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PRESENTACIÓN
Ha querido la generosidad
de Andrés Pardo Tovar que este su fervoroso admirador, escriba algunas líneas
introductorias para la publicación de su espléndido trabajo La poesía popular
colombiana y sus orígenes españoles.
Realmente mis frases
sobran y además, modestia aparte, no agregan nada a la enjundia del trabajo paciente y
erudito que demuestra el ensayo folclórico que ahora comienzan a gustar los engolosinados
con esta clase de estudios tan apasionantes. Que es original, útil, delicioso, lo
apreciará con creces el lector. Que por primera vez se llega a conclusiones y a una
clasificación insuperable y acertada de nuestras coplas, es acaso lo mejor y lo más
interesante de la presente investigación. Que revela profundo conocimiento de la materia
y honda sensibilidad artística, lo acreditan el fino sentido de la selección en los
ejemplos, la precisa transcripción de autores, la sutil y sagaz percepción de las
intenciones populares. Que perdurará y se abrirá camino en las citas de los
especialistas y en las futuras investigaciones que sobre el mismo tema se hagan, no cabe
la menor duda. Me envanece sí, lo digo con no disimulado rubor, que mi nombre, por virtud
de una entrañable amistad con el autor, quede ligado a esta edición que en breve
alcanzará, por su mérito intrínseco, el laude de la crítica. Y al decir crítica, me
refiero a la especializada, con lo cual estoy confesando que no soy la persona llamada a
hacer la exégesis del contenido magnífico de las muchas cosas buenas que hay en esta
obra y también de la no común versión que ella manifiesta en sus cinco capítulos,
ordenados con una sucesión de óptima didáctica. Es que el autor no solamente es
folclorista sino, además de muchas otras cosas que dicen relación con el espíritu y con
la inteligencia, un catedrático y un maestro.
Pero como algo he de poner
en estas frases, tan solo me limito a agregar breves ejemplos que estoy seguro los conoce
el autor, y que acaso contribuyan a confirmar la objetividad de sus tesis. Se refieren a
tres aspectos de la obra, que especialmente me llaman la atención. El proceso de la
transculturación al que obedece la formación de las coplas hispanoamericanas está
influido, además, por la tradición portuguesa, que desde luego, no vino a ser otra cosa
sino vehículo de la española. Nuestro corrido llanero:
Por si acaso me mataren
no me entierren en sagrao:
entiérrenme en un llanito
donde no pase ganao.
que igualmente tiene
versiones en Argentina, México y Venezuela citadas por el autor no solo vino
de España desde tiempos remotos, sino que ya entonces se conocía en Portugal, así:
Nao me enterrem na agreja,
naquelle prado me enterrem
nen tampuoco en sagrado:
onde se faz o mercado
Copla que igualmente tiene
esta versión en las islas Azores:
Quem morre de mal de
amores
nao se enterra en sagrado:
enterrase em campo verde
aonde se apastora o gado.
Pardo Tovar trae ejemplos
muy curiosos para rastrear los orígenes del llorao, y entre ellos uno de Rodríguez
Marín y otro de Nicolás Zamacola. Podría agregar dos, uno de México, muy típico por
cierto (a) y otro nuestro, escuchado en el departamento de Antioquia (b):
a) El soldado Matasiete,
a las diez se levantó,
a las once era teniente,
a las doce capitán;
y a las dos y diez minutos
general de división.
b) Señores: vengo a
contales
las gracias de San Miguel:
el lunes cortó la caña,
el martes se fue a moler,
el miércoles hizo carga,
el jueves se fue a vender,
el viernes tuvo la plata,
sábado se fue a beber,
y el domingo amaneció
que no se podía mover.
Por último, en materia de
villancicos y romances, de los que presenta Pardo Tovar espléndidas muestras, agrego
esta, procedente del Valle de Tenza:
El sol ocultó sus rayos,
y la luna aparecía,
caminando hacia Belén
San José y Santa María.
Santa María iba de parto,
que dar paso no podía.
Llegaron a una columna
y allí pidieron posada.
No se la quisieron dar,
porque allí no convenía.
La virgen salió llorando
de lágrimas que no vía.
San José la consolaba:
Calla, no llores, esposa;
cálla, no llores, María.
Y llegaron a un portal
donde una mula comía;
allí pidieron posada,
y sí les quisieron dar
porque allí sí convenía.
