MARTÍNEZ NIEVES, OTONIEL (Santa Marta). Profesor de español y
literatura en colegios samarios, fundador de la Asociación Cultural
del Magdalena «Gabriel García Márquez». Director del semanario
Conquista, directivo de las seccionales departamentales de Fenalco
y el Dane. Libro:
|Vigilia de la soledad (1983).
Helcías Martán Góngora dijo que en este libro se transparenta «la
sencillez primordial y su ayuntamiento, casi panteísta, con la
naturaleza».
MATEUS, JORGE (Chiquinquirá, 1880: Bogotá, 1935). Escribió
también ensayo y novela, biografía y crítica.
Libros de poesía:
|Por la vida abajo, Padre trópico, Flauta,
Tono menor.
MATTEI, OLGA ELENA (Arecibo, Puerto Rico, 1933). Hija de madre
colombiana (paisa inequívoca: Echavarría), vivió desde niña en
Caracas y en Medellín y allí demostró su hiperactividad, su
sensibilidad y su vocación artística. Fue alumna de filosofía y
letras, arte y decoración en la Universidad Bolivariana, que no la
dejó graduar por haber participado en un reinado de belleza. Y
muchas otras cosas que nos cuenta quien mejor la conoce, el poeta
Alfredo Ocampo Zamorano: «Olga Elena no vive sólo para la poesía.
Le interesa la ciencia (lee más ciencia que poesía), le interesa la
música... Como bailarina que fue, ama el ballet y la danza... Es
ratoncita de museos. Los conoce de memoria casi todos... Y
últimamente, en su estudio constante, se ha dedicado a la
naturaleza.., en los cientos de libros y documentales
especializados en temas como biología o antropología, o arqueología
u otras ciencias. Pero eso no es todo: desde su primer gran poema
largo,
|Pentafonía (1964), se ha dedicado a estudiar el
cosmos y su física. Su temática cósmica culmina en su más reciente
gran poemacantata,
|Cosmoagonía (1993), que ha trabajado y
presentado en multimedia, con música de un compositor mexicano, en
varias capitales. La radio y la TV francesa había estrenado en
París en 1976 su cantata
|Cosmofonía, con música del
compositor Marc Carles.
Desde su primer libro,
|Sílabas de arena (1962) se
manifiestan dos de las facetas de su poesía: la lírica amorosa y la
social-comprometida. Antes de que conociera la obra del chileno
Nicanor Parra, ella es la primera mujer que escribe
anti-poesía...». También ha sido promotora de arte, modelo,
presentadora, publicista, diseñadora, etc. Residió más de 20 años
en el exterior. En New Jersey, tenía un balcón sobre el Hudson. En
Medellín cumple múltiples labores culturales, periodísticas y
editoriales.
Después de los libros ya mencionados, Olga Elena ha publicado
|La gente (1974) y
|Regiones del más acá (1994). En su
presentación de éste, que incluye el resumen «retrospectivo» de su
obra no publicada, dice que tiene 23 libros inéditos...
Para Rafael Maya, Olga Elena es «la primera poetisa colombiana». Y
Álvaro Mutis le dijo: «En Colombia una voz de esa tensión y lucidez
es más necesaria que nunca. Yo creo en la salvación por la poesía y
tú serás la sibila que cumpla con esa tarea tan hermosa como
urgente...».
MATTOS OMAR, JOAQUÍN (Santa Marta, 1960). Publicó sus primeros
versos en Diario del Caribe de Barranquilla y con su primer libro
ganó un premio en el concurso de poesía costeña de El Túnel y la
Universidad de Córdoba, Montería, 1981. Dirigió con Álvaro Suescún
y Miguel Iriarte el programa radial de poesía «Canción de la Vida
Profunda» y El Comején, periódico literario, en Barranquilla.
Trabaja en el Instituto de Cultura de la capital del
Atlántico.
Libros:
|Noticia de un hombre (1988);
|Páginas de un
desconocido (1989);
|La caída de Ciudad Quilla
(1993).
MAYA, CRISTINA (Bogotá, 1951) Licenciada en filosofía y letras,
catedrática universitaria en literatura colombiana e
hispanoamericana, en cultura griega y latina. Su obra literaria:
|Historia y mito en la novela en Antioquia (1980);
|Obra
crítica de Rafael Maya —su padre— (1982);
|Vida y
obra de Jorge Rojas; Lo poesía de Rafael Maya: análisis e
interpretación; La filosofía en la narrativa de América Latina
y
|Agueda Pizarro —entrevista— (1996).
Libro de poesía:
|De pie sobre la vida (1991), a propósito
del cual escribió Jorge Rojas: «Como los signos de puntuación son
un enfático soporte de la expresión, tal la admiración que exalta
el clima lírico en la poesía de Juan Ramón Jiménez, en Cristina
Maya es la interrogación el signo predominante. Es como un
retorcerse las manos en la espera de una respuesta. El signo de su
lucha entre el sí y el no, entre la realidad y la fantasía, entre
lo vivido que no podemos borrar y el ansia pura de seguir
viviendo».
MAYA, JUAN ANTONIO (Popayán, 1879-1903). Militó a órdenes de
Julio Arboleda en el 62 y se destacó en el combate de La Herradura.
Como poeta, «fue uno de los primeros en romper el almibarado
concepto de la poesía conceptista y pseudo-romántica que había
imperado en esta ciudad durante los cuatro o cinco lustros
anteriores», dice la
|Historia de la Poesía en Popayán... «Si
la muerte no lo arrebata a la temprana edad de 24 años, hubiera
llegado a figurar en primera línea entre los aedas de nuestro
Parnaso».
