fue premiado por sus cantos a Santa Rosa de Cabal y a Gregorio Gutiérrez González. Bohemio, inconforme, sus poesías son «realizaciones imaginarias», como lo dice Hernán Echeverri Coronado en |Biografía y obras completas de Mazo (1956). Y Gonzalo Restrepo Jaramillo afirma: «Empezó por ser poeta regional. Hizo su |Canto a Antioquia para matricularse en la Universidad del terruño como G. G. G., Epifanio e Isaacs».
Jaime Jaramillo Escobar dice: «Carlos Mazo tenía una sonoridad que gustaba y el sentido común lo acercaba a lo popular. Por eso sus versos hicieron carrera. Después de la publicación de su libro, su vida fue de andanzas y tertulias hasta 1939. En los años cincuenta se hablaba de él como si estuviera vivo».

 

MEDELLÍN, JORGE ALEJANDRO (Bogotá, 1963). Economista de la Universidad Externado de Colombia. Cuando su padre fue sacrificado en el holocausto del Palacio de Justicia, estudiaba en Europa y debió regresar a hacerse cargo, con sus hermanos, del Claustro Moderno que fundara Carlos Medellín Forero. Ha sido su rector y, como su progenitor, sigue dando a la labor pedagógica una alta inspiración cultural, que se manifiesta, entre otros logros académicos, en un concurso anual de poesía entre bachilleres. Autor de un libro íntimo, realmente un homenaje familiar, denominado |La mensajera (1990), en 1993 publicó una nueva obra, |Esta vocación particular a la errancia, a la cual se refiere la escritora argentina (su profesora en París) Alicia Dujovne Ortiz, en los siguientes términos: «En este largo y extraño poema, Jorge Alejandro Medellín elige la aparente incoherencia de un |antipensamiento femenino, laberinto que le permitirá perderse y encontrarse a sí mismo. Poema valiente, áspero, denso, y de una asombrosa originalidad en un continente donde pocos han comprendido que un guerrero de músculos crispados por el miedo sólo se convierte en hombre cuando le quita la mordaza a la mujer que lo habita».

 

MEDELLÍN FORERO, CARLOS (Zipaquirá, 1928; Bogotá, 1985). Ilustre jurista y educador, se destacó como autor de obras didácticas y textos universitarios, entre ellos |Instituciones políticas de Colombia, Introducción a la estética del derecho, Lecciones de derecho romano, Tu idioma al día, Español y literatura. Fundador de la Universidad Central, fue también decano de estudios y rector (e) de la Universidad Externado de Colombia, secretario académico y rector (e) de la Universidad Nacional y presidente de la Asociación Colombiana de Universidades (publicó entonces un libro sobre esta experiencia y los ensayos |La universidad conflictiva y |Cuestiones universitarias) y fundó y dirigió su propio Claustro Moderno. Gran melómano y crítico de arte, fue fundador también de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, director de las revistas Doce Voces y Bolívar. Funcionario público como jefe de divulgación de cultura del Ministerio de Educación, secretario de Hacienda y contralor de Cundinamarca. Miembro de numerosas academias y galardonado a pesar de su innata modestia. Su obra poética, después de sus primeros libros, |Poemas (1947) y |Moradas (1951), que ganó el premio Espiral (nombre de la editorial principal del grupo de los «cuadernícolas») fue muy discretamente publicada en vida por el autor y consiste en los libros |El aire y las colinas (1965), Detrás de las vitrinas (1976) así como el libro de cuentos |El encuentro (1982). Póstumamente, en 1993, su familia publicó su obra poética inédita con el título de |Palabras rescatadas.
Aurelio Arturo escribió en 1947: «Carlos Medellín, con una emoción desbordante de sinceridad, se enfrenta a los problemas de la vida y del mundo que se ofrece a sus ojos cargados de pasión y de maravilla. La calidad lírica se acusa firmemente y el instinto, la intuición del poeta, con admirable seguridad capta la huidiza forma del sueño poético y lo retiene en las mallas del ritmo. Quien es ya dueño de un presente tan logrado, de una obra hecha de tan fina y auténtica poesía que se destaca con voz propia, con acento singular, no será nunca en el futuro una figura opaca y sin brillo, un dato más en la historia literaria, sino una cifra bien alta de la poesía colombiana».

 

MEDINA CASTRO, MIGUEL (Popayán, 1885-1908). En su ciudad natal estudió con los maristas y en el seminario. Después con los jesuítas en Pasto y en la Universidad del Cauca comenzó medicina pero falleció prematuramente, víctima de una cruel enfermedad. Su obra es destacada por antologistas como notable cuanto ignorada. La mayor parte de sus sentidos manuscritos desaparecieron.