San José sacó candela
con un eslabón que tría.
San José puso la mesa
con pan de gloria que tría.
Veníte a cenar, María.
San José tendió la cama
de rosas y alejandrías.
Veníte a acostar, mi esposa,
veníte a acostar, María.
Al silencio de la noche,
los gallos que menudiaban,
la gente que se dormía.
Dispiértase San José
y halla su esposa paría.
Los ángeles en el cielo
repicaban de alegría
al ver que ya había nacido
el Niño Dios de María.
Bajan ángeles del cielo,
unos con platillos finos,
otros a vestir al Niño
y otros a ver la paría.
El Rey del Cielo pregunta:
¿ Qué tal está la paría?
Alentada está, Señor,
en su sagrario metía.
El demonio está mu malo,
lleno de melancolía,
porque los cristianos rezan
el rosario de María.
Del romance Estando el
señor don Gato..., del cual trae Pardo Tovar dos versiones colombianas, podríamos
agregar esta otra de muy auténtico ancestro español, que de niños nos fue enseñada por
nuestra madre, y a su turno a ella, hace cerca de un siglo, por nuestra bisabuela:
Estaba el señor don Gato
en silla de oro sentao;
sus medias eran de seda,
sus zapaticos calaos.
Cuando vino su compadre y dijo
que si quería ser casao
con una gata morisca
que andaba por el tejao.
El gato por verla pronto
rodó del tejao abajo.
Y ¡ay, ay, ay!
se ha roto dos costillas
y se ha descompuesto un brazo.
Llamen pronto al sangrador,
al médico, al cirujano.
y vino el señor don Carlos
y le recetó muy buenos caldos.
A la mañana siguiente
amaneció muerto el gato.
Los ratones de alegría
se visten de colorao;
los gatos se ponen luto,
las gatas, capota negra,
y los gaticos chiquitos
dicen: miau, miau, miau!(
1
)
Respecto de adivinanzas en
verso, no me resisto a agregar nuevos ejemplos:
Soy blanco como la nieve,
mi vivir es en la altura
y en mi pecho llevo siempre
una fuente de agua pura.
(El coco)
En el campo yo me crié
metida entre verdes lazos
y aquel que llora por mí
es el que me hace pedazos. (La cebolla)
Blanco fue mi nacimiento,
carne y sangre mi comida;
me sacaron de la tumba
para quitarme la vida.
(La nigua)
Una viejita
quiquiriqueña,
gritos y gritos en el fogón;
tiene saquito, tiene camisa,
tiene las barbas de un chapetón. (La mazorca)
Una torre muy alta, muy
alta,
que la cal y el canto le falta;
tiene bóvedas más que un ciento
y la lleva y la trae el viento. (La guadua)
Olla de carne,
mecedor de hierro,
hecha espumaraja
sin echarle fuego. (El freno del caballo)
Todos preguntan por mí,
yo no pregunto por nadie;
si necesitan de mí,
no necesito de nadie.
(El camino)
Para bailar me pongo la
capa,
para bailar me la vuelvo a quitar,
porque no puedo bailar sin la capa
y sin la capa no puedo bailar. (El trompo)
Desde luego, el capítulo
más importante de la obra de Pardo Tovar y el que mayormente justifica su publicación,
es aquel en que propone una clasificación sistemática de la copla colombiana en diez
géneros principales, dentro de cada uno de los cuales enumera las correspondientes
especies, siguiendo en esto, como acertadamente dice, el clásico criterio del género
próximo y la diferencia específica. Sobre este capítulo, producto de una pacientísima
elaboración, llamo muy particularmente la atención del lector.
Empero conviene decir algo
sobre el autor, que desde luego no necesita presentación por ser ampliamente conocido en
todos nuestros ambientes intelectuales y artísticos. Resulta oportuno, sin embargo,
consignar aquí las palabras con que tuve el privilegio de saludarlo en justísimo
homenaje que se rindió a Pardo Tovar el día 8 de abril de 1965, con motivo de su
elección como Miembro Correspondiente de la Academia Colombiana de Historia:
"Este selecto
grupo de vuestros colegas y amigos ha tenido el acierto de reunirse esta noche para
celebrar en homenaje vuestro un ágape cordial que simbolice por las excelsitudes del
espíritu, el íntimo regocijo con que vemos que un varón de vuestras relevantes dotes
advenga, si bien tardíamente dentro del concepto de reconocimiento y de la justicia, pero
en hora todavía propicia a la cosecha de vuestras inquietudes intelectuales, a formar
parte de la Academia Colombiana de Historia. Y a ella habéis llegado porque la
Corporación, unánimemente, ha querido rubricar así la obra eminentemente colombianista
que entraña vuestro fecundo laborar en los campos de la investigación y del profesorado.