MAYA, LUIS ARTURO (Túquerres, Nariño, 1958). Abogado, actor y
director de teatro.
Libro:
|Vientos del sur (1992).
MAYA, RAFAEL (Popayán, 1897; Bogotá, 1980). Aunque «como
prosista vale más que como poeta» (según dijo Sanín Cano, quien
indudablemente sabía más de prosa que de poesía) y realmente Maya
se destacara como uno de los más eminentes críticos, orador y,
sobre todo, maestro de generaciones, su poesía, enmarcada
cronológica y formalmente en la generación o grupo de Los Nuevos,
es romántica, clásica y modernista «por el esfuerzo hacia la
perfección, nobleza y claridad del idioma, y reflexiva concordancia
entre el mundo de las sensaciones y el de las imágenes», según dice
Fernando Charry Lara. La vida del ilustre payanés —que recibió
«como un premio» el ser miembro del Congreso Nacional— fue,
como lo dijo Carlos García Prada, consagrada «a la defensa de los
grandes valores éticos y artísticos, y a la exaltación de las
tierras y de los héroes nacionales... y siempre fiel a los dogmas y
principios».
Maya inició estudios clásicos en el Seminario de Popayán. Siguió
derecho en la Universidad del Cauca, quiso culminarlos en Bogotá
pero la Universidad Nacional le frustró la carrera al desconocer
sus calificaciones académicas regionales. Entonces abrazó como
profesión el estudio y la enseñanza de las humanidades, que ejerció
hasta sus postreros días, en la cátedra de los Andes. Fue director
de publicaciones del Ministerio de Educación, de la crónica
literaria de El País de Bogotá, de la revista Popayán, decano de
Bellas Artes, director de la Radio Nacional, delegado de Colombia
en la Unesco. Fundador de la Revista Bolívar y, desde luego,
numerario de la Academia Colombiana.
Libros:
|La vida en la sombra (1925);
|Coros del medio
día (1930);
|Después del silencio (1935);
|Tiempo de
luz (1945);
|Navegación nocturna (1955);
|La tierra
poseída (1965);
|El retablo del sacrificio y de la gloria
(1966); Obra poética (1972);
|El tiempo recobrado (1975);
Poesía (1979). Obra en prosa:
|El rincón de las imágenes
(1927);
|Alabanzas del hombre y de la tierra (1941);
|Consideraciones críticas sobre la literatura colombiana
(1944);
|Los tres mundos de don Quijote y otros ensayos
(1952);
|La musa romántica en Colombia (1954);
|Estampas de
ayer y retratos de hoy (1958);
|Los orígenes del Modernismo
en Colombia (1961);
|Escritos literarios (1968);
|Letras y letrados (1975).
E. Anderson Imbert en la
|Historia de la literatura
hispanoamericana dice: «Mesurado, inteligente, extendió los
dominios de su poesía pero sin cambiar de índole. Sus sensaciones e
imágenes se hicieron vertiginosas; sus ritmos se desbandaron y hubo
más libertad y espacio en sus versos. Pero todo esto sin
exhibicionismos. La misma contemplación de la naturaleza,
armoniosa, enternecida, sencilla, se ahondó con los años sin que
tuviera necesidades de romper estruendosamente con las maneras de
la literatura de anteguerra. Es de temperamento clásico, que
reflexiona sobre sus emociones y las obliga a un equilibrio entre
lo nuevo y lo tradicional...».
A.Torres-Rioseco opinó: «Es un poeta delicadísimo y un excelente
ejemplo de colombianismo poético, por esa cualidad de que ya he
hablado de unir a un fondo de puro sentimiento una forma elegante y
cultivada».
Jaime Duarte French, en el prólogo a la obra completa de Rafael
Maya, que él publicó cuando era director de la Biblioteca Luis
Angel Arango, dice: «El universo poético que Maya creó es un
trasunto prodigioso del que toda criatura humana lleva en su
espíritu, y que se nutre de las grandes y pequeñas cosas de cada
hora, de esas que, según el decir de Ganivet, constituyen la trama
del diario vivir Maya es en esto excepcional. Ningún poeta
colombiano se le parece en el tratamiento que él les da a las cosas
elementales que afectan el sentimiento, con la única excepción tal
vez de José Asunción Silva, si bien Maya supera al bogotano en la
amplitud, variedad y pureza de los acordes y registros que arranca
su lira».
Y Cristina Maya: «Por la intensidad de su vitalismo cristalizado
en cierto panteísmo naturalista, su adhesión a la tierra y al
paisaje colombianos, su humanismo trascendental unido a la búsqueda
de lo cotidiano y primigenio en los seres, y al tono sereno y claro
de su lenguaje, la poesía de Rafael Maya rompe en gran parte con
los esquemas del modernismo anterior y preludia una visión nueva de
la poesía colombiana».
MAYA BETANCOURT, ARNOBIO (Pácora, Caldas, 1941). Salamineño «de
espíritu y sueños» —pues en Salamina hizo sus estudios
elementales y secundarios—, se graduó en la Universidad Libre
de Bogotá y se especializó en pedagogía y psicología. Ha
desempeñado cargos docentes y de administración, especialmente en
la Escuela de Administración Pública y en el Servicio Nacional de
Aprendizaje. Libros:
|Lo protesta es el hombre (1972); Paréntesis
para una huella (1982);
|Viviendo en la palabra
(1987).