 

MEDINA DELGADO, MIGUEL (Popayán, 1852-1905). Educador, abogado y, como todos los escritores y políticos de su generación, soldado en la Guerra de los Mil Días (jefe de Estado Mayor). Magistrado en Cali y Popayán y representante a la Cámara. En 1908 escribió Daniel Gil y Lemos sobre su obra poética: «Don Juan Valera cree que de las poesías... de Colombia en el centenario de Bolívar sólo saltarán al muro del presente la |Oda de Caro y |el Homenaje de Medina Delgado... Este vivirá por su obra literaria saboreada así, en la serenidad de un concepto que huyendo de dogmatismos pedantes, se atempera al momento que le tocó llenar. Piedras de una firme pureza andan dispersas en cuanto loó, que denuncian al poeta: rima noble, música egregia, límpido concepto, superior por estas virtudes a cuanto se cantó en su época».

 

MEJÍA, DOLLY (Jericó, Antioquia, 1920; Madrid, España, 1975). Vivió su juventud en Medellín. Estudió periodismo en España y museología en Francia. Corresponsal cultural de El Tiempo en Madrid por varios años.
Su obra poética: |Las horas doradas (1945); |Alborada en la sangre (1946); |Raíz del llanto (1948); |El pastor y sus estrellas (1949); |Manos atadas (1951); |Presencia del amor (1955); Luna rosada (1956); Antología poética (1957).
Fue, pues, muy prolífica y alcanzó gran popularidad por su vitalidad, emotividad y desbordado erotismo que tal vez hoy haya sido superado por mujeres de una época más liberada y menos provinciana.

 

MEJÍA, EPIFANIO (Yarumal, Antioquia, 1838, Medellín, 1913). Vivió—si eso puede llamarse vivir— más de 40 años recluído en el manicomio de Medellín, donde falleció. A pesar de tan triste circunstancia, que podría haber dado a su obra, como sucede con algunos locos geniales de la literatura universal, un carácter oscuro y misterioso, su poesía fue tan sencilla, clara y natural, que es considerada entre las más espontáneas y sentidas del parnaso colombiano, tal vez en familiar pareja con la del lúcido y tantas veces prosaico Gregorio Gutiérrez González. Y fue tan amado por los suyos, que uno de los pueblos más pragmáticos de la tierra adoptó como su himno, que canta orgullosamente en toda oportunidad pública, |El canto del antioqueño. Epifanio recogía esmeradamente sus versos, copiados a mano, en un cuaderno que bautizó |Crepúsculos y auroras. Después de la muerte del bardo montañero, se publicaron sus obras («bastante completas»), que incluyen |Poesías escogidas (1934), presentadas por Juan de Dios Uribe, y |Obras completas (1939), edición crítica dirigida por Félix Restrepo en nombre de la Academia Colombiana de la Lengua y de la Gobernación de Antioquia. Después, siguen publicándose selecciones de sus versos, algunos musicalizados.
El padre Félix Restrepo dijo sobre la poesía de Mejía: «La inspiración suplió en él, por modo admirable, el difícil aprendizaje de las reglas del arte. En sus manos era la lengua blanda cera... Nunca usó cinceles ni martillos para repujar y pulir estrofas magistrales. El romance, la seguidilla, los moldes más ordinarios le sirvieron a maravilla para sus creaciones. Limpio arroyuelo que corre sin ruido entre el musgo de verde pradera es su canto, aunque de vez en cuando se desata en cascadas de entusiasmo o se estrella furibundo contra las rocas de la tiranía. Él y Gutiérrez González fueron, sin duda, los dos grandes poetas del pueblo antioqueño en el siglo XIX. Sus versos no morirán jamás. Se repetirán con ternura y emoción en ésta y en las sucesivas generaciones».

 

MEJÍA, LIANA (Medellín, 1960). Médica. Premio nacional de poesía Universidad de Antioquia. Libro: |Extraña en mi memoria (1983); |Los viajeros del sueño (1985). Juan Manuel Roca dice que Liana Mejía «es una voz en formación, cada vez más consolidada. La economía en su lenguaje, sí, pero también esa manera que tiene de adentrarse en las atmósferas densas de su ciudad y de sus sueños, dan cuenta de una poética hecha con la firmeza de quien elige a conciencia sus elementos».