También queremos haceros una afectuosa despedida con motivo de la gira cultural que
emprenderéis la próxima semana a los Estados Unidos, invitado por el Departamento de
Estado de ese país. Igualmente es nuestro deseo manifestar al hidalgo caballero y leal
amigo el testimonio de nuestra fraternidad.
"Es esta una grata
efemérides de vuestra vida, a la cual llegáis rodeado del respeto y la admiración de
todos vuestros conciudadanos y después de adornar vuestro discurrir con la más exquisita
selección de atributos y ejecutorias, que os colocan en lugar destacado dentro del
panorama de la literatura, la etnomusicología y el magisterio de nuestra patria.
"Sabemos los aquí
presentes cuán meritorio ha sido vuestro arduo trabajo en favor de la cultura colombiana,
consagrado por entero desde años mozos al culto de las más acendradas y nobles
tradiciones de que pueda enorgullecerse la nacionalidad, dedicado con singular vocación a
exaltar y también a descubrir y a interpretar muchos aspectos musicales, folclóricos y
literarios de gentes nuestras que, merced a vuestras loables inquietudes, no solo no
quedaron en el olvido sino que han venido a ocupar el lugar que justamente les corresponde
en la historia de nuestro desarrollo cultural. Esa creciente superación de vuestros
estudios, ese constante afán de investigar, es el que, a mi juicio, os ha llevado a ser
hoy, con decoro, con discreto orgullo, con responsable exégesis, con vasta erudición y
exquisita sensibilidad estética, uno de nuestros críticos y divulgadores de más amplia
acogida y de mejor concepto de respetabilidad tanto dentro como fuera del país.
"Por ello es que con
acierto indudable y para fortuna nuestra, se os ha escogido para colaborador eficaz en las
tareas de la Academia Colombiana de Historia y para que llevéis una vez más a tierras y
mentes amigas el conocimiento autorizado de lo que somos. En las universidades de Norte
América quedará reflejada en sabias conferencias la dimensión exacta de nuestro mensaje
espiritual.
"No puedo menos de
recordar en estos momentos, algunos de los servicios que os debemos vuestros compatriotas.
Voces y Cantos de América es una hermosa publicación que vio la luz pública en México
en el año de 1945. Compendia este libro la historia de una vocación literaria. Su
prologuista fue el maestro Rafael Maya, y de él son las siguientes palabras que cito para
dar autoridad a las mías: De antigua y noble cepa bogotana, Andrés Pardo Tovar es,
como hombre, un cumplido caballero, y como escritor una de las inteligencias mejor
nutridas y disciplinadas con que cuenta la juventud colombiana. Tiene Pardo Tovar el sello
que caracteriza a los hombres de mérito evidente. Es discreto, pero con discreción no
exenta de malicia, como de quien conoce su propio valor y, no obstante, quiere pasar
voluntariamente inadvertido, sin renunciar, eso sí, a cierta función de juez o de censor
a quien atrae sobremanera el espectáculo humano. Pardo Tovar es un crítico, no solo en
las materias literarias, sino del hombre y de la vida. Quien le vea por esas calles,
menudo, bien vestido y armado de una afilada sonrisa que casi nunca abandona sus labios,
no incurriría en grave falta al confundirlo con un comerciante joven o con un
comisionista de extraordinaria simpatía, que va a caza del cliente.