MAYA BETANCOURT, JAIRO (Salamina, Caldas, 1936). Abogado de la
Universidad Libre de Bogotá, adelantó estudios especiales sobre
derecho administrativo. Realizó una carrera brillante en los
juzgados, personería de Bogotá, Procuraduría General de la Nación,
Tribunal Disciplinario y Tribunal Administrativo de Cundinamarca.
Ha sido profesor de filosofía, sociología y literatura en algunos
colegios, y principalmente de sociología general, humanidades,
historia, ideas y ciencias políticas, metodología de investigación,
ideas económicas, derecho público, administrativo y constitucional
en las universidades del Quindío, Libre, Nacional, Católica,
Autónoma y Gran Colombia, por lo cual recibió honores del Senado de
la República en 1988. Como escritor, ha publicado ensayos,
conferencias y otros textos de su especialidad, entre ellos
|César Vallejo, un hombre, un poeta y una angustia; El
intelectual y la sociedad y
|Salamina, ciudad poesía,
compilación poética que realizó con su paisano Rubén Sierra Mejía,
y que fue publicada en Manizales en 1956. Y su propia poesía en los
libros
|Hombre a diario (1975) y
|Páginas al viento
(1987) con su hermano Arnobio. Entre los premios recibidos figura
la Violeta de Oro de los juegos florales estudiantiles de Salamina
en
|1956.
La obra de Maya Betancourt es un vehemente testimonio de amor, de
humanidad y de rebeldía contra la injusticia. Cuando publicó su
primer libro, Fernando Soto Aparicio presentó así sus versos:
«...En todos ellos se ve el oficio del poeta, no el del relumbrón
de los salones sino el verdadero, el creador, el que se comparte a
través del mensaje de su poesía. Maya es un poeta de tiempo
completo, y lo es desde hace muchos años».
MAYA LÓPEZ, ROGELIO (Neira, Caldas, 1922). Graduado en derecho y
economía de la Universidad Javeriana, especializaciones en la
Escuela Superior de Administración Pública (Esap), en derecho
internacional y en hacienda pública. Ejerce como abogado
litigante.
Libros:
|Alba en la soledad (1944);
|Los poemas y los
días (1963), con el cual ganó el premio nacional «Agripina
Montes del Valle» del municipio de Salamina, Caldas, en 1960;
|Entre el poema y el cosmos, segundo premio departamental de
poesía de Caldas en su sesquicentenario (1980). Con el poema
|Mi
ser de autónoma luz, ganó medalla de oro en concurso
departamental del Quindío en 1974 y con su poema Lluvia un premio
literario nacional de la revista Mensaje en 1969. Posee
condecoraciones de Panamá, Francia, Estados Unidos y España.
Pertenece a la Academia de Arte de Nueva York, a la Academia de
Historia de Boyacá y a otras instituciones nacionales e
internacionales.
En su
|Juicio en parábolas dice Hernando Salazar Patiño: «Su
primer libro fue recibido con alborozo en el país. Todos
coincidieron en señalarlo como una auténtica promesa lírica. Su
prestigio rayó alto por entonces. Luego, el silencio. ¿Rogelio
colgó su lira? ¿Su libro fue fugaz?, pregunta Horacio Gómez
Aristizábal. No, respondemos. Lo que pasa es que su producción es
lenta, macerada, discreta. Con intervalos de casi veinte años (sus
otros libros). Y no ha dejado de sorprendernos su hontanar clásico,
la música suave y versátil de sus versos, y su pureza». Y Abel
Naranjo Villegas: «Maya López es un poeta que espera, como el
tiempo, y esto quiere decir que tiene la desesperación rilkeana
esencial a todo poeta. Estas liras de ahora suponen una trayectoria
interior desde
|Alba en la soledad, que va alcanzando su
melodía esencial; el de su alma tan cargada de cosas para decir y
hacer en el mundo real de la poesía».
MAZA GONZÁLEZ, DOUGLAS DE JESÚS (Barranquilla, 1954). Estudió en
el Instituto Politécnico Nacional de México. Es médico del Hospital
Manuel González de Ciudad de México, donde se especializó en
pediatría. Primer premio en creación literaria del IPN de México
D.F. en 1980. Becario del Instituto Nacional de Bellas Artes en
1978.
Libro:
|Alrededor de lo mismo (1984).
MAZO, CARLOS (Sopetrán, 1895; Medellín, 1939). Estudió en San
Ignacio y cumplió siempre su inspirada vocación de educador.
Recogió sus versos en un libro llamado
|Poesía y publicado en
el Chocó en 1926. En concursos regionales fue premiado por sus
cantos a Santa Rosa de Cabal y a Gregorio Gutiérrez González.
Bohemio, inconforme, sus poesías son «realizaciones imaginarias»,
como lo dice Hernán Echeverri Coronado en
|Biografía y obras
completas de Mazo (1956). Y Gonzalo Restrepo Jaramillo afirma:
«Empezó por ser poeta regional. Hizo su
|Canto a Antioquia
para matricularse en la Universidad del terruño como G. G. G.,
Epifanio e Isaacs».
Jaime Jaramillo Escobar dice: «Carlos Mazo tenía una sonoridad que
gustaba y el sentido común lo acercaba a lo popular. Por eso sus
versos hicieron carrera. Después de la publicación de su libro, su
vida fue de andanzas y tertulias hasta 1939. En los años cincuenta
se hablaba de él como si estuviera vivo».