 

MEJÍA MENDOZA, GUILLERMO (Barranquilla, 1954). Sociólogo de la Universidad Autónoma del Caribe, ahora profesor. Director del programa radial Agenda Cultural del Caribe. Libro: |Disertación de la noche.

 

MEJÍA MEJÍA, FERNANDO (Salamina, 1929; Manizales, 1986). Estudió bachillerato en el Colegio Seráfico (de los padres franciscanos) en Cali. «El poeta mayor de Caldas» —según La Patria— desempeñó, con la discreción que le fue característica, cargos en la banca y en la administración pública, pero fue un poeta de tiempo —y angustia— completos, de «gran hondura humana» según Antonio Llanos.
Obra poética: |Fuego entre la rosa (1953), que ganó el Concurso «Espiral» (nombre de la editorial que divulgó y estimuló los versos «cuadernícolas»); |Cantando en la ceniza (1963); |Los días sagitales (1966); |Elegía sin tiempo (1978); |La heredad y el exilio (1987); |Un bosque flotando entre ciudades (1995). También publicó, en prosa, |Perfiles y nostalgias (1983), en el cual, según Hernando Salazar Patiño, «nos propone un viaje por el continente poético de sus grandes admiraciones».
Ganó el premio nacional de poesía «Selección poética» de la Extensión Cultural de Cundinamarca en 1963 por su poema |Sinfonía de lumbres ausentes, y el primer puesto en el concurso nacional «Agripina Montes del Valle» en el sesquicentenario de su ciudad natal (de los dos) en 1977. Fue incluido en la antología español-inglés |Colombia en la poesía, de Charles Halliburton. Con su nombre se creó la Fundación y la Casa de Poesía en Manizales en 1988.
Álvaro Mutis, primo del poeta caldense, dijo en el prólogo para su libro póstumo: «La poesía de Fernando Mejía Mejía es una larga, medida, honda meditación sobre las gentes y la tierra en donde resolvió —con sabiduría que le envidio— vivir con la elegante discreción de una raza que si bien supo desmontar lo más bravo de la tierra colombiana, también tiene una privilegiada tendencia al delirio visionario, a la devoción por las más arduas alquimias del alma y a la aventura de perderse en horizontes desconocidos. Encuentro de la mayor importancia el que se haya reunido lo que Fernando escribió y que se ponga al alcance de la juventud de Colombia. En un país en donde el signo de la destrucción y el olvido preside con tan implacable furor cada hora de la vida, esta voz transparente de un hombre bueno, en el sentido en que lo entendía otro gran aislado y otro gran tímido, don Antonio Machado, puede significar un comienzo de la casi abolida esperanza».

 

MEJÍA MEJÍA, JAIME (Salamina, 1861-1953). En Bogotá se graduó en ciencias naturales y medicina y fue miembro de la Academia Médica, que le otorgó premios en anatomía y patología. Diputado a la Asamblea de Caldas, representante al Congreso, fue condecorado con la Cruz de Boyacá por el presidente Eduardo Santos.
Sus versos, ya de condición didáctica o de sabor festivo, fueron publicados en diversos periódicos y en revistas y una de sus poesías, |Así es el mundo, fue laureada. Publicó también artículos en prosa, entre ellos y fuera de los científicos, sobre el general Uribe Uribe y sobre el padre José Joaquín Barco. Libro: |Obra literaria (1960).

 

MEJÍA MEJÍA, LUIS FERNANDO (Pereira, 1941). Primer premio nacional de poesía en 1964. «Periodista, viajero por medio mundo, excelso poeta, superior a cualquier ponderación» proclama su paisano Miguel Alvarez de los Ríos en |Poetas y poemas de Risaralda (1995).
Libros: |Las bienaventuranzas (1964); |Resurrección de los juguetes (1964); |Alquimia de los relojes clausurados (1969); |Camino hacia la luz (1974); |Los relatos de Lucio Malco.
Al referirse a uno de sus poemas dice Cecilia Caicedo algo que parece intuir un aspecto biográfico: «El futuro del hijo (le) sirve como pretexto para inquirir sobre el curso social. En el poema cuestiona valores, la inseguridad en el recorrido vital, la inconsistencia de la realidad que parece tambalearse en este poema escrito en la década de los 60s. De aquel tiempo a éste en donde la ilación del curso social ha ahondado los caminos de descomposición, ese poema tiene el valor del anticipo».