Pero no. Bajo tan
engañosa apariencia se oculta un intelectual fino y cultísimo y un analizador implacable
que sin duda acaba de descubrir, al codearse al parecer indiferentemente con sus
semejantes, un nuevo y curioso dato que va a enriquecer su conocimiento de la grandeza y
de la miseria humanas. Alejado de casi todas las frivolidades mundanas y sin ningún
resabio de exhibición social, pero conservando su ingénito señorío, y su intachable
distinción personal, Pardo Tovar es hombre de intensa vida interior. A su perfección
ética ha consagrado los rigores de su voluntad bien disciplinada, y a su capacidad
intelectual una vocación de estudio continuo, que se reparte en diversas disciplinas. Es
crítico literario y crítico de arte; cultiva la especulación filosófica y las
aficiones musicales; conoce ampliamente las materias pedagógicas y es perito consumado en
el ramo de la difusión comercial. Es, pues, múltiple, sin ser simplemente un dilettanti
ni un intelectual acosado de superficial curiosidad.
"De algunos otros de
los numerosos trabajos de Pardo Tovar, apenas cito los títulos, en gracia a la brevedad.
Son ensayos y escritos cuyo análisis daría para dilatadas consideraciones que no es del
caso hacer en este momento. Agrupémoslos, si, en razón de las materias de que se ocupan:
recordemos su Historia de la Cultura Musical en Colombia, publicada por capítulos en el
Boletín de la Radiodifusora Nacional, admirable investigación que no podrá quedarse
solamente en aquella selecta revista y que es indispensable compilar en volumen que llegue
a todos los amantes de nuestra vida artística y musical (
2
); Antonio Maria Valencia, artista integral,
estudio que con hondo afecto dedicó a uno de nuestros más altos compositores, ligado a
él por vínculos de la sensibilidad y del cariño familiar; El clave bien temperado de
Juan Sebastián Bach; Perfil y Semblanza de Vicente Espinel; Historia Crítica de la
Música Contemporánea, y multitud de otros escritos sobre este tema, que corren
dispersos en revistas, folletos y publicaciones periódicas, están indicándonos la
predilección de Pardo Tovar por esta hermosa actividad en la vida del hombre. El
compositor y quien de tan exquisito arte se ocupa, necesariamente encarna una mentalidad
superior. La sensibilidad a la armonía y a la polifonía es un don precioso, que Dios
sin prodigarlo concede para individualizar a los humanos. El afortunado que lo
posee y lo cultiva, es por ello mismo un ser de alma transparente, de diáfana
espiritualidad. En el que sabe expresarse musicalmente, se puede confiar, porque su siquis
no admite la humana flaqueza, porque está constituído para vivir idealmente en aquellas
cumbres oh, Beethoven en donde el silencio se sublima en armonías inauditas.
"Nuestra historia
patria debe a Pardo Tovar páginas imprecederas como las que integran los trabajos
titulados: La Quinta de Bolívar: su historia, su leyenda, su semblanza y Dos Vidas
Paralelas: Miranda y Nariño, amén de otros varios ensayos. Es el primero un insuperable
estudio, escrito con amor y con emoción, y consagrado a revivir el transitorio hogar del
máximo paladín; el segundo, es un paralelo ejemplar, fruto de reverencial y conmovida
simpatía son sus palabras a todos aquellos que, representados en los
dos precursores de la libertad americana, siembran lo que solo aciertan a cosechar los
más afortunados.
"Sobre aspectos
folclóricos, sí que es rica y densa la producción de nuestro excelso amigo: Historia
del traje en Colombia, recientemente publicada; Del folclore en la obra de Tomás
Carrasquilla; Los Cantares Tradicionales del Baudó; Rítmica u melódica del folclore
chocoano (escrito en colaboración con su discípulo Jesús Pinzón Urrea) y La
guitarrería popular de Chiquinquirá, son apenas algunos de los títulos de esta fértil
y promisoria cosecha.
"Pero tiene tantas
facetas la actividad intelectual de Pardo Tovar, que tan solo enumerar los nombres de sus
obras es tema dilatado. En sus Rudimentos de Sociología Americana
(
3
), encontramos a un ágil y perspicaz
observador; en Liberalismo Económico y Subdesarrollo del profesor Frederick
Clairmonte, monumental obra que tradujo y prologó hace dos años, se revela al economista
y al sociólogo; en La Música Colonial en Colombia, del profesor Robert Stevenson,
que igualmente tradujo y prologó, hallamos al musicólogo historiador; y en su versión
de la obra Música y Materia Sonora, de Georges Migot, uno de los grandes valores
del mundo contemporáneo a fuer de ilustre humanista, pintor, poeta y
compositor el lector encontrará a un Pardo Tovar que se codea en recíproca
admiración con esa cumbre que ha merecido de René Aigrain el apelativo de nuestro
último Leonardo. Allí, nuestro amigo es también el intérprete que merece del
propio Migot las palabras que traduzco: Yo no podría deciros, con simples palabras,
todo el júbilo espiritual, cordial, musical y humanista que experimento en presencia de
vuestra tan penetrante comunión con mi vida creadora. Mejor elogio no podría
hacerse de un traductor y de un intelectual.