MEDELLÍN, JORGE ALEJANDRO (Bogotá, 1963). Economista de la
Universidad Externado de Colombia. Cuando su padre fue sacrificado
en el holocausto del Palacio de Justicia, estudiaba en Europa y
debió regresar a hacerse cargo, con sus hermanos, del Claustro
Moderno que fundara Carlos Medellín Forero. Ha sido su rector y,
como su progenitor, sigue dando a la labor pedagógica una alta
inspiración cultural, que se manifiesta, entre otros logros
académicos, en un concurso anual de poesía entre bachilleres. Autor
de un libro íntimo, realmente un homenaje familiar, denominado
|La mensajera (1990), en 1993 publicó una nueva obra,
|Esta
vocación particular a la errancia, a la cual se refiere la
escritora argentina (su profesora en París) Alicia Dujovne Ortiz,
en los siguientes términos: «En este largo y extraño poema, Jorge
Alejandro Medellín elige la aparente incoherencia de un
|antipensamiento femenino, laberinto que le permitirá
perderse y encontrarse a sí mismo. Poema valiente, áspero, denso, y
de una asombrosa originalidad en un continente donde pocos han
comprendido que un guerrero de músculos crispados por el miedo sólo
se convierte en hombre cuando le quita la mordaza a la mujer que lo
habita».
MEDELLÍN FORERO, CARLOS (Zipaquirá, 1928; Bogotá, 1985). Ilustre
jurista y educador, se destacó como autor de obras didácticas y
textos universitarios, entre ellos
|Instituciones políticas de
Colombia, Introducción a la estética del derecho, Lecciones de
derecho romano, Tu idioma al día, Español y literatura.
Fundador de la Universidad Central, fue también decano de estudios
y rector (e) de la Universidad Externado de Colombia, secretario
académico y rector (e) de la Universidad Nacional y presidente de
la Asociación Colombiana de Universidades (publicó entonces un
libro sobre esta experiencia y los ensayos
|La universidad
conflictiva y
|Cuestiones universitarias) y fundó y
dirigió su propio Claustro Moderno. Gran melómano y crítico de
arte, fue fundador también de la Orquesta Filarmónica de Bogotá,
director de las revistas Doce Voces y Bolívar. Funcionario público
como jefe de divulgación de cultura del Ministerio de Educación,
secretario de Hacienda y contralor de Cundinamarca. Miembro de
numerosas academias y galardonado a pesar de su innata modestia. Su
obra poética, después de sus primeros libros,
|Poemas (1947)
y
|Moradas (1951), que ganó el premio Espiral (nombre de la
editorial principal del grupo de los «cuadernícolas») fue muy
discretamente publicada en vida por el autor y consiste en los
libros
|El aire y las colinas (1965), Detrás de las vitrinas
(1976) así como el libro de cuentos
|El encuentro (1982).
Póstumamente, en 1993, su familia publicó su obra poética inédita
con el título de
|Palabras rescatadas.
Aurelio Arturo escribió en 1947: «Carlos Medellín, con una emoción
desbordante de sinceridad, se enfrenta a los problemas de la vida y
del mundo que se ofrece a sus ojos cargados de pasión y de
maravilla. La calidad lírica se acusa firmemente y el instinto, la
intuición del poeta, con admirable seguridad capta la huidiza forma
del sueño poético y lo retiene en las mallas del ritmo. Quien es ya
dueño de un presente tan logrado, de una obra hecha de tan fina y
auténtica poesía que se destaca con voz propia, con acento
singular, no será nunca en el futuro una figura opaca y sin brillo,
un dato más en la historia literaria, sino una cifra bien alta de
la poesía colombiana».
MEDINA CASTRO, MIGUEL (Popayán, 1885-1908). En su ciudad natal
estudió con los maristas y en el seminario. Después con los
jesuítas en Pasto y en la Universidad del Cauca comenzó medicina
pero falleció prematuramente, víctima de una cruel enfermedad. Su
obra es destacada por antologistas como notable cuanto ignorada. La
mayor parte de sus sentidos manuscritos desaparecieron.
MEDINA DELGADO, MIGUEL (Popayán, 1852-1905). Educador, abogado
y, como todos los escritores y políticos de su generación, soldado
en la Guerra de los Mil Días (jefe de Estado Mayor). Magistrado en
Cali y Popayán y representante a la Cámara. En 1908 escribió Daniel
Gil y Lemos sobre su obra poética: «Don Juan Valera cree que de las
poesías... de Colombia en el centenario de Bolívar sólo saltarán al
muro del presente la
|Oda de Caro y
|el Homenaje de
Medina Delgado... Este vivirá por su obra literaria saboreada así,
en la serenidad de un concepto que huyendo de dogmatismos pedantes,
se atempera al momento que le tocó llenar. Piedras de una firme
pureza andan dispersas en cuanto loó, que denuncian al poeta: rima
noble, música egregia, límpido concepto, superior por estas
virtudes a cuanto se cantó en su época».
MEJÍA, DOLLY (Jericó, Antioquia, 1920; Madrid, España, 1975).
Vivió su juventud en Medellín. Estudió periodismo en España y
museología en Francia. Corresponsal cultural de El Tiempo en Madrid
por varios años.
Su obra poética:
|Las horas doradas (1945);
|Alborada en
la sangre (1946);
|Raíz del llanto (1948);
|El pastor y
sus estrellas (1949);
|Manos atadas (1951);
|Presencia
del amor (1955); Luna rosada (1956); Antología poética
(1957).