 

MEJÍA VALLEJO, MANUEL (Jericó, 1923). Conocido internacionalmente por sus novelas que han ganado premios tan importantes como el Nadal de España |(El día señalado, 1963), el «Rómulo Gallegos» en Venezuela |(La casa de las dos palmas, 1989), el «Vivencias» de Cali |(Aire de tango, 1973), el Casa de las Américas de Cuba |(Las muertes ajenas, 1972), el de Editorial Losada de Buenos Aires |(Al pie de la ciudad, 1958) y muchos otros especialmente por sus cuentos, Mejía Vallejo —considerado como una de las figuras estelares de la intelectualidad antioqueña y digno sucesor de sus grandes narradores— sorprendió con la publicación de sus versos, que en principio se creyó que sólo eran coplas de carácter folclórico pero que demostraron una muy personal y profundamente vivida manera de interpretar su más auténtico mundo íntimo.
Sus libros de poesía son: |Prácticas para el olvido (1977); |El viento lo dijo (1981); |Soledumbres (1990); |Memoria del olvido (1990). Sobre Porfirio Barba-Jacob publicó un libro que es una gran crónica: |El hombre que parecía un fantasma (1984), y sobre escritores de su generación escribió |Hojas de papel (1985).
Mejía Vallejo lleva la docencia en el alma, pero en donde se ha sentido más cómodo es en el periodismo, que lo ha lanzado muy lejos (también en el sentido de que, como su paisano Barba-Jacob, ha sido un errabundo buscador de experiencias, un «vividor» —en el sentido filosófico— y bebedor —en el sentido de quien quiere calmar toda sed—...). Trabajó en Venezuela, inclusive como editorialista de un diario; en Centroamérica (principalmente en Guatemala) y, cómo no, también hizo su periplo por esa Europa que buscaban todos los intelectuales de izquierda (que, paradójicamente para nosotros quedaba, en el mapa, a la derecha). Obras suyas fueron traducidas al ruso, alemán, holandés, danés, francés e inglés. Y recibió condecoraciones de Moscú, París, Frankfort, Madrid, Buenos Aires, Caracas, sin contar las incontables de su patria. Las universidades Nacional y del Valle le otorgaron el doctorado «honoris causa».
Álvaro Mutis le escribió a Mejía Vallejo: «Yo lo que quiero ahora es hablar un poco de tus décimas, que prolongan y enriquecen notablemente el terreno labrado con |Prácticas para el olvido, tu libro de coplas que presenté aquí en México... Ahora, en |El viento lo dijo, se vuelve a repetir el milagro, sometido esta vez a la más exigente y arriesgada de las formas métricas, la décima. Pero encuentro que has salido airoso y con fortuna y no tanto por tu dominio del metro en cuestión, que encuentro admirable, sino porque lo que dices es verdad... Hay en este nuevo libro tuyo de poesía una verdad tan probada de la vida y su experiencia, una tan desnuda evidencia de lo que el olvido y la muerte van tomando de nosotros mismos, que habría que remitirse a las más antiguas, puras y permanentes raíces de la poesía en nuestra lengua para encontrar tan certero testimonio de nuestro destino... Y también encuentro que has definido una de las claves del alma de nuestra gente antioqueña, su vocación de errancia, tan por encima observada hasta ahora».
Y Elkin Restrepo dijo cuando conoció |Memoria del olvido: «Mejía Vallejo, que antes cazó culebras con lazo y domó potros cerreros, lidia ahora con el tigre de la poesía, una vocación más entre otras muchas suyas de novelista, dibujante, cuentista, periodista, conversador infatigable, fabricante de juguetes, bebedor consumado, maestro y tribuno.., ahora ensaya el verso libre y, por supuesto, consiguiendo algo bien difícil: comunicamos su realidad y misterio, entonar su elegía. Es, pues, la poesía el ejercicio espléndido del poema, una faceta que no por ser la más nueva dentro de su obra generosa, es la menos importante. En últimas, Manuel Mejía Vallejo ha sido siempre un altísimo poeta y ahora él lo sabe».
En 1997 la Biblioteca Pública Piloto de Medellín publica |Memoria compartida con Manuel Mejía Vallejo por Augusto Escobar Mesa y Editorial Norma la novela |Los invocados, secuela de |La casa de las dos palmas. La Feria Internacional del Libro le ofreció un homenaje, uno de los últimos entre los muchos que se le han tributado.