"Al presente, este
infatigable crítico, divulgador y estudioso, se ocupa de traducir y prologar la obra
Bartolomé de Las Casas, bibliófilo, letrado y propagandista, del fecundo historiador e
hispanista norteamericano Lewis Hanke, uno de los más serio, documentados e imparciales
estudios que se hayan escrito sobre la personalidad y la obra del nobilísimo Apóstol
de las Indias. (
4
)
"Prescindamos de la
vasta obra radiofónica de nuestro amigo y de los centenares de artículos, conferencias y
discursos de que es autor; dejemos a un lado el comentar su lenguaje castizo y brillante;
su tarea en las diversas cátedras universitarias que ha desempeñado; su labor en el
Conservatorio Nacional de Música, eficaz y en parte incomprendida, y nada digamos de las
fundaciones que ha hecho de centros musicales y de investigación. Ocurre que la vida
intelectual de Pardo Tovar ha sido fecunda y pródiga. Empero, es el caso de recordar su
esfuerzo para fundar y dirigir el Instituto Colombiano de Etnomusicología y Folclore,
que, con el patrocinio de la Universidad de América, es ya una venturosa realidad.
"Pardo Tovar ha
exaltado el amor a la patria a través de una magnífica trilogía de realizaciones, como
son el estudio y divulgación de su folclore, de su historia y de su literatura. Porque
amar la tierra donde vimos la luz primera y donde están presentes en la eternidad del
recuerdo antepasados que condicionaron nuestras vidas, es no solo servirla, tal como Pardo
Tovar lo ha hecho en cargos importantes, sino también hacerla conocer. La patria es
espacio y tiempo; amarla es investigar sus recónditos secretos emocionales, sus coplas,
su artesanía, su música; amarla es también ilustrar a sus juventudes; amarla es hacerla
conocer en lo que tiene de más amable, para propios y extraños".
Pensamiento de André
Maurois es aquel de que "la vida es demasiado corta para ser pequeña". Si los
hombres tuviésemos la longevidad extraordinaria atribuída a algunos patriarcas de la
remota antigüedad, no tendría mérito ninguno el hacer un puñado de buenas obras en tan
dilatado lapso; mas como quiera que nuestra existencia terrenal es corta, estamos
moralmente obligados a suplir aquella cortedad engrandeciéndola y colmándola de óptimas
realizaciones. Andrés Pardo Tovar ha cumplido a cabalidad este perdurable precepto.
Porque vivir la vida y hacerla útil no es llenar la bolsa, como se ha dicho muchas veces,
ni tampoco fundar una factoría. Es enriquecer espiritualmente la existencia, amar las
cosas bellas, cultivar primordialmente nuestro jardín interior y cosecharlo pródigamente
con la inteligencia y la sensibilidad, ante todo en provecho de los demás. Buena parte de
esta exigencia vital se cumple en la presente investigación.
HORACIO RODRIGUEZ
PLATA,
de la Academia Colombiana de Historia.
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REGRESAR AL ÍNDICE
(
1
)
La prosificación que por momentos substituye al metro octosílabo en esta deliciosa
versión del célebre romance infantil, bien podría obedecer a un cambio en el ritmo y el
compás de la melodía con que, a buen seguro, se cantaba a los niños (Nota de A. P.
T.).(
regresar a 1
)
(
2
) Esta obra, bajo el título La Música en la
cultura colombiana, verá la luz en uno de los espléndidos volúmenes de la Historia
Extensa de Colombia, cuya publicación adelanta actualmente la Academia Colombiana de
Historia.(
regresar a 2
)
(
3
)
Edición mimeográfica de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad
Nacional de Colombia (Bogotá, 1964).(
regresar a 3
)
(
4
)
Obra ya publicada: Editorial Tercer Mundo. Bogotá, septiembre de 1965.(
regresar
a 4
)
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