Fue, pues, muy prolífica y alcanzó gran popularidad por su
vitalidad, emotividad y desbordado erotismo que tal vez hoy haya
sido superado por mujeres de una época más liberada y menos
provinciana.
MEJÍA, EPIFANIO (Yarumal, Antioquia, 1838, Medellín, 1913).
Vivió—si eso puede llamarse vivir— más de 40 años
recluído en el manicomio de Medellín, donde falleció. A pesar de
tan triste circunstancia, que podría haber dado a su obra, como
sucede con algunos locos geniales de la literatura universal, un
carácter oscuro y misterioso, su poesía fue tan sencilla, clara y
natural, que es considerada entre las más espontáneas y sentidas
del parnaso colombiano, tal vez en familiar pareja con la del
lúcido y tantas veces prosaico Gregorio Gutiérrez González. Y fue
tan amado por los suyos, que uno de los pueblos más pragmáticos de
la tierra adoptó como su himno, que canta orgullosamente en toda
oportunidad pública,
|El canto del antioqueño. Epifanio
recogía esmeradamente sus versos, copiados a mano, en un cuaderno
que bautizó
|Crepúsculos y auroras. Después de la muerte del
bardo montañero, se publicaron sus obras («bastante completas»),
que incluyen
|Poesías escogidas (1934), presentadas por Juan
de Dios Uribe, y
|Obras completas (1939), edición crítica
dirigida por Félix Restrepo en nombre de la Academia Colombiana de
la Lengua y de la Gobernación de Antioquia. Después, siguen
publicándose selecciones de sus versos, algunos
musicalizados.
El padre Félix Restrepo dijo sobre la poesía de Mejía: «La
inspiración suplió en él, por modo admirable, el difícil
aprendizaje de las reglas del arte. En sus manos era la lengua
blanda cera... Nunca usó cinceles ni martillos para repujar y pulir
estrofas magistrales. El romance, la seguidilla, los moldes más
ordinarios le sirvieron a maravilla para sus creaciones. Limpio
arroyuelo que corre sin ruido entre el musgo de verde pradera es su
canto, aunque de vez en cuando se desata en cascadas de entusiasmo
o se estrella furibundo contra las rocas de la tiranía. Él y
Gutiérrez González fueron, sin duda, los dos grandes poetas del
pueblo antioqueño en el siglo XIX. Sus versos no morirán jamás. Se
repetirán con ternura y emoción en ésta y en las sucesivas
generaciones».
MEJÍA, LIANA (Medellín, 1960). Médica. Premio nacional de poesía
Universidad de Antioquia. Libro:
|Extraña en mi memoria
(1983);
|Los viajeros del sueño (1985). Juan Manuel Roca dice
que Liana Mejía «es una voz en formación, cada vez más consolidada.
La economía en su lenguaje, sí, pero también esa manera que tiene
de adentrarse en las atmósferas densas de su ciudad y de sus
sueños, dan cuenta de una poética hecha con la firmeza de quien
elige a conciencia sus elementos».
MEJÍA MENDOZA, GUILLERMO (Barranquilla, 1954). Sociólogo de la
Universidad Autónoma del Caribe, ahora profesor. Director del
programa radial Agenda Cultural del Caribe. Libro:
|Disertación
de la noche.
MEJÍA MEJÍA, FERNANDO (Salamina, 1929; Manizales, 1986). Estudió
bachillerato en el Colegio Seráfico (de los padres franciscanos) en
Cali. «El poeta mayor de Caldas» —según La Patria—
desempeñó, con la discreción que le fue característica, cargos en
la banca y en la administración pública, pero fue un poeta de
tiempo —y angustia— completos, de «gran hondura humana»
según Antonio Llanos.
Obra poética:
|Fuego entre la rosa (1953), que ganó el
Concurso «Espiral» (nombre de la editorial que divulgó y estimuló
los versos «cuadernícolas»);
|Cantando en la ceniza (1963);
|Los días sagitales (1966);
|Elegía sin tiempo (1978);
|La heredad y el exilio (1987);
|Un bosque flotando entre
ciudades (1995). También publicó, en prosa,
|Perfiles y
nostalgias (1983), en el cual, según Hernando Salazar Patiño,
«nos propone un viaje por el continente poético de sus grandes
admiraciones».
Ganó el premio nacional de poesía «Selección poética» de la
Extensión Cultural de Cundinamarca en 1963 por su poema
|Sinfonía
de lumbres ausentes, y el primer puesto en el concurso nacional
«Agripina Montes del Valle» en el sesquicentenario de su ciudad
natal (de los dos) en 1977. Fue incluido en la antología
español-inglés
|Colombia en la poesía, de Charles
Halliburton. Con su nombre se creó la Fundación y la Casa de Poesía
en Manizales en 1988.
Álvaro Mutis, primo del poeta caldense, dijo en el prólogo para su
libro póstumo: «La poesía de Fernando Mejía Mejía es una larga,
medida, honda meditación sobre las gentes y la tierra en donde
resolvió —con sabiduría que le envidio— vivir con la
elegante discreción de una raza que si bien supo desmontar lo más
bravo de la tierra colombiana, también tiene una privilegiada
tendencia al delirio visionario, a la devoción por las más arduas
alquimias del alma y a la aventura de perderse en horizontes
desconocidos. Encuentro de la mayor importancia el que se haya
reunido lo que Fernando escribió y que se ponga al alcance de la
juventud de Colombia. En un país en donde el signo de la
destrucción y el olvido preside con tan implacable furor cada hora
de la vida, esta voz transparente de un hombre bueno, en el sentido
en que lo entendía otro gran aislado y otro gran tímido, don
Antonio Machado, puede significar un comienzo de la casi abolida
esperanza».