 

MEJÍA VELILLA, DAVID (Medellín, 1935) |. Abogado de la Pontificia Bolivariana, doctor en derecho canónico por la Universidad de Santo Tomás, en Roma. Miembro de número de las academias colombianas de la Lengua, Historia, Educación e Historia Eclesiástica y del Instituto Sanmartiniano, y correspondiente del Instituto Uruguayo de Historia y Geografía. Miembro fundador de la directiva de Colcultura, presidente del Pen Club de Colombia, vicepresidente de la Unión Nacional de Escritores, director de la revista Arco. Se ha destacado, pues, como escritor y educador católico: profesor universitario de derecho y literatura, decano de derecho y de comunicación social, director y miembro del Consejo Superior de la Universidad de la Sabana desde su fundación; director del Instituto de Humanidades. Presidente de la Asociación para la Enseñanza, Aspaen.
Libros: |Paisajes claroscuros (1964); |Regreso a la montaña (Madrid, 1965); |Los silencios (1966) —el maestro Fabio González Zuleta escribió un ciclo de once canciones con textos de este libro, estrenadas en Canadá e interpretadas en Alemania y en Colombia—; |Reminiscencias de la vieja literatura americana (1965); Nocturno de las criaturas (1966); |Icono, los días de la memoria (1968); |Historia del poeta, hábito de la ternura (Cuenca, Ecuador, 1970); |Estación de Dios (1973); |Canto continuo —antología— (1973); |Berrío íntimo —biografía de Pedro Justo— (1975); |Pequeño Eliot (1980); |Canto llanto (1981); |Los días y las noches (1983); |Memoria de Dios (1985); |Clásicos hispanoamericanos —primer tomo en 1988, tercero en 1993—; |Sobre la enseñanza de las humanidades (1990); |Vitrales (1997).
Jorge Rojas habla de la obra poética de Mejía Velilla: «Tomo estos libros de versos como una herramienta para abrir el sendero que me conduzca a los más íntimos parajes del alma. ¡Qué sustracción de la gravedad! (Como la luz en la rendija de un muro). ¡Qué delicada y violenta disección de los conceptos y de las sensaciones! ¡Qué modo de separar en transparentes laminillas la masa ontológica! ¡Qué modo de hacer perdurar los súbitos espejismos de la conciencia!... Como toda verdadera poesía es una biografía en milenios no de un hombre sino del ser, estos libros encierran memorias celestes crónicas ultratemporales, experiencias no vividas: por eso este relato del paso del poeta sobre la tierra está escrito con signos de misterio. Seguramente en esta reivindicación del sueño a través de los objetos y del concepto por medio de la imagen, resida el meollo de la poesía... Razón de más para que al dejar estas páginas padezca el temblor y el gozo de una iniciación y siga obsesionado, absorto, deambulando por el misterio de sus círculos».
Y Jorge Zalamea le dijo a Mejía Velilla sobre sus versos: «Los he leído con la apacible sensación de fresco reposo con que se mira, casi sin verlo, un lago quieto, un dibujo geométrico, una gaviota que repentinamente se inmoviliza en su vuelo... Su brevedad, su sencillez y su pureza hacen de ellos una especie de rocío matinal con el que es grato limpiar las altas fiebres nocturnas... Encuentro ya en su libro algo no muy frecuente, al menos para mí, en la más reciente poesía colombiana: la capacidad de despertar el interés por su obra posterior y el deseo de leer esta obra».

 

MEJÍA Y VALLEJO, FRANCISCO IGNACIO (Rionegro, 1753-1819). En su ensayo |Doscientos años de poesía en Antioquia publicado inicialmente en El Colombiano en 1987 dice Jaime Jaramillo Escobar que «la fecha inicial está determinada por el nombre de Francisco Ignacio Mejía y Vallejo, autor de las primeras composiciones poéticas que conserva la crónica. Refiriéndose a él, en conferencia sobre la poesía humorística, Ciro Mendía dijo haberlo sacado «del fondo de la historia de la raza». El suplemento está ilustrado con unos versos de Mejía y Vallejo, detalle de un cuadro votivo ofrecido por el poeta y su hermano Félix (1790), en la Casa de la Convención de Rionegro, y que dice: «Aunque de Salomón los pasos sigas, / usurero se ve vuestro tributo, / pues lo haceis por gozar el dulce fruto / de las de Ruth simbólicas espigas; /justo será, por eso, que recibas / el retorno felice que os espera, / pues es obvio, que en la una y otra esfera, / gozará vuestro espíritu jocundo;/ de aquella gloria que permite el mundo, / y de la Empírea, eterna, verdadera».
Ernesto Tobón, quien informa que Francisco Ignacio fue tío de Liborio Mejía, dice: «Bien podemos decir que el primer poeta rionegrero, y quizá de todo lo que fue Antioquia la grande, es don Francisco Ignacio Mejía, conocido como el Tío Pacho. Su posición económica, social y cultural, le permitió escribir de todo y sobre todos; pero su copiosa producción no pudo ser publicada. La índole picaresca de sus versos los hizo muy populares, pero los condenó a pasar de memoria y clandestinos».
Y Benigno A. Gutiérrez lo califica como «repentista, de musa quevedesca, cuyos resalados chispazos conservan su memoria». Y es que el humor —concluye Jaime Jaramillo— así sea del siglo XVIII, mantiene viva la poesía.