MEJÍA MEJÍA, JAIME (Salamina, 1861-1953). En Bogotá se graduó en
ciencias naturales y medicina y fue miembro de la Academia Médica,
que le otorgó premios en anatomía y patología. Diputado a la
Asamblea de Caldas, representante al Congreso, fue condecorado con
la Cruz de Boyacá por el presidente Eduardo Santos.
Sus versos, ya de condición didáctica o de sabor festivo, fueron
publicados en diversos periódicos y en revistas y una de sus
poesías,
|Así es el mundo, fue laureada. Publicó también
artículos en prosa, entre ellos y fuera de los científicos, sobre
el general Uribe Uribe y sobre el padre José Joaquín Barco. Libro:
|Obra literaria (1960).
MEJÍA MEJÍA, LUIS FERNANDO (Pereira, 1941). Primer premio
nacional de poesía en 1964. «Periodista, viajero por medio mundo,
excelso poeta, superior a cualquier ponderación» proclama su
paisano Miguel Alvarez de los Ríos en
|Poetas y poemas de
Risaralda (1995).
Libros:
|Las bienaventuranzas (1964);
|Resurrección de los
juguetes (1964);
|Alquimia de los relojes clausurados
(1969);
|Camino hacia la luz (1974);
|Los relatos de Lucio
Malco.
Al referirse a uno de sus poemas dice Cecilia Caicedo algo que
parece intuir un aspecto biográfico: «El futuro del hijo (le) sirve
como pretexto para inquirir sobre el curso social. En el poema
cuestiona valores, la inseguridad en el recorrido vital, la
inconsistencia de la realidad que parece tambalearse en este poema
escrito en la década de los 60s. De aquel tiempo a éste en donde la
ilación del curso social ha ahondado los caminos de descomposición,
ese poema tiene el valor del anticipo».
MEJÍA VALLEJO, MANUEL (Jericó, 1923). Conocido
internacionalmente por sus novelas que han ganado premios tan
importantes como el Nadal de España
|(El día señalado, 1963),
el «Rómulo Gallegos» en Venezuela
|(La casa de las dos
palmas, 1989), el «Vivencias» de Cali
|(Aire de tango,
1973), el Casa de las Américas de Cuba
|(Las muertes ajenas,
1972), el de Editorial Losada de Buenos Aires
|(Al pie de la
ciudad, 1958) y muchos otros especialmente por sus cuentos,
Mejía Vallejo —considerado como una de las figuras estelares
de la intelectualidad antioqueña y digno sucesor de sus grandes
narradores— sorprendió con la publicación de sus versos, que
en principio se creyó que sólo eran coplas de carácter folclórico
pero que demostraron una muy personal y profundamente vivida manera
de interpretar su más auténtico mundo íntimo.
Sus libros de poesía son:
|Prácticas para el olvido (1977);
|El viento lo dijo (1981);
|Soledumbres (1990);
|Memoria del olvido (1990). Sobre Porfirio Barba-Jacob
publicó un libro que es una gran crónica:
|El hombre que parecía
un fantasma (1984), y sobre escritores de su generación
escribió
|Hojas de papel (1985).
Mejía Vallejo lleva la docencia en el alma, pero en donde se ha
sentido más cómodo es en el periodismo, que lo ha lanzado muy lejos
(también en el sentido de que, como su paisano Barba-Jacob, ha sido
un errabundo buscador de experiencias, un «vividor» —en el
sentido filosófico— y bebedor —en el sentido de quien
quiere calmar toda sed—...). Trabajó en Venezuela, inclusive
como editorialista de un diario; en Centroamérica (principalmente
en Guatemala) y, cómo no, también hizo su periplo por esa Europa
que buscaban todos los intelectuales de izquierda (que,
paradójicamente para nosotros quedaba, en el mapa, a la derecha).
Obras suyas fueron traducidas al ruso, alemán, holandés, danés,
francés e inglés. Y recibió condecoraciones de Moscú, París,
Frankfort, Madrid, Buenos Aires, Caracas, sin contar las
incontables de su patria. Las universidades Nacional y del Valle le
otorgaron el doctorado «honoris causa».
Álvaro Mutis le escribió a Mejía Vallejo: «Yo lo que quiero ahora
es hablar un poco de tus décimas, que prolongan y enriquecen
notablemente el terreno labrado con
|Prácticas para el
olvido, tu libro de coplas que presenté aquí en México...
Ahora, en
|El viento lo dijo, se vuelve a repetir el milagro,
sometido esta vez a la más exigente y arriesgada de las formas
métricas, la décima. Pero encuentro que has salido airoso y con
fortuna y no tanto por tu dominio del metro en cuestión, que
encuentro admirable, sino porque lo que dices es verdad... Hay en
este nuevo libro tuyo de poesía una verdad tan probada de la vida y
su experiencia, una tan desnuda evidencia de lo que el olvido y la
muerte van tomando de nosotros mismos, que habría que remitirse a
las más antiguas, puras y permanentes raíces de la poesía en
nuestra lengua para encontrar tan certero testimonio de nuestro
destino... Y también encuentro que has definido una de las claves
del alma de nuestra gente antioqueña, su vocación de errancia, tan
por encima observada hasta ahora».
Y Elkin Restrepo dijo cuando conoció
|Memoria del olvido:
«Mejía Vallejo, que antes cazó culebras con lazo y domó potros
cerreros, lidia ahora con el tigre de la poesía, una vocación más
entre otras muchas suyas de novelista, dibujante, cuentista,
periodista, conversador infatigable, fabricante de juguetes,
bebedor consumado, maestro y tribuno.., ahora ensaya el verso libre
y, por supuesto, consiguiendo algo bien difícil: comunicamos su
realidad y misterio, entonar su elegía. Es, pues, la poesía el
ejercicio espléndido del poema, una faceta que no por ser la más
nueva dentro de su obra generosa, es la menos importante. En
últimas, Manuel Mejía Vallejo ha sido siempre un altísimo poeta y
ahora él lo sabe».
En 1997 la Biblioteca Pública Piloto de Medellín publica
|Memoria compartida con Manuel Mejía Vallejo por Augusto
Escobar Mesa y Editorial Norma la novela
|Los invocados,
secuela de
|La casa de las dos palmas. La Feria Internacional
del Libro le ofreció un homenaje, uno de los últimos entre los
muchos que se le han tributado.
MEJÍA VELILLA, DAVID (Medellín, 1935)
|. Abogado de la
Pontificia Bolivariana, doctor en derecho canónico por la
Universidad de Santo Tomás, en Roma. Miembro de número de las
academias colombianas de la Lengua, Historia, Educación e Historia
Eclesiástica y del Instituto Sanmartiniano, y correspondiente del
Instituto Uruguayo de Historia y Geografía. Miembro fundador de la
directiva de Colcultura, presidente del Pen Club de Colombia,
vicepresidente de la Unión Nacional de Escritores, director de la
revista Arco. Se ha destacado, pues, como escritor y educador
católico: profesor universitario de derecho y literatura, decano de
derecho y de comunicación social, director y miembro del Consejo
Superior de la Universidad de la Sabana desde su fundación;
director del Instituto de Humanidades. Presidente de la Asociación
para la Enseñanza, Aspaen.
Libros:
|Paisajes claroscuros (1964);
|Regreso a la
montaña (Madrid, 1965);
|Los silencios (1966) —el
maestro Fabio González Zuleta escribió un ciclo de once canciones
con textos de este libro, estrenadas en Canadá e interpretadas en
Alemania y en Colombia—;
|Reminiscencias de la vieja
literatura americana (1965); Nocturno de las criaturas (1966);
|Icono, los días de la memoria (1968);
|Historia del poeta,
hábito de la ternura (Cuenca, Ecuador, 1970);
|Estación de
Dios (1973);
|Canto continuo —antología—
(1973);
|Berrío íntimo —biografía de Pedro Justo—
(1975);
|Pequeño Eliot (1980);
|Canto llanto (1981);
|Los días y las noches (1983);
|Memoria de Dios (1985);
|Clásicos hispanoamericanos —primer tomo en 1988,
tercero en 1993—;
|Sobre la enseñanza de las humanidades
(1990);
|Vitrales (1997).
Jorge Rojas habla de la obra poética de Mejía Velilla: «Tomo estos
libros de versos como una herramienta para abrir el sendero que me
conduzca a los más íntimos parajes del alma. ¡Qué sustracción de la
gravedad! (Como la luz en la rendija de un muro). ¡Qué delicada y
violenta disección de los conceptos y de las sensaciones! ¡Qué modo
de separar en transparentes laminillas la masa ontológica! ¡Qué
modo de hacer perdurar los súbitos espejismos de la conciencia!...
Como toda verdadera poesía es una biografía en milenios no de un
hombre sino del ser, estos libros encierran memorias celestes
crónicas ultratemporales, experiencias no vividas: por eso este
relato del paso del poeta sobre la tierra está escrito con signos
de misterio. Seguramente en esta reivindicación del sueño a través
de los objetos y del concepto por medio de la imagen, resida el
meollo de la poesía... Razón de más para que al dejar estas páginas
padezca el temblor y el gozo de una iniciación y siga obsesionado,
absorto, deambulando por el misterio de sus círculos».
Y Jorge Zalamea le dijo a Mejía Velilla sobre sus versos: «Los he
leído con la apacible sensación de fresco reposo con que se mira,
casi sin verlo, un lago quieto, un dibujo geométrico, una gaviota
que repentinamente se inmoviliza en su vuelo... Su brevedad, su
sencillez y su pureza hacen de ellos una especie de rocío matinal
con el que es grato limpiar las altas fiebres nocturnas...
Encuentro ya en su libro algo no muy frecuente, al menos para mí,
en la más reciente poesía colombiana: la capacidad de despertar el
interés por su obra posterior y el deseo de leer esta obra».