 

MÉNDEZ CAMACHO, MIGUEL (Cúcuta, 1942). Abogado, periodista, profesor de humanidades e ideas políticas, ministro consejero de la Embajada de Colombia en Buenos Aires, decano de comunicación social en la Universidad Externado de Colombia. Publicó dos libros de crónicas y reportajes: |Papeles (1978) y |Perfil y palote (1983). También fue secretario de gobierno de Cúcuta y de educación de Norte de Santander, y subdirector de Colcultura. Fundó allí los concursos «Cote Lamus» de poesía y «Gaitán Durán» de cuento.
Perteneciente a la «generación sin nombre» que, por lo mismo, ha sido bautizada de muchas maneras, entre otras «generación de Golpe de Dados», quien así la consigna en |la Historia de la Poesía Colombiana (1991), James Alstrum, dice de los libros y de los versos de este poeta: «Muy alejado geográfica y artísticamente de la cuna antioqueña del Nadaísmo, Miguel Méndez Camacho, un coetáneo de Elkin Restrepo y oriundo de Cúcuta, cultivó desde joven una breve pero sólida obra poética animada por Eduardo Cote Lamus (1928-1964), un poeta importante de Mito. La poesía de Méndez Camacho trae anécdotas cotidianas y un lenguaje claro y a veces coloquial que conmueve sin vocablos rebuscados ni retórica altisonante. En su primer poemario, |Los golpes ciegos (1968), predominan los temas gemelos de eros y logos y unas elegías. Son inolvidables (algunos de sus versos). En su segundo libro, titulado Poemas |de entrecasa (1971), se destacan perfiles líricos de seres queridos y descripciones de lugares recordados con nostalgia mediante imágenes aparentemente sencillas pero dotadas de gran fuerza patética. |Instrucciones para la nostalgia (Buenos Aires, 1984) es una antología personal que recoge algunos poemas de los libros anteriores y agrega otros. Este poemario parece captar en su título la temática central y el tono general del autor, quien tiende a ser más romántico y optimista que la mayoría de sus coetáneos».
En la reseña de este último libro, publicado en la Argentina, Darío Jaramillo dice que Méndez es un pesimista sensual, lleno de afectos familiares. «El es una excepción que desvirtúa el cultismo de los poetas de su generación y un buen ejemplo de tratamiento de lo erótico. Su tono es coloquial, económico y, en este sentido, opuesto a la exuberancia surrealista de Roca».
Jaime Jaramillo Escobar le dice |a Méndez Camacho: «Entre los doscientos poetas que dice tener Colombia, tú y David (Bonells Rovira) se destacan por sus voces claras, frescas, originales, teñidas de una grave nostalgia que sin duda viene de un pasado turbulento, pues la tristeza es a la postre la herencia del guerrero. Sirve también este libro |(Instrucciones para la nostalgia) para renovar la vigencia de esa poesía y extender tradiciones de mucha significación. Puede decirse de ustedes que continúan a Gaitán Durán y Cote Lamus por el concepto de arte que rige su obra, por su categoría intelectual, por su fidelidad natural a los ariscos ancestros».
Y Juan Manuel Roca: «El tono narrativo, de cosa hablada, está atravesado de imágenes serenas que recuerdan la afirmación de Eliot: «Al poeta puede interesarle sólo expresarse en verso, empleando todos los recursos de las palabras, su historia, sus connotaciones, su música, ese oscuro impulso. No sabe lo que tiene que decir hasta que no lo ha dicho... Sólo le interesa hallar las palabras justas, o, siquiera, las palabras menos desacertadas. No le importa si alguien llega o no a oírlas». Estos elementos que se vuelven |dictum en Eliot los encuentro en la poesía de Sánchez Camacho. Historia y connotaciones tienen una secreta musicalidad, raro dictado que impone ritmo a las palabras justas, que son como agujas en el pajar del lenguaje».

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