MEJÍA Y VALLEJO, FRANCISCO IGNACIO (Rionegro, 1753-1819). En su
ensayo
|Doscientos años de poesía en Antioquia publicado
inicialmente en El Colombiano en 1987 dice Jaime Jaramillo Escobar
que «la fecha inicial está determinada por el nombre de Francisco
Ignacio Mejía y Vallejo, autor de las primeras composiciones
poéticas que conserva la crónica. Refiriéndose a él, en conferencia
sobre la poesía humorística, Ciro Mendía dijo haberlo sacado «del
fondo de la historia de la raza». El suplemento está ilustrado con
unos versos de Mejía y Vallejo, detalle de un cuadro votivo
ofrecido por el poeta y su hermano Félix (1790), en la Casa de la
Convención de Rionegro, y que dice: «Aunque de Salomón los pasos
sigas, / usurero se ve vuestro tributo, / pues lo haceis por gozar
el dulce fruto / de las de Ruth simbólicas espigas; /justo será,
por eso, que recibas / el retorno felice que os espera, / pues es
obvio, que en la una y otra esfera, / gozará vuestro espíritu
jocundo;/ de aquella gloria que permite el mundo, / y de la
Empírea, eterna, verdadera».
Ernesto Tobón, quien informa que Francisco Ignacio fue tío de
Liborio Mejía, dice: «Bien podemos decir que el primer poeta
rionegrero, y quizá de todo lo que fue Antioquia la grande, es don
Francisco Ignacio Mejía, conocido como el Tío Pacho. Su posición
económica, social y cultural, le permitió escribir de todo y sobre
todos; pero su copiosa producción no pudo ser publicada. La índole
picaresca de sus versos los hizo muy populares, pero los condenó a
pasar de memoria y clandestinos».
Y Benigno A. Gutiérrez lo califica como «repentista, de musa
quevedesca, cuyos resalados chispazos conservan su memoria». Y es
que el humor —concluye Jaime Jaramillo— así sea del siglo
XVIII, mantiene viva la poesía.
MÉNDEZ CAMACHO, MIGUEL (Cúcuta, 1942). Abogado, periodista,
profesor de humanidades e ideas políticas, ministro consejero de la
Embajada de Colombia en Buenos Aires, decano de comunicación social
en la Universidad Externado de Colombia. Publicó dos libros de
crónicas y reportajes:
|Papeles (1978) y
|Perfil y
palote (1983). También fue secretario de gobierno de Cúcuta y
de educación de Norte de Santander, y subdirector de Colcultura.
Fundó allí los concursos «Cote Lamus» de poesía y «Gaitán Durán» de
cuento.
Perteneciente a la «generación sin nombre» que, por lo mismo, ha
sido bautizada de muchas maneras, entre otras «generación de Golpe
de Dados», quien así la consigna en
|la Historia de la Poesía
Colombiana (1991), James Alstrum, dice de los libros y de los
versos de este poeta: «Muy alejado geográfica y artísticamente de
la cuna antioqueña del Nadaísmo, Miguel Méndez Camacho, un coetáneo
de Elkin Restrepo y oriundo de Cúcuta, cultivó desde joven una
breve pero sólida obra poética animada por Eduardo Cote Lamus
(1928-1964), un poeta importante de Mito. La poesía de Méndez
Camacho trae anécdotas cotidianas y un lenguaje claro y a veces
coloquial que conmueve sin vocablos rebuscados ni retórica
altisonante. En su primer poemario,
|Los golpes ciegos
(1968), predominan los temas gemelos de eros y logos y unas
elegías. Son inolvidables (algunos de sus versos). En su segundo
libro, titulado Poemas
|de entrecasa (1971), se destacan
perfiles líricos de seres queridos y descripciones de lugares
recordados con nostalgia mediante imágenes aparentemente sencillas
pero dotadas de gran fuerza patética.
|Instrucciones para la
nostalgia (Buenos Aires, 1984) es una antología personal que
recoge algunos poemas de los libros anteriores y agrega otros. Este
poemario parece captar en su título la temática central y el tono
general del autor, quien tiende a ser más romántico y optimista que
la mayoría de sus coetáneos».
En la reseña de este último libro, publicado en la Argentina,
Darío Jaramillo dice que Méndez es un pesimista sensual, lleno de
afectos familiares. «El es una excepción que desvirtúa el cultismo
de los poetas de su generación y un buen ejemplo de tratamiento de
lo erótico. Su tono es coloquial, económico y, en este sentido,
opuesto a la exuberancia surrealista de Roca».
Jaime Jaramillo Escobar le dice
|a Méndez Camacho: «Entre
los doscientos poetas que dice tener Colombia, tú y David (Bonells
Rovira) se destacan por sus voces claras, frescas, originales,
teñidas de una grave nostalgia que sin duda viene de un pasado
turbulento, pues la tristeza es a la postre la herencia del
guerrero. Sirve también este libro
|(Instrucciones para la
nostalgia) para renovar la vigencia de esa poesía y extender
tradiciones de mucha significación. Puede decirse de ustedes que
continúan a Gaitán Durán y Cote Lamus por el concepto de arte que
rige su obra, por su categoría intelectual, por su fidelidad
natural a los ariscos ancestros».
Y Juan Manuel Roca: «El tono narrativo, de cosa hablada, está
atravesado de imágenes serenas que recuerdan la afirmación de
Eliot: «Al poeta puede interesarle sólo expresarse en verso,
empleando todos los recursos de las palabras, su historia, sus
connotaciones, su música, ese oscuro impulso. No sabe lo que tiene
que decir hasta que no lo ha dicho... Sólo le interesa hallar las
palabras justas, o, siquiera, las palabras menos desacertadas. No
le importa si alguien llega o no a oírlas». Estos elementos que se
vuelven
|dictum en Eliot los encuentro en la poesía de
Sánchez Camacho. Historia y connotaciones tienen una secreta
musicalidad, raro dictado que impone ritmo a las palabras justas,
que son como agujas en el pajar del lenguaje».